lunes, 16 de enero de 2012

¿Cuántas veces le dije que no me tocara?

Pues, ya llegamos con el siguiente capítulo hehehe :D :D :D Lo siento, dije que publicaría el lunes, pero me salió un problema terrible en la escuela (Tuve que leer un libro entero para un test que tendría hoy) y bueno, hubo completamente cambio de planes. No pude hacer nada de lo que tenía planeado hacer ayer, así que, será hoy. Pero bueno, lo he estado pensando. No soy mucho de obligar a la gente ni nada por el estilo, pero me da curiosidad quiénes leen el blog ^.^ Me pondría muy feliz si encontrara un comentario suyo (A parte de Lu y Mindy, que por cierto, muchísimas gracias) Sé que la inspiración para los comentarios es difícil, porque para mí lo es hahahaha no tienen ni idea, me puedo quedar una hora sentada frente a la computadora y no sé qué escribir. Pero un sencillo ¡Hola!, en serio que se los agradecería con el alma. Aún así, aquí les dejo el siguiente capítulo y como siempre, espero que lo disfruten.



La herida en la espalda aún me dolía terriblemente, pero a pesar de todo, no me detuve. Seguía los pasos de él a prudente distancia.

Pero entonces descubrí que todas las heridas que tenía estaban limpias, sin rastro de sangre…

-¿Me curaste?- pregunté.

Él no se volvió para contestar.

-Lo menos que necesito ahora es llevarte cargando.

Por un lado estaba agradecida, pero por otro, molesta ¿Cómo se atrevía siquiera a tocarme? ¿Cómo podía yo confiar en el hijo del mayor de nuestros enemigos? “Pero también es hijo de Diana” dijo una vocecita en mi interior. La callé al instante.

Caminamos por horas sin que ni uno mediara palabra. Y a pesar de que las heridas me dolían terriblemente y me preguntaba febrilmente hacia dónde nos dirigíamos, guardé silencio, incapaz de hablar con mi supuesto protector.

Pronto salíamos por las rutas de comercio, caminando por la orilla, mientras la luz del sol nos daba directamente en el rostro. No fue necesario que mi protector me dijera que debía ponerme la capucha, pues yo ya la traía puesta, intentando, además de esconder mi identidad, cubrirme del fuerte Sol, que con tal calor, parecía querer derretirnos. Más que épico, esto era vulgar. Caminando sin rumbo fijo y además siguiendo al hijo de mi peor enemigo. Me sentía desfallecer. Mi deseo más febril era volver a casa con mi familia, aunque tuviera que ver la decepción en sus rostros… La soledad quería apoderarse de mi alma, la sentía tan cerca… y le temía.

Pero el guerrero, ajeno a mis pensamientos, ni siquiera me dedicó una sola mirada o se le ocurrió siquiera decirme qué tan cerca estábamos de nuestro destino. Desde mi paradero ~detrás de él~ parecía tan intimidante, erguido y de espalda ancha con una capa roja que rozaba sus pies y cubría su cabeza. Me recordaba a los mensajeros del agua, que al salir de ésta se volvían en sombras rojas que caminaban sin mirar atrás y destruían todo a su paso hasta llegar a su destino. Esa actitud era más propia del quemador, pero como todo en la naturaleza. El agua tenía dos caras, si veías a los mensajeros de sombras rojas, entonces no podías esperar nada bueno… pero si veías a los pájaros de cristal volar fuera de su hogar, el agua, entonces podías esperar fortuna y felicidad para tu familia.

Justo en ese momento, pasábamos junto a un lago de extensiones que abarcaban incluso más allá del horizonte. Los árboles dejaban de estar tan juntos los unos a los otros y los primeros hoyos en el suelo empezaron a divisarse a lo lejos. Eran casas subterráneas…

¿Qué tribu tenía casas así? Me pregunté, pero no expresé mis dudas en voz alta.

-Es el mercado, princesa, el famoso mercado de los αmϑητι- me informó como si hubiera leído mis pensamientos.

No contesté nada, limitándome a observar maravillada las pieles colgadas de estacas, los amuletos y la variedad de gente de agua que había en los alrededores. El silencio y la soledad huyeron lejos cuando mi protector y yo pasamos junto a la primer casa cerca del camino. Niños y jóvenes caminaban por los alrededores, mientras hombres y mujeres hacían los intercambios. Λδ ανιηē por un vestido decorado de chaquiras, cereales por un šεϖε, aquel animal a penas más grande que mi cabeza con alas de fuego y seis patas de hielo. No era precisamente un animal común entre nosotros, pero había buscadores, a los que llamábamos ςëηητřαș, o en otras palabras, guardianes de tesoros. Eran de los pocos que se atrevían a acercarse a los dominios de los dioses y traer de sus maravillas con nosotros. No es que alguno hubiera logrado entrar alguna vez, en realidad, la leyenda siempre ha dicho que el que entra nunca sale, pero hay seres de los dioses que se escapan y terminan en las tierras de los ηöη’καπ, allí donde los ςëηητřαș los buscan, los capturan y los traen a los mercados.

