miércoles, 22 de diciembre de 2010

La separación

Sentí un dolor terrible cuando la bala cruzó mi alma. Fue tan doloroso que ni si quiera pude gritar de agonía. A lo lejos vi a Danny, sufriendo como yo, pero me pareció imposible... o... ¿Él lo habría presentido y habría llegado? De haber podido hubiera llorado, lo estaba haciendo sufrir... lo había hecho sufrir. Pero ya no sentía mi cuerpo. No había calidez, pero tampoco frío, no había fuerza, pero tampoco debilidad. La bala había terminado con mi vida en menos de un minuto. Mis esperanzas por volver a Danny alguna vez... a mi mamá, a mi papá, a mis primos, a mis amigos... pero, sobre todo a Danny, se desvanecieron. Sentí una nostalgia dolorosa al recordar los buenos momentos que pasabamos juntos. Pero no podía más, la bala me había arrancado la vida sin darme una segunda oportunidad.

En aquel momento, haber sentido dolor físico hubiera sido un alivio, porque eso significaría que seguía viva, pero, mi único dolor era de alma, porque no volvería a ver a nadie. No estaría nunca más entre los brazos de Danny, ni sentiría sus cálidos labios presionar suavemente los míos...
¡Qué desdichada era! Ni si quiera había podido estar dos días junto a él cuando nos hicimos novios. A penas había podido apoyarlo por el asunto de su madre y luego me habían raptado, para que, finalmente, el esposo que "tanto me amaba" me matara por celos a un muchacho inocente que seguramente estaba pasando lo mismo que yo... pero no sentí rabia... me di cuenta de que todo sentimiento antiguo lo había perdido. No podía sentir rabia pero tampoco felicidad, ahora ni si quiera dolor. Ya no recordaba por quién sufría y no tenía la más mínima intención de hacerlo ¿Para qué? Me estaba sumiendo en un sueño estremecedoramente tranquilo.

"No volverás a sentir nada ni saber nada nunca más"

Dijo una voz lejana que pronto se desvaneció como un eco. Mi vida aquí, en el mundo de los humanos, había terminado, pero ya no tenía miedo, ya no había dolor. Esas palabras ya no tenían significado para mí.


Otra vez cuenta Danny jejejeje pero les digo que estoy dudando si darle vida a Any o no :( jejejeje ¡¡Ya verán mis razones más adelante!!

Corrí desesperadamente hasta su cuerpo. Lo tomé suavemente entre mis brazos, temeroso de que pudiera desmoronarse en cualquier momento.

-Mateus- susurré con una rabia y un dolor contenidos dentro de mi alma destrozada.

¡La había perdido! ¡Era certero aquel horrible presentimiento! ¡La había perdido y la mariposa me había enviado para recoger su cuerpo! Me incorporé con la adrenalina corriendo por mis venas... pero antes que nada... ¡Vengaría su muerte!

La coloqué suavemente entre unas cajas de cartón, amontonadas a nuestro lado izquierdo.

Entonces una risa maliciosa se escuchó desde el otro lado de la habitación.

-Tú eres hijo del señor Fontana ¿Verdad, muchacho?- escuché aquella voz a sólo unos centímetros de mí.

-No te tengo miedo- siseé soltando el dolor que tanto me oprimía el pecho- la mataste y vas a pagar, Mateus.

Soltó una sonora carcajada que resonó por toda la habitación, pero ya no provenía a unos pasos de mí, sino lejos, ahora en otra parte de la habitación.

-Sí, la maté- confesó con indiferencia- Pero lo tenía merecido.

Gruñí más que rabioso.

-Nadie tiene merecido morir de esa manera- contesté fríamente.- Nadie y mucho menos ella. El amor no es un crimen.

-Tú no conoces el amor, chico- dijo.

Por primera vez logré divisar su rostro. Estando frente a mí era sencillo atacarlo.

Tenía una sonrisa de suficiencia que me sacó de mis casillas. Fue aquella mirada la que despertó un fuego en mi interior, un fuego que estaba dispuesto a quemar todo lo que se pusiera a su paso. Sus llamas eran acariciadoras, pero maliciosas, juguetonas, pero nada miscericordiosas. Y ahora, su objetivo, era nada menos que el hombre que tenían en frente, que con tanta facilidad podían tomar entre sus garras y quemarlo hasta el lugar más recóndito de ese cuerpo sin alma. Sentí sed de sufrimiento y la oportunidad se me presentaba con burla, por lo que me abalancé sobre él sin pensarlo dos veces, pero cuando mis dedos rozaron sus hombros él ya había desaparecido, dejándome con el amargo recuerdo de su rostro.

-No tan rápido, Fontana.- dijo a lo lejos.

Lo busqué con la mirada cargada de furia y desconcierto.

Parecía que se burlaba de mi situación cuando volví a escuchar esas horribles carcajadas.

-No puedes contra mí- siguió con una voz monótona- no aquí.

-¡Eres un cobarde!- grité sin poder contenerme.

Golpeé un estante que se partió en dos y se desmoronó con un gran estruendo.

Y ¡Para colmo! Las carcajadas que a cada momento me sacaban más de quicio, volvieron a resonar en la fría y sola habitación. El eco chocó contra el gigantesco techo, que seguramente era de más de siete metros de altura. Cajas y cajas, estantes, escritorios, parecía un mundo sin fin. Estaba todo fuera de mi conocimiento... y eso... para mi mala suerte... era un punto a su favor.

-¿Yo?- volvió a reír a carcajadas- ¿Un cobarde? Te equivocas, amigo mío, soy maestro de la estrategia y tus conocimientos no te van a servir para salir de ésta... entonces...

