miércoles, 21 de noviembre de 2012

La madre Tierra


Bueno, pues este capítulo es especialmente largo, porque no sabía hasta dónde acortarle, pero... cuando encuentren el tiempo ;) Ya saben, pásense a leer un rato :D 

Muchas gracias por tu comentario, Lau ¿En serio te parece que Äρσητε tiene interés por la princesa? ^.^ Intentaré publicar más seguido.

Aquí los dejo, para que comiencen el capítulo ¡Espero que lo disfruten tanto como yo al escribirlo! :D  




Ese día lo pasé en reposo total. Σs’κα no dejaba que me levantara ni siquiera para caminar dentro de la lona. Me trajo comida y me cubrió con una manta, esperando que el dolor de cabeza pasara. La tarde prácticamente la pasé sola. Σs’κα se fue, con la consigna de que no me durmiera y no saliera hasta que él volviera, por lo que, resignada y acalorada, me quedé entre la cobija, mirando únicamente hacia el techo. Empezaba a amanecer cuando los cazadores volvieron de la exploración. Me enteré por Äρσητε que habían cazado cuatro venados y que el primer grupo de caza, partiría en unas horas para llevar la comida al hogar. Me sentí inservible, otra razón para que los cazadores me odiaran más de lo que ya lo hacían… Pero Äρσητε me consoló, diciéndome que yo estaría en el último grupo de caza por órdenes de su padre, así que todavía podría hacer algo. Después me contó que Μιευε, ya recuperando la movilidad, se jactaba de haberme ganado y que yo era tan débil que con un solo golpe suyo, ya estaba a punto de morir. Hablaba tan mal de mí, que los cazadores aún me tenían cierta desconfianza, aunque algunos otros, después de ver lo sucedido, preferían mantenerse callados, sin estar ni de un lado ni del otro. Fue un alivio tener a Äρσητε conmigo esa mañana. No poder hacer nada era una tortura, en realidad, era mi infierno personal. Y Σs’κα, como compañero de cuarto, tampoco ayudaba mucho. Escuchaba los relatos de Äρσητε sentado en una esquina, trabajando aún en la talla de madera. No comentaba nada ni le dedicaba ninguna mirada a nadie, por lo que, era como si no estuviera allí, e incluso, cuando Äρσητε se dio cuenta de que me estaba quedando dormida y salió de la lona, Σs’κα continuó con su trabajo sin comentar nada. Mi pequeña depresión por la inmovilidad me impedía dormir. La actitud de Σs’κα volvía a la normalidad. No fue que me levanté hasta la siguiente mañana, cuando todos partían de nuevo. Me fue sencillo adaptarme a sus formas. Traía mi arco y mis ocho flechas junto con el cuchillo. Mi única molestia era Μιευε, que, por órdenes de Äρσητε, también se iría hasta el último grupo.

-Σs’κα ya me dijo tu verdadera situación- me susurró Äρσητε al oído.

Sonreí, pero no dije nada. Los cazadores iban detrás de nosotros, aunque manteniendo una distancia prudente.

-Seguramente esto ha de ser una pesadilla para ti- comentó- y si te sirve de consuelo, en el viaje de vuelta todos mis hermanos y sobrinos sabrán de tu verdadera identidad ¿Estás de acuerdo con eso?- consultó.

Asentí rápidamente.

En realidad, desde la pelea con Μιευε nadie volvió a burlarse de mí. Si hablaban a mis espaldas, ni siquiera me enteraba, porque ni el propio Μιευε se acercaba a mí. El único que me hablaba era Äρσητε, porque Σs’κα no musitaba palabra, y si era así, era con otros cazadores, pero no necesitaba que me hablara nadie más.

-Padre- dijo uno de los cazadores que iba adelante con Σs’κα- Estamos cerca…

-¡Todos guarden silencio!- ordenó Äρσητε.

Caminamos pisando suave, pero, lo que vimos a continuación no era una manada de venados como hubiera estado esperando, sino más bien una construcción de piedra gigantesca que me recordaba a los templos de mi pueblo. No pude más que mirar con la boca abierta, al tiempo que caminábamos por un empedrado que dirigía a una entrada oscura.

La magia del lugar penetró mi cuerpo como si tuviera vida propia, provocándome escalofríos. Sentí la energía proveniente del suelo con la sensación de que era una espesura que se podía cortar con el cuchillo.

Cuando nos acercamos a la estructura, la puerta, que de lejos parecía de mi tamaño, ahora era tan grande que estaba segura que por ella podía entrar hasta un pino ya grande. Como los que había en el bosque en las tierras de los non’katt, que parecía que podían tocar las puntas de las montañas. Un viento que parecía venir por dentro agitó mi capucha. La sostuve con firmeza, sintiendo cómo el viento recorría mis vestimentas y me hacía tiritar ante su fuerza. Su silbido nos ahuyentaba, me hizo retroceder dos pasos. Pero mis ojos se vieron atraídos por las marcas que había en las paredes de piedra. Marcas como las de la salida del soterra, marcas como las del banwe, marcas como las de mi brazo.
Extendí la mano maravillada, preguntándome cómo era posible que algo tan grande no se viera en la montaña de los dioses. Cómo era posible que la niebla en la punta pudiera esconder tantas maravillas ¡Era completamente un mundo distinto!

