domingo, 22 de enero de 2012

hατ’mα, o en otras palabras, asesinos

Bueno, pues, aquí ya vamoos con el siguiente capítulo. Perdón que me haya tardado en publicar, pero es que no he tenido tiempo para nada, porque, como verán, esta semana fue una pesadilla hahahaha Pero bueno, como siempre ¡¡Comenten, chicas!! ;) ;) ;) muchas gracias por leer y espero que les guste el capítulo :D . Sólo les aviso que va a estar un poco largo hehe.

Un olor a carne quemada me penetró, abrumándome por un momento.

Sus manos soltaron las mías y aprovechando la oportunidad, desenfundé mi cuchillo y de una voltereta, lo pateé en el estómago.

El hombre cayó al suelo.

Me hinqué a su lado, amenazándolo con el cuchillo.

Entonces sentí cómo unos pasos se daban impulso detrás de mí y saltaban. Supe sus intenciones y al momento que sentí cómo los pies pasaban sobre mi cabeza, me impulsé y lo golpeé en el pecho, haciendo que su puntería errara.

La espada de mi protector se clavó a unos centímetros del abdomen del hombre en el suelo.

-¡Basta!- grité con la respiración acelerada.

Mi protector me lanzó una mirada asesina.

-¡¿Por qué lo hiciste?!- gritó rabioso.

El olor a quemado cada vez se hacía más fuerte.

-No matarás- musité al tiempo que me volvía hacia el hombre y me hincaba a su lado.

Solté un grito de horror al ver que su torso se quemaba lentamente.

-¡Apágalo, hijo del fuego!- fue todo lo que se me ocurrió decirle.

-No sabes lo que dices- repuso detrás de mí.

El olor era tan intenso que tuve que cubrir mi rostro con ambas manos. El hombre empezó a temblar incontrolablemente.

-¡Apágalo!- repetí levantando la voz.

-¿Quieres salvar al hombre que quería matarte?- siseó con una voz que me causó escalofríos.

-Pues si no lo haces tú, lo haré…

Y antes de que pudiera terminar la oración una flecha se clavó en el pecho del hombre.

¡¿Pero qué se creía?! Me volví ahora yo rabiosa hacia él, cuando sentí que me tomó entre sus brazos y corrió conmigo detrás de un árbol. Me colocó en el suelo.

-No te muevas- murmuró justo en el instante que un centenar de flechas se clavaban en el suelo.

Me acorraló con ambos brazos contra el tronco. No tuve más remedio que obedecerlo y esconder mi rostro en su duro pecho.

Pude sentir el temblor a mis pies. Seguramente otra decena más de flechas habían intentado dar en el blanco.

-Maldición- escuché que murmuraba- hατm’α.

La sangre se me heló. Asesinos.

-¿Era tan difícil seguirme?- me reprochó.

-¿Ahora resulta que yo debía ser más cuidadosa? ¡Si yo no era la que caminaba tan rápido!- repuse cuando dos flechas pasaron peligrosamente a nuestro lado.

-¡¿Sabes cuántos peligros te deparan?! ¡¿Tienes la mínima idea?! ¡¿O sencillamente eres tan ignorante y tonta que no te proteges?!- dijo rápidamente pero sin levantar la voz.

-No me provoques- musité.- Que prefiero mil veces más enfrentar a mi enemigo que tener que estar junto a ti.

Esta vez pasó una tercer flecha, pero con la punta prendida en llamas.

-Ja- se burló- me encantaría ver eso.

Sus ojos azules me atraparon por un momento, desafiantes, intensos.

Cerré los ojos y golpeé dos de sus puntos débiles en el hombro. Sus manos resbalaron del tronco dejándome libre y sin perder la sonrisa, me impulsé, tomándome de una rama del árbol y asiéndome. Me paré de cuclillas sobre la rama y desplazándome con cuidado, pude sentir que me tenían en la mira.

Dos flechas pasaron peligrosamente a mi lado. Pero mis ojos permanecían cerrados.

Una flecha más se acercaba a mí cuando me abrí como un arco y dejé que pasara por debajo de mí. Aprovechando la posición, me paré sobre mis dos manos y girando levemente mi cuerpo, me dejé caer, columpiándome en la rama. La adrenalina ya empezaba a correr por mis venas cuando de un impulso caí sin perder el equilibrio junto al cuerpo inerte del hombre que había muerto hacía un rato.

Era la mira, las flechas pasaban de un lado y del otro, pero con los ojos cerrados podía ver de dónde venía cada una. Me desplacé nuevamente entre los árboles y busqué mi primera presa. El cuchillo temblaba en mi mano mientras mi marca se iluminaba lentamente. Había uno sobre mí.

Tomé impulso y dando una voltereta hacia atrás, mis piernas golpearon su espalda. El hombre cayó el suelo con estruendo. Me paré junto a él y esperé las flechas. Varias llegaron en mi dirección y al pasar junto al hombre, una de ellas se encajó en su pierna.

Sonreí mientras me paraba de manos y me impulsaba para caer de nuevo parada, sólo que ahora bajo un árbol distinto. Me tomé de una de sus ramas y tomando vuelo con el tronco, llegué al árbol continuo. Me aferré de un rama y columpiándome un poco, logré que mis puntas tocaran la superficie cuando un grupo de flechas pasó justo por debajo. Ya tenía localizada la segunda presa y sin más preámbulos, me lancé hacia él como un felino hambriento, tirándolo de la rama de enfrente. Ambos caímos al suelo. Forcejé un momento con él, hasta que fui capaz de golpearlo bajo la barbilla y dejarlo inconsciente. Su arco quedó en mi poder, pero a penas fui capaz de robar una de sus flechas cuando una nueva lluvia de flechas alcanzó mi paradero.

Me desplacé como un gato al asecho, tensando el arco. Busqué la tercera presa. El hombre calculaba en mi dirección, subido en una rama al otro lado. Rápidamente esquivé su flecha, corriendo detrás de un árbol. Pero aquella no había sido una buena elección pues rozando mi rostro, se encajó otra flecha en el tronco del árbol. Dirigí la flecha al otro atacante y sin pensarlo dos veces, solté la flecha, que le dio de llano en el ligamento del hombro, provocando que cayera de su rama directamente al suelo. Ahora sólo me quedaban dos más.

