miércoles, 9 de enero de 2013

El hijo del fuego y la hija del agua


Recuperé mi computadora !! Pareciera un milagro para mí hahaha que ya la extrañaba :( :( :( ;) así que ya puedo publicar capítulos y les puedo ir avisando que esta semana serán muy continuos, porque, como siempre que mis historias están a punto de llegar a su fin, me gusta poner maratones ¿Qué piensan al respecto? 


Me despertaron los gritos. Gente que me llamaba.

Me incorporé de un brinco y miré a mí alrededor aún con el recuerdo de lo sucedido durante la fiesta de Šoŗα.

Respiré hondo, intentando calmar los sollozos.

Entonces se escucharon pasos que venían directamente hacia mí.

-¡Princesa Καητσ! ¡Al fin te encuentro!- me saludó Äρσητε apareciendo en el umbral del establo.- ¡Me figuraba que estarías aquí! Prepara al oso, tienes que irte.

Lo miré desconcertada.

-¿Qué sucedió?- pregunté incrédula.

Äρσητε me miró con lástima por un momento.

-Μιενε estaba molesto… y le avisó a los dioses de tu presencia en nuestra morada. Debemos sacarte de aquí antes de que lleguen.- explicó rápidamente.

Negué con la cabeza, incapaz de creer lo que escuchaba.

-¿Pero cómo?- musité.

Se escuchaban gritos en la lejanía, de voces que pronunciaban mi nombre con preocupación.

-Fue a la puerta de los dioses durante la fiesta y avisó de tu estancia con nosotros.

Äρσητε colocó una mano sobre mi hombro.

-No me quiero ir…- sollocé.

Soltó un hondo suspiro.

-Eres protegida de la diosa Diana, por lo tanto, no hay nada qué temer.- me consoló.- ahora prepara al oso, avisaré que te he encontrado.

-¿Iré sola?- pregunté con la voz temblorosa.

Äρσητε sonrió sin que la felicidad le llegara a los ojos.

-Intenté persuadir a mi padre, pero, irás con Σs’κα- contestó con pesar.

Asentí lentamente, mientras bajaba la mirada para esconder mis lágrimas.

-Él te aprecia mucho, princesa, no permitiría que nada te pasara y mucho menos estando a su cuidado. Σs’κα es un guerrero invencible.- aseguró Äρσητε.

Lo abracé fuertemente.

-Gracias, Äρσητε, tus cuidados y tu compañía me son muy gratos.

Me devolvió el abrazo.

Pensaba pagárselo de regreso, pero algo en mi interior me decía que lo más probable era que no volvería.

Los llamados fuera del establo cada vez se hacían más cercanos.

-Cuídate, princesa- y a pesar de querer ignorarlo, pude notar el miedo en su voz.

Lo solté y me volví hacia Äκσ’ κεωαδ.

-¿Listo, amigo?... Es hora de irse- informé tomando la pesada silla.

Se la puse con extremado cuidado y la amarré bajo su panza.

Äκσ’ κεωαδ rugió con fuerza. Aquel rugido sonaba orgulloso, listo para partir. Jalé la correa que venía de la silla, conduciendo a Äκσ’ κεωαδ fuera del establo.

Äρσητε ya había salido para entonces. Y los gritos fuera habían cesado. La luz del Sol me deslumbró por un momento. Varias muchachas se acercaron a mí. Aturdiéndome con sus voces, que se confundían unas con otras. No podía entender lo que me decían.

-Su capa- dijo inesperadamente Μηεη, saliendo de entre sus hermanas, primas y tías.

Sonreí mientras la tomaba de entre sus tiernas manitas.

-Gracias, Μηεη.- dije a penas logrando estrechar su mano entre tantas mujeres.

Una de ellas me entregó una bolsita, pero no pude entender sus palabras. Y de entre otras, cayó una bolsa más grande y pesada en mis manos.

-Gracias- agradecí buscando con la mirada a la muchacha, pero no logré verla.

Entonces pude ver a Šοŗα que me sonreía con una tristeza infinita. Me abrí paso entre las mujeres y alcancé a estrechar sus manos con suavidad.

-Te prometo que Σs’κα volverá sano y salvo…- aseguré.

Šoŗα sonrió mientras sus ojos se anegaban de lágrimas.

-No temo por él…- dijo- temo por ti, princesa. Discúlpame por lo sucedido ayer, me dijiste que no sería una buena idea y no te hice caso.

Suspiré y la abracé vacilante.

Ella era una chica hermosa con sus rulos dorados y su tierna sonrisa. Sería excelente esposa para Σs’κα y si yo no volvía, pues sabía que lo dejaba en buenas manos.

-No te disculpes, lo hacías con buenas intenciones- dije al soltarla.

Mis ojos se anegaron de lágrimas. Si no fuera que amábamos al mismo hombre, quizás seríamos muy buenas amigas.

La multitud nos separó. Todas me pedían que me cuidara, estrechaban mis manos y me abrazaban sin siquiera conocerlas, pero a pesar de todo, agradecía su hospitalidad y su cariño. Y cuando por fin pude llegar hasta la casa, me encontré con Œητια’τοηα en la entrada. Con el Sol brillando contra su rostro, a penas la reconocía. Parecía en realidad una diosa. Entonces todo el tumulto desapareció, todas me abrieron paso para poder despedirme de la gran madre. Y mientras me acercaba, Œητια’τοηι apareció, colocándose junto a su esposa. Juntos me sonrieron y cuando estuve lo suficientemente cerca, Œητια’τοηα me extendió un paquete.

-No deben detenerse por ningún motivo, así que les preparé la comida.- explicó Œητια’τοηα con un cariño maternal que se reflejaba en su rostro.

-Deberás cubrirte con la capa, princesa. Mi querida mujer ya le entregó a Σs’κα la crema para curar tu herida en el brazo.- continuó Œητια’τοηι estrechando suavemente los hombros de su mujer.

Sonreí. Mis ojos, que de por sí ya estaban húmedos, soltaron las primeras dos lágrimas que recorrieron mis mejillas.

-¿Cómo supieron de mi herida?- pregunté curiosa.

Œητια’τοηι me guiñó un ojo.

