viernes, 11 de mayo de 2012

El sueño...


Aún así mantuve el arco en alto.

-Pensé que nunca volvería a ver a ninguno de los dos- dijo el muchacho dirigiéndose en realidad hacia Σs’κα.

Σs’κα me lanzó una mirada cargada de interrogación. Supe que no necesitaba preguntar por explicaciones porque pronto me llegarían. Y entre suspiros, enfundé el arco y desencajé bruscamente el cuchillo del árbol, guardándolo en su funda.

El muchacho soltó un suspiro de alivio. Y cuando se vio completamente libre, extendió una mano hacia mí.

Lo miré incrédula.

-Mucho gusto, princesa, soy el ġŗεδεřϖε Šhřιη- se presentó.

Estreché su mano observando la frescura y la simpatía en su rostro. Como un niño risueño.

-Soy cazadora.- contesté secamente.

El tal Šhřιη sonrió divertido al tiempo que soltaba mi mano y se volvía hacia su gran amigo… solté el aire de golpe y desvié la mirada, intentando ignorar el fuerte abrazo que se dieron Σs’κα y Šhřιη. Justo en el momento que me hubiera encantado estar sola y nos encontrábamos con él. Al menos las lágrimas se habían secado en mi rostro.

Σs’κα se volvió hacia mí y me miró de pies a cabeza como si fuera una desconocida.

-Šhřιη es amigo de Mina y mío. Viajamos por tierras desconocidas durante varios ciclos lunares.- explicó lentamente.

Šhřιη soltó una carcajada.

-¿Tierras desconocidas? No… tú le estás tomando el pelo. Desde la casa de los dioses se pueden ver todas las tierras y además no conozco persona que sepa más de las tierras que tú.- replicó Šhřιη con cierto entusiasmo en la voz.

Se acercó a mí y me pasó un brazo por los hombros.

-Ven, cazadora, yo te contaré un poco sobre aquellos tiempos- me dijo guiñándome un ojo.

Sonreí inevitablemente divertida mientras Σs’κα miraba a Šhřιη con el ceño fruncido. Comenzamos a caminar de nuevo. Y con Šhřιη pude olvidar mis penas por un largo rato, mientras batallábamos entre abetos, juncos y helechos. Šhřιη tenía una forma muy especial de contar los anécdotas. Y lo que más me divertía era la cara de pocos amigos que ponía Σs’κα a cada rato. Sólo una vez abrió la boca para preguntar algo.

-¿Dónde está tu campamento?

-Cada vez más cerca, ya podrán descansar, pero, quisiera saber qué es lo que los trae por el bosque a horas tan tardías de la noche.- preguntó Šhřιη tomando una piedra del suelo y lanzándola hacia la penumbra del bosque.- además de que tu aspecto es deplorable, hijo del fuego, y tú princesa, te ves tan hermosa como la luna propia, pero veo el cansancio en tus ojos. 

Σs’κα y yo guardamos silencio por un instante, hasta que finalmente me decidí yo por hablar.

-Recibimos un ataque en el soterra de mi pueblo.- me limité a contestar.

Šhřιη asintió lentamente con la cabeza y aunque la curiosidad relucía en sus ojos, no preguntó nada más. El recuerdo de lo sucedido volvió a mis pensamientos y la tristeza me invadió.

Šhřιη me miró con una comprensión y una tristeza sincera antes de tomar una piedra más del suelo y cambiar su expresión.

-Prepara el arco, princesa ¡A ver qué tan rápido piensas!- me desafió antes de lanzar la piedra hacia los árboles.

Desenfundé mi arco y saqué una flecha de mi aljaba ~de las que me habían colocado en el soterra las mujeres de airgua~ y observé cómo en ese mismo instante salía una parvada de pájaros de entre las hojas de los árboles.

Solté la flecha que dio de llano en el pechito de uno de ellos, precipitándose hacia el suelo.

Šhřιη soltó una carcajada al tiempo que aplaudía con entusiasmo.

-Ya tenemos desayuno para mañana- dijo corriendo con una rapidez sorprendente hacia los árboles.

Σs’κα soltó una carcajada.

Al poco rato, Šhřιη volvía con el cuerpecito entre sus manos.

-A propósito, bienvenidos a mi campamento- dijo con entusiasmo.