Lentamente recorrí las fisuras, reconociendo la textura rugosa y la frialdad. Era una ciudad de muertos. Sentía las vibras, podía percibir los leves y constantes temblores en el suelo. El vacío y el silencio que reinaba en el aire.

Recorrí gran parte de la pared, sin importarme si alguien me seguía, sin mirar atrás, adentrándome en la oscuridad. Ni siquiera mis pasos resonaban, el silencio era absoluto.

Aquella misteriosa energía vigorizó mis huesos y cruzó primero por mis manos, por mis brazos, pasó mi corazón y salió por mis pies. Era un peso más, un pequeño peso que me incitaba a continuar caminando.

Cerré los ojos, asustándome al darme cuenta de que no veía nada más que el aire vacío. Ni siquiera las paredes, era una oscuridad absorbente… Y en ese instante, mi marca se iluminó, iluminando además el pasillo.

Abrí los ojos y caminé un poco más. Parecía interminable.

De repente alguien apareció a mi lado. Lo iluminé con cautela, descubriendo a Äρσητε que me miraba con atención.

Se acercó a mi oído.

-Es la ciudad de los dioses caídos, princesa. Aquí yacen los que murieron en batallas. Es por eso que las puertas son tan grandes, pues los dioses llegaron en su forma natural a enterrar a los suyos cuando los non’katt a penas comenzaron a poblar tierras.- murmuró como si el silencio fuera sagrado en aquel lugar.
Para mi pueblo, el silencio era una forma de respeto.

Miré todavía más maravillada a mi alrededor.

-Ni los propios dioses saben de la verdad de esta historia, pero se dice que aquí sacrificó Črοησς a Σραπαδε para que su sangre creara los ríos y los lagos, sus ojos vieran el cielo y con sus piernas y brazos pudieran nacer tierras y montañas. Con sus primeras lágrimas cayó la nieve que ahora cubre cerros. Y aunque su cuerpo terminara inmóvil, su espíritu se volvió libre para cuidar de la parte que le falta.- me explicó con una voz que parecía que no escuchaban mis oídos, sino mi corazón.

Lentamente, el pasillo que parecía interminable se fue convirtiendo en un arco que dio pasó a una habitación gigantesca. Era tan grande que no podía ver sus paredes al otro lado, pero el sonido del agua llamó mi atención. Era el primer sonido que escuchaba en aquel lugar. Miré a mis pies y me encontré con un deslave que precipitaba a una corriente de aguas claras y transparentes iluminadas por marcas brillantes como el oro, talladas en los suelos perfectamente formados. En el centro descubrí la fuente del agua, que era como una montaña en medio de aquel recinto, poblada de un pasto verde como la esmeralda. Descubrí que la montaña nacía de escalones de piedra gigantes, para pies que eran el doble de grande que mi propio tamaño. El nivel del agua llegaba casi hasta el último escalón. Y finalmente descubrí un puente. Y como atraída por las misteriosas fuerzas que había en aquel lugar, caminé hasta llegar a los primeros maderos y continué hacia delante. El viento soplaba como si siguiéramos en la superficie, creando unos increíbles sonidos que parecían música para los oídos.

Empecé a sentir un cosquilleo en el brazo y cuando dirigí mi mirada hacia él, descubrí que mi marca empezaba a extenderse hasta mi cuello, mi pecho y mi otro brazo.

Estaba estupefacta ¿Qué me sucedía? Pero algo en mí me decía que siguiera caminando y así lo hice. 

Se empezaron a escuchar gritos a mis espaldas, pero mis oídos eran ya sordos y no entendían las palabras.

Entonces mi primer pie tocó el maravilloso pasto verde esmeralda. Me quité las botas de nieve y sentí la frescura bajo mis pies ¡Qué bueno que no había tenido que subir los escalones! Eran hasta más altos que yo…

Cerré los ojos, pero seguía viendo una negrura aplastante que me obligó a abrirlos de nuevo.

-¡Princesa!

La fuente era más grande de lo que hubiera pensado. Era como un lago de aguas azules, pero transparentes, en cuyo centro había una mesa de piedra con runas antiguas, de las que se decía que eran las que usaban los dioses para hacer tratados.

Eran celestiales, eran un misterio jugoso, que me invitaba a tomar ávidamente una prueba de que fueran verdad. Por primera vez desde hacía varias lunas me sentía en casa. Y como si la roca tuviera vida, me pidió que guardara respeto y descubriera mi verdadero rostro. Y sin saber si aquello era mi imaginación o era sencillamente real, dejé que mis pies tocaran el agua, que no estaba ni fría ni caliente, y me quité lentamente la capucha. Caminando sin prisa alguna hacia la piedra.

-¡Princesa, detente, maldita sea!- escuché a lo lejos.

“No lo escuches” me decía algo en mi interior. Y sin mirar hacia atrás, di dos pasos más extendiendo mi mano para acortar la poca distancia que me separaba de aquellas hipnotizantes runas.

-¡Morirás! ¡Regresa para acá ahora mismo!

La superficie era rugosa por las fisuras marcadas con un oro intenso que me deslumbraba. Era un oro líquido que fluía como si aquel lugar tuviera vida y aquella fuera su propia sangre. Al instante la luz de mi marca se combinó con la de las runas y fluyó paralelamente. La luminosidad del recinto disminuyó, como en una hermosa noche de luna llena. El agua se levantó en furiosas olas. Pero el contacto seguía allí. La piedra era un corazón palpitante y cargado de energía y cuando observé el techo bajo el que me encontraba, descubrí un rostro de ojos dorados tallado en la piedra, que me observaba.