Sentí su frío aliento detrás de mí.

-Hagamos un trato.- susurró.

Me volví bruscamente, pero nuevamente se había ido.

-Sales, pero sin el cuerpo de la chica.- continuó como si nada hubiera pasado.

Bufé temblando de rabia.

¿Creía que yo haría eso? ¿Dejar a Any con ese infeliz? Sacudí la cabeza. El fleco me cubrió la cara.

-Estás cayendo en su trampa.- dijo una voz hermosa, perfecta, para ser exacto, muy en mi interior.- dile que es un trato. Deja mi cuerpo y sal con vida.

A
quella reconfortante presencia desapareció a los pocos segundos.

-No- contesté firmemente, desobedeciendo a la voz.

-Bien, muchacho. Tú lo pediste...- dijo.

Escuché unos pasos que se acercaban lentamente.

-¿Danny, no? Mi esposa hablaba mucho de ti en sueños- comentó.

Nuevamente tuve su rostro a la vista a menos de tres metros.

Hervía de rabia. Seguramente la había obligado a dormir en la misma cama.

-¡Pero no te preocupes!- me consoló con sorna- No es que hayamos dormido en la misma habitación. Ella tenía que estudiar y yo que trabajar. Así cada quién tenía su habitación.
Me dispuse a protestar.

-Pero la tenía bien vigilada y créeme que después de ver cuánto te adoraba disfrutaría mucho tu muerte.- continuó.- ella es la única que se ha resistido a mis encantos y a mi dinero.

Suspiró con fingida tristeza.

-Ella sólo era un capricho mío, hay mujeres mucho más guapas e inteligentes- siguió.

Entonces ya no me pude contener y le di de llano en el rostro deformado por la poca cordura que tenía. Un hilito de sangre resbaló por su rostro hasta caer a mis pies, dejando una pequeña mancha. No perdí la oportunidad y le di otro golpe, pero ahora en el estómago, que provocó que saliera disparado hacia atrás. Las cajas en las que cayó se desmoronaron sobre él, que perdió el conocimiento por un breve lapso de tiempo que me sirvió para darle otro golpe en la cara, directamente en la barbilla. Sacó una pistola de su funda con manos temblorosas, pero se la quité con poco esfuerzo, casi rompiendo su mano.

Apunté sin más rodeos a su rostro, a su sucio rostro. Iba a tener la satisfacción de vengar la muerte de mi hermanita del alma.





martes, 21 de diciembre de 2010

Un segundo mensaje ^parte 2^

Bueno, esto es contando por Danny, para que no haya ninguna confusión :D :D mUUUUUchas gracias por los comentarios.


Caí de rodillas, era un dolor tan fuerte, que supe al instante de qué se trataba, porque... nunca, nunca antes había sentido aquello.

Me retorcí, aullando de agonía, incapaz de soportar más el dolor. Gemí con la respiración entrecortada. "
Any no" supliqué, "Any no".

Escuché voces y gritos a mí alrededor.


Cerré los ojos, trastornado y dolido, las últimas cargas pasaron por mi cuerpo como si un rayo hubiera caído directamente sobre mí.


-Are you okay?- preguntó una voz dulce y femenina.


Asentí lentamente.


-Yes, I'm fine.- susurré conteniendo un nuevo gemido.


-You don't look fine. I'll call to the hospital.- dijo poco convencida de mi respuesta.


-Any- susurré.- Any, no me hagas esto.


-¡Oh! ¿Hablas español?- exclamó sorprendida.


Nuevamente asentí.


-¡Qué alivio!- dijo suspirando- Hace tiempo que no hablo con uno de los míos.


Una nueva descarga dio contra mi cuerpo, imposibilitándome escuchar a la chica.


-¡Cierto! Debo hablar al hospital.- dijo sobresaltada.


Escuché muchas voces, todas en susurros. No me atreví a abrir los ojos.


Any... ¿Sería posible? ¿Iría ya tan tarde?


Entonces los murmullos fueron sustituidos por gritos de susto y asombro. Me vi obligado a abrir los ojos.


¡Quedé tan desconcertado frente a lo que mis ojos veían en aquel momento! Aquellas suaves y delicadas patitas soltaban polvillo al pasar sobre mi saco negro. Era una mariposa azul, tan azul como los ojos de Any. Desde un tono claro hasta aquel tono que tanto me cautivaba, envuelta en un polvillo dorado, con patitas negras y un cuerpo tan negro como las patas. Los temblores desaparecieron repentinamente. Lentamente me incorporé. La mariposa se adaptó a mi movimiento colocándose en mi hombro con un leve vuelo. Puse mi mano y la mariposa subió a mi dedo. Logré divisar unos ojos grandes y negros, pero tan diferentes a cualquier animal que había visto. Un destello de lucidez pasó por aquellos ojos y entonces tuve un presentimiento reconfortante. Con la mariposa pasaría algo bueno.


Me volví hacia la chica que me había atendido hacía unos segundos. Ella parecía estupefacta. Rígida en su lugar, el celular había resbalado de sus manos hasta caer en el piso, roto a la mitad.

Entonces la mariposa desplegó sus hermosas alas y voló fuera del círculo que nos rodeaba.

-Gracias- le dije rápidamente a la joven antes de salir tras la mariposa.


Sencillamente me recordaba tanto a Any, quizás el color, quizás aquella desenvoltura al vuelo, pero, finalmente, ésa era MI Any.