Miré desconcertada a mi alrededor, descubriendo que estábamos en un claro del bosque que parecía prácticamente virgen. No había ningún rastro humano visible; alguna fogata, alguna lona, herramientas.

Šhřιη rió al ver mi cara de incredulidad.

-Su habitación real está en el helecho de allá, princesa- dijo señalando un tronco caído a unos palmos de nosotros.

Fruncí el ceño.

-Con un poco de leña puedo prender una fogata- dijo Σs’κα empezando a recoger ramas del suelo.

Cerré los ojos y a pesar de que mi cuerpo empezaba a dolerme, busqué ramas secas en el suelo. Veía mejor así, que con la luz de la luna.

Entre los tres empezamos a formar una pequeña pila en el centro del claro y cuando consideraron que ya teníamos la suficiente, Σs’κα extendió su mano y dejó que su fuego prendiera la fogata que nos calentaría el resto de la noche.

-¿Cómo es que sobrevives?- le pregunté curiosa a Šhřιη.

Él sonrió al tiempo que entre Σs’κα y él arrastraban el tronco del árbol caído cerca de la fogata.

El calor empezaba a adormecerme.

-Tengo mis formas como bandolero del bosque.- contestó sentándose sobre el borde del tronco.- ¿Te acuerdas aquella vez que tuvimos que dormir en un tronco flotante del río?– preguntó, volviéndose hacia Σs’κα.

Éste se cruzó de brazos, recargándose sobre un árbol.

-No es mi culpa que le tuvieras miedo al agua- repuso.

-Yo no era el que no quería mojar su traje…- dijo Šhřιη sonriendo con una malicia infantil.

Con sólo imaginármelos, en medio del río, sin querer mojarse, una carcajada se escapó de entre mis labios.

-Me parece que al final seguramente se habrán mojado…- comenté entre risas.

Šhřιη sonrió nostálgico.

-Σs’κα, cuéntale tú.

-Debíamos seguir el cause del río y aquella era la manera más rápida. Sólo que no contábamos con una corriente tan fuerte. Nadar suponía ahogarse- dijo con un tono algo monótono- así que, para su sorpresa, princesa, no, no nos mojamos.

Šhřιη se paró sobre el tronco y rió con entusiasmo.

-Era la furia de los dioses ¡Estoy seguro!- exclamó.

-Dormimos sobre el tronco, aunque era casi imposible y finalmente, a la mañana siguiente llegamos a un lago donde pudimos bajar a tierra firme- terminó de relatar Σs’κα.

-Aunque yo le había sugerido que amarráramos una soga en la rama de un árbol. Sólo que a veces me da la sensación de que Σs’κα se comporta más como un felino que como el hijo del dios del fuego y bueno, él insistió en que esperáramos a que el agua se calmara.- dijo Šhřιη al tiempo que sacaba un cuchillo de su cinto y empezaba a desplumar el cuerpecito del ave.

Me pareció por un momento algo alucinante ver unas manos tan grandes sosteniendo un cuerpecito tan pequeño y aún así, haciendo el trabajo con tanto cuidado.

-Yo no era el extremista que quería lanzarse al agua y morir ahogado.- replicó Σs’κα acercándose a la fogata y sentándose  en el extremo opuesto del tronco.

Guardamos silencio por un momento. Entonces Šhřιη negó con la cabeza y miró hacia el cielo.

-Supongo que querrán descansar…- comentó volviéndose hacia mí.

No pude más que asentir con la cabeza, luchando por que mis ojos se mantuvieran abiertos.

Šhřιη me miró seriamente por un instante.

-Usted descanse, princesa, Σs’κα y yo cuidaremos el campamento- dijo sonriente.

Algo en su mirada me infundió tal seguridad que me acurruqué silenciosamente en el piso y cerré los ojos agradecida de poder descansar mi cuerpo después de tanto tiempo. No recordaba cuándo había sido la última vez que había dormido hasta el amanecer. Y con ellos dos aquí, sentía la seguridad de poder dormir plácidamente.
Había tantas cosas que me rondaban por la cabeza. Primero, los dioses me perseguían por mi sangre, aunque yo no pudiera saber de qué les servía mi sangre… segundo, el cuchillo sólo era para protegerme al final de mi viaje, a pesar de que no sabía qué esperar del final… tercero, había perdido mi hogar… y por último, la única manera de darle un fin a aquel juego, era yendo con la diosa Diana. Porque de otra manera, ocurrirían tantas catástrofes como las que ya habían ocurrido hasta ahora. Pero era tal mi cansancio que decidí dejar el tema a parte e imaginarme una tarde en la montaña más cercana a airgua. Escuchaba voces a mi alrededor, susurros. 