Las bravas olas se revolcaban en el pasto verde y provocaban que la tranquila agua a mis pies, se estremeciera.

La energía dorada entró entonces a mi brazo, vigorizando mis huesos, mis entrañas y mi espíritu, dándome la sensación de ser capaz de cualquier cosa.

-¡Princesa!- volví a escuchar a pesar del estruendo que provocaban las olas.

-Mi amada sangre- dijo una voz que resonó sobre todos los sonidos.

¡Era el rostro de piedra que me miraba con los ojos de oro! Y tuve el presentimiento de que aquí encontraría todas las respuestas que me faltaban.

-¡¿Quién eres?!- grité reverenciándome ante ella, pero sin dejar de tocar la piedra.
El rostro sonrió, dejando entre ver una luz luminosa.

-Soy la madre de todo en este mundo- contestó al tiempo que su voz provocaba que todo temblara y las olas se volvieran más amenazantes.

-¿Σραπαδε?

La sonrisa se ensanchó, deslumbrándome.

-Te estaba esperando.

La miré incrédula, pero aún así, mantuve mi voz firme.

-¿Qué es lo que quieren los dioses de mí? ¿Qué es lo que quieres de mí?- pregunté.

-El viaje que has hecho no ha sido en vano. Cualquier otro que no hubieras sido tú, habría muerto al tocar el agua, porque Črοησς la envenenó con ζďυπϑ para que mi corazón no fuera a caer en manos equivocadas. Yo me sacrifiqué por los míos y pronto lo harás tú también. Por todos los tuyos.- dijo con una monotonía escalofriante que me hacía temblar involuntariamente.

-Pero a pesar de tu sacrificio, eres eterna y poderosa- repuse con un hilo de voz.

Estaba completamente consciente de que ella podía escucharme.

-Te equivocas. El tiempo se acaba. A cada momento mi corazón se debilita más. Mi tarea es la más difícil de todas, pero a la vez la más hermosa.

Entonces su brillante boca se llenó de agua, y ésta cayó en cascada sobre mi paradero, pero una burbuja invisible parecía protegerme, pues ni una sola gota me tocó.

-¡Espera! ¡Tengo preguntas!

Pero entonces los temblores se volvieron incontrolables, provocando que me tambaleara hacia atrás y perdiera la conexión. Mi marca regresó a la normalidad. Y en ese instante las runas doradas volvieron a iluminar el recinto.

Cuando me volví hacia atrás, me encontré con unos ojos azules que me miraban con acusación. Caminé hacia él, viendo cómo el agua seguía salpicando sin tocarme.

-¡Maldita sea, maldita sea! ¡Princesa! ¡Sigues siendo igual de estúpida que al principio!- me gritó Σs’κα rabioso- ¡El lugar se derrumba! ¡Corre!

Lo fulminé con la mirada.

-¡No me faltes al respeto!

Y para rematar mi enojo, cuando él intentó tomar mi mano, salió disparado hacia atrás.

¡Era la burbuja! Y supe que era mi elección si quería dejarlo entrar o no. Aunque después de lo que me había dicho no sabía si en realidad lo dejaría entrar… El lugar tembló una vez más y supe que no nos quedaba de otra.

Corrí hacia él y le extendí una mano para que la tomara, pero él retrocedió mirándome con rabia y cautela a la vez.

-Sólo toma mi mano- le supliqué sintiendo cómo la tierra a nuestros pies parecía romperse.

La extendí un poco más y vi por primera vez la duda en sus ojos, y me asusté.

Sus ojos se tornaron de miedo absoluto dirigiéndose hacia algo que venía de arriba.

Y al seguir la dirección de su mirada entendí el miedo. Una piedra de un tamaño exuberante caería sobre mí.

Me lancé sobre él, haciendo que entrara a aquella esfera de la extraña fuerza mística.

Sentí su respiración acelerada en mi oído y el impacto de la piedra que rebotó con la burbuja y cayó al agua.

-Vámonos, princesa, vámonos ahora- me susurró al oído al tiempo que se incorporaba y me ayudaba. 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El saltamontes no es de fiar


Bueno, pues lo puse extra largo para recompensarlos por su paciencia. La verdad es que ya tengo la historia súper escrita, y no puedo esperar porque llegue el próximo capítulo, pero así como con ustedes, me quedaré con la intriga hasta la próxima semana ;) :D :D :D 

Ya vi los comentarios y quedé encantada con ustedes tres chicas ¡Me encanta que siempre comenten! Odio tener que decirlo así, pero sin comentarios no podría seguir con la historia ;) 

Espero que les guste el capítulo y se entretengan un rato. Yo, como siempre :S :S tengo que terminar tarea >.<




Al despertar el calor era sofocante. Mis adormilados ojos buscaron al causante de tal calor.

Σs’κα estaba sentado a mi lado, en la cama continua, tallando algo en madera con… un cuchillo.

Me fijé bien.

¡Era mi cuchillo! Seguramente lo había tomado ayer en la noche ya que yo no había ido a reclamarlo.

-¿Me devuelves…?

-¿No tienes hambre?- me interrumpió.