-Σs’κα nos contó.- contestó sonriente.

Aquella respuesta me sorprendió sobremanera. Mis latidos se aceleraron por un momento y las lágrimas se volvieron más insistentes ¿Σs’κα preocupándose por mí? ¿Otra vez?

-Será un viaje de tres lunas ya que van a pie. No podemos darles el medio que usó Μιευε, ya que los dioses llegan por el mismo.- dijo Œητια’τοηα.

Tomé el paquete conmocionada por el momento.

-Por los dioses no tendrán que preocuparse si se van ahorita.- concluyó Œητια’τοηι sonriéndome cálidamente.

Mis manos estaban rebosantes. Puse el cargamento sobre el lomo de Äκσ’κεωαδ y me dirigí hacia ambos.

Si antes era un griterío de voces, ahora el silencio era sepulcral. Niños y hombres se habían reunido con las mujeres y observaban expectantes.

-Les pedí a mis hijas que hicieran un vestido nuevo para ti, basado en el que dejaste tú mientras te ibas de caza, cuando consideres necesario, úsalo.- me instruyó Œητια’τοηα mientras me abría sus brazos.

Corrí a ellos. Por un momento me recordaron a los de mi madre.

-Gracias, Œητια’τοηι y Œητια’τοηα- dije desde el alma- por su hospitalidad y su cariño. Les estoy eternamente agradecida.

Œητια’τοηα sollozó en silencio y me miró con compasión.

-Siempre te recordaremos- susurró acariciando mi mejilla con cariño.

En aquellos ojos supe que ella sabía que no me volvería a ver. Bajé la mirada mientras caminaba hacia Œητια’τοηι.

-Sus hijos son…

-No me digas, hija mía, me deshonra saber que mi propio sobrino haya hecho semejante cosa. Será reprendido cuando vuelva.- aseguró estrechándome con fuerza.

Negué con la cabeza.

-Nadie tiene que ser reprendido, Œητια’τοηι, el ħαδσ quiso que mi destino fuera así- me despedí.

-Hubiera sido lindo que te quedaras más tiempo- se despidió también.

Reí entrecortadamente.

-Cuando vuelva…

-¡Ay, mi niña! No sé si tengas regreso- me interrumpió Œητια’τοηι con voz monótona.

Lo miré desconcertada.

-¿De qué habla?- pregunté con un hilo de voz.

Me soltó lentamente ¿Sabrían ellos la verdad que me llevaban escondida desde que había comenzado el viaje?

-Pensé que Σs’κα ya te lo había dicho.- contestó con nerviosismo.

-Σs’κα no me ha dicho nada…

¡Σs’κα nunca me dijo por qué los dioses me necesitaban! Me sentí molesta ¿Dónde rayos estaba?

Y como si lo hubiera llamado, escuché su perfecta voz detrás de mí.

-Es hora de irnos, princesa.

Me volví lentamente y sus ojos se cruzaron con los míos. En ellos descubrí sufrimiento, tristeza, dolor y también descubrí mis ojos dolidos reflejados explícitamente en ellos.

Me robó el aliento por un instante. Traía su larga capa de color rojo y vestía su armadura de cuero, que se amoldaba a sus perfectos músculos. Pero no pude más que fulminarlo con la mirada ¿Más dolor quería causarme? Le di la espalda.

-Gracias, Œητια’τοηι, gracias, Œητια’τοηα, gracias por todo.- dije con una leve inclinación de cabeza en señal de respeto.

-Cuídate mucho- dijeron ambos al unísono.

Tomé aire y di la media vuelta. Todos se despidieron con un movimiento de mano. Al parecer, aquella numerosa familia se despedía de mí para siempre.

Σs’κα, Äκσ’κεωαδ y yo caminamos y caminamos hasta que la casa desapareció de nuestras vistas. Pero las lágrimas seguían allí. Intentaba sollozar en silencio para no darle el gusto a Σs’κα de burlarse de mí, pero a pesar de todo. Él no comentó nada, ni se volvió a mirarme en ningún momento. Se limitaba a jalar de la correa de Äκσ’κεωαδ con suavidad y a mirar hacia delante. Íbamos por valles gigantescos, de montañas que parecían de agua y árboles cuyas hojas se agitaban con el inexistente viento. El aire tenía un peculiar olor que penetraba, un olor que aturdía después de aspirarlo un rato. Y el suelo, el suelo era vasto, era el cielo azul celeste con nubes bajo los pies… podía sentir el vértigo. Aquellas eran tierras desconocidas para mí. Las nubes de las montañas en lugar de estar en la cúspide, estaban hasta abajo, cubriendo la base de éstas. Y arriba de nosotros, el cielo era estrellado y despejado. Toda la luz venía de debajo de nosotros.

Pero a pesar de tener muchas preguntas, no me digné a romper el silencio. No hablaría con él hasta que no se disculpara.

Supe que anochecía cuando el suelo se puso tan estrellado como el cielo y a pesar de no tener luna, la luz de las estrellas era suficiente para ver las siluetas de Äκσ’κεωαδ y Σs’κα delante de mí. Para entonces, mis sollozos ya se habían calmado, pero mi orgullo era tal, que seguía guardando silencio. La mente me decía que me alejara de él, pero el corazón anhelaba estar a su lado, esconderme en su regazo y sentirme protegida entre sus brazos. Todo a pesar de que estuviera roto… todo eso a pesar de que él estuviera con otra. Me maldecía a mí misma por tener esa tonta atracción hacia él. Yo no le interesaba y eso lo tenía claro, mi mente no entendía por qué mi corazón aún se aceleraba cuando veía su fornida y ancha espalda o cuando mis ojos se cruzaban con los suyos.

Ya no podía soportarlo más.

-¿Están Œητια’τσηα y Œητια’τσηι en peligro?-rompí el gélido silencio.

Pero Σs’κα no pareció querer contestar mi pregunta.

-No lo sé…- se limitó a decir.

-No quiero ponerlos en peligro- musité.

Mi corazón estaba desbocado por la incertidumbre ¿Habrían llegado los dioses ya a casa de Œητια’τσηα y Œητια’τσηι? ¿Qué sería de ellos en este momento?