La boca se mi hizo agua al ver tanta comida, recordando con pesar cómo mi almuerzo del día se había quedado en el bosque después de que los ladrones me atacaran.

Pude notar cómo varias miradas recelosas se posaban sobre nosotros. Dirigí mi mirada hacia el suelo, a sabiendas de que los nervios empezaban a hacer mella en mí. Seguramente no faltaba poco para que un monstruo intentara atacarme. Y conforme nos íbamos adentrando más, el espacio se volvía más reducido y la cantidad de gente se volvía mayor. Pronto empezó a costarme trabajo seguirle el paso. Su capa roja se confundía entre comerciantes, pueblerinos y aventureros.

Entonces miré desorientada a mí alrededor ¡De repente ya no había ni rastro de él!

Resoplé mientras intentaba recordar dónde había sido que lo había visto por última vez… Pero ni siquiera era mi obligación seguirlo. En realidad, era la oportunidad perfecta para escaparme. Continué escrutando los alrededores con la mirada. Era tanta gente, que tampoco lograba divisar una posible salida.

E inesperadamente, sentí como una fuerte mano me jalaba con brusquedad ¿No le había dicho que no me tocara? Me volví para replicarle cuando vi el rostro de un desconocido y supe que no había sido mi protector el que me había tocado. El hombre sonrió con malicia, resaltando de su piel morena una dentadura brillante y puntiaguda.

Palidecí irremediablemente, mientras que con la mano libre, buscaba mi cuchillo. Pero, para mi mala suerte, el hombre dejó al descubierto mi marca y la apretó con fuerza.

Cerré los ojos, intentando contener el dolor. Quedé paralizada.

-Eres tú ¿Verdad?- me susurró al oído ejerciendo un poco más de presión.

Las lágrimas se desbordaron por mis mejillas.

-No sé de qué habla- musité abriendo lentamente los ojos.

El hombre soltó una carcajada, tomando mi otra mano y poniendo ambas tras mi espalda.

-No importa, tú vienes conmigo- dijo amenazante.

Se abrió paso bruscamente entre la muchedumbre, sin dejar de ejercer presión sobre mi marca, que empezó a brillar, delatando así mi identidad. Me mordí el labio. Al menos ya había encontrado una manera de salir…

Salimos del hervidero de vida que era el mercado al adentrarnos al bosque. Las voces y los sonidos de repente parecían terriblemente lejanos, sustituidos por el silencio. Lo único que se escuchaba era la respiración de mi raptor y la mía propia, que, para mi mala suerte, estaba agitada, delatando mi nerviosismo. Ni siquiera nuestras pisadas. Pero los temblores en la tierra eran perceptibles para mí. Podía notar que a unos cuantos metros de nosotros, había una pareja de caribús… ¿O eran caballos? Al sentir nuestra presencia salieron corriendo, mientras que los animales pequeños a nuestros pies intentaban cubrirse de nuestras pisadas. Supe nuestro destino cuando percibí el hoyo en el suelo. Pero el brazo me ardía hasta el hombro, por lo que concentrarme en otra cosa me era casi imposible. Mis sentidos estaban abrumados, casi inservibles.

“Vamos, concéntrate, tienes que escapar” pensé al tiempo que nos acercábamos un poco más al hoyo. Mis posibilidades eran nulas. Mi cuerpo estaba paralizado por el dolor y no tenía manera de desenfundar mi cuchillo. Todo lo que podía hacer era esperar a que llegara el momento adecuado.

Los temblores se volvieron ligeramente más fuertes.

-Atrás- murmuré cuando sentí una presencia.

Pero mi advertencia no sirvió de mucho.

-Suéltala- siseó una voz felina detrás de él al tiempo que el hombre soltaba un grito de dolor.

sábado, 14 de enero de 2012

Resultados del concurso



Bueno, pues... hahaha primero me disculpo por no haber publicado desde hace rato, pero es que estoy en plena época de exámenes y ya ven que con las prisas hasta el capítulo pasado ni siquiera pude poner algún mensaje, sino que directamente lo copié todo de Word y lo pegué :P hahahaha pero bueno...

(Tambores, tambores, tambores... :D :D :D )

Como verán, el concurso terminó el 8 de enero. Y bueno, a penas me doy cuenta que desde entonces ha pasado ya una semana y todavía no doy los resultados. Pero ya no dejo a nadie más con la intriga.

En segundo lugar tenemos a:

Mindy Carrera de "El viaje a mi felicidad". :D :D :D Muchísimas felicidades Mindy. Y bueno, para información de las seguidoras, el relato se llamó: Una tarde mágica de otoño. Con el tópico de amor. En serio que admiro mucho cómo Mindy logró en diez páginas enamorar a los personajes (Porque digo, mis personajes se odian tanto que terminan enamorándose hasta el final, nunca logro sacarles magia desde el principio :P). Y la segunda razón por la que tiene bien merecido el premio que le voy a dar a continuación, es que, cumplió con los requisitos; el personaje antagónico (un gato negro) tenía los ojos verdes que se pedían. Es por eso que no hay impedimento que me haga privarte del premio, Mindy.