–Necesito que me consigas algunas cosas para las montañas de nieve.

Y con un último esfuerzo, me concentre en sus significados.

-Claro. Puedo traerlas antes del amanecer, pero dime cuáles son.

Me dejé perder por un momento antes de volver a concentrarme.

-…¿Cómo está Mina?

Escuché que algo salía volando, tal vez un cuchillo.

-Mi padre la convirtió en un leopardo de las nieves…

-Tranquilo… no vayas a lastimar a alguien…- hubo un pequeño silencio- ¿Entonces es ella el legendario leopardo indomable? He escuchado que hay un leopardo que habla pero que no tiene espíritu.

-Me imagino que será ella, hace tiempo que no la veo.

Estaba en ese momento algo confundida ¿Estaba soñando ya? Por un instante mi mente se llenó de paisajes extraordinarios. Cuando de repente se volvieron a escuchar los susurros.

-¿Por qué es que estás con una princesa?

-Es una larga historia…

-Venga, que tenemos todavía un rato.- definitivamente aquella voz era mucho más entusiasta.

-Mi madre me envió a protegerla…

Alguien rió divertido.

-¿Y desde cuando sigues órdenes de tu madre?

-Desde que supe que podría volver frente a la puerta de los dioses…

Se volvieron a escuchar las risas.

-Lo dices por Šοŗα ¿Cierto?

Hubo un largo silencio y pensé que la conversación ya había terminado. Pero finalmente se volvieron a escuchar susurros.

-La princesa parece de un carácter fuerte…

-Ni te imaginas.

Se escucharon movimientos, seguido de una risa contenida.

-¿Ella te hizo eso?

-Es la princesa de airgua, somos enemigos.

Y hasta dormida me dio un escalofrío al escuchar aquel tono de voz tan gutural y amenazante.

Las voces guardaron silencio como si se hubieran percatado de mi presencia.

-¡Que los dioses nos amparen!- volvió a comenzar la voz- ¡Qué tarea más difícil!- hizo una pausa- pero la cuidarás ¿Cierto?

-A veces… la veo y siento una gran necesidad de protegerla… pero… es lo que un protector debe sentir hacia su protegida ¿No es cierto?

-¿Sabes qué noté desde el principio?- no hubo respuesta- Que tienen una relación tan estable como la del tigre y el venado… Sólo que ella es el tigre y tú el venado.

-Tenemos algo en común… los dos perdimos nuestro hogar.

-Tal vez por eso sientes la necesidad de protegerla. Perder el hogar es duro.- aquella voz se escuchaba más lejana.

-Ten cuidado con los guardianes.

Esta vez se escucharon las risas de ambas voces.

-No olvides cuál es mi especialidad…

Y después de aquellas últimas palabras, el cansancio terminó venciéndome y terminé metida en aquellos increíbles paisajes que proyectaba mi mente.

ŸŸŸ

jueves, 3 de mayo de 2012

Caminos distintos


Bueno, pues soy muy breve, porque no he tenido tiempo de nada y ahora tampoco lo tengo :/ Sólo pude copiar rápidamente el documento de Word y ponerlo así como está. Pero como ya me había tardado mucho en publicar... la verdad es que las cosas se han puesto muy difíciles. (Estoy en época de exámenes, me acabo de mudar y bueno, la mudanza no salió precisamente bien, entonces ha habido que arreglar unos cuantos detalles). Pero bueno, quería encontrar un momento para ponerles la continuación y bueno... ;) Pues... muchas gracias por el comentario de la entrada pasada Mindy :D :D :D y gracias a todos los que leyeron y siguen leyendo ;) Esperoo que les guste el capítulo... por cierto que hay nuevas palabras en el glosario de "la gente del agua" por si quieren pasarse.