Tiré el arco al suelo y saqué el mío.

Mi marca brilló con intensidad. Y utilizándolo como impulso. Di un salto que alcanzó una rama, justo en el instante que dos flechas rozaron mi capa, deshilachando uno de sus bordes.

Mis ojos se abrieron instintivamente, haciendo que perdiera la conexión. Maldije para mis adentros mientras me pegaba al tronco. Nuevamente dos flechas cruzaron a mi lado.

La sangre subió a mi rostro. Mi respiración estaba acelerada. Cerré los ojos nuevamente, cuando sentí que una flecha venía directamente a mi brazo. Me lancé al suelo como felino y cayendo con las manos, di una pequeña vuelta que amortiguó la caída. Una flecha… y si todos atacaban al mismo tiempo…eso quería decir que el otro… Mi protector había recuperado la movilidad en sus brazos y lo había matado.

El último hombre cayó al suelo justo a mi lado.

Di un respingo, alejándome unos pasos. El hombre respiraba con dificultad, cuando mi protector bajó del árbol con dos espadas en mano.

Sonreía con diversión, mirándome de pies a cabeza.

-Bien, ya entendí, no eres tan ingenua- comentó enfundado sus espadas.

Fruncí el ceño mirando al hombre inconsciente en el suelo.

-¿No lo vas a matar?- pregunté incrédula.

-No matarás ¿Verdad?- repuso repentinamente serio mientras robaba las flechas del hombre y me las entregaba.

La incredulidad en mi rostro no desaparecía.

-Gracias…

-Σs’κα- terminó por mí.

-Vuelo libre- musité.

-Y tú, voz de pájaro- dijo más como afirmación-Todos los nombres tienen una razón… ¿Por qué Καητσ?

-Por mi voz, mis padres decían que yo cantaba como lo hacen los pájaros- contesté más concentrada en el suelo- ¿Por qué a ti Σs’κα?

-Por mi rebeldía, por hacer las cosas como se me antojen, igual que como vuela un cóndor, libre, sin temor a ser castigado.- explicó.

Me volví lentamente hacia él.

-Ese nombre lo dice todo- comenté.

Entonces me dio la espalda, sin dar respuesta.

-¿Lo sientes?- susurró.

Inmediatamente me puse alerta.

-Atrás- dije como al principio.

Varios pasos se acercaban a nosotros.

-No vienen con intención de atacar- aseguró sin una pizca de duda en la voz.

¿Sería que percibía las ánimas de la gente como yo las auras?

-¿Sucedió algo aquí?- preguntó una voz extrañamente conocida.

Me volví lentamente, incapaz de creer que escuchaba esa voz.

-¿Μεπεσ?

Pude observar a varios hombres armados con arcos y lanzas, que miraban a su alrededor desconcertados. Uno de ellos en especial, me miraba con desconfianza.

-¿Cómo sabe mi nombre?- inquirió amenazándome con su arco.

Me dispuse a quitarme la capucha cuando una mano caliente me lo impidió.

Miré a Σs’κα con súplica.

-Dije que no venían con intención de hacer daño, pero no por eso debes confiar- me reprochó fríamente, escrutándome con la mirada.

Negué con la cabeza.

-Yo lo conozco.- dije segura de mis palabras.

Σs’κα frunció el ceño sin inmutarse.

-O quizás sí serás demasiado ignorante…- murmuró.

Lo fulminé con la mirada.

-Pues ya que habíamos convenido que tú eres mi prisionero, entonces, te ordeno que me sueltes.- repuse.

-¿Sucede algo?- preguntó el hombre, más bien joven, acercándose unos pasos.

Σs’κα no soltó mi mirada, aún dándole la espalda al soldado.

¡Pero es que era tan conocido para mí! Ya no me cabía duda. El guerrero de mi padre que había entrenado junto conmigo. Los dos estábamos instruidos en el arte de manejar el arco.

-La marca, Σs’κα- dije mirando disimuladamente el brazo rojo cobrizo de Μεπεσ.- es como la mía.

Σs’κα siguió la dirección de mis ojos. Y al ver la marca soltó mi mano.

-No te muevas- me ordenó acercándose a Μεπεσ.

Μεπεσ lo observó con cautela.

-¿Qué quiere?- preguntó apuntándole a Σs’κα directamente en el corazón.

Contuve la respiración, mirando la escena con horror. Un movimiento en falso y cualquiera de los dos podía terminar muerto. Pero el movimiento de Σs’κα fue tan rápido que a duras penas logré percibirlo. De repente, tenía a Μεπεσ con un brazo inmovilizado detrás de la espalda, presionando el brazo de la marca con fuerza.

Todos los hombres se escandalizaron y apuntaron directamente hacia Σs’κα y Μεπεσ, pero disparar significaría matar a Μεπεσ, así que nadie hizo ni un solo movimiento más.

Todos guardaron silencio, expectantes, mientras yo rogaba a la diosa Diana que su hijo no quemara a mi amigo.

Μεπεσ soltó un grito de dolor cuando Σs’κα ejerció presión sobre el brazo marcado.

-Suficiente- musitó Σs’κα al tiempo que lo soltaba.

Μεπεσ cayó de rodillas, respirando con dificultad.

-¡Qué falta de respeto!- gritó uno de los hombres soltando una flecha.

Σs’κα lo fulminó con la mirada, mientras la flecha se convertía en cenizas antes de llegar a su cuerpo.

Todos los hombres bajaron sus armas y dieron dudosos pasos hacia atrás.

Σs’κα se acercó hacia mí y me miró de pies a cabeza.

-Haz lo que necesites…- dijo rompiendo el silencio.

No supe exactamente cómo reaccionar. Lo único de lo que fui capaz, fue de un asentimiento de cabeza. Y cuando salí del trance, corrí al lado de Μεπεσ y lo ayudé a incorporarse.

-¿Cómo estás?- murmuré.

Μεπεσ me miró con los ojos abiertos como platos.

-¿Princesa Καητσ?- musitó desconcertado.

Sonreí de oreja a oreja.