Les recomiendo pasarse también por su blog, que igualmente, es una épica historia de amor entre una vampiresa llamada Charlotte y un humano llamado Angelo, que desde la primera vez que se ven, no sólo crean un ambiente romántico, sino que problemático, porque Alejandro, un malvado vampiro que se enamora de Charlotte, intenta matar a Angelo para quedarse con el amor de Charlotte. Desde un hermoso viaje a París, con su gran y hermosa familia (:3 Me enamoré del papá :P), terminan en una búsqueda desesperada contra el tiempo, intentando encontrar la manera de llegar al punto máximo de la felicidad sin peligros ni amenazas.

El blog se llama El viaje a mi felicidad, como ya les había comentado antes y si quieren pasarse, aquí les dejo el LINK: http://elviajeamifelicidad.blogspot.com.

Y bueno, para el primer lugar....

(Tambores, tambores, tambores... :D :D :D )

En primer lugar tenemos a Luciana Blanco <---- :D de "Fire Girl". No me extrañaría que ya la conocieran, porque de no ser por ella, ahorita no tendría las seguidoras que tengo ;) Pero para las que aún no se han pasado por su blog, pues bueno, aquí les cuento las maravillas que esta chica ha escrito.

La historia participante se llamó Pandora. Pues esta historia hasta me dejó con la boca abierta. Fueron ocho páginas, pero viví todo un momento. Aquí el amor también toma gran parte en la historia. Pero no hablamos de humanos, no señor, hahaha hablamos de CrOwLiNgS. Seres monstruosos y verdes (de ojos verdes también) que se alimentan de humanos. Es un amor curioso y nunca te esperas con quien termina la protagonista, porque ella, a parte de ser Crowling, es un ser especial con una marca en forma de estrella en la palma de su mano. Y ya que nuestra ganadora cumplió con el requisito, los ojos verdes, aquí está su premio:

Para las que no se han pasado por su blog, pásense, se los recomiendo muchísimo. La historia ya va por la segunda temporada y además, ya cada vez se está acercando más al final. Si son como yo y les da flojera comenzar desde el principio (hehehe suele pasarme), pues Lu ya tiene un segundo blog que se llama Dividad y que va por el primer capítulo. Lo interesante de este blog, es que es un proyecto que está haciendo con una chica que se llama Mapita y cuyos blogs también llegué a seguir una vez pero que hace tiempo que no he visto que escriba, y pues bueno, ambas son escritoras maravillosas. Ya desde el primer capítulo te quedas enganchada en la historia, con la protagonista Lux y el asesinato de sus padres, que eran ángeles caídos, esta chica es llevada con la familia que nunca conoció y es entrenada para cumplir una misión... de qué es la misión y en qué es entrenada... :3 hahaha no tengo ni idea, porque, como les he dicho, a penas van en el primer capítulo. Si ya están tan intrigadas como yo, entonces ¡¡Léanloooo!! :D :D :D :D

Aquí está el LINK de los blogs:


Muchísimas felicidades a ambas ganadoras ;) ;) ;). Espero que les gusten sus premios y saben, que por derecho, hay un segundo premio (Que ustedes pueden elegir).

Les mando saludos y besos a todas, bloggeras ;) Y de paso les digo que el próximo capítulo lo publicaré hasta el lunes.





miércoles, 11 de enero de 2012

El secreto de los dioses

Mis ojos se abrieron lentamente. La luz del amanecer me dejó deslumbrada.

Parpadeé varias veces, intentando acostumbrarme.

Entonces me percaté de que ya no estaba en el templo. Estaba recargada sobre un árbol gigantesco en medio del bosque… ¡¿Cómo era que había llegado hasta aquí?! Con fuerzas renovadas me incorporé con tanta rapidez, que me tambaleé, pero unas fuertes manos me sostuvieron.

-Ni siquiera el peor de los guerreros se mete en tantos problemas…- dijo aquella voz tan penetrante.

Me sacudí bruscamente y me alejé de él, recordando lo ocurrido.

Un riguroso joven alto y fornido, de espalda ancha, ojos tan azules… como los de Mina y cabello castaño, me miraba con atención.

Estaba inexpresivo.

Busqué mi arco, pero no estaba, quise desenfundar mi cuchillo, pero no lo encontré.

-Sabrás que no te voy a hacer daño ¿Verdad?- dijo con cautela.-¿Buscas esto?- preguntó señalando mi aljaba y mi cuchillo tirados en el piso.

Corrí a mi cuchillo y me puse en posición de ataque.

-No te me acerques, joven de la tribu mακαħατ.- lo amenacé.

-Adelante, dame tu mejor golpe, princesa Καητσ, aunque ni siquiera te acercas a mi procedencia.- me desafió.

Lentamente me fui acercando a él, hasta tenerlo frente a frente. Era una cabeza más alto que yo… así sería más fácil darle en el corazón.

Estaba tan cerca que hasta podía tocarlo. Lo mataría, tenía que matarlo, era mi enemigo y era la oportunidad perfecta...

Pero... ¿No me estaría haciendo algún tipo de treta? ¿Dejar que lo matara sin protegerse?