Entonces una llama de fuego gigantesca que se dirigía directamente hacia mí, se abrió pasó entre la negrura. Aquel zumbido se volvió más agudo, como si estuviera en pena, y yo quedé paralizada, esperando a que me llegara. Pero antes siquiera de tocarme, se esfumó deslumbrándome por un momento.
De repente la gente dejó de gritar.
Y cuando mis ojos se acostumbraron de nuevo a la penumbra, descubrí a un muchacho de tez morena cuyos ojos azules resaltaban más que nada, entrando al recinto con un aire de superioridad que me era ya tan familiar.
Mi corazón dio un vuelco… Σs’κα.
Sus ojos se cruzaron por un instante con los míos.
Fuego empezó a salir de sus manos, un fuego que se expandió por el suelo, quemando la negrura a sus pies. No pude evitar pensar en la figura de su padre.
Se acercó hacia mí y sonrió con sorna al ver mi expresión de incredulidad.
-¿Pensó que sería tan fácil deshacerse de mí, princesa?
Y a pesar de la situación tan crítica y el desconcierto que me causaba verlo vivo, lo fulminé con la mirada reprochando su actitud.
Repentinamente su expresión se puso seria.
-Y no sé si ya le dieron las malas noticias, pero…- comenzó ignorando mi gesto- tú eres la única que puede abrir el portal y mi fuego no puede retener a esas creaturas inmundas por tanto tiempo.
No sé qué esperaba de verlo vivo, pero, en aquel momento, no sé si fue la rabia o el orgullo lo que me obligó a abrirme paso entre el centenar de gente incrédula y acercarme a la pared para abrir la puerta.
Y a pesar del miedo que se escondía en alguna parte de mi cuerpo, al encontrar la fisura, coloqué mi mano y cerré mis ojos, esperando a que mi energía se canalizara en mi mano marcada.
Sentí la conexión como si mi cuerpo fuera parte de aquel recinto. De repente, la incertidumbre y el miedo que había reinado en el ambiente pareció esfumarse, sustituyéndose por una tranquilidad abrumadora. El lugar se me antojaba vacío. Sin gente, sin negrura.
Me volví lentamente y me encontré con el mismo espíritu tuerto que me había recibido al principio parado en el centro. Y a pesar del miedo, lo encaré.
El espíritu sonrió con malicia y como aquella vez, voló hacía mí como un rayo.
Cubrí automáticamente mi rostro, como si me estuviera resignando a mi muerte. Pero el espíritu cruzó mi cuerpo y se materializó en la pared, creando runas antiguas que brillaron del color de mi marca, deslumbrándome por un instante.
Esperé a que llegara el frío, esperé a que se me fuera el aire, pero, en cambio, el tiempo pareció pararse y romperse en miles de pedazos, regresándome a la realidad de golpe.
Tardé unos instantes en darme cuenta que había caído al suelo, de rodillas, frente a un pasillo que antes no había estado allí.
Miré desorientada a mí alrededor, con el calor invadiéndome de nuevo, observé como un fuego inmenso cubría la pared contraria y la gente me miraba con desconcierto, algunos con alivio. Busqué rostros conocidos, entre ellos encontré a Αηατενκα y a unos palmos a su costado, al soldado que me había guiado hasta el recinto.
Αηατενκα corrió a mi auxilio y me ayudó a incorporarme.
Me descubrí respirando entrecortadamente.
-Princesa, gracias.- dijo con verdadero agradecimiento reflejado en sus ojos.
-Salgan de aquí, Αηατενκα.- murmuré.
El guerrero se acercó hacia mí.
-Salgan de aquí y guíen a los demás- repetí- el fuego no puede retener a la negrura por tanto tiempo.
Y en el instante que pronuncié aquellas palabras, las paredes empezaron a resquebrajarse y de ellas empezaron a salir los bichos. La gente gritó con pánico.