Lo miré desconcertada.

-¿Pero de qué…?

-Nadie ha despertado, puedes tomar comida mientras tanto- me interrumpió por segunda vez.

-¿No notarían que les falta comida?- pregunté incrédula.

-Sobró ayer la suficiente como para que no se den cuenta.- contestó más concentrado en su tarea.

Guardé silencio, sopesando la idea de ir por comida.

-¿Qué haces?- quise saber mirando su trabajo con atención.

-No te importa- contestó secamente.

Entonces lo fulminé con la mirada.

-Me importa por el hecho de que para ello estás utilizando mi cuchillo.- repuse.

-El cual nadie reclamó ayer en la noche después de hacer una escenita de princesa mimada.

Y otra vez venía con sus comentarios que me daban en el orgullo ¿Sería su pasatiempos?

-De ti no se burla nadie, Σs’κα. Es por eso que no lo entiendes.

-No se burla nadie porque yo me burlo de todos- dijo sonriendo con altanería.

-¿Y crees que así te ganarás el respeto de los demás?- dije con voz temblorosa.

-¿Qué me importa el respeto de los demás? Ni siquiera tu amabilidad ha funcionado para ganarse el respeto de los otros, así que ¿Cuál es la diferencia?

-¿Ni siquiera tu respeto?- pregunté con una curiosidad tímida.

-No- espetó más bien concentrado en su trabajo.

Si sabía que aquella iba a ser su respuesta ¿Por qué me dolía tanto?

-¿Qué pasó con el muchacho atento de las otras noches?- pregunté indignada.

Por primera vez su concentración pasó a mí y para mi gran sorpresa ~nótese el marcado sarcasmo~ sonreía con diversión.

-¿Cuáles noches?- inquirió aún sonriente.

Lo fulminé con la mirada, buscando la mentira en sus ojos, a pesar de que sólo veía incredulidad, como si sus palabras y su cariño nunca hubieran ocurrido.

-Primero parece que nos llevamos bien y de repente usas ese tono tuyo tan petulante y crees que me puedes tratar como si fuera uno de esos patanes de allí afuera ¿Recuerdas que soy mujer?- exploté.

Nuevamente se volvió hacia la figura que empezaba a avistarse en la madera.

-Baja la voz o vas a despertar a los “patanes”- comentó sarcástico.

-Olvídalo- musité incorporándome con brusquedad- voy por comida.

-Espera- pidió Σs’κα.

Me volví lentamente.

-¿Qué quieres?

Σs’κα le dio ágilmente una vuelta a mi cuchillo. Su mano terminó con el filo, exponiendo el mango para que yo lo tomara.

-La próxima vez que decidas romper un jarrón, no olvides recogerlo, tu cuchillo es como tu mano derecha- me instruyó.

Tomé mi cuchillo, ignorando su comentario, y salí de dos zancadas de la lona.

¡Esto era una pesadilla! Y todavía faltaban tres lunas para que terminara. Y con el engreído de Σs’κα “¡Ay! Soy libre de hacer lo que se me antoje”… ¡¿Cómo rayos podría soportar todo esto?!

Pero no valía la pena lamentarse de eso, no me ayudaría en nada.

Entonces guardé el cuchillo en su funda y miré a mí alrededor. Σs’κα había olvidado el detalle de decirme dónde estaba la comida.

En el centro del campamento aún quedaban los restos de la fogata y alrededor, estaban todas las lonas, entre ellas una gigantesca que me figuraba sería la de la comida. El único problema que veía, era que al lado, amarrados de un tronco, estaban los osos polares.

Con pasos sigilosos, me dirigí hacia la lona.

Mis cinco sentidos estaban alerta a cualquier cosa. Cualquier movimiento, cualquier sonido. Sentía bajo mis pies la vida en la tierra, oía levemente los suspiros entre sueños de los cazadores y sobre todo, al estar tan cerca de los osos polares, podía jurar que veía exactamente dónde estaban sus corazones. Pero mi idea no era matarlos.

Ambos estaban despiertos, por lo que me miraban fijamente. Uno de ellos rugió suavemente y pude ver en sus ojos que no pasaría nada.

Sonreí mientras me acercaba con lentitud a ellos y acariciaba, cautelosa, su sedoso pelaje blanco. Sus cabezas, a pesar de estar parados en cuatro patas, me llegaban al hombro y eran el doble de grandes que mi propia cabeza ¡Qué maravilla de animales, en realidad! Sus lomos sobrepasaban mi altura y con las sillas de montar les daba el aspecto de ser monstruosamente enormes. Pero podía ver en su semblante la tranquilidad.

Los acaricié por detrás de las orejas.

Entonces sentí una presencia detrás de mí. Mi mano se colocó automáticamente sobre mi cuchillo.

-Son del tamaño exacto para transportar a los dioses. Contaba la leyenda que los dioses tenían dos hembras y tres machos. Con ellos se hicieron dos parejas, una de ellas fue entregada a mi padre y la otra fue bajada al mundo de la gente de agua en lugares tan lejanos, que muy pocos conocen de su existencia. Pero los dioses supieron que, siendo tan grandes, desequilibraban el tamaño natural, así que, los ejemplares en tu mundo, son tan grandes como un oso en el bosque, pues fueron empequeñecidos. Es por eso que los llaman osos polares- dijo alguien detrás de mí.