El cuchillo dudó entre mis manos, pero ¡Lo tenía tan cerca! ¡Era mi oportunidad! Me repetía una y otra vez. Pero mi mano desobedecía.

-Eres el enemigo- musité más para mí misma.

E inesperadamente tomó mis brazos suavemente.

-No puedes matar a tu salvado. Ustedes los de αιrġυα son demasiado nobles para eso- dijo con un cierto desprecio.

Su mirada se encontró con la mía, mientras yo intentaba hacer oídos sordos a sus palabras. ¿Qué era lo que me detenía? ¿Sería mi "nobleza" o serían aquellos ojos azules tan profundos, que parecían sabios, conocedores, libres como el firmamento?

Mis miembros empezaron a temblar.

-¡¿Quién eres?!- chillé.

-Soy hijo del dios del fuego Fοġοs, el quemador- contestó lentamente, sin perderme de vista.

Forcejé para soltarme al tiempo que el cuchillo caía de mis manos ¡¿Hijo del dios del fuego?! ¡¿Hijo?!

-¡Aléjate!- grité- Yo no trato con seres como tú…

Me soltó tan bruscamente que terminé tambaleándome hacia atrás.

-Ni yo con gente del agua como tú…- repuso.

-¿Entonces por qué me salvaste?- pregunté con la voz entrecortada- ¡Dime!- exigí.

Por primera vez una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.

-Odio a mi padre y sus tretas… e incluso a sus servidores. Odio tener que ver cómo día a día van destruyendo pueblos. Es como si olvidaran que todos venimos de un mismo lugar, que es nuestro deber cuidar de los otros.

De manera que lentamente mi expresión se fue suavizando ¿Era posible que el hijo de Foġos fuera tan noble como la gente en airgua? ¡Seguro me engañaba!

-Tengo una misión que debo cumplir…- murmuré.

-Y no te detendré.- susurró penetrándome con la mirada.

¡Primero con la voz y ahora con la mirada!

-¿Quieres decir que no soy tu prisionera?- pregunté confundida.

-¿Por qué salvarte y volverte a condenar?- contestó con otra pregunta.- Eres libre.

Mi expresión se volvió de mayor confusión.

-¿Libre?- dije con un hilo de voz.

Él se limitó a asentir con la cabeza.

-¿Puedo irme ya?- insistí.

-Pero… debo acompañarte.

-No ganas nada acompañándome- repuse molesta.

-Eso es algo que sólo yo sé.- dijo lentamente.

-¿Entonces qué tengo de libre?- pregunté al punto del enojo.

-Tienes libertad de decir a dónde ir y qué hacer. Más bien yo soy tu prisionero- contestó con cierta diversión.

Lo fulminé con la mirada.

-No necesito de guardaespaldas, gracias- dije sarcástica.

-Ni siquiera sabes hacia dónde vas ¿O sí?- contradijo- llevas cuatro lunas en constante peligro.

-¿Tú qué sabes?- pregunté levantando la voz.

-Mina me ha informado…- se limitó a contestar.

-¡¿Qué?!- grité desconcertada- ¡¿Pensamos en la misma Mina?!

-No conozco otra…- dijo cruzando los brazos y encogiéndose de hombros.

-¿Qué tienes tú que ver con ella?- pregunté enfatizando el “tú” con desprecio.

-¿Por qué no empezamos a caminar?- propuso, jalándome del codo.

-¡Suéltame!- exigí- yo puedo sola.

Tomé la aljaba y mi cuchillo del suelo y caminé lo más lejos posible de él.

-Es mi hermana.- contestó finalmente.

Aquella información me tardé en procesarla ¡¿Mina?! ¡¿Hermana del hijo de Foġos?! No, seguramente no hablábamos de la misma…

-Obviamente no hablamos de…

-Tenemos los mismos padres, sólo que su fama de enemigos los obliga a esconder la verdad.- explicó.

Lo miré incrédula.

-¿Quién es su madre?- pregunté con un hilo de voz.

No recibí una respuesta inmediata.

-La diosa de la luna…

Fue como si me tiraran un balde de agua fría al recibir aquella respuesta.

-¿Y por qué nunca nos enteramos de que tuvieron dos hijos?

Entonces recordé la marca de Mina detrás de la oreja.

-Los dioses también tienen sus secretos. Somos los primeros dos hijos de Diana y Fοġos. Los primeros dos hijos de los dioses, por lo que ellos prefieren mantenerlo en secreto. Muy pocos saben de nuestra existencia.- contestó con cierta molestia en la voz.

-Pero… si antes estuvieron juntos… ¿Por qué ahora son enemigos?- pregunté confundida.

-Porque supieron que al tenernos era un error que estuvieran juntos y nos criaran juntos. Mi padre quería lanzarnos al río, mi madre quería quedarse con nuestra custodia. Pelearon y ganó mi madre. Pero mi padre no pudo soportarlo y me robó una noche que Mina y yo dormías junto a la cama de mi madre. Desde entonces vivo con mi padre a pesar de que no le tengo ningún aprecio, ni siquiera a mi madre. Todos son odiosos.- explicó.

No podía creer lo que escuchaba ¡No podía! ¿Los dioses? ¿Hijos?