Αηατενκα dudó antes de abrazarme, soltarme y gritar que la siguieran. Me quité del camino, dejando que la gente pasara, esperando a una persona más, que en mi vida hubiera confesado que esperaba. Y al poco rato, la localicé ayudando a una mujer de alta edad que parecía haber perdido una pierna.
Corrí hacia ellos e intercambiando una rápida mirada con Σs’κα, ayudé a la mujer al tiempo que las manos de Σs’κα se prendían en fuego.
Pronto otros se acercaron a ayudarnos. Guerreros y comerciantes, fuertes, que pudieron cargar a la mujer y la llevaron dentro del pasillo.
Me volví hacia Σs’κα que prendía en llamas a la negrura y lancé una mirada furtiva hacia la salida, descubriendo con desconcierto que empezaba a cerrarse cuando los últimos cuerpos humanos cruzaron por ella.
-Σs’κα, ya estamos todos, salgamos de aquí- grité.
Y pensé que a causa del estridente zumbido no me había escuchado, pero se volvió hacia mí con una mirada sombría, que afilaba sus facciones y hacía brillar sus ojos con tal fogosidad que me causó escalofríos.
Antes de que pudiera captar más detalles ambos salimos corriendo hacia la pared, que parecía volver a cerrarse y cruzamos a duras penas, al tiempo que se generaba una explosión que nos precipitó contra las piedras del pequeño vestíbulo. Caí al suelo golpeando mi espalda.
La puerta se cerró detrás de nosotros provocando un pequeño temblor. El silencio reinó repentinamente. Los gritos y el zumbido dejaron de escucharse, no podía percibir nada más que la respiración de ambos. Y descubrí que había una última puerta que se cerraba en silencio a nuestro lado derecho.
Me incorporé con esfuerzo y corrí hacia la puerta, pero ésta se cerró antes de que pudiera llegar.
Miré a nuestro alrededor con cierta desesperación.
Estábamos atrapados.
Cerré los ojos antes de que la histeria me invadiera. Debía haber otra salida, debía haberla.
Conté treinta respiraciones antes de que mi corazón se tranquilizara y finalmente me vi dispuesta a abrir los ojos, descubriendo con alivio que el lugar estaba iluminado con luz lunar proveniente del techo.
Miré a Σs’κα, que, en cuclillas miraba hacia arriba y siguiendo su mirada, descubrí unas escaleras en la pared que conducían hacia el tragaluz.
Con una señal de ambas manos, me indicó que subiera.
Caminé con cautela y pasando a su lado, me tomé de las escaleras y comencé a subir, mirando hacia arriba, hacia la luna y las estrellas.
Por un largo rato, lo único que se escuchaba eran mis pies y mis manos moviéndose rítmicamente, hasta que finalmente llegué a la superficie y respirando aire fresco, me encontré en un claro del bosque.
Tocar tierra con mis pies descalzos fue como un calmante para el caos que reinaba en mi cabeza.
Σs’κα subió y rodó sobre su cabeza para incorporarse con un equilibrio perfecto sobre sus pies.
Lo miré rabiosa y sin pensarlo dos veces me abalancé hacia él y empecé a dar golpes a ciegas.
Él pareció algo sorprendido, tambaleándose hacia atrás. Chocamos contra el tronco de un árbol.
-¡¿Por qué…- le di un golpe, que esquivó rápidamente-… eres… así?! ¡Pensé… que… habías… muerto!
Entonces logró tomarme por las muñecas y retenerme con una fuerza inhumana que empezó a lastimarme.
Me miró con diversión. Lo que provocó que mi sangre hirviera por dentro.
-Con un simple gracias me podría conformar- dijo escrutándome con la mirada.
-¡No te tomas nada en serio!- grité entre dientes.
-¿Pero a qué viene este ataque?- dijo a la defensiva- es la...- lo pensó por un momento- segunda vez que salvo tu vida…
-¡Como si te necesitara!- repuse- ¡Llegaste sin avisar!