Corrí tanto como mis piernas me lo permitía, con la mariposa al frente tenía la seguridad que la encontraría. Pasamos entre parques, calles muy estrechas, calles anchas y glorietas. Pasamos frente a la gigantesca casa del Parlamento que más bien parecía castillo y corrí entre calles empedradas. La mariposa iba dejando un rastro a donde quiera que fuera, por lo que, si me atrasaba, podría ver el camino de polvo. Crucé la calle sin fijarme en el alto, y finalmente quedé frente a un edificio de una fachada negra, combinándose con el ambiente de la noche. No reparé en ningún otro detalle, metiéndome lo más rápido que pude.


Para aquel momento la mariposa ya había desaparecido. Se percibía un ambiente tranquilo pero sombrío. La recepcionista esperaba detrás del mostrador con una sonrisa forzada.


Me acerqué con la respiración acelerada.


-Busco al señor Mateus- dijo intentando aplacar los desbocados latidos de mi corazón.


La señora, con una tranquilidad desquiciante negó rotundamente con la cabeza.


-A estas horas debería estar con su esposa cenando- contestó suavemente.


Sus ojos brillaron de fingida alegría. Parecía que algo me escondía.


-Sí, bueno ¿Y no a nadie que pueda recibirme?- pregunté.


Volvió a negar con la cabeza.


-Todos se van a casa ahora, señor, entonces, si no quiere que llame a seguridad, por favor, salga inmediatamente- pidió con una dulzura amenazante.


Aquellas palabras me desconcertaron, pero antes de que pudiera decir algo, las puertas del elevador se abrieron.


Ambos nos volvimos.


De ella salieron cinco hombres fornidos y de aspecto intimidante guiados por una joven de aspecto asustado. Sus ojos estaban invadidos por el terror, sin menor señal de tranquilidad, como todos los demás.


Un presentimiento me dijo que ella era lo que buscaba.


-Lo siento, señorita- dije corriendo a su lado.


Ella me miró con desconfianza.


-¿Qué quiere?- dijo, en cambio, un muchacho detrás de ella.


-Busco a Any Sabas Hale y me preguntaba si la conocen.- expliqué lentamente.


Un destello de reconocimiento pasó por los ojos de la joven, pero el muchacho quedó inexpresivo.


-No- contestó finalmente- no la conocemos.


¿Cuál era el fin de mentir? Adopté la expresión más amenazante que pude.


-¿Dónde está?- siseé molesto.


La joven se volvió dudosa hacia el muchacho, que me miraba igual de amenazante.


-No es de caballeros hablarle así a una joven- la defendió el muchacho.


-Tampoco es de caballeros decir mentiras- respondí secamente- ¿Dónde está?


La joven rompió en sollozos.


Aquello fue suficiente para suavizar la expresión de ambos. El muchacho la rodeó dulcemente con los brazos.


-No llores, Adelaida.- la consoló.


Ella negó con la cabeza.


-Alex, no puedo. Es mi culpa... tu escuchaste...- dijo con la voz entrecortada.


-¿Escuchar qué?- pregunté rápidamente.


-No es de su incumbencia. Ahora, si no le molesta, salga de aquí- dijo el tal "Alex" tan amenazante como hacía unos segundos.


-Si tiene que ver con Any, por supuesto que sí.- contesté molesto.


-Basta- chilló Adelaida.


Ambos nos callamos de mala gana, fulminándonos mutuamente con la mirada.


Entonces me encaró, parecía dominada por el terror.


-¿Ella era su amiga?- preguntó escrutándome con la mirada.


Asentí lentamente, intrigado por aquella mirada tan fría y dulce a la vez.


-Sí, lo es- dije apremiante.


-Pues...- Adelaida respiró hondo-escuchamos un grito varios pisos arriba y sospechamos que era de ella... y que... bueno...


Rompió en llanto otra vez.


-¿Quieren decir que ella...?- tragué con dificultad, incapaz de pronunciar aquella horrible palabra.


Adelaida asintió entre sollozos.


-Y todo fue mi culpa por traerla aquí. No debí... pero el señor Mateus es muy estricto respecto a las órdenes... y yo... y yo...


Negué con la cabeza, dejando la frase inconclusa. Sus últimas palabras volaron el aire como eco.


-¿Dónde está?- pregunté con la mayor dulzura que fui capaz de usar.


No me pasaron inadvertidas las miradas de terror de todos los presentes. Incluso la recepcionista, que era la más lejana de todos.


Entonces uno de los muchachos se acercó a mí.


-En el piso prohibido- se limitó a contestar.


La duda se reflejó en mi rostro ¿El piso prohibido?


-¿Cuál de todos es?- pregunté escrutando a cada uno con la mirada, esperando una respuesta.


Nadie se movió de su lugar. El único sonido que se escuchaba eran los sollozos de Adelaida, que a cada momento se volvían más fuertes y desesperados.


-Por favor- rogué, pero todos siguieron en la misma posición.


- Es el último- dijo finalmente el muchacho, rompiendo el silencio- es el último.


Para aquel momento ya salía corriendo.


Las puertas del elevador se abrieron al instante. Pulsé el botón que marcaba el piso 20 y esperé con impaciencia a que llegara. Cada número pasaba con una lentitud desconcertante.


19... ¡20!


Las puertas no tuvieron tiempo si quiera de abrirse por completo. Corrí por el pasillo que estaba casi en la penumbra a excepción de una lámpara colgada del techo que iluminaba en realidad poco.


La puerta era tan grande, que, al abrirla, pesó sobremanera... mi esperanza de volverla a ver se agrandó ¡Después de tanto tiempo!