-¿Cómo es que Mina terminó siendo un leopardo?

Entonces él paró de golpe.

-Hacía un trabajo para mamá. Enamoró al jefe de los ĉοvëητĥ y lo obligó a dejar de rendir tributo al quemador. Nuestro padre la descubrió y le dijo que se fuera o sufriría las consecuencias, pero el problema fue que ella se había enamorado del jefe… - su voz era monótona y fría- ambos habían caído perdidamente y ya que el amor fue más fuerte que la razón, Mina desobedeció, así que nuestro padre la condenó.- dijo volviéndose lentamente- sin envejecer, sin que nadie supiera de su identidad, ella estaba obligada a observar la eternidad, generaciones pasando, viendo amor sin poder disfrutar de él… recordar cómo su amado envejecía y moría, sin poder decir nada, condenada a vivir sus días perseguida por los cazadores. Ni siquiera nuestra propia madre supo reconocerla y cuando lo hizo- calló por un momento- no hizo nada más que devolverle la voz.

-¿Es por eso que también odias a tu madre?- pregunté.

¡Vaya que era un gran dilema! Pobre Mina… condenada por los dioses no había mucho qué hacer.

-¿Ahora tengo tu confianza?- preguntó él frunciendo el ceño, en lugar de contestar a mi pregunta.

-Sigues siendo enemigo, hijo de Fοġοs.- me limité a contestar.

Su dentadura perfecta brilló al sonreír, mientras se volvía hacia delante y continuaba con el camino.

Había varias cosas que empezaban a aclararse. Una de ellas era que yo era perseguida por mi sangre. Otra era que el hijo del dios que tenía enfrente, era nada más y nada menos que mi protector, el que había dicho Mina que me mandaría ¡Y vaya sorpresita ésta! Enemigos naturales, eso era lo que éramos. Pero aún había algo que no quedaba en aquel rompecabezas, lo más importante de todo… ¿Por qué tenía que ir al hogar de los dioses?

domingo, 1 de enero de 2012

La espada de oro

Bueno, pues, tengo problemas con los acentos en el teclado (Mi querida computadora ya cumplio un año conmigo y me siento feliz por ello hahahaha) Pero feliz año nuevo a todas. Todo lo mejor para este nuevo comienzo, para las nuevas oportunidades. Les deseoo muchisima inspiracion para escribir sus historias, que, de las que ya sigo, me encanta leer. En serio, que si alguien quiere que lea su historia, digamelo. Me entretiene muchisimoo leer las historias y escribir para que las demas lean ;)

Espero que les guste el nuevo capitulo y en serio que muchas gracias por los comentarios.


Entonces se escucharon pasos en la lejanía. El piso era de piedra. La estancia estaba iluminada únicamente por dos antorchas en cada lado del ancho pasillo.

El monje se adelantó varios pasos.

-Señor ¿Cómo estuvo su visita con el quemador?- preguntó.

Pero nadie contestó.

Los pasos pronto se escucharon más cercanos hasta que pude ver el rostro del jefe de la tribu Μαĸαħατ. Sus ojos eran maldad pura. Nos miraban fijamente a los ladrones y a mí.

-Mandó a su desobediente discípulo a mi cuidado.- contestó sin quitarnos la vista de encima.

Pude ver cómo la expresión del monje se volvía de horror.

Por primera vez el jefe desvió su mirada, observando atentamente al monje.

-Los demás monjes ya lo están atendiendo, cobarde.- musitó sonriente.

El monje bajó rápidamente la mirada.

-Señor, fui entrenado para recibir a los dioses con respeto y devoción, nunca con cobardía.- aseguró el monje.

El jefe bufó.

-¿Y quiénes son estos pordioseros andrajosos? ¿Qué es tan importante como para que pisaran el sagrado templo?- preguntó con desprecio, mirándome fijamente, como si yo fuera a decir algo.

-Venimos por la recompensa- dijo Garret.

Los ojos del jefe refulgieron con maldad, cuando se volvió lentamente hacia él.

-¿Cómo dices?- musitó.

-Encontramos a la princesa Καητο.- explicó Garret adelantándose unos pasos.

Me percaté entonces de que el jefe iba protegido por dos hombres escondidos en la penumbra del pasillo.

El jefe soltó una carcajada.

-Primero entrégame lo que quiero.- dijo burlón.

Ciertamente esta capa me hacía parecer todo menos princesa. Mientras no me la quitaran, todo estaría bien.

Y justo en el momento en que aquellos pensamientos cruzaban por mi cabeza, uno de los ladrones me quitó la capucha, dejando al descubierto mi rostro.

Toda burla desapareció del jefe.

El silencio reinó por largos segundos.

Yo me limité a fulminarlo con la mirada.

-La marca, muéstrenme la marca- exigió mirando mi rostro con avidez.

Uno de los ladrones retiró mi capa, dejando al descubierto mi brazo, que brillaba, avisándome que había peligro. Aunque en realidad no lo necesitaba, pues estaba completamente consciente de que estaba en peligro.

Entonces el jefe mostró sorpresa, admiración.

-En realidad la han capturado.- murmuró acercándose lentamente hacia mí.