-¿Eso es lo que te molesta?- preguntó incrédulo.- ¿Qué querías que hiciera? ¿Que gritara “Princesa, sigo vivo”? Puede que tenga el don de controlar el fuego, pero no soy un gritón…
Le lancé una mirada envenenada.
-¡No corriste detrás de nosotros! ¡No nos avisaste que podías contra esas cosas! Pensé… temí que…- me interrumpí de golpe dándome cuenta horrorizada de lo que estaba diciendo.
Su rostro se suavizó repentinamente y la presión que ejercía sobre mis manos empezó a flaquear.
Ambos guardamos silencio cuando nuestras miradas se encontraron. Sus ojos azules me escrutaron atentamente.
-Ya veo por dónde va la cosa…- musitó lentamente.
Su expresión se volvió fría. Me sacudí sus manos y me alejé de él.
-¿Sabes si Μεπεσ aún vive…?- pregunté con voz temblorosa.
Él no contestó de inmediato. Guardó silencio en realidad, como si no me hubiera escuchado, como si no estuviera más allí. Sus ojos se perdieron por un instante y el miedo me invadió lentamente.
-Sí, alcancé a salvarlos antes de llegar con ustedes…- contestó finalmente, encarándome.
Asentí con la cabeza completamente fuera de mí.
-¿Por qué es que el espíritu guardián no nos permitió tomar el mismo camino que mi pueblo?- musité dubitativa, recordando cómo la segunda pared se había cerrado frente a nuestras narices, separándonos del camino que habían tomado Αηατενκα y los demás.
Una sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios al tiempo que sus ojos refulgían.
-Tu camino es otro ahora, princesa- contestó empezando a caminar hacia los árboles.
Pensé en su respuesta, sintiendo cómo se formaba un nudo en mi garganta. “De acuerdo al βαηϖε, las puertas se quedarán cerradas para ella.” Recordé con amargura. Era la última palabra y la decisiva. Me habían sentenciado a terminar siendo cazadora errante ¿De qué otra forma podía vivir? Aunque ahora debía ir con los dioses… ¿Qué haría después? No podría visitar a mis padres o volver a ver a Metteo siquiera. Estaba condenada a permanecer en el exilio y aquello era algo que sencillamente mi sentido común no podía aceptar. Yo vivía para servir a mi pueblo… pero sin mi pueblo ¿Qué sería de mí?
Pronto me descubrí derramando lágrimas silenciosas.
Adiós hogar…
Cerré los ojos e inconscientemente percibí unas pisadas que seguían las nuestras ¿Ahora quién quería atacarnos?
La rabia volvió a mí.
¡Ya era suficiente! ¡¿Qué no podía caminar sin pasar un solo peligro?! Calculé silenciosamente esperando con el instinto a que mi presa se colocara detrás de un árbol y sin detenerme siquiera a pensarlo di una voltereta hacia atrás y caí junto al tronco del árbol, descubriendo una figura humana unos palmos más grande y fornida que la mía propia. Desenfundé mi cuchillo y lo lancé contra su capa, cerca de su cuello. Éste se clavó en el tronco del árbol y lo obligó a quedarse quieto, al tiempo que desenfundaba mi arco y dejaba que toda mi energía se canalizara en la punta, lista para disparar una flecha de luz.
-¡Princesa Καητσ!- escuché a lo lejos.
Abrí los ojos automáticamente al escuchar mi nombre y me encontré con un muchacho de cabellos rubios y laseos que llegaban hasta su cintura, pero ligeramente recogidos detrás de su nuca. En realidad no venía vestido con una capa, sino con una camisa que me pareció completamente distinta hasta lo que ahora había visto. El muchacho me miró con una sonrisa burlona que me recordó completamente a Σs’κα, que corría a nuestro encuentro y era el que había provocado que me desconcentrara.
-No creo que sea necesario que le dispares…- aclaró Σs’κα mirando fijamente al muchacho.
El muchacho sonrió y Σs’κα le correspondió la sonrisa con una camaradería que sólo se podía ganar con el tiempo.