Me volví lentamente. Mi curiosidad me hacía preguntarme qué había pasado con el tercer macho, pero mantuve la boca cerrada.

Äρσητε me miraba con atención.

-Pasé a visitar a Σs’κα y me comentó que estabas hambriento- contestó a la pregunta que empezaba a formularse en mi mente.

Me limité a asentir con la cabeza y continué acariciando a los osos polares originales de los dioses. En realidad tenían un porte noble y un gran parecido a los osos con la gente del agua.

-¿Quieres sopa de ayer?- preguntó Äρσητε.

Asentí con la cabeza por segunda vez.

Äρσητε sonrió mientras se introducía en la lona. Por dentro sentí cierto alivio al saber que para conseguir comida no había tenido que robar.

Al poco tiempo, Äρσητε salió con un plato hondo de madera y una cuchara.

-Gracias- articulé con los labios a los osos.

Uno de ellos rugió con un cierto respeto. Fue un rugido que a penas Äρσητε y yo pudimos escuchar.

-Parece que les agradas- comentó entregándome el plato- fría o caliente, la sopa de mamá siempre sabe bien.

Asentí lentamente con la cabeza y me llevé una cucharada a la boca.

Äρσητε me miraba fijamente, como si quisiera descubrir mi identidad. Pero me cuidé de comer con la mano izquierda, para que no viera la marca en la otra.

-Lástima que no puedas hablar.- dijo con cierta sequedad.- así podrías patear libremente a esos estúpidos.

Sonreí mientras me llevaba otra cucharada. “Sería un placer” pensé para mis adentros.

-Pero es que hay algo que no cuadra en ti… ¿Seguro que nadie puede ver tu rostro? Creo que sería más fácil entenderte si pudiera ver tu rostro…

Negué rápidamente con la cabeza y di dos pasos hacia atrás.

-Tus movimientos…- lo pensó por un momento- son tan ligeros… como si fueras una…- carraspeó- una mujer.

El plato cayó inconscientemente de entre mis manos ¿Él ya sospechaba algo?

Di dos pasos más hacia atrás. Pero entonces sentí una tercera presencia humana.

Mis nervios se pusieron de punta.

El tal Μιευε se colocó detrás de Äρσητε.

-Yo no hablaría con él si fuera tú o te pegará su debilidad- dijo Μιευε mirándome de pies a cabeza con desprecio.

-Μιευε…- lo reprochó Äρσητε- deja a Đακαř en paz y vete a recoger tus cosas, vamos a comenzar la cacería.

-¿Y si no quiero?- lo desafió.

¡Dulce venganza! Desenfundé mi cuchillo y me puse en posición de ataque.

Μιευε rió a carcajadas mientras desenfundaba su cuchillo también.

-¿Me estás retando, niñita?- preguntó con malicia.

Sonreí de oreja a oreja, era hora de darle una lección.

Di un salto y pasando sobre sus cabezas dando volteretas en el aire, caí cerca del círculo de la fogata.

-¡No huyas, cobarde!- gritó Μιευε rabioso.

¿Creía que huiría? Pues estaba equivocado, sólo me encargaba de encontrar un lugar adecuado para la pelea.

Μιευε salió de entre las lonas listo para arremeter con un cuchillo. Al parecer, Σs’κα era el único de todos que traía espadas.  

Entonces Μιευε arremetió contra mí gritando con rabia. Fue sólo cuestión de dar dos pasos a mi costado en el momento adecuado y Μιευε pasó de largo. Se detuvo y volviéndose con fiereza, sus ojos salvajes y calculadores me tuvieron en la mira. La fuerza bruta y la razón en una balanza. La fuerza bruta ganaba sin duda.

Quiso encajar el cuchillo sobre mi pecho, pero me agaché. El aire que provocó semejante movimiento casi deja mi rostro al descubierto, pero al ser yo tan pequeña y él tan grande, pasé por debajo de sus piernas con rapidez. Me incorporé con agilidad y dando un salto hacia atrás, me impulsé con su dura cabeza y di dos volteretas hasta caer frente a él.

-Eres tan escurridizo como un sucio saltamontes- me provocó- Pero nada se compara a mi fuerza.

“¿Y la astucia?” pensé. Μιευε esta vez se acercó a mí con cautela.

-Ya no podrás escapar de mí, saltamontes.- musitó sin esconder su aversión.

De una patada saqué su cuchillo volando. Éste cayó en la maleza del bosque.

-¡¿Y crees que lo necesito?!- me gritó con la locura en los ojos.

Reí quedamente y me puse nuevamente en posición de ataque.

“Hay un punto, en tu brazo, que lo dormirá, tiene que ser un golpe preciso.”  Me dijo mi hermano una vez. Si había funcionado una vez con Σs’κα ¿Por qué no funcionaría con él?

Tomé su brazo y le di un firme golpe en el antebrazo, justo donde estaba el nervio. Μιευε soltó un grito aterrador al percatarse de que su brazo no seguía sus órdenes. 


-¡Puedo matarte con el otro brazo!- chilló.

Y más rápido de lo que hubiera esperado me atrajo hacia él y empezó a estrangularme con su brazo.