Pero... al verla quedé rígido en mi lugar, toda esperanza desapareció por completo. La luna alumbraba su frágil y pequeño cuerpo inerte en el piso, entonces las descargas volvieron a mi cuerpo... ella ya estaba muerta.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Un segundo mensaje

¡¡¡Aquí seguimos con el maratón!!! Sólo quiero decirles que muchas gracias por seguirme desde los primeros capítulos hasta ahora, que ya está a punto de terminar la temporada jejejeje


Me senté con impaciencia en la silla ¿Ahora qué rayos tenía que hacer? Tanto rato sentado en el avión me había trastornado. Sólo quería saber que ella en realidad estaba en aquel edificio. El oficial Town'swood había dicho claramente que ella estaría en un edificio perteneciente a Mateus cerca de la casa del Parlamento. Era el más alto de todos a su alrededor, había dicho, y además, negro, la fachada completamente negra.


Había intentado hablar con los policías, pero sin éxito, todos me decían lo mismo: "Cuando sea tu turno, arreglaremos el asunto". Y pensar que Any podría estar tan mal... pensar que hasta muerta podría estar. Mi único consuelo era que si eso hubiera pasado, irremediablemente lo hubiera sentido. Tenía que resignarme a aceptar mi naturaleza... ese sentido de la percepción me avisaba cuando algo muy malo pasaba y la muerte de Any era motivo suficiente. Pero ¡Gracias a Dios! Aún no había sentido una punzada fuerte y eso, de acuerdo a la situación, era bueno, muy bueno.

Uno de los oficiales salió de su oficina. Me incorporé al instante.

-¡Sir!- exclamé.

Éste se volvió con fastidio.

"He again" murmuró más para sí, pero aún así entendí perfectamente.

-Sorry, sir, but I have to find that girl, she have been desapeard for three weeks.- insistí con mi terrible inglés.

-You have to wait, sir. We have a lot of work and American girls aren't our problem- repuso notablemente molesto.

-I can't wait- insistí.

-I can't do anything now, ok? I'm really busy.

Maldije en voz baja forzando una sonrisa.

-Thank you- dije con fría cortesía.

Éste dio un seco asentimiento y caminó deprisa. Seguramente quería evitarme.

Volví a mi asiento y cerré los ojos ¿Ahora qué haría?






Bueno, aquí les dejo la parte contada por Any jejejeje:


Un silencio aterrador reinó durante nuestro trayecto en el elevador. Tomás y yo intrigados por lo que podría haber dentro de aquel piso prohibido y Ella encogida del miedo en la esquina más apartada de la puerta. Parecía a punto de colpasar, por lo que le di aire con las manos.

-¿Estás bien?- susurré.

Ella asintió con dificultad.

-Sí- articuló con los labios.

Aquel silencio sepulcral empezaba a llenarme de terror. Extendí mi mano y ella la tomó con delicadeza. Tomás la tomó del otro brazo y juntos la ayudamos a incorporarse. Se recargó en mi hombro y cerró los ojos.

El timbrazo nos sobresaltó a los tres.

-Hemos llegado- susurró Ella con sudor frío en la frente- suerte, chicos.

-Gracias- murmuré saliendo después de Tomás, que tenía un ademán protector.

El pasillo, a penas alumbrado por una lámpara al fondo, daba la sensación de estar en un calavozo que olía peor que a putrefacción. Instintivamente tapé mi nariz con una fuerza que me dolió sobremanera. Los nervios empezaban a traicionarme.

Caminamos largo rato hasta divisar una puerta mucho más grande que la del antiguo piso, tan grande, que se me figuró como el castillo del dragón que custodia a la princesa. Era una puerta de una madera perfectamente tallada, con paneles negros a sus lados. Lo único que le faltaba a ese ambiente sombrío eran las antorchas.

La lámpara sobre nosotros vaciló por un momento, dejándonos en la oscuridad absoluta, hasta que recuperó su luz, que iluminaba vagamente nuestros alrededores.

Me pregunté si Mateus en realidad estaba aquí. Pero mis dudas se disiparon cuando Tomás tocó la puerta y ésta se abrió lentamente con un pequeño crujido. Entonces tomé el brazo de Tomás y me aferré como un pequeño mono desesperado, deseando que ese brazo fuera de Danny...

Suspiré con nostalgia...

¡Danny! Si conseguía mi libertad, lo primero que haría sería buscar la manera de comunicarme con él.

Aquel pensamiento me armó de un valor desconocido por mí. Me solté lentamente del brazo de Tomás, que vigilaba la habitación en penumbra, vagamente iluminada ahora por la luna expuesta en la gigantesca ventana del fondo.

De manera que con aquella luz pude ver cajas y cajas, estantes y cortinas, todo en desorden.
Pasé la mano por una de las cajas, llenando mi mano de polvo, me lo sacudí en el pantalón rápidamente.

-Pensé que no vendrías, cariño- dijo una voz lejana, pero potente.

Miré a mí alrededor, confundida.

Entonces logré divisar una silueta uniforme al otro lado de la habitación, custodiando la puerta.

-Debía hablar contigo, Mateus- repuse con poca cortesía.

Soltó una carcajada escalofriante, acercándose cada vez más a nosotros.

-Me imagino que será por tu libertad ¿O me equivoco?- insinuó con malicia.

-Sí- contesté firmemente.

Mateus apareció frente a nosotros en un abrir y cerrar de ojos, con ojos fieros y poco cuerdos. Su cabello estaba visiblemente enmarañado, con la corbata mal puesta y la camisa de fuera, sostenía una copa de vino con la mano derecha.

Sonrió con sorna y me observó descaradamente de pies a cabeza.