miércoles, 25 de abril de 2012

Superar miedos


Bueno, no sé si está largo el capítulo, pero es que lo tenía todo escrito en Word y la verdad es que no sabía hasta dónde pararle, entonces, sencillamente tomé casi toda la escena. Muchas gracias por los comentarios de la entrada pasada :D :D :D 

Espero con ansias saber qué les pareció el capítulo ;) 


-Para ti también tenemos novedades, jovencito…

Escuchar aquella voz llamó completamente mi atención. El comerciante Aaron hablaba por primera vez desde que habíamos vuelto a entrar.

Σs’κα le lanzó una mirada rabiosa.

-¿Sí?- contestó fríamente.

-Si te retiras, retírate también del soterra, tu insolencia no es permitida en Airgua.- replicó Aaron con suficiencia.

Y supe que si yo fuera hija del dios del fuego también ardería de rabia. ¡Y Aaron parecía tan inocente al principio! Ahora estaba completamente en contra de Σs’κα y mía.

-¿Dónde está la hospitalidad de airgua?- me sorprendí replicando.

Aaron me dedicó una mirada cortante, pero no contestó.

-Él no es de airgua- sentenció Σs’κα.

Hasta desde mi paradero noté cómo las pupilas de Aaron se dilataban tanto como las de un reptil.

-¡Insolente!- gritó perdiendo los pocos vestigios de calma que había logrado mantener.

“Ya somos dos que pensamos lo mismo”… De repente la duda en la sala parecía palpable.

-Aaron… si me permites, estas lunas has estado demasiado extraño.- dijo uno de sus compañeros con cierta inseguridad en la voz.

Varios asintieron con la cabeza.

-Está poseído…- continuó Σs’κα sin perderlo de vista.

Aquellas palabras me sorprendieron más de lo que ya estaba. Empezaba a preguntarme si no era que Σs’κα ya estaba exagerando, pero salí de dudas cuando Aaron empezó a reír, dejando que su risa resonara por el recinto. Sus manos temblaban. Y con ellas, daba la sensación de que el piso también.

Los comerciantes y los guerreros a su alrededor se alejaron automáticamente.

-No quería que esto terminara en una masacre, pero no me dejas otra opción, muchacho.-dijo con una voz completamente diferente.- Confieso, conozco de la búsqueda de la cazadora errante y de su origen real. Me prometieron más de lo que podría conseguir en un ciclo entero y pienso entregarla…

Varios soltaron gritos de exclamación, de asombro y desconcierto.

Noté que no era mi imaginación, en realidad temblaba todo y fue entonces cuando se empezó a escuchar un zumbido en la lejanía, que a cada instante, parecía acercarse más.

Todos aguardamos, expectantes.

Pero fue un error. Un error, que se llevó muchas vidas en ese mismo momento. De la pared empezaron a salir manchas negras, que atraparon a las primeras figuras humanas que encontraron. Y las devoraron sin dejar siquiera restos. Rápido y sin hacer ni un solo ruido. Entre ellos Aaron.

Sentí náuseas y un cierto remordimiento por aquellos muertos. Había sido tan rápido que estaba segura que ninguno se había dado cuenta de que había muerto siquiera. 

El primero en reaccionar fue Μεπ, que, entre aquel zumbido estridente, le gritó a sus guerreros que corrieran al tiempo que venía hacia mí.

Me tomó del brazo y me llevó a rastras antes de que yo pudiera reaccionar correctamente y correr por mi cuenta.

La mancha negra se dirigía hacia nosotros con una rapidez inhumana. De los ocho que corrían detrás de nosotros, dos se perdieron en la negrura. Razón suficiente para acelerar el paso.

El miedo me embargó por dentro.

-¡Vamos, princesa!- gritó Μεπ.

Dejé que mis piernas siguieran con el camino.

-Μεπ… tenemos que avisarle a los demás o morirán…- dije con la respiración entrecortada.

En ese momento doblamos junto con el resto y caí en la cuenta de que alguien más faltaba… Σs’κα.

Mi miedo se acentuó a tal grado que de repente el aire no me era suficiente.

Miré desorientada hacia atrás.

-¡Princesa!- gritó Μεπ frenando unos instantes después.- ¿Qué haces, Καητσ? ¡Corre!

-¡Σs’κα!- grité cuando los seis hombres nos rebasaron.

Noté de reojo cómo Μεπ detenía a uno de sus guerreros.

-Despierta a las mujeres y niños y sácalos de aquí.- le ordenó.

El zumbido se escuchaba en la lejanía, pero la negrura aún no nos alcanzaba. ¡¿Dónde rayos se había quedado Σs’κα?!

Sentí la mano desesperada de Μεπ sobre mi hombro.

-Es muy tarde, Καητσ… debió correr la misma suerte que los otros en el recinto…- dijo Μεπ con pesar.

Tragué saliva sintiendo un vacío en mi estómago… ¿Σs’κα muerto?... no sabía en realidad cómo sentirme al respecto.

La negrura empezó a tomar el pasillo, por lo que, no me resistí ni un segundo más y dejé que Μεπ me jalara.

Corrimos todo lo que nuestras piernas nos permitían. Pero la negrura parecía más rápida y a cada instante se acercaba más y más. Mis piernas se cansaban y sentía la vista nublada. Hasta que llegó un momento en el que sentí que mis piernas ya no me sostendrían.