Entonces Σs’κα se volvió lentamente hacia mí. Y automáticamente di una voltereta hacia atrás mientras sacaba mi cuchillo. Y al caer de puntitas me puse en guardia.

-Yo no lo intentaría si fuera tú, princesa.- siseó Σs’κα con una sonrisa maliciosa en su perfecto rostro.

Las lágrimas empezaron a desbordarse por mis mejillas. Sus palabras despertaron todos mis sentidos, haciendo mella en mí.

-No me conoces, hijo del fuego- musité conteniendo el enojo.

-Entonces ataca, hija del agua, ataca y sabremos quién de los dos es más fuerte- me retó Σs’κα.

No necesité una segunda provocación para saltar como un tigre contra su presa.

Σs’κα esquivó exitosamente mi movimiento. Repentinamente tenía una espada en cada mano, irguiéndolas con agilidad.

Sentí el calor que mi marca empezó a emanar. Mi capa cayó al suelo cuando Σs’κα arremetió contra mí y como saltamontes, salté sobre él, impulsando mis brazos con su cabeza.

Y allí estaba la marca, brillando con una intensidad desconocida para mí. Mis pies se movieron con la agilidad de una cazadora y mis brazos se pusieron en posición de ataque. Dedos firmes, y mirada atenta y fiera.

Ambos empezamos a caminar, sin perdernos de vista, sin dar ni un paso adelante ni un paso atrás. Su mirada pasó de mis ojos a mi cuerpo y supe que calculaba sus posibilidades tanto como yo lo hacía.

Dos vueltas.

Mi corazón se aceleró, esperando el instante. Mi instinto me decía que ya llegaba el momento de atacar.

Di una voltereta en el aire. Mis brazos empujaron su duro pecho e hicieron que él se tambaleara hacia atrás, mientras robaba el cuchillo de mi mano y lo lanzaba lejos.

Rápidamente retrocedí con ágiles movimientos y calculé exactamente sus puntos débiles.

Pero antes de que pudiera reaccionar, sus manos tomaron inesperadamente mis brazos y poniendo todo su peso sobre mí, ambos caímos al suelo. Él sobre mí, escrutándome fijamente con la mirada. Tenía tantas posibilidades de escapar y aún así, aquellos ojos azules me detuvieron.

Quedé inmóvil, perturbada. Con el corazón acelerado ¿Pero por el reciente ejercicio?

-Ya no puedes hacer nada, princesa- susurró.

Su cálido aliento me abrumó más de lo que ya estaba. Me había vuelto a vencer…

-Eres mía por segunda vez- coreó mis pensamientos con un misterio que encendió mi curiosidad al instante.

Sus labios estaban tan cerca de los míos y su nariz rozaba la mía.

-Suéltame- musité en cambio.

Σs’κα me escrutó atentamente con la mirada, sin aparente emoción.

Era una pelea de miradas. Pero la atracción era tan fuerte que ni mi propia mente podía detenerme. Mi corazón se desbocaba a cada segundo que pasaba, a cada instante que la distancia entre nosotros se iba terminando.

-El hijo del fuego ganó…- dije con un hilo de voz- así que debemos continuar. 

lunes, 7 de enero de 2013

Aviso rápido

Bueno, pues al fin encontré un medio para comunicarme con ustedes, porque les traigo muy malas noticias. La verdad es que no he podido publicar en tanto tiempo porque el cargador de mi LapTop se echó a perder y entonces mi LapTop está momentáneamente muerta. Allí tengo la historia completita (se los juro, ya está acabada), pero me es imposible sacarla de allí, entonces el blog va a estar estancado por un rato mientras encuentro una solución, pero también quería aprovechar para agradecerles por los comentarios de la engrada pasada ^.^ ya saben que siempre me ponen súper feliz !! En especial ahora con la súper noticia de que Lu ya reabrió su blog. Te tengo muchísimas preguntas respecto a las otras historias !! Pero me alegra mucho tenerte de vuelta !! En serio que pásense a leer sus historias, que con su gran forma de escribir me ha traído muchísima inspiración ;) Pero bueno, las dejo, porque se le acaba la batería a mi celular. Aún así, quería mantenerlas enteradas... Y bueno, agradecerles también a Cami y a Mindy por sus comentarios dela entrada pasada, no saben cuánto me entristece no poder publicar. Un gran saludo a todas y todos. Gracias por pasarse por el blog y leerla historia y en serio que deseo con todas mis ganas publicar pronto !!

viernes, 21 de diciembre de 2012

La fiesta


Bueno, como había dicho, aquí está el capítulo de regalo de navidad :D :D La historia cada vez se acerca más a su final muahahaha estoy impaciente por continuar, pero sé que primero tengo que esperar a que ustedes puedan leer con calma los capítulos y me figuro que muchos saldrán de vacaciones, entonces... quién sabe cuándo vuelva a publicar. 

Aún así, muchas gracias por todo su apoyo ;) Cami, gracias por tu comentario y no te preocupes, no tienes que comentar siempre, con el simple hecho de que me muestres que te gusta la historia me pongo muy contenta y dispuesta a salir adelante. 

¡Feliz Navidad a todos! 





Me sacó de la habitación y bajamos las escaleras, hasta salir de la casa por la puerta trasera. Caminamos un largo trecho frente a un sembradío y pronto llegamos al patio, justo detrás de los músicos.

-Ahora, hijos, sobrinos y nietos míos, quiero aclarar algo con ustedes que nos lleva perturbando desde la llegada de Σs’κα.- decía Œητια’τοηα.

Μηεη pisó mi pie. Me mordí el labio para no gemir de dolor.

-Perdón- murmuró.

Los músicos me miraron con asombro. Entre ellos estaba Żοπε. Pero, ignorando sus miradas, me puse la capucha, cubriendo mi rostro. Μηεη me empujó detrás de Œητια’τοηα, que continuaba con su discurso.

-Œητια’τοηι crió de Σs’κα como si fuera su hijo y ahora que él vuelve a la frontera entre los dioses y la gente de agua, debemos recibirlo con los brazos abiertos.- todos guardaban silencio, escuchando con atención las palabras de la gran madre- Pero la única razón por la cual volvió a parte de ver a su prometida, fue, llevar a un desconocido encapuchado…

-Nos vemos- se despidió Μηεη en un susurro.