-Veo que por fin has aceptado mis regalos.- comentó.

Aquella rabia de antes prendió fuego dentro de mí, pero me abstuve de gritarle. Era mi única oportunidad de convencerlo.

-Sí- susurré entre dientes.

Nos dio la espalda, desapareciendo entre cajas y archiveros.

-Me doy cuenta de que la libertad es importante para ti, querida. A menos que seas tan ignorante y no estés enterada de que este piso es prohibido.

Su voz se distorcionó entre tantas cajas.

-Estoy enterada- grité conteniendo la rabia.

Se escuchó una segunda carcajada, que resonó en mi interior como un eco.

-Pues eres muy tonta. Sabrás que el que entra aquí no sale- continuó con una serenidad pasmosa.

En aquel momento todo fue tan rápido, que no tuve tiempo de reaccionar.

El pesado cuerpo de Tomás cayó sobre mí, doliéndome todo hasta la médula. Un ruido sordo y fuerte resonó en la gigantesca habitación. Varias cosas temblaron y las cajas frente a nosotros cayeron al piso. Una de ellas cayó sobre Tomás, que al instante quedó inconsciente con su pesado cuerpo sobre el mío.

Grité de dolor y agonía, pero aquella rección fue lo peor que pude haber hecho.

Escuché pasos que a cada momento se acercaban más y más.

Me removí intentando deshacerme del pesado cuerpo, pero me fue imposible.

Entonces aquel aliento escalofriante quedó a pocos centímetros de mi rostro.

-¡Estás loco!- grité desesperada.

Rió, impregnándome de olor a vino.

Contuve la respiración.

-Dile adiós a tu amiguito- me susurró al oído.

Grité, chillé y sollocé, pero nada de lo que hice funcionó para que aquel sonido que auguraba la muerte no resonará en la habitación. Tomás dio su último aliento, antes de que su pecho dejara de subir y bajar irregularmente.

-¡NO!- sollocé.

Entonces recordé el fétido olor a putrefacción y supe qué significaba. Tomás no era el único cuerpo inerte en esta habitación.

-¡Eres un monstruo! ¡Cómo te atreves! ¡Era sólo un muchacho!- grité dolida.

Aquella odiosa carcajada volvió a resonar en la habitación.

Quería estrangularlo hasta quitarle la vida como le había hecho a muchos otros, pero aquel cuerpo seguía impidiendo que me moviera.

-¡Y guapo por lo que veo! ¿Crees que soy tonto, cariño?- dijo con una voz peligrosamente suave- ¿No te habrás preguntado por qué te metí en un instituto de puras mujeres?

-¡Monstruo!- grité encolerizada- ¡Él era MI guardaespaldas! ¡Tú mismo le encomendaste que me cuidara!

-Pues, cariño... no me arrepiento de mi crimen.- me susurró al oído.- tú eres mía y nadie me quitará lo que poseo.

Un destello posesivo atravesó aquellos ojos malignos.

Escupí en su rostro, incapaz de hacer otra cosa.

Gruñó y se alejó. Aquello era un punto a mi favor.

-Él no pretendía quitarte nada, pretendía cuidarme de ti.-dije temblando de rabia.

-Ahora me queda claro que no podemos negociar tu libertad- dijo burlón, sin perder aquella tranquilidad desconcertante.

Me removí con impaciencia, quería romper ese rostro.

-Ahora, amor mío, si quieres salir de aquí con vida, me quedo con el cuerpo del muchacho.- continuó.

¡¿Pero qué...?!

-No- contesté firmemente.

-¿Segura?- preguntó repentinamente serio.

-Sí- dije con fiereza.

-¡Qué lástima! Eras una de las mujeres más guapas que había conocido.- dijo con desinterés.

Cerré los ojos.

¡Qué corta vida había tenido! ¡Qué rápido terminaba! Mi única opción ahora, era aceptar a la muerta como llegara.

¿Dónde me dio aquella bala? Ya no lo pude distinguir. El sonido atronador y el olor de la pólvora fueron suficientes para terminar con mi vida.

domingo, 19 de diciembre de 2010

No más libertad.

Aquí va el siguiente capítulo del maratón jejejejejeje Muchas gracias por los comentarios y espero que les guste el capítulo :D :D :D :D :D :D :D :D



-¡Lista para la cena, cariño!- exclamó Adelaida entusiasmada.

Una nueva carga de lágrimas se desbordó por mi rostro.

-¡Pero no llores!- dijo ahora consternada- Se te correrá el maquillaje otra vez...

Asentí lentamente y limpié mis lágrimas con brusquedad.

No lloraría más por Mateus. Necesitaría estar calmada, sin lágrimas, para poder gritarle en la cara lo cobarde y sucio que era.

-¡Alex!- gritó Adelaida.

Como respuesta, entró aquel muchacho de espalda ancha y músculos formidos, que, estaba segura, era la causa de que no hubiera podido entablar una conversación tranquila con las demás chicas del instituto.

Una mueca de desprecio lo delató.

-¡Vamos!- exclamó Adelaida pasando a la molestia- no seas inmaduro y da tu opinión.

Se encogió de hombros.

-No está mal- comentó- pero eso es para mujeres... los hombres no opinamos de moda.

Adelaida lo fulminó con la mirada.

Éste suspiró resignado.

-Sí- dijo de mala gana- se ve "hermosa".

-Gracias por el cumplido- me defendí sarcástica.

-No hay de qué, siempre voy a estar para mentir descaradamente- contestó fríamente.

-Si va a ser así, entonces ¿Para qué te molestaste? De cualquier manera a mí tampoco me agradas mucho- repuse.