Me miró directamente a los ojos pero desvié la mirada.

-Queremos la recompensa- exigió uno de los ladrones.

El jefe se volvió bruscamente hacia él.

-Tendrán su recompensa- dijo con desprecio.

Entonces extendió su mano y tomó mi brazo, ejerciendo una presión agotadora. Me atrajo hacia él y observó mi marca con atención.

-Protegida de la diosa Diana ¿Eh?- murmuró sacando un cuchillo de debajo de su túnica.-¿Eres la princesa Καητσ o eres una farsa como todas la otras mujeres traídas a mis dominios?- me interrogó.

Mantuve la boca cerrada, lanzándole una mirada asesina.

-Dicen que nadie, ni siquiera tu propia tribu ha visto tu rostro jamás. Sólo los dioses, tus padres y tus dos hermanos mayores- comentó pasando peligrosamente la cuchilla por mi marca.

“Mentira” pensé. Todos en mi pueblo conocían mi rostro.

Su mirada se volvió sombría mientras presionaba suavemente mi marca. Solté inevitablemente un gemido ahogado de dolor.

-Esta marca es verdadera…- murmuró para sí mismo- Sólo en tu tribu hay cazadores marcados de azul y a la familia real con plateado.

Nuevamente guardé silencio, pero la presión que ejercía el cuchillo sobre mi marca cada vez se hacía más fuerte.

-¡Habla!- exigió.

Solté un segundo gemido, sentía dolor, el puro dolor allí donde el mango del cuchillo presionaba.

E inesperadamente tomó el cordel de mi capa y lo desató. La capa resbaló por mis hombros hasta llegar al piso y dejar al descubierto mi vestido blanco.

Mantuve la cabeza erguida.

Él empezó a dar vueltas alrededor de mí. Tomó entre sus manos mi cabello trenzado que llegaba hasta por debajo de mi cintura, recogido en un broche de oro al igual que la tiara cuya punta comenzaba en mi frente.

Jaló mi trenza con violencia. Sentía que mi cabello caería, pero seguí guardando silencio.

Su rostro apareció al lado del mío.

-Morirás dignamente, princesa Καητσ- dijo enfatizando mi nombre.- Todo lo que necesito de ti, es tu sangre real para entregársela a los dioses y recibir la inmortalidad…- hizo una pausa- ¿Cuáles son tus últimas palabras?

No dije nada. Era tribu enemiga ¡Yo no hablaba con la tribu enemiga!

El jefe de los mακαħατ rugió con rabia.

-¡Tu silencio es enfermizo!- gritó jalando con mayor fuerza mi trenza.

Cerré los ojos, mordiéndome la lengua para no gritar de dolor.

Mis piernas empezaron a temblar, mis fuerzas flaqueaban. Todo por la flecha de energía pura.

-Suéltala, Νεřοκ- dijo una voz masculina y penetrante proveniente de la oscuridad.

Mi mirada se volvió borrosa, la tenía fija en el pasillo.

-Lo siento, pero ésa es una orden que tendré que desobedecer.- contestó el jefe Νεřοκ.

El silencio fue sepulcral por un momento ¿De dónde había venido la voz?

Lo que ocurrió a continuación fue tan rápido, que a penas tuve noción de ello. Miré desconcertada cómo el ladrón cojo caía al piso después de que una lanza quedara clavada en su corazón, seguido del segundo ladrón, cuyo cuello empezó a sangrar por razones desconocidas, provocando que cayera inerte al piso. Lo único que alcancé a notar en la muerte del tercer ladrón fueron unas manos sosteniendo una espada tan brillante como el oro. La espada se encajó en el estómago de Garret que soltó un grito antes de morir.

Rápidamente el jefe Nεřοκ soltó mi cabello, dando dos dudosos pasos hacia atrás.

-¡Él dijo que obedecerías mis órdenes!- chilló con desesperación.

De repente la espada ya amenazaba con cortar su cuello. El brazo venía de detrás de Nεřοκ, por lo que no pude ver el rostro de aquel desconocido. El jefe recibió un golpe en la espalda que lo hizo caer de rodillas.

-Yo no obedezco órdenes de monarcas que no dan respeto a su pueblo…- musitó aquella voz- vivirás… por ahora.

Y en aquel instante mis piernas no pudieron sostener mi peso. Terminé cayendo de rodillas igual que el jefe Nεřοκ.

Mis ojos se cerraron antes de caer inerte.

Lo último de lo que fui consciente, fue de cómo unos fuertes brazos me cargaban.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Las decisiones del ħαδο

Bueno, pues, siempre me ocurre que siento que algo le falta a la historia... :/ hahahaha pero bueno, pues, les confesaré que antes traía otros planes en mente. Le iba a llamar viaje alrededor del mundo, y en lugar de ser historias largas o, mejor dicho, novelas, iban a ser pequeños relatos -la idea comenzó porque descubrí que la inspiración me traía muchísimas ideas a la cabeza, pero que eran sólo comienzos que no tenían final, por eso es que serían sencillamente historias que me llegaran a la cabeza-. Este en particular iba a ser corto. La cosa es que la imaginación me dio para más lejos y bueno, pues, de un pequeño relato, pasamos a una novela :/ :/ :/ El problema de que fuera a ser un relato, es que a veces me da la sensación de que la historia se queda corta. Porque como iba a ser "corta" la historia hahaha pues, tenía que ser más breve... y pues... aquí estamos.