-¿A poco no me reconoces?- bromeé dándole un codazo cariñoso.

Μεπεσ soltó una carcajada mientras me abrazaba con fuerza y empezaba a dar vueltas conmigo entre sus brazos.

Reí con él.

-¿No se supone que deberías estar ya de vuelta en casa?- preguntó al soltarme.

Desvié la mirada con tristeza.

-La entrada la tengo prohibida desde hace una luna- me limité a contestar.

Todo atisbo de felicidad en Μεπεσ desapareció al instante.

-No, no…- dijo negando con la cabeza- no, no, no…- pasó una mano por su flequillo, mirando a su alrededor con nerviosismo- no me estás diciendo que fallaste ¿Verdad?

Era tan doloroso ver el rostro de Μεπεσ desencajado por la decepción. Las lágrimas se desbordaron lentamente por mis mejillas al tiempo que bajé el rostro hacia el suelo.

-Fallé- musité con la voz quebrada.

Μεπεσ me quitó la capucha con una cierta dulzura y tomó mi mentón con suavidad, obligándome a verlo a los ojos.

-Princesa, no tengas miedo, te llevaré conmigo de vuelta a la aldea y convenceré a tus padres de que te dejen entrar…- intentó consolarme- y si no es así… yo…

-No será así- lo interrumpió Σs’κα con su característica frialdad.

Μεπεσ lo fulminó con la mirada, seguramente aún resentido por lo ocurrido hacía unos momentos.

-¿Quién es él?- me preguntó Μεπεσ sin perder a Σs’κα de vista.

-él es…

-La princesa Καητσ tiene un asunto que cumplir antes de volver a casa.- continuó Σs’κα como si nadie lo hubiera interrumpido.

Me volví con el desconcierto dibujado en el rostro ¡Yo quería volver a casa!

-¿Quién eres tú para decir eso?- soltó Μεπεσ con notable molestia.

-Σs’κα… ¿Es necesario?- murmuré- Sólo quiero volver a casa.

Σs’κα me escrutó intensamente con la mirada. Pero su rostro seguía inexpresivo.

-No es mi decisión ni la de él.- contestó finalmente.

-¿Quién es él?- repitió Μεπεσ.

Solté un hondo suspiro antes de contestar.

-Es hijo de…

-Me envió la diosa Diana a protegerla- me interrumpió Σs’κα por segunda vez.

Μεπεσ miró a su alrededor, deteniéndose un poco más en los cuerpos inertes de los hombres que nos habían atacado hacía rato.

La lucidez cruzó por sus ojos. Se volvió hacia mí con la duda explícita en ellos.

-¿Qué es lo que sucede, princesa? ¿Por qué es que no lo lograste? ¿Quién te persigue?- me interrogó sin darme tiempo de contestar a sus preguntas.

Aunque en realidad yo tampoco tenía todas las respuestas.

-No sé quién me persigue, pero un espíritu me atacó y tuve que usar mi última flecha para matarlo, además de que si no hubiera sido por el leopardo, hubiera muerto. No podía matarlo…- expliqué con cadencia en la voz- Tengo entendido que los dioses me persiguen, Μεπ, pero no sé con cuáles propósitos. Σs’κα me está protegiendo mientras tanto.

Μεπεσ asintió con la cabeza al tiempo que se volvía hacia Σs’κα.

Éste se cruzó de brazos y lo miró desafiante. Pude notar cómo los músculos de Μεπεσ se tensaban, al tiempo que apretaba con mayor fuerza el arco en su mano. La marca brilló intensamente.

-Te agradecemos tus servicios, pero ella ya está a salvo conmigo. La llevaré de vuelta a casa donde pertenece- aseguró Μεπεσ.

Σs’κα no se inmutó.

-Los llevará a su propia destrucción si hacen eso. La princesa en este momento es un imán de peligros.- repuso.

Lo fulminé con la mirada.

-Basta, Σs’κα- protesté.

Él levantó ambas manos a la defensiva.

-Yo sólo digo la verdad. Destruirás a tu pueblo si vuelves.

Aquellas palabras me afectaron más de lo que debían.

-Pues la protegeremos, en casa velaríamos por su seguridad y la de nuestra gente.- insistió Μεπεσ.

-Falló la misión. Ya no es bienvenida- contradijo Σs’κα- Sabes que sería un intento en vano.

Las manos de Μεπεσ se cerraron en puños.

-Puede haber excepciones. Las puertas del hogar siempre estarán abiertas para la princesa.- dijo Μεπεσ subiendo el tono de voz.- además de que la pérdida de la flecha fue por necesidad urgente ¡Nunca a nadie se le había presentado un peligro semejante!

-Si la princesa va ahora con la diosa Diana se podrá solucionar el problema y podrá volver a casa…- continuó Σs’κα ignorando sus palabras.

-¿Y que siga en peligro?...

-Basta- repetí irritada- Odio que peleen por mí ¿No se han puesto a pensar que yo también tengo una opinión?

Σs’κα cerró la boca de golpe y me miró en silencio al tiempo que Μεπεσ apretaba sus puños un poco más. Cerró los ojos y se frotó las sienes.

-Princesa, hablando en serio ¿Cómo puedes confiar en él?- preguntó entre dientes.

Lo pensé por un momento.

¿Por qué era que confiaba en Σs’κα? En realidad, la verdadera pregunta era ¿Confiaba en él? Después de todo era hijo del dios del fuego y parecía destructor e invencible. No era precisamente un semblante que inspirara mucha confianza. Pero entonces recordé que él salvó mi vida una vez.

-Me ha demostrado que vela por mi seguridad…- dije finalmente.

-Aunque lo tenga que hacer a la fuerza…- murmuró Σs’κα con frialdad.

Me volví fulminante hacia él.

-¿Y se supone que estamos del mismo lado?- pregunté sarcástica.

Σs’κα sonrió con sorna al tiempo que tomaba una piedra del suelo y jugueteaba con ella. La piedra empezó a sacar humo.

-Es paradójico ¿No? Los enemigos ayudándose mutuamente- comentó divertido.

Rodé los ojos.

-Tienes razón, en realidad estoy del lado de Μεπεσ.- repuse intentando contener la rabia- ¿Nos vamos?- pregunté volviéndome hacia Μεπεσ.