-Pero…- articulé con los labios.

Para entonces ella ya volvía por el sinuoso camino del sembradío. Lentamente encaré al público. Todos me miraban con esa desconfianza del principio a excepción de algunos como Äρσητε o Œητια’τοηι, que estaban al otro extremo. Los nervios se me pusieron de punta. Y para colmo, pude notar cómo Σs’κα me miraba fijamente abrazando por la cintura a su prometida.

Sentí una punzada de dolor, pero la aparté lo antes posible de mí. No debía dolerme porque yo no lo amaba.

-Y ese hombre encapuchado del que tanto desconfiamos por un momento, familia, es, nada más y nada menos, que…- Œητια’τοηα me quitó la capucha.- la princesa Καητσ de la tribu Āιřġυα, buscada desde hace varias lunas por los dioses. Ahora que ella está a nuestro cuidado, debemos tratarla como familia y guardar su secreto como si fuera nuestro, ya que de ello depende su vida.

Se escucharon varias exclamaciones de sorpresa, desconcierto. Miradas atentas, vigilantes, que me observaban de pies a cabeza. De ser hombre a ser mujer, en realidad era un cambio fuerte. Fue un momento de nervios, de duda por mi parte ¿Me aceptarían? ¿O se molestarían porque les había mentido? Pero pronto, todos llegaron a estrechar mi mano, los padres de los niños quisieron que los cargara, las mujeres me abrazaban. Era tanto que estaba algo desconcertada, pero a pesar de todo sentí felicidad y calidez de haber sido aceptada. Los músicos volvieron a tocar y la fiesta se animó tanto. La gente reía, bailaba y platicaba sin parar, pero a pesar de todo, había algo que aún me retenía a celebrar.

Σs’κα y Šoŗα se acercaron a mí.

Sonreí lo más convincente posible.

-Es un placer conocerte, princesa- dijo Šoŗα con sinceridad- y gracias por traer a mi Σs’κα de vuelta.

Asentí lentamente.

-El placer es mío, Šoŗα- dije con diplomacia- Σs’κα me contó mucho de ti.

Pude notar cómo se formaba una media sonrisa en el rostro de Σs’κα. Ella en realidad era hermosa, no me extrañaba que fuera la amada de Σs’κα. Sus curvas eran suaves y se movía con desenvoltura como una hermosa bailarina.

Y sin más qué decir, los novios se fueron… y Σs’κα sin dedicarme ninguna palabra. 

Después Äρσητε me presentó a su esposa y a sus adorables hijos. Uno de ellos me invitó a bailar y después de divertirnos un rato, Żσπε también me invitó a bailar. Inesperadamente se formó una fila de hombres que querían bailar conmigo, pero la persona que yo esperaba no llegó. A la hora de la cena me senté al otro extremo del lugar de los novios. Tan raro era aquel alimento, que automáticamente recordé que todavía tenía vermífugos del bosque por si me daba dolor de estómago.

Y para mi desconcierto, Μιευε se sentó junto a mí. Me sonrió como el gran patán que era y tomó mi mano.

-Princesa Καητσ, obviamente ya me habrás disculpado por lo ocurrido en el campamento. De haber sabido que eras tú nunca me hubiera atrevido a tocarte.- se disculpó con fingida inocencia.

Quité mi mano con brusquedad.

-¿Entonces qué haces tomando mi mano?- solté molesta- lo hecho, hecho está, así que déjame en paz.

-¿Y si volviéramos a comenzar?- preguntó.

Lo podía ver en sus ojos ¿Ahora estaba interesado en mí porque era mujer?

Bufé.

-No valdría la pena, he conocido lo suficiente de ti como para saber que ni siquiera puedo tener una amistad contigo- repuse sin esconder el rencor.

Aquellos ojos se llenaron de loca rabia.

-Esto no se queda así, princesa- musitó amenazante.

-¿Qué? ¿Me volverás a retar? ¿Eres tan cobarde?

Μιευε me lanzó una mirada asesina antes de incorporarse e irse de la mesa.

Sonreí mientras me volvía hacia mi plato. Bien merecido lo tenía.

Entonces comí un bocado y quedé fascinada ¡Œητια’τοηα cocinaba delicioso! Al poco rato mi plato quedó vacío.

-A la princesa le encantó la comida- exclamó un muchacho que se sentaba junto a mí.

Todos rieron y yo coreé sus risas.

¿Cómo se llaman tus padres? ¿Te casarías? ¿Qué amas más de tu pueblo? ¿Qué quieren los dioses de ti? Ésas y otras preguntas me hicieron desde los hijos hasta los nietos. Todos querían saber de mi origen, querían saber de mi marca.

-¡Ahora! ¡Presten atención! ¡Que en celebración de nuestra hija, bailará con su amado!- dijo Œητια’τοηι.

Todos callaron y la música comenzó a tocar. Lenta y rítmica. Σs’κα y Šoŗα se acercaron el uno al otro y empezaron a bailar. Los rostros de los presentes mostraban maravilla. Parecían verdaderos bailarines, perfectamente sincronizados con un paso hacia acá y otro hacia acá, parecía magia, pero repentinamente Šoŗα paró de bailar.

-Quiero que la princesa- pidió Šoŗα- baile con Σs’κα.

Entonces la música cesó de improvisto. Todos se volvieron hacia mí. Miré nerviosa mis pies. Todos me observaban con atención. Di dos pasos hacia atrás, pero no faltaba una Μηεη que me empujara hacia delante. Supe que ya no tenía más opción. Me erguí en todo mi esplendor y me acerqué a los novios.

-Šoŗα, conozco que tus intenciones son nobles, pero Σs’κα y yo nunca tuvimos una buena amistad- me excusé.

Šοŗα sonrió cálidamente.

-Entonces con más razón, princesa. Su relación debe mejorar. Permíteme esta pieza como regalo antes de que te vayas, sé que esto nos pondría muy felices a ambos- suplicó.

Suspiré, sonriendo forzadamente.