Muchísimas gracias, Lu y Mindy, que ya me mandaron sus historias :3 :3 :3 ¡¡Ya las estoy leyendoooo!! Y bueno pues, a todas las demás ¡Anímense! ;)

Espero que les guste el capítulo :D :D


Entonces salió la segunda silueta justo detrás de mí. Me percaté de que había dos más a cada lado, que empezaban a salir de entre la penumbra.

Rápidamente me puse la capucha, recordando que no debían ver mi rostro. Me puse en posición de ataque, preguntándome a cuántos peligros más tendría que enfrentarme después de éste.

-¿Qué trae a un cazador encapuchado por aquí?- preguntó el ladrón frente a mí a sus compañeros.

Todos soltaron una carcajada.

-¿No tienes pertenencias?- preguntó el que estaba detrás.

Empecé a dar vueltas, observando sus movimientos, calculando mis posibilidades. Podía sentir las vibraciones en la tierra. Comenzaban acorralándome, pero alguno tendría que atacarme primero… sólo había que esperar el momento preciso.

Y justo en aquel instante, el que estaba detrás de mí, aceleró el paso. Rápidamente me volví y con el cuchillo, herí su hombro derecho y su palma izquierda.

La sonrisa burlona de los cuatro hombres desapareció.

-No es bueno que te abstengas o te irá peor- dijo uno de ellos.

¡Gracias a Diana! Mis nervios seguían intactos, pero mis sentidos estaban alerta… lo único que me fallaban eran las fuerzas.

El hombre arremetió, por lo que herí su mejilla y le di una patada en el estómago que le sacó el aire, provocando que cayera al piso.

-¡Tú elegiste!- gritó el que parecía el jefe antes de que los tres saltaran contra mí al mismo tiempo.

Rápidamente me quité, hiriendo a uno con el cuchillo en la antepierna, justo tras la rodilla. El hombre cayó al piso como su compañero y se retorció de dolor, soltando un grito lastimero, mientras los dos restantes me miraban rabiosos. No retrocedí ni un solo paso. Mina había dicho claramente que no me moviera de mi paradero…

Pero sus movimientos fueron tan rápidos que quedé aturdida. El primero me dio un puñetazo en el estómago, mientras que el segundo me tomaba de atrás por el cuello. Lo apretó con fuerza, quitándome el aire, provocando que mis pulmones no recibieran más oxígeno.

-Esto es por mis dos compañeros- me susurró al oído presionando con mayor fuerza.

Me moví con violencia. Pataleé, intenté dar golpes a ciegas, pero todo era en vano. A cada momento me debilitaba más. La capucha resbaló de mi rostro, dejando al descubierto mi identidad. Mis ojos empezaban a ver borroso, el aire ya se iba, ni siquiera podía sentir mi cuerpo.

-¡Espera!- dijo inesperadamente el ladrón- ¡Es mujer!

La presión ejercida sobre mi cuello desapareció después de esas palabras. El hombre se acercó a mí, tomándome por la barbilla. Desvié la mirada a pesar de que mis fuerzas a penas me daban para sostenerme en pie.

-Bella como una rosa… ¿Sabes, princesa Καητο, que te buscan por todos lados?- su aliento apestaba a alcohol.

Lo tenía tan cerca que hasta podía ver la mugre en su enmarañada y sucia barba.

-¿Cómo sabe que es ella, Garret?- preguntó el hombre que aún me sostenía ambos brazos detrás de la espalda.

-Quítale la capa y lo descubrirás por ti mismo, imbécil- le contestó bruscamente el hombre, que a cada momento apretaba con más fuerza mi barbilla.

Mi destrozado ánimo sólo me dio para escupirle en la cara y pisar el pie del otro, que soltó un alarido, soltándome. Di media vuelta y rápidamente salí corriendo, quitando al adolorido hombre de un empujón. Todavía tenía la sensación de que aquellas sucias manos presionaban salvajemente mi barbilla.

Pero entonces alguien jaló de mi capa, que amarrada por un listón a mi cuello, provocó que soltara un grito ahogado y cayera al piso.

-¿A dónde crees que vas, jovencita? ¿Sabes cuánto dan de recompensa por traerte viva?- dijo el tal Garret con un tono que más que nada era amenazador.

Me limité a fulminarlo con la mirada.

Quizás mi identidad me había salvado la vida en aquel instante, pero no había nada que pudiera salvarme de lo que parecía avecinarse y mucho menos mis fuerzas, que en aquel momento me hacían desfallecer ¡¿Por qué no había acompañado a Mina?! Quizás si hubiera sido así, no tendría los problemas que tenía ahora.

-¡Amárrenla!- ordenó Garret a sus compañeros.