-Perdón, pero quería hacer más patente que te odio.- se disculpó con sorna.

Tuve el impulso de sacarle la lengua como una niña pequeña y meterme en el baño, pero no, debía afrontarlo.

-Pues, lo lograste- contesté.

Una sonrisa forzada se dibujó en ambos rostros.

-Bueno,- dijo Adelaida con nerviosismo- mejor... mejor vente, cariño. No querrás llegar tarde.
Asentí con desgana. Si por mi fuera ni si quiera iría.

Adelaida se volvió hacia Alex.

-Nos vamos Alex, avísale a tus hombres- ordenó suavemente.

Alex salió, dándonos la espalda. Deseé lanzarme contra él y derribarlo, pero no podría. Él era gigantesco y a la menor provocación estaba segura de que no dudaría en golpearme, y para gran pesar mío, no sabría cómo protegerme. Sería tonto, no sabía nada de peleas... "Me meteré a clases de defensa personal" Pensé para mis adentros con malicia.

-Eres muy infantil- comentó Adelaida divertida- Ni aunque supieras cómo, lograrías vencerlo... todo lo que ha pasado el pobre... es tan dura que estoy segura que te envidia. Dale una oportunidad.

No quise prometer nada, por lo que guardé silencio, preguntándome para mis adentros cómo se había dado cuenta de mis intenciones.




Ya salíamos del edificio cuando empezó a oscurecer. Recordé el motivo de la visita y me armé de valor. Debía conseguir esa libertad.

Justo en el momento en el que di un paso fuera de aquella cárcel, sentí como si todo hubiera cambiado, el aire que respiraba, el suelo que pisaba. El vértigo de la libertad me embriagó sobremanera. Inconscientemente di saltitos de felicidad. Sólo cuando me percaté de la mirada de desaprobación de Alex, me di cuenta de lo que hacía. Subimos a un auto negro como la noche. Tan alto y mostruoso que me recordó, para mi pesar, la camioneta de Fabián, igual de monstruosa e intimidante. Alex me empujó con brusquedad dentro del auto. Lo fulminé con la mirada, pero él me ignoró olímpicamente.

El camino fue atormentador, Adelaida iba a mi lado intentando darme ánimos, pero cada vez que mencionaba el nombre, volvían aquellas ansias de lanzar cosas.

Justo cuando la luna tomaba su posición astral, paramos frente a un edificio gigantesco y sombrío. La fachada era negra, con una puerta giratoria en la entrada. Sus vidrios eran opacos y tristes, como queriendo recordar una época remota. El frío me caló hasta los huesos, y a causa del vestido que llegaba justo bajo mis rodillas, mi piel se puso de gallina. Alex me flanqueó junto a un muchacho de expresión compasiva, pero aire autoritario, que no perdía la oportunidad de reprocharme por no haber traído un suéter más grueso.

-Te agradezco tu interés por mi bien estar- empecé cortésmente- pero el señor Mateus pidió que fuera este suéter y no tengo otro.

-Le puedo prestar mi chaqueta- insistió.

Sonreí.

-Muchas gracias, Tomás- agradecí- pero así estoy bien.

Me sostuvo la mirada un largo rato hasta que desistió y desvió la mirada.

Al entrar nos recibió un centenar de gente. Todos bien vestidos y educados. Subimos varios pisos por el elevador hasta llegar frente a una puerta gigantesca para un pasillo tan estrecho. Por dentro, el edificio, no parecía tan viejo como por fuera. Las luces, los escritorios, todos daban la sensación de un ambiente moderno y seguro, mientras que la fachada de nostalgia e inseguridad. Adelaida tocó a la puerta.

Aquellos segundos fueron de terrible tensión. Recordé nuevamente aquel rostro frío, de ojos grises. Fueron tan largos aquellos segundos, que deseé salir corriendo como muchas otras veces en este día, pero, aunque yo no quisiera, me habían metido en este juego y yo no era de las que dejaban las cosas a medias.

La puerta se abrió con una lentitud pasmosa. Una joven a penas unos años mayor que yo, seguramente, nos escrutó de pies a cabeza con la mirada. Con el cabello recogido completamente hacia tras, el exceso de gel y la falda negra que llegaba bajo las rodillas, le daban un semblante serio y autoritario.

-¡Alex!- saludó con un fingido entusiasmos- te vemos de vuelta... ¿Quién de ustedes dos es la señorita Baggio?

Adelaida y yo intercambiamos una larga mirada.

-Soy yo- me adelanté.

Extendí la mano. La joven me la estrechó con suavidad.

-Un placer, Any- dijo risueña- soy la secretaria del señor Mateus, Ella.

-El placer es mío- contesté con sinceridad.

¡Qué amable era conmigo! Sonreí divertida.

-¿Está el señor Mateus?- preguntó Adelaida intentando ver sobre el hombro de Ella.

Ella negó con la cabeza.

-Está en el último piso...- dijo con un tono forzado.

Me volví inmediatamente hacia Adelaida, que parecía desconcertada.

-Pero dijo que llegáramos a esta hora- repuso confundida.

-Precisamente por eso estoy aquí- explicó Ella- me pidió que les avisara que había cambio de planes. Hubo una emergencia y tuvo que atenderla.

Mi confusión pasó a ser desconcierto ¿Significaba eso que ya no negociaría mi libertad?

-¿Qué significa todo esto?- quise asegurarme.

-Que el día de hoy se cancela la cena, querida- explicó Adelaida con frustración.
No logré articular ninguna palabra más ¡La cena de mi libertad cancelada! Quedé rígida en mi lugar.