Él asintió con la cabeza mientras le lanzaba una última mirada asesina a Σs’κα. Hizo un movimiento de mano, con ademán de que sus hombres bajaran las armas. Y sin rechistar, todos empezaron a caminar de vuelta al mercado.

Me decidí por no mirar atrás. No quería ver el rostro de Σs’κα. Pero en el fondo sentía cierto remordimiento al dejar mi oportunidad de encontrar a la diosa Diana, porque las palabras de Σs’κα habían sido reales. Mi regreso conllevaba un gran peligro, contra el cuál ni siquiera yo podía lidiar. En menos de seis lunas ya había sido atacada por un dragón de tierra, un espíritu reencarnado en un oso y una pandilla de ladrones, me había raptado un loco en el mercado y hατ’mα intentaron asesinarme ¡¿Qué más faltaba?!

lunes, 16 de enero de 2012

¿Cuántas veces le dije que no me tocara?

Pues, ya llegamos con el siguiente capítulo hehehe :D :D :D Lo siento, dije que publicaría el lunes, pero me salió un problema terrible en la escuela (Tuve que leer un libro entero para un test que tendría hoy) y bueno, hubo completamente cambio de planes. No pude hacer nada de lo que tenía planeado hacer ayer, así que, será hoy. Pero bueno, lo he estado pensando. No soy mucho de obligar a la gente ni nada por el estilo, pero me da curiosidad quiénes leen el blog ^.^ Me pondría muy feliz si encontrara un comentario suyo (A parte de Lu y Mindy, que por cierto, muchísimas gracias) Sé que la inspiración para los comentarios es difícil, porque para mí lo es hahahaha no tienen ni idea, me puedo quedar una hora sentada frente a la computadora y no sé qué escribir. Pero un sencillo ¡Hola!, en serio que se los agradecería con el alma. Aún así, aquí les dejo el siguiente capítulo y como siempre, espero que lo disfruten.



La herida en la espalda aún me dolía terriblemente, pero a pesar de todo, no me detuve. Seguía los pasos de él a prudente distancia.

Pero entonces descubrí que todas las heridas que tenía estaban limpias, sin rastro de sangre…

-¿Me curaste?- pregunté.

Él no se volvió para contestar.

-Lo menos que necesito ahora es llevarte cargando.

Por un lado estaba agradecida, pero por otro, molesta ¿Cómo se atrevía siquiera a tocarme? ¿Cómo podía yo confiar en el hijo del mayor de nuestros enemigos? “Pero también es hijo de Diana” dijo una vocecita en mi interior. La callé al instante.

Caminamos por horas sin que ni uno mediara palabra. Y a pesar de que las heridas me dolían terriblemente y me preguntaba febrilmente hacia dónde nos dirigíamos, guardé silencio, incapaz de hablar con mi supuesto protector.

Pronto salíamos por las rutas de comercio, caminando por la orilla, mientras la luz del sol nos daba directamente en el rostro. No fue necesario que mi protector me dijera que debía ponerme la capucha, pues yo ya la traía puesta, intentando, además de esconder mi identidad, cubrirme del fuerte Sol, que con tal calor, parecía querer derretirnos. Más que épico, esto era vulgar. Caminando sin rumbo fijo y además siguiendo al hijo de mi peor enemigo. Me sentía desfallecer. Mi deseo más febril era volver a casa con mi familia, aunque tuviera que ver la decepción en sus rostros… La soledad quería apoderarse de mi alma, la sentía tan cerca… y le temía.

Pero el guerrero, ajeno a mis pensamientos, ni siquiera me dedicó una sola mirada o se le ocurrió siquiera decirme qué tan cerca estábamos de nuestro destino. Desde mi paradero ~detrás de él~ parecía tan intimidante, erguido y de espalda ancha con una capa roja que rozaba sus pies y cubría su cabeza. Me recordaba a los mensajeros del agua, que al salir de ésta se volvían en sombras rojas que caminaban sin mirar atrás y destruían todo a su paso hasta llegar a su destino. Esa actitud era más propia del quemador, pero como todo en la naturaleza. El agua tenía dos caras, si veías a los mensajeros de sombras rojas, entonces no podías esperar nada bueno… pero si veías a los pájaros de cristal volar fuera de su hogar, el agua, entonces podías esperar fortuna y felicidad para tu familia.

Justo en ese momento, pasábamos junto a un lago de extensiones que abarcaban incluso más allá del horizonte. Los árboles dejaban de estar tan juntos los unos a los otros y los primeros hoyos en el suelo empezaron a divisarse a lo lejos. Eran casas subterráneas…

¿Qué tribu tenía casas así? Me pregunté, pero no expresé mis dudas en voz alta.

-Es el mercado, princesa, el famoso mercado de los αmϑητι- me informó como si hubiera leído mis pensamientos.

No contesté nada, limitándome a observar maravillada las pieles colgadas de estacas, los amuletos y la variedad de gente de agua que había en los alrededores. El silencio y la soledad huyeron lejos cuando mi protector y yo pasamos junto a la primer casa cerca del camino. Niños y jóvenes caminaban por los alrededores, mientras hombres y mujeres hacían los intercambios. Λδ ανιηē por un vestido decorado de chaquiras, cereales por un šεϖε, aquel animal a penas más grande que mi cabeza con alas de fuego y seis patas de hielo. No era precisamente un animal común entre nosotros, pero había buscadores, a los que llamábamos ςëηητřαș, o en otras palabras, guardianes de tesoros. Eran de los pocos que se atrevían a acercarse a los dominios de los dioses y traer de sus maravillas con nosotros. No es que alguno hubiera logrado entrar alguna vez, en realidad, la leyenda siempre ha dicho que el que entra nunca sale, pero hay seres de los dioses que se escapan y terminan en las tierras de los ηöη’καπ, allí donde los ςëηητřαș los buscan, los capturan y los traen a los mercados.

La boca se mi hizo agua al ver tanta comida, recordando con pesar cómo mi almuerzo del día se había quedado en el bosque después de que los ladrones me atacaran.