Me moví violentamente, intentando soltarme en vano. Y con todas mis fuerzas, le di un fuerte golpe entre las piernas. Μιευε me soltó. Pero yo me aferré a su brazo rápidamente y con un golpe seco y preciso, dejé su segundo brazo inservible. Y tomando vuelo, me abalancé sobre él, tirándolo al piso. Me puse en guardia, colocando el cuchillo cerca de su cuello.

-Déjame, saltamontes- suplicó- no quise ofenderte, lo juro, pero déjame vivir.

Lo escruté con la mirada aún bajo la capucha ¿Debía creerle? Su rostro mostraba arrepentimiento. Miré a mí alrededor. Todos los cazadores ya estaban despiertos. Habían salido de sus lonas para ver la pelea.

Entre ellos estaba Σs’κα, con una mirada calculadora y fría.

E inesperadamente, Μιευε, aprovechando mi pequeña desconcentración, me dio un cabezazo. Mi mirada se volvió borrosa, por un momento me sentí desfallecer.

Respiré hondo antes de incorporarme con esfuerzo.

Y con un último movimiento le di un golpe bajo la barbilla que provocó que se desmayara.

Me sentía mareada, pero a pesar de todo, caminé en desequilibrio hasta el bosque y cuando quedé fuera de la vista de los cazadores, me recargué sobre un árbol y cerré los ojos. Las fuerzas empezaban a flaquearme. La noción del tiempo la perdí por completo, me pareció una eternidad la que estuve recargada en el árbol, cuando de repente escuché pasos.

-No duermas, por lo que más quieras, cazadora, no duermas- me suplicó una voz terriblemente familiar.

Pero mis ojos no cedían, permanecían cerrados y mi mente me decía que era momento de descansar.

Sentí sus cálidas manos sobre mi rostro.

-Despierta, has un esfuerzo y despierta- me dijo con voz aterciopelada al oído.

Y en aquella voz tan perfecta, podía percibir la preocupación ¿Era importante que estuviera despierta? Lo único que quería yo en aquel momento era dormir.

-¿Cómo está?- preguntó una segunda voz.

-No reacciona, Äρσητε, trae agua- pidió la voz perfecta.

Se escuchó cómo los pasos se alejaban.

Dos fuertes manos me sacudieron varias veces hasta que mis ojos finalmente se abrieron.

-¿Recuerdas lo que sucedió?

Mi mente parecía estar en blanco, lo único que pensaba yo en aquel momento era que quería dormir. La cabeza me dolía terriblemente.

Negué débilmente.

-¿Quién soy?- insistió.

-Σs’κα- musité- hijo del dios Fοġσs y la diosa Diana.

Σs’κα mostró su dentadura blanca y perfecta al sonreír.

-Ya estás de vuelta- comentó.

Le devolví cansinamente la sonrisa.

Entonces llegó Äρσητε con un pequeño jarrón rebosante de agua. Se hincó junto a mí y me puso una tela mojada sobre la frente.

Era tan fría que fue suficiente para que me despertara por completo.

Lentamente todo iba volviendo a mi mente, desde los osos polares hasta la pelea… incluso las sospechas de Äρσητε. La cabeza me dolió tan fuertemente que automáticamente puse ambas mano sobre mis ojos y los cerré.

-No intentes pensar- me aconsejó Äρσητε- mejor concéntrate en mantenerte despierta.

-No debes saber… yo… no debes verme- dije entrecortadamente.

Äρσητε soltó una carcajada.

-Ya sospechaba yo que no eras hombre, pero ahora necesitas ayuda y si te preocupa que lo sepan los demás.- me guiñó un ojo- Guardaré el secreto hasta que tú me pidas que lo revele.

Me volví hacia Σs’κα, que me escrutaba con la mirada aparentemente inexpresivo.

-Nadie dirá nada hasta el regreso- aseguró sin ningún sentimiento en la voz.

-Debemos llevarla a la lona- dijo Äρσητε volviéndose hacia Σs’κα, que no me quitaba la vista de encima.

Él asintió desviando la mirada.

-Pero nadie debe verla- aceptó.

Äρσητε se dispuso a cargarme, pero Σs’κα lo detuvo.

-¿Qué?- protestó Äρσητε.

-Distrae a los cazadores, yo la llevaré por detrás de la lona- ordenó Σs’κα.

Äρσητε se incorporó sin rechistar y volvió al campamento.

Entonces Σs’κα se volvió hacia mí.

-Te voy a cargar- avisó.

Pasó su brazo izquierdo por debajo de mis piernas y su brazo derecho por debajo de mi nuca. Se incorporó conmigo entre sus brazos y me atrajo suavemente hacia él. Podía sentir los latidos de su corazón. Sorprendentemente me sentía tan segura entre aquellos brazos. Escondí mi rostro en su pecho.

-No te duermas- pidió empezando a caminar.- platícame algo.

El trapo sobre mi frente resbaló, cayendo al piso.

Pensar me dolía sobremanera, por lo que me limité a escuchar los rítmicos latidos de su corazón. Y repentinamente se me ocurrió una pregunta.

-¿Por qué haces esto?- musité.

-¿Cuidarte?- preguntó inquisitivo.

Asentí con la cabeza.

-Porque tengo que llevarte sana y salva con los dioses. No sólo mi padre me tendría desterrado, sino que también mi madre…- lo pensó por un momento- no tendría oportunidad de volver.

Sentí cierta decepción de su respuesta… ¿Por qué? Eso sí no lo sabía.