Šoŗα me dio el paso. Σs’κα me miró fijamente. Me acerqué lentamente a él, sin perder sus ojos de vista.

Su mano se puso sobre mi cintura y la mía sobre su hombro. Las otras dos se entrelazaron. Aquel toque quemaba… y ahora sabía que no era por ser hijo del dios del fuego.

La música comenzó a tocar. Mis pasos comenzaron inseguros, pero, perdida en su mirada, en aquellos hermosos ojos azul celeste, olvidé por completo mis nervios y dejé que mi cuerpo se moviera con desenvoltura.

-No es correcto que baile contigo, Σs’κα- murmuré hipnotizada por su mirada.

Él sonrió con sorna.

-¿Porque soy de la tribu enemiga?- inquirió.

Me sonrojé.

-Creo que sí…

-¿Crees?- preguntó frunciendo el ceño.

Mi sonrojo se volvió más intenso, seguramente estaba como uno de esos alimentos que llamaban tomate. Pero asentí con la cabeza.

Me dio suavemente la vuelta. El ritmo, la noción, las miradas, todo lo perdí en aquel momento. Estaba entregada a sus ojos y a sus movimientos.

-¿No hay alguna otra razón?- insistió.

Entonces me percaté de la cercanía entre ambos. Mis latidos se aceleraron. Podía sentir el calor que emanaba, lo sentía con tanto fervor.

Y aún así negué con la cabeza.

Su aliento era embriagador y su mirada era como una trampa en la que seguía atrapada irrevocablemente. Me di cuenta del error que estaba cometiendo ¡Todo me invitaba a acercarme más!

-Es un error- musité- es un error…

Mis ojos se anegaron de lágrimas.

Su mano era fuerte, sostenía mi cintura con una firmeza tierna. Y nuestras manos entrelazadas eran como una conexión entre los dos. Como la flecha en el bosque.

Sacudí la cabeza ¡Pero qué pensamientos!

Las lágrimas se juntaron en mi mentón y cayeron sobre mi vestido.

-¿Qué sucede, princesa?- preguntó preocupado.

-Es un error…- repetí.

Me alejé rápidamente de él. Pero su mirada era como una cuerda que me mantenía atrapada a él. Hice un esfuerzo por parpadear y mirar a otro lado.

-Ya no tienes hogar, princesa- dijo Σs’κα fríamente- Ya no hay nada que te lo impida mas que tú misma.

Mis lágrimas se volvieron de rabia.

-¡Claro que tengo hogar!- grité con terquedad.- ¡Pero tú me alejaste de él, todo comenzó por tu culpa!

Σs’κα me miró con su característica mirada burlona.

-Engáñate, tienes razón- dijo inexpresivo- Somos enemigos ¿O no?

Lo miré desconcertada, encarándolo finalmente.

-¡Nunca lo dude!- sentencié antes de darle la espalda y meterme entre la gente.

Por primera vez me percaté de que la música había parado, dejando en su lugar un silencio sepulcral.

Corrí al sembradío, pero, en lugar de ir a la casa, me fui al establo con los osos. Allí me tiré en el suelo y sollocé en silencio ¿En qué pensaba yo? Obviamente nos odiábamos ¿Cómo se me había cruzado por la cabeza que estaba enamorada de él? ¡Era una idea demasiado tonta! ¡Y tonta yo por creérmelo! ¡Yo lo odiaba tanto como él a mí!

Entonces el oso rugió con fuerza y pateó insistentemente la puerta de metal que nos separaba.

Descubrí mi rostro y miré fijamente al oso. Me incorporé con extremada lentitud y abrí su puerta. Lo acaricié y escondí mi rostro entre su pelaje.

-Te llamaré Äκσ’ κεωαδ…- susurré- significa alma amiga.

Äκσ’ κεωαδ rugió como si aprobara el nuevo nombre que le había puesto.

Reí entrecortadamente. Aquello había calmado mis sollozos.

-¿Me acompañarás cuando parta?- pregunté sin esperar respuesta.

Äκσ’ κεωαδ se recostó y dejó que yo me recostara sobre él. Cerré los ojos y esperé a que el sueño me llevara.

martes, 18 de diciembre de 2012

Los preparativos


Ahora sí tengo una razón por la cual no he publicado !! Lo siento tanto !! Pero la cosa es que el cargador de mi computadora murió y noooo tengo !!!! No puedo cargar mi computadora a menos que vengan invitados de mis papás ^.^ que tengan cargador y que además estén dispuestos a prestármelo. 

Pero estoy pensando seriamente si en agradecimiento por su apoyo, pongo el siguiente capítulo para que tengan con qué entretenerse si es que no puedo continuar publicando por esto del cargador.

Mientras tanto les dejo este capítulo y les agradezco por los comentarios de la entrada pasada ;) Me encanta leerlos y saber que hay gente a la que le gusta mi historia. De paso, felices fiestas a todos. 



Caminamos entre la gente. Mi mano a penas era capaz de sostener la correa del oso. Quería llorar, quería estar sola.

Entonces entramos al establo, junto a los otros animales.

-La fiesta de Šοŗα es hoy en la noche. Seguramente Œητια’τοηα ya ha de saber la verdad y te ha de haber preparado un baño y un vestido, así que, terminando de descargar a los osos, te llevaré a tu habitación ¿De acuerdo?- me instruyó Äρσητε, pero me tomó un largo tiempo asimilar sus palabras.

No pude más que asentir lentamente, aún fuera de mí.

Äρσητε soltó un hondo suspiro mientras tomaba la correa del oso. Éste rugió con fuerza y se pegó a mi hombro, como sabiendo de mi tristeza.

Acaricié suavemente su pelaje.

-¿Qué sabes de Šοŗα y Σs’κα?- pregunté con un hilo de voz.

Äρσητε calló por un momento.

-Sabes que Σs’κα fue desterrado ¿Verdad?- preguntó Äρσητε.

Asentí lentamente, con la mirada perdida en un punto fijo. Mi mano acariciaba automáticamente el rostro del oso, que no quitaba su cabeza de mi hombro.