Pude notar cómo varias miradas recelosas se posaban sobre nosotros. Dirigí mi mirada hacia el suelo, a sabiendas de que los nervios empezaban a hacer mella en mí. Seguramente no faltaba poco para que un monstruo intentara atacarme. Y conforme nos íbamos adentrando más, el espacio se volvía más reducido y la cantidad de gente se volvía mayor. Pronto empezó a costarme trabajo seguirle el paso. Su capa roja se confundía entre comerciantes, pueblerinos y aventureros.

Entonces miré desorientada a mí alrededor ¡De repente ya no había ni rastro de él!

Resoplé mientras intentaba recordar dónde había sido que lo había visto por última vez… Pero ni siquiera era mi obligación seguirlo. En realidad, era la oportunidad perfecta para escaparme. Continué escrutando los alrededores con la mirada. Era tanta gente, que tampoco lograba divisar una posible salida.

E inesperadamente, sentí como una fuerte mano me jalaba con brusquedad ¿No le había dicho que no me tocara? Me volví para replicarle cuando vi el rostro de un desconocido y supe que no había sido mi protector el que me había tocado. El hombre sonrió con malicia, resaltando de su piel morena una dentadura brillante y puntiaguda.

Palidecí irremediablemente, mientras que con la mano libre, buscaba mi cuchillo. Pero, para mi mala suerte, el hombre dejó al descubierto mi marca y la apretó con fuerza.

Cerré los ojos, intentando contener el dolor. Quedé paralizada.

-Eres tú ¿Verdad?- me susurró al oído ejerciendo un poco más de presión.

Las lágrimas se desbordaron por mis mejillas.

-No sé de qué habla- musité abriendo lentamente los ojos.

El hombre soltó una carcajada, tomando mi otra mano y poniendo ambas tras mi espalda.

-No importa, tú vienes conmigo- dijo amenazante.

Se abrió paso bruscamente entre la muchedumbre, sin dejar de ejercer presión sobre mi marca, que empezó a brillar, delatando así mi identidad. Me mordí el labio. Al menos ya había encontrado una manera de salir…

Salimos del hervidero de vida que era el mercado al adentrarnos al bosque. Las voces y los sonidos de repente parecían terriblemente lejanos, sustituidos por el silencio. Lo único que se escuchaba era la respiración de mi raptor y la mía propia, que, para mi mala suerte, estaba agitada, delatando mi nerviosismo. Ni siquiera nuestras pisadas. Pero los temblores en la tierra eran perceptibles para mí. Podía notar que a unos cuantos metros de nosotros, había una pareja de caribús… ¿O eran caballos? Al sentir nuestra presencia salieron corriendo, mientras que los animales pequeños a nuestros pies intentaban cubrirse de nuestras pisadas. Supe nuestro destino cuando percibí el hoyo en el suelo. Pero el brazo me ardía hasta el hombro, por lo que concentrarme en otra cosa me era casi imposible. Mis sentidos estaban abrumados, casi inservibles.

“Vamos, concéntrate, tienes que escapar” pensé al tiempo que nos acercábamos un poco más al hoyo. Mis posibilidades eran nulas. Mi cuerpo estaba paralizado por el dolor y no tenía manera de desenfundar mi cuchillo. Todo lo que podía hacer era esperar a que llegara el momento adecuado.

Los temblores se volvieron ligeramente más fuertes.

-Atrás- murmuré cuando sentí una presencia.

Pero mi advertencia no sirvió de mucho.

-Suéltala- siseó una voz felina detrás de él al tiempo que el hombre soltaba un grito de dolor.

sábado, 14 de enero de 2012

Resultados del concurso



Bueno, pues... hahaha primero me disculpo por no haber publicado desde hace rato, pero es que estoy en plena época de exámenes y ya ven que con las prisas hasta el capítulo pasado ni siquiera pude poner algún mensaje, sino que directamente lo copié todo de Word y lo pegué :P hahahaha pero bueno...

(Tambores, tambores, tambores... :D :D :D )

Como verán, el concurso terminó el 8 de enero. Y bueno, a penas me doy cuenta que desde entonces ha pasado ya una semana y todavía no doy los resultados. Pero ya no dejo a nadie más con la intriga.

En segundo lugar tenemos a:

Mindy Carrera de "El viaje a mi felicidad". :D :D :D Muchísimas felicidades Mindy. Y bueno, para información de las seguidoras, el relato se llamó: Una tarde mágica de otoño. Con el tópico de amor. En serio que admiro mucho cómo Mindy logró en diez páginas enamorar a los personajes (Porque digo, mis personajes se odian tanto que terminan enamorándose hasta el final, nunca logro sacarles magia desde el principio :P). Y la segunda razón por la que tiene bien merecido el premio que le voy a dar a continuación, es que, cumplió con los requisitos; el personaje antagónico (un gato negro) tenía los ojos verdes que se pedían. Es por eso que no hay impedimento que me haga privarte del premio, Mindy.


Les recomiendo pasarse también por su blog, que igualmente, es una épica historia de amor entre una vampiresa llamada Charlotte y un humano llamado Angelo, que desde la primera vez que se ven, no sólo crean un ambiente romántico, sino que problemático, porque Alejandro, un malvado vampiro que se enamora de Charlotte, intenta matar a Angelo para quedarse con el amor de Charlotte. Desde un hermoso viaje a París, con su gran y hermosa familia (:3 Me enamoré del papá :P), terminan en una búsqueda desesperada contra el tiempo, intentando encontrar la manera de llegar al punto máximo de la felicidad sin peligros ni amenazas.

El blog se llama El viaje a mi felicidad, como ya les había comentado antes y si quieren pasarse, aquí les dejo el LINK: http://elviajeamifelicidad.blogspot.com.

Y bueno, para el primer lugar....

(Tambores, tambores, tambores... :D :D :D )

En primer lugar tenemos a Luciana Blanco <---- :D de "Fire Girl". No me extrañaría que ya la conocieran, porque de no ser por ella, ahorita no tendría las seguidoras que tengo ;) Pero para las que aún no se han pasado por su blog, pues bueno, aquí les cuento las maravillas que esta chica ha escrito.