-¿Qué quieren los dioses de mí?- se me ocurrió de repente.

Pero Σs’κα no contestó de inmediato.

-No lo sé- murmuró.

Algo me decía que mentía, pero decidí no dudar de su respuesta… por el momento. 

domingo, 4 de noviembre de 2012

Ser cobarde no es ser una mujer


Después de desayunar, Äρσητε nos dio provisiones a cada uno y nos llevó por el armamento. Yo tomé doce flechas, precisas para cuatro días, pero Σs’κα me quitó cuatro con el desafío explícito en sus ojos. Supe que me estaba retando a sobrevivir con ocho flechas durante cuatro días. Para llevar el cargamento, Äρσητε y sus compañeros sacaron dos osos gigantescos y blancos que llamaron osos polares. Tenían una silla de montar, donde pusieron las lonas del campamento y los trastos para la comida. Pasamos horas caminando por el gélido hielo hasta que llegamos a un bosque. Todavía me seguía preguntando cómo era que en las montañas pudiera haber tanto terreno vasto e invisible para la gente de agua, pero, por boca de Σs’κα supe que ya estábamos en el cielo. Aquello me entretuvo un rato, hasta que el fiel compañero de Äρσητε, Żσπε, avisó de la cercana presencia de los venados. Era una familia, que al parecer estaba algo apartada de la manda y un palmo más separado, estaba un venado joven y vigoroso. Los cazadores decidieron seguir a la familia y al venado para llegar a la manada, donde la caza sería suficiente para mantener a la gigantesca familia.

-Armen su tienda- dijo Żσπε lanzándome una lona de cuero que pesaba más que yo.

Ésta cayó al piso, provocando que los cazadores rieran.

Suspiré mientras tomaba un extremo y lo jalaba hasta un lugar apartado.

-El río está cerca, alguien va a tener que ir por agua- pidió Äρσητε con una jarra gigantesca sobre sus manos.

La mayoría de los cazadores se volvió hacia mí.

-¿Por qué no mandas a la niñita de Đακαř?- propuso uno.

Todos rieron a carcajadas. Me tragué mi orgullo y esperé a que Äρσητε se acercara con la jarra.

-Lo siento, muchacho, pero a nadie le gusta esta tarea…

Su rostro mostraba lástima por mí, pero tomé la jarra con cuidado y caminé hacia donde habían señalado que estaba el supuesto río. Pasé entre árboles y helechos.

Aproveché la ocasión y tomé algunos vermífugos, que servían para el dolor de estómago, si bien recordaba. Los guardé cuidadosamente en una bolsita junto a la funda del cuchillo y continué con mi camino despotricando en voz baja ¿Que las mujeres éramos debiluchas? ¿Con eso se referían al llamarme “niñita”? ¿Y Œητια’τοηι decía que su familia era educada? ¡Vaya falta de respeto! Me sentía rabiosa ¿Cómo demostrarles que no era débil? Era una ofensa. En mi pueblo nadie era débil. Había sido entrenada para ser fuerte, para sobrevivir…

Cuando llegué junto al cauce del río, sumergí la jarra con movimientos bruscos, incapaz de controlar mi rabia.

Ya les mostraría que yo no era débil, ya lo haría…

Saqué la jarra con cierto esfuerzo y me la puse sobre la cabeza, dando media vuelta.

Respiré hondo intentando controlar mi enojo.

-Yo no la llevaría así si fuera tú- dijo una voz familiar que provenía de entre los árboles.

Busqué a Σs’κα con la mirada y lo encontré subido en la rama de un árbol observándome con cierta burla en su semblante.

-Déjame, Σs’κα- musité mientras me adentraba en el bosque.

Escuché claramente cómo sus pies caían al piso con ligereza. Sus pisadas iban al ritmo de las mías.

-Te ayudo…- susurró tomando la jarra de mi cabeza.

-Suelta… No soy una niñita ¿Bien? Yo puedo sola- dije sacudiéndome bruscamente.

-Tranquila, tranquila… sólo quería ayudarte después de tan largo viaje, pensé que querrías descansar…- se excusó.

-¿Piensas que me muero del cansancio, no es así?- pregunté parando en seco y volviéndome hacia él, no esperé respuesta- pues que te quede claro que puedo sola. No me convertí en cazadora por poder hacer la comida en casa o por dejar que los hombres levantaran las lonas.

Σs’κα soltó una carcajada.

-Bien, princesa. Avísame cuando necesites ayuda.- dijo antes de correr un largo trecho y saltar, desapareciendo entre las copas de los árboles.

Bufé, ignorando su ofrecimiento y continué mi camino.

Entonces recordé sus primeras palabras: “Yo no iría así si fuera tú”. Medité sobre sus palabras, imaginándome cómo llevaría un hombre el agua.

Y después de un largo debate entre llevar la jarra con ambas manos o ponérmela en el hombro, supe que ponérmela en el hombro sería más masculino. Pero a sabiendas de que no podría cargarla tanto tiempo, esperé a estar cerca del campamento y antes de salir a la luz de la fogata que acababan de prender, coloqué el agua sobre mi hombro.

-Es patético el nuevo amigo de Σs’κα- dijo uno sentado muy cerca de la fogata- Ni siquiera pudo cargar la lona.

-Y dicen que ofendió a los dioses.

Todos rieron con ganas.