-Aún así quisiera verlo- dije después de un largo e incómodo silencio- aunque no haya cena.

Todas las miradas se posaron sobre mí. Unas cargadas de odio, otras de compasión y hasta algunas de desconcierto.

-Pero, cariño...

-Adelaida- la interrumpí- quiero en realidad negociar mi libertad.

-Pero, la entrada allá arriba está estrictamente prohibida para el personal.

-Yo no soy personal, soy su "esposa" y quiero hablar con él. Primero morir antes que volver igual de limitada- contesté.

-Alguien debe acompañarte, Any- dijo Ella con el terror dibujado en el rostro- nadie, desde que se construyó el edificio, sabe qué hay allá arriba... y las historias que cuentan no son muy agradables.

-¡Yo la acompaño!- exclamó Tomás con un aire infantil.

Ahora todas las miradas se posaron sobre él.

-Mejor enviamos a alguien con má cerebro- murmuró Alex entre dientes.

-Yo estoy de acuerdo- dije con malicia.

Alex ni si quiera se inmutó.

-Yo también- coincidió Adelaida.

Me sonrió con complicidad y le devolví la sonrisa.

-Entonces, vamos- dijo Ella algo dudosa- yo los guiaré.

Me abrí paso entre los seis cuerpotes de los guardaespaldas, pero ahora, el único que siguió detrás de mí, fue Tomás.

Por primera vez me percaté de que tenía unos ojos verdes, pero no esmeralda como los de Danny, sino limón. Un verde limón tan intenso que estaba segura que hasta en la oscuridad podrían brillar.

viernes, 17 de diciembre de 2010

El mensaje

Ahora sí tengo muuuuuchas cosas que comentar jejejeje antes de que empiecen a leer el capítulo... jejejeje tendremos MARATÓN :D de una semana. Mis razones... pues... bueno... después de tanto tiempo sin haber escrito, me pareció una buena forma de agradecerles haciendo el maratón, entonces ¿Qué dicen? Éste será el primer capítulo del maratón.
Como segunda, quisiera darle la bienvenida a la nueva seguidora jejejejeje ¡¡¡MUCHAS GRACIAS POR UNIRTE!!! ¡¡¡Cada nueva seguidora me pone muy feliz, como ya les había dicho antes y ésta no es la excepción!!! Espero que disfrutes de la historia jejejeje
Por tercero: Looooooo siento, chicas... pero no lo puedo evitar... jejeje la temporada casi termina jejejeje ya falta poco para el final. El problema es que estoy teniendo algunos problemas para darle continuación a la historia. pero jejejejeje por mayoría de votos habrá una segunda temporada :D
¡¡¡Belle!!! jajajajajajaja No te preocupes, la historia es apta para niños de siete años también :D jejejejeje el vestido no trae malas intenciones, sólo es para hacer feliz a Any jajajajaja para "comprar su felicidad". Ese día quería sacarla por primera vez del instituto... pero ya verás por qué :D
Mely, jejeje sí, no se ve nada en el capítulo de "la cena" porque aún no le he escrito nada... lo siento, fue un accidente.
Y como último aviso... ¡¡¡Muchas gracias a todas las que leen y a las que comentan!!! Siempre será un honor para mí leer esas palabras de apoyo y saber que les gusta la historia ;) jajajajaja y para no molestar más :D aquí les dejo el capítulo.



Salí del baño con el vestido puesto. Adelaida me elogió intentando subirme el ánimo, pero a cada insinuación de que Mateus era bueno, explotaba en cólera, incapaz de dejar de lanzar cosas contra la pared. El florero de la mesita de noche, la computadora, la almohada, el libro de física y el cepillo de cabello. Todas esas cosas rotas, sin remedio... La almohada desplumada, el libro con hojas empapadas, el cepillo roto a la mitad, el florero en miles de pedacitos y la computadora sin
pantalla ni teclado, empapada por la misma agua del florero.

Adelaida salió precipitadamente de la habitación. Su preocupación podía percibirla, pero ya no estaba para consolar a nadie. Había llorado tanto, que el rimel había quedado derramado sobre mis pómulos... quizás era una reacción muy infantil, quizás debí haber sido más madura y salir con la frente en alto, pero si de esta forma podía evitar ver a Mateus, entonces la pondría en práctica.

Era como su marioneta y eso me ponía rabiosa. Aunque fuera su "esposa", no tenía derecho a controlarme. Uno se casa por gusto y no forzadamente... o por lo menos... no en nuestra religión. Imaginar que había lanzado por la ventana aquel hermoso anillo. Fue una reacción tan repentina y automática, que algunas veces, cuando lo rememoraba, me preguntaba seriamente si no me habría vuelto loca. Desde aquel momento y ¡gracias al cielo! Mateus había sido más precario. Procuró mandarme menos regalos y menos caros. El único regalo que no había sido capaz de destruir, lanzar o regresar, fue un hermoso leopardo blanco como el armiño. Con aquellas manchitas negras que le daban un aspecto celestial. Le había tomado un cariño inmenso a la primera mirada que crucé con aquel inteligente animal. Me recordaba tanto a Danny, como si el mismisimo Danny fuera aquel leopardo, que desde aquel día veía durante las tardes, procurando jugar con él, darle cariño.

De repente se abrió la puerta y entró Alex, uno de los guardaespaldas. Me observó de pies a cabeza con una expresión de compasivo asco.

Le dediqué una mirada desafiante.

-Señorita Baggio, le ruego que se prepare, porque el señor Mateus no tolera que la gente llegue tarde y debemos salir en menos de media hora.- frunció el ceño- y para serle sincero, su aspecto es deplorable.