La historia participante se llamó Pandora. Pues esta historia hasta me dejó con la boca abierta. Fueron ocho páginas, pero viví todo un momento. Aquí el amor también toma gran parte en la historia. Pero no hablamos de humanos, no señor, hahaha hablamos de CrOwLiNgS. Seres monstruosos y verdes (de ojos verdes también) que se alimentan de humanos. Es un amor curioso y nunca te esperas con quien termina la protagonista, porque ella, a parte de ser Crowling, es un ser especial con una marca en forma de estrella en la palma de su mano. Y ya que nuestra ganadora cumplió con el requisito, los ojos verdes, aquí está su premio:

Para las que no se han pasado por su blog, pásense, se los recomiendo muchísimo. La historia ya va por la segunda temporada y además, ya cada vez se está acercando más al final. Si son como yo y les da flojera comenzar desde el principio (hehehe suele pasarme), pues Lu ya tiene un segundo blog que se llama Dividad y que va por el primer capítulo. Lo interesante de este blog, es que es un proyecto que está haciendo con una chica que se llama Mapita y cuyos blogs también llegué a seguir una vez pero que hace tiempo que no he visto que escriba, y pues bueno, ambas son escritoras maravillosas. Ya desde el primer capítulo te quedas enganchada en la historia, con la protagonista Lux y el asesinato de sus padres, que eran ángeles caídos, esta chica es llevada con la familia que nunca conoció y es entrenada para cumplir una misión... de qué es la misión y en qué es entrenada... :3 hahaha no tengo ni idea, porque, como les he dicho, a penas van en el primer capítulo. Si ya están tan intrigadas como yo, entonces ¡¡Léanloooo!! :D :D :D :D

Aquí está el LINK de los blogs:


Muchísimas felicidades a ambas ganadoras ;) ;) ;). Espero que les gusten sus premios y saben, que por derecho, hay un segundo premio (Que ustedes pueden elegir).

Les mando saludos y besos a todas, bloggeras ;) Y de paso les digo que el próximo capítulo lo publicaré hasta el lunes.





miércoles, 11 de enero de 2012

El secreto de los dioses

Mis ojos se abrieron lentamente. La luz del amanecer me dejó deslumbrada.

Parpadeé varias veces, intentando acostumbrarme.

Entonces me percaté de que ya no estaba en el templo. Estaba recargada sobre un árbol gigantesco en medio del bosque… ¡¿Cómo era que había llegado hasta aquí?! Con fuerzas renovadas me incorporé con tanta rapidez, que me tambaleé, pero unas fuertes manos me sostuvieron.

-Ni siquiera el peor de los guerreros se mete en tantos problemas…- dijo aquella voz tan penetrante.

Me sacudí bruscamente y me alejé de él, recordando lo ocurrido.

Un riguroso joven alto y fornido, de espalda ancha, ojos tan azules… como los de Mina y cabello castaño, me miraba con atención.

Estaba inexpresivo.

Busqué mi arco, pero no estaba, quise desenfundar mi cuchillo, pero no lo encontré.

-Sabrás que no te voy a hacer daño ¿Verdad?- dijo con cautela.-¿Buscas esto?- preguntó señalando mi aljaba y mi cuchillo tirados en el piso.

Corrí a mi cuchillo y me puse en posición de ataque.

-No te me acerques, joven de la tribu mακαħατ.- lo amenacé.

-Adelante, dame tu mejor golpe, princesa Καητσ, aunque ni siquiera te acercas a mi procedencia.- me desafió.

Lentamente me fui acercando a él, hasta tenerlo frente a frente. Era una cabeza más alto que yo… así sería más fácil darle en el corazón.

Estaba tan cerca que hasta podía tocarlo. Lo mataría, tenía que matarlo, era mi enemigo y era la oportunidad perfecta...

Pero... ¿No me estaría haciendo algún tipo de treta? ¿Dejar que lo matara sin protegerse?

El cuchillo dudó entre mis manos, pero ¡Lo tenía tan cerca! ¡Era mi oportunidad! Me repetía una y otra vez. Pero mi mano desobedecía.

-Eres el enemigo- musité más para mí misma.

E inesperadamente tomó mis brazos suavemente.

-No puedes matar a tu salvado. Ustedes los de αιrġυα son demasiado nobles para eso- dijo con un cierto desprecio.

Su mirada se encontró con la mía, mientras yo intentaba hacer oídos sordos a sus palabras. ¿Qué era lo que me detenía? ¿Sería mi "nobleza" o serían aquellos ojos azules tan profundos, que parecían sabios, conocedores, libres como el firmamento?

Mis miembros empezaron a temblar.

-¡¿Quién eres?!- chillé.

-Soy hijo del dios del fuego Fοġοs, el quemador- contestó lentamente, sin perderme de vista.

Forcejé para soltarme al tiempo que el cuchillo caía de mis manos ¡¿Hijo del dios del fuego?! ¡¿Hijo?!

-¡Aléjate!- grité- Yo no trato con seres como tú…

Me soltó tan bruscamente que terminé tambaleándome hacia atrás.

-Ni yo con gente del agua como tú…- repuso.

-¿Entonces por qué me salvaste?- pregunté con la voz entrecortada- ¡Dime!- exigí.

Por primera vez una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.

-Odio a mi padre y sus tretas… e incluso a sus servidores. Odio tener que ver cómo día a día van destruyendo pueblos. Es como si olvidaran que todos venimos de un mismo lugar, que es nuestro deber cuidar de los otros.

De manera que lentamente mi expresión se fue suavizando ¿Era posible que el hijo de Foġos fuera tan noble como la gente en airgua? ¡Seguro me engañaba!

-Tengo una misión que debo cumplir…- murmuré.

-Y no te detendré.- susurró penetrándome con la mirada.

¡Primero con la voz y ahora con la mirada!

-¿Quieres decir que no soy tu prisionera?- pregunté confundida.

-¿Por qué salvarte y volverte a condenar?- contestó con otra pregunta.- Eres libre.

Mi expresión se volvió de mayor confusión.

-¿Libre?- dije con un hilo de voz.

Él se limitó a asentir con la cabeza.

-¿Puedo irme ya?- insistí.

-Pero… debo acompañarte.

-No ganas nada acompañándome- repuse molesta.

-Eso es algo que sólo yo sé.- dijo lentamente.