-Antes de eso, solía venir a visitarnos. Šοŗα y Σs’κα estaban enamorados. Desde pequeños jugaban juntos todo el tiempo y esa relación, cuando crecieron, no se perdió, sino que se transformó en amor verdadero…- hizo una pausa- pero una noche antes de su destierro, Σs’κα le dijo que la amaba y que el día que volviera, se casaría con ella. Šοŗα lo ha estado esperando desde entonces… pero han pasado los años y…

Me solté en llanto, cayendo de rodillas al piso. Äρσητε se interrumpió.

El oso gimió y empujó suavemente mi hombro.

-Princesa… ¿Te enamoraste de él?- musitó Äρσητε hincándose frente a mí.

No contesté nada. Pero me eché a sus brazos y sollocé en silencio escuchando cómo el oso se acostaba a mi lado.

Äρσητε pareció desconcertado al principio, pero luego me estrechó con suavidad.

-Tranquila, princesa…- intentó consolarme- de cualquier manera, ustedes no podrían estar juntos, él no puede entrar al hogar de los dioses y tú tienes que ir para allá.

Asentí lentamente.

-Es un error… es un error…- sollocé- no debo enamorarme de un hombre de la tribu enemiga… Äρσητε… quiero volver a casa.

-Y ya irás- aseguró- ahora tienes que ser fuerte y esperar el encuentro con los dioses. Disfruta, princesa. Mejor vete a lavar y a cambiar, alístate para la fiesta.

La fiesta de Šοŗα…

Me incorporé limpiando mis lágrimas y acariciando el pelaje del oso, lo ayudé a incorporarse. Junto con Äρσητε descargamos las lonas y los cacharros. Después quitamos la silla del oso y cepillamos su pelaje, haciendo después, lo mismo con el segundo oso. Me despedí de los osos y Äρσητε me llevó a la casa. Allí me encontré con Œητια’τοηα, que, efectivamente, ya sabía de mi secreto. Se ofreció a arreglarme ella misma. Me separé de Äρσητε que me dio unas palabras de ánimo antes de irse.

-Te verás hermosa, querida, pero antes tengo que ver tu rostro, en serio que no puedo creer que Œητια’τοηι no me lo hubiera dicho desde el principio, te hubiera mandado con ropa más cómoda ¡Por cuánto has tenido que pasar!- decía sin parar- pero no te preocupes, tendrás el mejor baño que hayas tenido en tu vida como recompensa por tu fuerza, princesa.

Me metió a la tina de agua caliente, que relajó notablemente mis músculos y me hizo olvidarme por un momento de los problemas. Trajo a tres de sus nietas, aunque ninguna de ellas sabía que yo era el supuesto hombre encapuchado. Y sin explicaciones de Œητια’τοηα, seguramente dejaron volar su imaginación. Ninguna se negó a ayudarla. Me tallaron hasta que mi piel se puso roja y después me untaron cremas, aceites y cepillaron mi largo cabello hasta que quedó laceo. Me hicieron una estilizada media cola en el cabello, usando la tiara y el broche de oro. Después me pusieron un vestido de seda ligera y fina, tan blanca como la nieve de los bosques, que tenía mangas livianas y en gasa que llegaban hasta el piso. Había una pequeña ranura en cada lado por la cual podía sacar los brazos. Mis hombros estaban descubiertos y los bordados eran de oro. Era ajustado a la cintura, por lo que me hacía ver de porte más elegante y erguido. Los bordados de oro también pasaban por mi cadera, en forma de “V”, seguido por la tela. Œητια’τοηα y sus nietas admiraron la transformación.

-¡Te dije que de una simple y sucia jovencita, te transformaría en una princesa!- exclamó emocionada.

Reí suavemente mientras veía mi vestido.  

-En realidad es hermoso- murmuré dando vueltas con él.

No me sentía así desde que dejé mi pueblo. Eso me había subido el ánimo.

-Entonces, hijas, les presento al amigo de Σs’κα, la princesa Καητσ.- dijo Œητια’τοηα señalándome cariñosamente.

Todas me miraron sorprendidas.

-¿Él… es… ella?- preguntó una de ellas.

Œητια’τοηα y yo asentimos al mismo tiempo.

-Su misión es llegar a la morada de los dioses sin que ellos lo sepan, así que debíamos mantenerlo en secreto.- explicó Œητια’τοηα acercándose a mí y estrechando suavemente mis hombros.

Todas rieron.

-¡Bienvenida!- exclamaron abrazándome de una en una.

Sonreí mientras las abrazaba. Todas parecían en realidad adorables.

-Soy Μηεη, hija de Μεŗσπα y nieta de Œητια’τοηα- se presentó una chica de cabello negro que llegaba hasta su cintura.

-Y yo soy su hermana, Κιδα- se presentó la que estaba junto a ella.

Lo que más me sorprendió de ella, fueron sus hermosos ojos verdes.

Entonces se presentó la última.

-Yo soy Šιηαŵι, hija décimo segunda de Œητια’τοηα.

Hice una leve inclinación de cabeza.

-Soy la princesa Καητσ de la tribu Âιřġυα- me presenté entonces formalmente.

Las tres se soltaron a hacerme preguntas, pero Œητια’τοηα aplaudió dos veces.

-¡Basta, jovencitas! Es hora de prepararse, que la fiesta comenzará al atardecer ¿Entendido?- ordenó Œητια’τοηα.

Todas salieron de la habitación una detrás de la otra sin rechistar.

-¿Puedo ayudarles en algo?- me ofrecí.

Œητια’τοηα rió negando rotundamente con la cabeza.

-¿Y dejar que tu vestido se ensucie?- preguntó sarcástica- No, jovencita, por órdenes mías, te quedas en esta habitación. Mandaré a Μηεη a que te traiga una nueva capa, ésta es un asco- comentó tomando la mía.

Rápidamente la detuve.

-Pero no la tires, por favor, es muy importante para mí- supliqué.

Œητια’τοηα frunció el ceño antes de asentir y salir de la habitación.

Todo quedó en silencio.