Negué terminante con la cabeza.

-No saldré de aquí- contesté firmemente.

Alex suspiró con resignación y salió de la habitación, intercambiando algunas palabras con Adelaida.

Al instante sospeché que tramaban algo, pero no me atreví a interrumpir. Me limité a cubrir mi rostro con mis manos y preguntarme nuevamente si aún no me había vuelto loca.

Sentí las suaves manos de Adelaida posarse sobre mis hombros.

-Cariño, será sólo esta vez- me susurró al oído.

Las lágrimas resbalaron por mi mentón.

Volví a negar con la cabeza.

-Adelaida, no quiero- supliqué.

Me abrazó fuertemente.

-Si hubiera otra opción...- se lamentó- pero no la hay. Debes aceptar la situación y enfrentarla.
Los pasos de Alex se acercaron lentamente.

-Señorita... Any.- dijo vacilante- el señor Mateus sólo quiere hablar con usted... y... arreglar su libertad.

Aquellas palabras me desconcertaron sobremanera.

-¿Mi libertad?- susurré conteniendo la respiración.

¿Podría ser cierto o me estarían mintiendo?

-Sí.- se limitó a contestar.

-El señor Mateus sabe que eres desdichada aquí y quería hacer un trato contigo...- continuó Adelaida- Pero no nos corresponde informarte el motivo de la reunión, cariño, por eso no dijimos nada antes.

Asentí lentamente, aún conmocionada por el aviso.

-Ven, cariño, déjame arreglarte esa maraña de cabello que tienes y esos ojos tan tristes... no vale la pena que llores.- susurró cariñosamente dándome un empujoncito hacia el baño.

"¿Mi libertad?"
Me pregunté para mis adentros aún incrédula. "Danny" Pensé al instante.





Contado por Danny:

Tres largas semanas y aún ni una sola noticia de Any. Después de las largas sospechas de su paradero, habíamos coincidido que lo más probable hubiera sido que ella estuviera en Londres con Mateus. Cada vez que recordaba ese nombre me daban ganas de golpear algo, pero siempre reprimía mi rabia. De haberlo tenido enfrente no hubiera vacilado en ninguno momento, le hubiera dado un puñetazo como la primera vez.

-Señor- dijo la mujer sacándome de mis pensamientos- ¿A dónde se dirige?

Sacudí la cabeza y sonreí.

-A Londres- me limpité a contestar.

La joven policía reviso mi pasaporte con detenimiento, observando cada detalle.

-¿Con qué motivo?- siguió con el interrogatorio.

-Acompaño al oficial Town'swood para investigar el caso de una chica desaparecida- no pude evitar pronunciar las últimas dos palabras con desprecio.

"Mateus"
Recordé.

Un destello de reconocimiento en sus ojos no me pasó inadvertido.

-¿El oficial Town'swood, dice?- preguntó incrédula.

-Sí- contesté confundido por aquella reacción.

-Pero... Él fue despedido ayer- susurró igual de confundida que yo.

Esas palabras me tomaron desprevenido.

-¿Perdón?- exclamé desconcertado.

-Sí, bueno... parece que por influencias externas lo sacaron del caso y lo despidieron ¿No le han dicho?- explicó extrañada.

Negué con la cabeza.

-¿A qué se refiere con influencias externas?- pregunté aún sin entender.

-Dicen que alguien lo demandó... y todas las pruebas apuntaban a que él era culpable. Dejará su oficina esta tarde.- siguió.

Parecía satisfecha porque alguien le prestara atención a su historia.

-Pero si hablé con él está mañana...- confecé más confundido aún.

-¿Y no le dijo nada?- preguntó extrañada.

Negué con la cabeza.

-Pues que bueno que se entara, señor, porque si no hubiera hecho un vuelo en vano.- opinó la mujer.

Sacudí la cabeza.

-No es posible...- murmuré.

Entonces el celular empezó a vibrar en mi bolsillo, lo saqué rápidamente y contesté.

-¿Bueno?

-Señor Fontana- escuché una voz familiar del otro lado de la línea- ¿Listo para tomar el vuelo?

-Oficial Town'swood, pero ¿De qué me sirve tomar el vuelo si usted no va?

Escuché una sonora carcajada del otro lado de la línea.

-Entonces ya se enteró- murmuró divertido.

-Sí- me limité a contestar.

Un largo silencio reinó durante un rato.

-Bueno, tarde o temprano se enteraría. Ahora lo atenderá el oficial Wilkes.
-Pero yo lo necesito a usted- me quejé.

-No necesariamente... si le da las pruebas al buen oficial Wilkes, tomará riendas a la situación. En serio que no le miento.

-Usted es el que sabe- repuse empezando a molestarme.

¿Cómo podía tomarlo tan tranquilamente, si Any sufría en aquel momento? Lo podía sentir, aquella dolorosa punzada en el pecho que me recordaba todo tan rápidamente que me costaba asimilarlo. Debía volver a verla.

-Tranquilo, señor Fontana- contestó sereno- Debo admitir que el oficial Wilkes es más astuto que yo en estos menesteres. Le será de mayor ayuda.

Por más que quise, no me atreví a preguntarle el por qué de que hubiera sido despedido.
-Antes de terminar con esto, quiero decirle que... antes de- carraspeó con nerviosismo- antes de que me despidieran logré encontrar información que podría serle útil.

-¿En serio?- pregunté con interés.

-Sí- exclamó entusiasmado- creo que sé cuál es el paradero de la señorita Sabas...