-¿Entonces qué tengo de libre?- pregunté al punto del enojo.

-Tienes libertad de decir a dónde ir y qué hacer. Más bien yo soy tu prisionero- contestó con cierta diversión.

Lo fulminé con la mirada.

-No necesito de guardaespaldas, gracias- dije sarcástica.

-Ni siquiera sabes hacia dónde vas ¿O sí?- contradijo- llevas cuatro lunas en constante peligro.

-¿Tú qué sabes?- pregunté levantando la voz.

-Mina me ha informado…- se limitó a contestar.

-¡¿Qué?!- grité desconcertada- ¡¿Pensamos en la misma Mina?!

-No conozco otra…- dijo cruzando los brazos y encogiéndose de hombros.

-¿Qué tienes tú que ver con ella?- pregunté enfatizando el “tú” con desprecio.

-¿Por qué no empezamos a caminar?- propuso, jalándome del codo.

-¡Suéltame!- exigí- yo puedo sola.

Tomé la aljaba y mi cuchillo del suelo y caminé lo más lejos posible de él.

-Es mi hermana.- contestó finalmente.

Aquella información me tardé en procesarla ¡¿Mina?! ¡¿Hermana del hijo de Foġos?! No, seguramente no hablábamos de la misma…

-Obviamente no hablamos de…

-Tenemos los mismos padres, sólo que su fama de enemigos los obliga a esconder la verdad.- explicó.

Lo miré incrédula.

-¿Quién es su madre?- pregunté con un hilo de voz.

No recibí una respuesta inmediata.

-La diosa de la luna…

Fue como si me tiraran un balde de agua fría al recibir aquella respuesta.

-¿Y por qué nunca nos enteramos de que tuvieron dos hijos?

Entonces recordé la marca de Mina detrás de la oreja.

-Los dioses también tienen sus secretos. Somos los primeros dos hijos de Diana y Fοġos. Los primeros dos hijos de los dioses, por lo que ellos prefieren mantenerlo en secreto. Muy pocos saben de nuestra existencia.- contestó con cierta molestia en la voz.

-Pero… si antes estuvieron juntos… ¿Por qué ahora son enemigos?- pregunté confundida.

-Porque supieron que al tenernos era un error que estuvieran juntos y nos criaran juntos. Mi padre quería lanzarnos al río, mi madre quería quedarse con nuestra custodia. Pelearon y ganó mi madre. Pero mi padre no pudo soportarlo y me robó una noche que Mina y yo dormías junto a la cama de mi madre. Desde entonces vivo con mi padre a pesar de que no le tengo ningún aprecio, ni siquiera a mi madre. Todos son odiosos.- explicó.

No podía creer lo que escuchaba ¡No podía! ¿Los dioses? ¿Hijos?

-¿Cómo es que Mina terminó siendo un leopardo?

Entonces él paró de golpe.

-Hacía un trabajo para mamá. Enamoró al jefe de los ĉοvëητĥ y lo obligó a dejar de rendir tributo al quemador. Nuestro padre la descubrió y le dijo que se fuera o sufriría las consecuencias, pero el problema fue que ella se había enamorado del jefe… - su voz era monótona y fría- ambos habían caído perdidamente y ya que el amor fue más fuerte que la razón, Mina desobedeció, así que nuestro padre la condenó.- dijo volviéndose lentamente- sin envejecer, sin que nadie supiera de su identidad, ella estaba obligada a observar la eternidad, generaciones pasando, viendo amor sin poder disfrutar de él… recordar cómo su amado envejecía y moría, sin poder decir nada, condenada a vivir sus días perseguida por los cazadores. Ni siquiera nuestra propia madre supo reconocerla y cuando lo hizo- calló por un momento- no hizo nada más que devolverle la voz.

-¿Es por eso que también odias a tu madre?- pregunté.

¡Vaya que era un gran dilema! Pobre Mina… condenada por los dioses no había mucho qué hacer.

-¿Ahora tengo tu confianza?- preguntó él frunciendo el ceño, en lugar de contestar a mi pregunta.

-Sigues siendo enemigo, hijo de Fοġοs.- me limité a contestar.

Su dentadura perfecta brilló al sonreír, mientras se volvía hacia delante y continuaba con el camino.

Había varias cosas que empezaban a aclararse. Una de ellas era que yo era perseguida por mi sangre. Otra era que el hijo del dios que tenía enfrente, era nada más y nada menos que mi protector, el que había dicho Mina que me mandaría ¡Y vaya sorpresita ésta! Enemigos naturales, eso era lo que éramos. Pero aún había algo que no quedaba en aquel rompecabezas, lo más importante de todo… ¿Por qué tenía que ir al hogar de los dioses?

domingo, 1 de enero de 2012

La espada de oro

Bueno, pues, tengo problemas con los acentos en el teclado (Mi querida computadora ya cumplio un año conmigo y me siento feliz por ello hahahaha) Pero feliz año nuevo a todas. Todo lo mejor para este nuevo comienzo, para las nuevas oportunidades. Les deseoo muchisima inspiracion para escribir sus historias, que, de las que ya sigo, me encanta leer. En serio, que si alguien quiere que lea su historia, digamelo. Me entretiene muchisimoo leer las historias y escribir para que las demas lean ;)

Espero que les guste el nuevo capitulo y en serio que muchas gracias por los comentarios.


Entonces se escucharon pasos en la lejanía. El piso era de piedra. La estancia estaba iluminada únicamente por dos antorchas en cada lado del ancho pasillo.

El monje se adelantó varios pasos.

-Señor ¿Cómo estuvo su visita con el quemador?- preguntó.

Pero nadie contestó.

Los pasos pronto se escucharon más cercanos hasta que pude ver el rostro del jefe de la tribu Μαĸαħατ. Sus ojos eran maldad pura. Nos miraban fijamente a los ladrones y a mí.

-Mandó a su desobediente discípulo a mi cuidado.- contestó sin quitarnos la vista de encima.

Pude ver cómo la expresión del monje se volvía de horror.

Por primera vez el jefe desvió su mirada, observando atentamente al monje.

-Los demás monjes ya lo están atendiendo, cobarde.- musitó sonriente.