Suspiré mientras me volvía hacia la ventana que daba al patio donde empezaban a poner la comida. Las mesas largas y de madera, estaban colocadas de forma que daban hacia una plataforma donde habían puesto instrumentos algo extraños para mí. Y durante el transcurso de la tarde, observé con atención a la gente viniendo de un lado para otro. A veces con comida, a veces con regalos, a veces con platos, a veces con adornos. Pero siempre de un lado para otro. Hubo un momento en el que llegué a preguntarme qué estarían haciendo Σs’κα y Šοŗα, pero rápidamente deseché esos pensamientos. Debía olvidar mi corazón roto, debía hacerlo no porque me lastimara, sino porque no debía enamorarme del hijo del dios enemigo, sencillamente por eso. Pero desechar aquellos pensamientos me hacía reflexionar sobre otros. Sobre mi destino final, sobre los dioses, sobre mis miedos…
Sacudí la cabeza y me concentré en las hermosas flores como centro de las mesas que habían puesto con esmero las mujeres de la casa. Hasta que el Sol empezó a ponerse en el horizonte y las luces de las lámparas en el patio se prendieron. Entonces llegaron los músicos y tomando sus instrumentos, empezaron a tocar. De poquito a poco, la gente empezó a llegar, sentándose. Todos hablaban animadamente, pero entre tanta gente no pude ver a ninguna de las dos únicas personas que buscaba con la mirada ¡Cuántos nietos, sobrinos e hijos tenían Œητια’τοηι y Œητια’τοηα! Con ellos en realidad podían hacer un pueblo.
Entonces alguien tocó a la puerta, sacándome de mis ensoñaciones.

-Pase- pedí.

La puerta se entreabrió.

-Princesa, le traigo la túnica que mi madre le envía- dijo tímidamente Μηεη.

-Pasa, Μηεη- dije sonriente- ya te esperaba.

Μηεη entró y se hincó frente a mí, extendiendo la túnica.

-Μηεη, no me trates como princesa ¿Bien?- dije ayudándola a incorporarse.

Μηεη asintió lentamente y me entregó la túnica.

-Tenga, princesa.

La tomé y me la puse con delicadeza, temerosa de mover algún arreglo que Œητια’τοηα y sus nietas e hija me habían hecho. Me amarré el cordel sobre el cuello.

Y volviéndome hacia Μηεη, le di un abrazo.

-Gracias- musité.

Μηεη me devolvió el abrazo con nerviosismo.

-Tengo una pregunta, princesa- murmuró.

La solté. Sus mejillas habían tomado un tono carmesí que embellecía tiernamente su rostro.

-¿Cuál es tu pregunta?- dije con diplomacia.

-¿Qué quieren los dioses de usted?

Suspiré antes de contestar.

-No lo sé- bajé la mirada- en realidad no lo sé.

-Está lejos de su hogar ¿Verdad?

Asentí lentamente, mirando por la ventana. Allí estaban, Σs’κα y Šσŗα, aclamados y vitoreados por la familia. Œητια’τοηα daba un discurso mientras los “novios” pasaban entre las mesas hasta llegar junto a ella.

-Venga, princesa, es hora de presentarla.- dijo Μηεη tomándome de la mano.

martes, 4 de diciembre de 2012

La muerte a sólo unos pasos


Bueno, aquí les traigo el siguiente capítulo ¿Qué les parece?

Muchísimas gracias por los comentarios de la entrada pasada ;) 

Mindy !! Ya leí tus capítulos... y Ahhhhh !!! Ya sabes !!! La emoción !! Siempre me dejas con la intriga !! :D :D :D 

Ahora no les pongo música, pero espero que les guste ;) 






Él fue el primero que rompió con aquel breve instante, volviéndose hacia los cazadores.

Äρσητε corría a la cabeza.

-¡¿Qué fue lo que sucedió?!

Σs’κα negó con la cabeza encogiéndose de hombros.

Me mordí los labios intentando guardar mis dudas para mis adentros.

-Muchachos, traigan algo para limpiar las heridas de estos dos cazadores.- ordenó Äρσητε sin perdernos de vista.

Rápidamente sus hijos corrieron por agua y telas, hojas secas incluso. Σs’κα se sentó sobre una elevada piedra y su semblante se volvió pensativo.

De los ocho cazadores, contando a Σs’κα y Äρσητε, cuatro buscaban hiervas y dos platicaban conspiradoramente tras una roca más alta que ellos mismos. Me imaginé que uno de ellos sería Μιενε.

Äρσητε se aproximó hacia Σs’κα.

-¿Qué fue lo que sucedió?- insistió bajando un poco la voz.

Intenté respirar hondo, meditando por primera vez en las palabras que me había dicho Σραπαδε: “Yo me sacrifiqué por los míos y pronto lo harás tú también”… ¿Qué significaba? ¿Qué moriría al final de aquella travesía?

-Σs’κα…- dije con un hilo de voz.

Ambos hombres se volvieron hacia mí, mirándome con atención.

Tragué saliva con dificultad.

-¿Moriré?

Pero no contestó, ni siquiera me encaró. Sus facciones se endurecieron, mostrando un extraño sufrimiento.

Las lágrimas se derramaron por mis mejillas, cayendo sobre la capucha que aún cubría mi rostro.

El silencio se volvió agobiante, ni el propio Äρσητε se dignó a hablar, mirando con cautela hacia ambos lados. Sus brazos se movieron como queriendo consolarme, pero aquel no eran el lugar ni el momento indicados.

-Padre, aquí están las hiervas y el agua- dijo uno de sus hijos al acercarse hacia nosotros.

Me miró con un terror indescriptible antes de entregarle las hiervas a Σs’κα y alejarse lo más posible de mí. Era natural que en aquel momento me temieran… había ocasionado la destrucción del interior del templo.

Äρσητε se volvió hacia el resto de los cazadores.

-Nos hemos retrasado, así que saldremos lo más pronto posible y continuaremos con la caza para poder volver a nuestro hogar.- informó con voz autoritaria.

Todos asentimos con la cabeza.

Se volvió de perfil hacia nosotros.

-Y ustedes me deben una explicación…- continuó, bajando la voz.

Incliné la cabeza avergonzada y asentí lentamente.