Miré desorientada a mí alrededor, tirada en el piso como estaba, mis fuerzas ya no me servían de nada. Los cuatro hombres se acercaron a mí. Uno de ellos cojeando. Amarraron fuertemente mis dos manos y mis tobillos a una rama gigantesca que habían cortado de un árbol y entre tres, ya que uno de ellos no caminaba bien, cargaron la rama. Tremendo esfuerzo el que tenía que hacer para que aquello no me doliera ¡Iba de cabeza como si fueran a asarme! ¡Qué forma de tratar a una princesa!

Antes de quedar inconsciente pude ver que la luna a penas iba a la mitad del camino.

A intervalos en el camino mis ojos se entreabrían. Pero mi cabeza no se volteaba como le ordenaba y mis inútiles fuerzas no eran suficientes para forcejear, así que me limitaba a mirar. Mi rostro estaba vergonzosamente descubierto, al igual que mi vestido blanco y la marca plateada alrededor de mi brazo.

-Entraremos por atrás del templo- había escuchado que decía uno de ellos.

-¿Qué hacemos si alguien nos ve con ella?- preguntó otro.

Entonces me quitaron la capa y la pusieron de manera que cubría mi vestido y mi rostro.

-Es hermosa…- murmuró uno con descaro.

Mi vista quedó privada, por lo que dejé que mis miembros se destensaran. El dolor en mis muñecas y en mis tobillos era tal, que las lágrimas resbalaron por mi rostro, pero no dije nada. Quién sabe qué sería de mí, pero era mejor esto que tener que ver a mi tribu después del fracaso. Entonces recordé que los únicos que sabían de esta extraña misión eran mis padres y la diosa Diana… quizás no hubiese sido tan malo ver los rostros de mi familia cargados de decepción. Ayer estuve a punto de morir, pero el ħαδο había decidido que hoy sería mi muerte.

El frío empezaba a ser más fuerte y por la forma en la que inclinaban la rama, supe que íbamos cuesta arriba.

Cerré mis ojos con fuerza, deseando quedar inconsciente y librarme por un momento del dolor, pero mi cuerpo parecía hacer lo contrario a lo pedido. A cada momento el dolor se intensificaba. Y el tiempo ~que lo controlaba el dios Ċrση~ parecía eterno. Pronto mis lágrimas se secaron y mi ánimo me dio paz por un largo rato. Si tan sólo pudiera ver la luna…

El lugar por el que íbamos parecía iluminado, supe entonces que ya estábamos en el templo.

-El gran señor está cerca- dijo una voz masculina que transmitía tranquilidad.- fue a visitar al quemador…

Con escuchar aquellas palabras supe que estábamos en el templo del dios del Fuego, enemigo de la diosa luna Diana. Las tribus que eran protegidos por el dios del Fuego eran enemigas de las tribus que eran protegidas por la diosa Diana, como nosotros… como yo.

-Traemos una sorpresa para él.- informó Garret.

Con sólo pensar en aquel nombre, sentía náuseas.

-Esperen a que salga del oratorio- pidió la nueva voz con severidad.

Fue un largo y desesperante tiempo que tuvimos que esperar. Mis miembros temblaban no sólo por el dolor, sino que también por los nervios, por la incertidumbre de mi destino.

-¡Suéltenla!- ordenó Garret.

Lo primero que soltaron fueron las sogas de mis tobillos. Cuando mis pies tocaron suelo sentí tanto alivio, que no pude evitar sonreír.

Entonces me quitaron la capa y desamarraron mis muñecas.

Mis ojos se tardaron un rato en acostumbrarse a la nueva luz, pero lo primero que vieron fue la sangre de mis muñecas. Miré hacia mis pies descalzos y pude ver que mis tobillos sangraban al igual que las muñecas.

-¡Levántate!- me ordenó uno de los ladrones- ¡Y ponte la capa!

Me incorporé con pasmosa lentitud, hasta quedar completamente erguida. Miré mi cinturón, pero el cuchillo ya no estaba. Maldije para mis adentros; o me lo habían quitado, o se había quedado tirado en el bosque.

Me puse la capa con la misma lentitud con la que me había incorporado.

Uno de los ladrones golpeó mi rostro.

-¡Apúrate!- dijo rabioso.

Imaginé que sería el que había quedado cojo, pues había sido el más brusco hasta ahora… seguramente como venganza.

Mi pómulo empezó a sangrar.

Amarré el cordel de la capa alrededor de mi cuello y cubrí mi rostro, mirando al piso. Las heridas palpitaban como si fueran mi corazón. Incluso la que tenía en la espalda, ocasionada por las garras del oso la noche pasada. Más que nada, en aquel momento deseaba un baño… a parte de querer escapar. Pero mis fuerzas a penas me daban para mantenerme en pie.

Y por primera vez me fijé en el hombre que nos había recibido. Era de alta edad, calvo y vestido humildemente con un único taparrabos. Debía ser el monje del templo. Muy pocas civilizaciones tenían templos en dónde adorar a sus dioses. La mayoría se juntaba alrededor de las fogatas y hacía sacrificios, mientras que unos pocos dejaban que los monjes se encargaran de los sacrificios en los lejanos templos.

El hombre me miraba con compasión ¿Sabría él qué haría el “gran señor” conmigo como prisionera?