El monje bajó rápidamente la mirada.

-Señor, fui entrenado para recibir a los dioses con respeto y devoción, nunca con cobardía.- aseguró el monje.

El jefe bufó.

-¿Y quiénes son estos pordioseros andrajosos? ¿Qué es tan importante como para que pisaran el sagrado templo?- preguntó con desprecio, mirándome fijamente, como si yo fuera a decir algo.

-Venimos por la recompensa- dijo Garret.

Los ojos del jefe refulgieron con maldad, cuando se volvió lentamente hacia él.

-¿Cómo dices?- musitó.

-Encontramos a la princesa Καητο.- explicó Garret adelantándose unos pasos.

Me percaté entonces de que el jefe iba protegido por dos hombres escondidos en la penumbra del pasillo.

El jefe soltó una carcajada.

-Primero entrégame lo que quiero.- dijo burlón.

Ciertamente esta capa me hacía parecer todo menos princesa. Mientras no me la quitaran, todo estaría bien.

Y justo en el momento en que aquellos pensamientos cruzaban por mi cabeza, uno de los ladrones me quitó la capucha, dejando al descubierto mi rostro.

Toda burla desapareció del jefe.

El silencio reinó por largos segundos.

Yo me limité a fulminarlo con la mirada.

-La marca, muéstrenme la marca- exigió mirando mi rostro con avidez.

Uno de los ladrones retiró mi capa, dejando al descubierto mi brazo, que brillaba, avisándome que había peligro. Aunque en realidad no lo necesitaba, pues estaba completamente consciente de que estaba en peligro.

Entonces el jefe mostró sorpresa, admiración.

-En realidad la han capturado.- murmuró acercándose lentamente hacia mí.

Me miró directamente a los ojos pero desvié la mirada.

-Queremos la recompensa- exigió uno de los ladrones.

El jefe se volvió bruscamente hacia él.

-Tendrán su recompensa- dijo con desprecio.

Entonces extendió su mano y tomó mi brazo, ejerciendo una presión agotadora. Me atrajo hacia él y observó mi marca con atención.

-Protegida de la diosa Diana ¿Eh?- murmuró sacando un cuchillo de debajo de su túnica.-¿Eres la princesa Καητσ o eres una farsa como todas la otras mujeres traídas a mis dominios?- me interrogó.

Mantuve la boca cerrada, lanzándole una mirada asesina.

-Dicen que nadie, ni siquiera tu propia tribu ha visto tu rostro jamás. Sólo los dioses, tus padres y tus dos hermanos mayores- comentó pasando peligrosamente la cuchilla por mi marca.

“Mentira” pensé. Todos en mi pueblo conocían mi rostro.

Su mirada se volvió sombría mientras presionaba suavemente mi marca. Solté inevitablemente un gemido ahogado de dolor.

-Esta marca es verdadera…- murmuró para sí mismo- Sólo en tu tribu hay cazadores marcados de azul y a la familia real con plateado.

Nuevamente guardé silencio, pero la presión que ejercía el cuchillo sobre mi marca cada vez se hacía más fuerte.

-¡Habla!- exigió.

Solté un segundo gemido, sentía dolor, el puro dolor allí donde el mango del cuchillo presionaba.

E inesperadamente tomó el cordel de mi capa y lo desató. La capa resbaló por mis hombros hasta llegar al piso y dejar al descubierto mi vestido blanco.

Mantuve la cabeza erguida.

Él empezó a dar vueltas alrededor de mí. Tomó entre sus manos mi cabello trenzado que llegaba hasta por debajo de mi cintura, recogido en un broche de oro al igual que la tiara cuya punta comenzaba en mi frente.

Jaló mi trenza con violencia. Sentía que mi cabello caería, pero seguí guardando silencio.

Su rostro apareció al lado del mío.

-Morirás dignamente, princesa Καητσ- dijo enfatizando mi nombre.- Todo lo que necesito de ti, es tu sangre real para entregársela a los dioses y recibir la inmortalidad…- hizo una pausa- ¿Cuáles son tus últimas palabras?

No dije nada. Era tribu enemiga ¡Yo no hablaba con la tribu enemiga!

El jefe de los mακαħατ rugió con rabia.

-¡Tu silencio es enfermizo!- gritó jalando con mayor fuerza mi trenza.

Cerré los ojos, mordiéndome la lengua para no gritar de dolor.

Mis piernas empezaron a temblar, mis fuerzas flaqueaban. Todo por la flecha de energía pura.

-Suéltala, Νεřοκ- dijo una voz masculina y penetrante proveniente de la oscuridad.

Mi mirada se volvió borrosa, la tenía fija en el pasillo.

-Lo siento, pero ésa es una orden que tendré que desobedecer.- contestó el jefe Νεřοκ.

El silencio fue sepulcral por un momento ¿De dónde había venido la voz?

Lo que ocurrió a continuación fue tan rápido, que a penas tuve noción de ello. Miré desconcertada cómo el ladrón cojo caía al piso después de que una lanza quedara clavada en su corazón, seguido del segundo ladrón, cuyo cuello empezó a sangrar por razones desconocidas, provocando que cayera inerte al piso. Lo único que alcancé a notar en la muerte del tercer ladrón fueron unas manos sosteniendo una espada tan brillante como el oro. La espada se encajó en el estómago de Garret que soltó un grito antes de morir.

Rápidamente el jefe Nεřοκ soltó mi cabello, dando dos dudosos pasos hacia atrás.

-¡Él dijo que obedecerías mis órdenes!- chilló con desesperación.

De repente la espada ya amenazaba con cortar su cuello. El brazo venía de detrás de Nεřοκ, por lo que no pude ver el rostro de aquel desconocido. El jefe recibió un golpe en la espalda que lo hizo caer de rodillas.

-Yo no obedezco órdenes de monarcas que no dan respeto a su pueblo…- musitó aquella voz- vivirás… por ahora.

Y en aquel instante mis piernas no pudieron sostener mi peso. Terminé cayendo de rodillas igual que el jefe Nεřοκ.

Mis ojos se cerraron antes de caer inerte.

Lo último de lo que fui consciente, fue de cómo unos fuertes brazos me cargaban.