-Con su presencia, seguramente- comentó otro, que traía un plato en la mano.

Uno de sus compañeros le dio un codazo y me señaló disimuladamente. Coloqué el agua sobre el piso y miré fijamente a todos a pesar de que ellos no pudieran ver mi rostro.

Tragué saliva, intentando no decir nada.

-Luego traes más agua, niñita- se burló uno.- Vamos a necesitar más para relajarnos, después del duro trabajo que haremos. 

Todos rieron, excepto yo.

Cerré mis ojos, respiré hondo y los abrí nuevamente incapaz de retener por un momento más la rabia que me embargaba.

Saqué el cuchillo.

Todos rieron con más fuerza.

Calculé el blanco y lancé el cuchillo con ligera puntería. Éste rompió de un tajo la jarra que acababa de traer con agua.

Ignoré sus protestas y tomando vuelo, salté a la rama de un árbol, me impulsé y al soltarme, llegué a la rama del árbol continuo, que era más alta. Me subí a ella y continué ascendiendo hasta que llegué casi a la punta. Allí me senté y recargándome contra el tronco, cerré los ojos. Al abrirlos miré atentamente la luna y por un momento, volví a preguntarme si la diosa Diana me observaba. La maravilla de estar en el cielo, era que la luna era tan grande que parecía que si me aproximaba un poco más, podría tocarla. El cielo estaba despejado, pero las estrellas no se presentaban como habitualmente lo hacían. Descubrirlas fue otra gran maravilla y después de tan largo rato de observar el cielo, olvidé lo sucedido. Mi ánimo me obligaba a quedarme allí donde estaba. No tenía ganas de bajar al campamento, pero de vez en cuando podía escuchar a lo lejos las risas de los cazadores.

-Deshonran el nombre de Œητια’τοηι tratando así de mal al invitado.- escuché a lo lejos.

-¡Vamos, Σs’κα! Sólo nos divertíamos, tu amigo es muy cómico- bromeó uno.

Las risas eran estridentes.

-Cada hombre es diferente, tiene sus formas de conocer la vida y poner en práctica todo lo que sabe. Si ustedes entendieran eso, entonces no se burlarían- los reprochó Σs’κα con frialdad.

-Él parece tan cobarde como una mujer.- gritó uno.

Entonces se escuchó un chillido, seguido de una fuerte caída en seco.

-No te atrevas a decir que las mujeres son cobardes, Μιενε, que no te vuelva a pasar eso por la cabeza o te juro que te encajo esta espada y termino con tu vida ¿Entendido?- amenazó Σs’κα con su voz felina.

En ese momento ya nadie reía, todos guardaban silencio.

-Tranquilo, Σs’κα…- dijo con voz temblorosa- yo no lo decía para molestarte… te…

Calló de golpe.

-Las mujeres son tan valientes como los hombres y que eso te quede claro…

Me incorporé con agilidad y miré el campamento a lo lejos. Al parecer Σs’κα se había abalanzado sobre un hombre y lo amenazaba con una espada.

Me cubrí la boca con ambas manos, ahogando una exclamación de desconcierto.

-Primero que demuestre que es un hombre y entonces será parte del grupo.- sentenció uno.

Todos asintieron con la cabeza.

Entonces Σs’κα se incorporó dejando al tal Μιενε temblando incontrolablemente en el piso. Tomó un pedazo de carne y observó de uno en uno con el desafío dibujado en el rostro. Salió del círculo que formaban todos alrededor de la fogata y se adentró en el bosque.

Quedé rígida en mi lugar. No podía asimilar lo que acababa de ocurrir… ¿Era posible que Σs’κα, el muchacho testarudo y engreído, me hubiera protegido de las burlas de los cazadores?

Salté a una rama más baja y tomándome fuertemente con ambas manos de ésta, dejé que mis pies colgaran. Me columpié y con el impulso salté a la rama del siguiente árbol. Y de árbol en árbol, finalmente llegué a la lona ya levantada, que Żσπε me había dado para que armara.

Esperé pacientemente a que los cazadores apagaran la fogata y cada uno se fuera a su lona y ya cuando todo estaba a oscuras, entré en ella. Allí había alguna de las provisiones que sobraron y, en el centro, dos cobijas con almohadas. Maldije en voz baja ¿Tendría que dormir junto a uno de esos patanes?

Supe que no podría quitarme la capucha, entonces me limité a meterme entre las cobijas y cerrar los ojos. Pero intentando dormir, no podía dejar de rondarme por la cabeza que Σs’κα me hubiera protegido. 

“Pues era de esperarse, la diosa Diana le pidió que te protegiera.” Dijo una vocecita pesimista. Lo pensé por un momento… Protegerme de los peligros, seguramente, pero… ¿De las burlas? Me sentí agradecida. Nunca hubiera esperado que él hubiera hecho eso.

Y mientras pensaba todo esto, esperaba la llegada de mi compañero, pero para mi gran sorpresa, éste nunca llegó… ¿Sería que todos me odiaban tanto que hasta les daba vergüenza dormir cerca de mí?

Pero cuando empezaba a dormirme, percibí un calor aplastante en el ambiente, como si alguien hubiera prendido una fogata. Supe entonces que podía quitarme la capucha, pero mis manos me pesaban y mis sueños empezaban a invadir mi mente. Pronto quedé profundamente dormida.