Después de que Σs’κα limpiara meticulosamente su rostro sangriento con el agua y envolviera las heridas en sus brazos con hiervas medicinales, y claro, después de que yo también hiciera lo pertinente con las mías. Continuamos con la caza como si nada hubiera pasado. Como si aquel incidente le hubiera ocurrido a otros y nosotros sólo lo hubiéramos presenciado una tranquila excursión de cacería.

El primer venado lo avistamos en un claro, escondidos entre la maleza. Estaba apretujada entre Äρσητε y Σs’κα.

-Yo iré, Äρσητε- dijo Μιευε, que se escondía tras un árbol.

Pero Σs’κα negó lentamente con la cabeza.

-Que vaya Đακαř- propuso con el desafío dibujado en el rostro.

Lo fulminé con la mirada aunque él no lo notara ¿De qué lado estaba? ¡Yo todavía ni siquiera estaba recuperada de la conmoción de lo sucedido!

-Que vaya Đακαř- coincidió Äρσητε.

Maldije para mis adentros, mientras retrocedía. Y cuando ya no estuve tan apretujada, miré hacia arriba. Podía notar la mirada de los ocho cazadores, incluidos Äρσητε, Σs’κα y Μιευε, sobre mí. Calculé mi salto, e impulsándome, me tomé con ambas manos de una rama. Me así con fuerza hasta quedar sobre la rama. El venado pastaba tranquilamente, desde allí yo tenía un mejor panorama. Saqué cautelosamente mi arco y una flecha. Tensé el arco y solté la flecha que le dio directamente al venado en el cuello. Éste cayó desconcertado al piso. Dando un salto con doble voltereta, caí a su lado de cuclillas. Me hinqué y acaricié su pelaje con suavidad.

Había olvidado lo relajante que era aquello…

Tararé quedamente una antigua canción de mi tribu que agradecía al animal por sus servicios y mientras hacía el ritual, saqué el cuchillo con mi otra mano y lo encajé en su corazón. El venado murió al instante. Estaba tan concentrada en acariciar el pelaje de éste, que no me percaté de que los cazadores estaban alrededor mío.

El silencio era sepulcral. Ni siquiera Μιευε decía nada, sino que se limitaba a verme con el odio explícito en su rostro.

-Öδεż, Żσπε, llévense el cuerpo y esperen a sus compañeros en el campamento- ordenó Äρσητε rompiendo el silencio.

-Bien hecho- dijo Öδεż mientras tomaba al venado de las patas delanteras.

Rápidamente desencajé mi cuchillo y quité la flecha con cuidado.

-Sí, bien hecho- coincidió Żσπε tomando al venado, a su vez, de las patas traseras.
Cargaron el cuerpo inerte y se lo llevaron.- Los que murieron tranquilos son los que mejor saben...

De seis que habíamos en ese momento, tres me miraron con nuevos ojos y uno me lanzó una mirada cargada de desprecio. Äρσητε me sonrió mientras continuaba con el camino al igual que Σs’κα.

Ése fue el sello de garantía de que los cazadores confiarían en mí y me alegré por ello, pues así olvidaba los perturbadores pensamientos que reinaban en mi mente.

Empezaron a contarme cosas desde entonces, a pesar de que no les podía contestar. Sobre su familia, sus hijos, sus habilidades. Todos excepto Μιευε. Después se fue el segundo grupo, Öδεż, hijo de Äρσητε, Żσπε y otros dos cazadores. Entonces sólo quedamos Σs’κα, Μιευε, Äρσητε y yo. Cazamos los últimos dos y volvimos a casa de Œητια’τσηι y Œητια’τσηα. La casa estaba decorada, impecable. Y todos me recibieron con tanta calidez, que me sentí feliz ¿Habría terminado ya la pesadilla? Pero en cierto modo, mi felicidad se fue en el encuentro de Σs’κα y Šοŗα.

Fue… emotivo.

Venía tomando la correa de uno de los osos. Lo había alimentado durante el camino y la verdad es que me parecía que me había encariñado mucho.

Entonces empezamos a divisar la casa. Mujeres y niños corrieron a nuestro encuentro. Recibí varios abrazos de muchos que ni siquiera recordaba haber visto sus rostros, pero eso no le quitó la emoción al momento. Estaba contenta. Hasta que se escuchó un grito de emoción que rebasó a todos los demás.

Busqué a la causante. Una jovencita de cabello rubio y ondulado, menuda y de mirada tierna, corría como con pasitos de bailarina al encuentro de Σs’κα, que tenía los brazos abiertos para ella. Y cuando quedó entre ellos, ambos empezaron a dar vueltas.

¿Era eso mi corazón? Mis ojos se anegaron de lágrimas.

Se miraban el uno al otro directamente a los ojos con un cariño inexplicable. Parecía que sus narices se tocaban. Los ojos de Σs’κα destellaban de emoción.

-Acompáñame a guardar a los osos- escuché una voz en la lejanía.

Pero mi vista no se despegaba de aquel momento. Era como si un millón de cuchillos atravesaran mi corazón, dejándolo no roto, sino que destrozado. Era peor que el dolor de los últimos días por los golpes que había recibido en la cueva.
El golpe de gracia fue el apasionado beso en el que se fundieron ambos. Quise gritar, decirle a Σs’κα que parara y me mirara. Que me protegiera de aquel agudo y punzante dolor…

Sólo fueron gritos mudos… que se atoraron en mi garganta.

-Cazadora- me susurró alguien al oído.

Sonaba como si estuvieran a kilómetros, los gritos y vítores de la gente parecían una fiesta lejana, pero el momento de Σs’κα y Šοŗα… todo parecía girar en torno de ello… y en torno de mí.

¿Sería la sonrisa? ¿Sería eso lo que le gustaría a Σs’κα de ella? ¿O sería esa seguridad que seguramente ella podía brindarle y yo no?

-Princesa Καητσ, ven, vamos a guardar a los osos- insistió Äρσητε jalándome suavemente del brazo.

Me dejé llevar, a pesar de estar fuera de mí. Las lágrimas no dejaban de recorrer mi rostro. Dolía, quizás porque, después de todo lo que habíamos vivido juntos, después de todos los miedos que habíamos enfrentado y todos esos instantes en los que jurábamos que perderíamos la vida, pensé que él podía sentir algo por mí.