Se empezaron a escuchar gritos que resonaron en los pasillos. Era la gente de airgua que corría por sus vidas, lo mismo que yo debía hacer por la mía. Y a pesar de saber que la negrura venía detrás de mí, sentí una oleada de seguridad cuando sentí que Μεπ tomaba mi mano y la estrechaba mientras continuábamos con nuestra carrera, hasta que llegamos al recinto principal, en donde mujeres, niños y hombres ya corrían hacia la salida. Cargando sus pocas pertenencias, una fila humana gigantesca se empezaba a formar en el pasillo de la salida y la desesperación de la gente y los gritos se acentuaron cuando la negrura llegó detrás de nosotros.

Μεπ se paró de improvisto, provocando que me tambaleara sorprendida. Me sonrió sin que la felicidad le llegara a los ojos.

-Quiero que me escuches, Καητσ, no quiero ponerte en este peligro, pero, mucha gente morirá y…

-Tengo que abrir la salida secreta, lo entiendo…- terminé por él entendiendo por qué no se le notaba tan contento.

-Sabes por dónde ir ¿cierto?- preguntó rápidamente.

Su pecho subía y bajaba irregularmente a causa del esfuerzo y su flequillo negro cubría parte de su ojo izquierdo, recordándome tanto al niño con el que jugaba a la orilla del río.

-Lo haría, pero no quiero dejarte, Μεπ…

Ya estaba tan cerca la negrura que hasta descubrí que aquella negrura era en realidad una masa de bichos de seis patas, que se amontonaban los unos sobre los otros intentando llegar a su siguiente presa.

Apreté la mano de Μεπ que correspondió con otro suave apretón.

-Aún no es tarde, tú te llevas a la mitad y yo a la otra… Καητσ… no importa si vienen por ti, debes salvarte ¿Bien?- dijo con un hilo de voz al escrutarme con la mirada.

No pude más que asentir con la cabeza, mirando por última vez aquellos hermosos ojos color miel.

“Ahora o nunca…” pensé antes de pararme de puntitas y besar suavemente sus labios. Él correspondió con una pasión abrumadora, a pesar de que durara tan poco. Sentí una corriente eléctrica que se quedó con él cuando nuestras manos se separaron y cada uno corrió en una dirección distinta.

-¡Corran! ¡Vamos a la salida de emergencias!- grité con todas mis fuerzas, esperando a que la gente me siguiera.

Noté que del otro lado, Μεπ gritaba órdenes a sus soldados y les señalaba en mi dirección.

Con un movimiento de mano, les indiqué que me siguieran y finalmente, gran parte de la multitud me siguió.

Cruzamos el pasillo corriendo cuando se escuchó una explosión proveniente del recinto principal. Pero nadie se detuvo, la negrura era rápida y mientras más ventaja le lleváramos era mejor.

Un guerrero se adelantó a mi lado y me sonrió con un niño entre sus brazos.

-¿Sabe el camino, princesa?- me preguntó.

Negué con la cabeza.

-Yo la guiaré…- aseguró tomando la delantera.

Y a pesar del pánico que reinaba, la gente corría detrás de nosotros sin amontonarse. 

Pero para empeorar las cosas, las paredes a nuestro alrededor empezaron a desquebrajarse y de ellas salieron bichos tan grandes como la uña de mi dedo pulgar.

El miedo volvió a invadirme, pero mis piernas aceleraron automáticamente el paso a pesar del cansancio que empezaba a sentir por dentro.

Traía cargando la incertidumbre de cómo podría estar Μεπεσ… si aún vivía o había corrido la misma suerte que Σs’κα…

Σs’κα... hijo del dios del fuego… muerto.

Entonces se escuchó un grito desgarrador, que parecía proveniente de atrás.

La negrura se había comido a alguien.

Todo el orden que había reinado hasta el momento se rompió por completo.

-¡Mi niño!- chilló una mujer.

Y justo en ese instante, los unos a los otros empezaron a rebasarse.

Miré al guerrero, que aún sostenía al pequeño entre sus brazos y le indiqué con la cabeza que aceleráramos el paso.

Los gritos se volvieron estridentes, pero no fui capaz de mirar hacia atrás, escuchar aquel estridente zumbido ya me era suficiente. Abrumaba mis oídos y hacía temblar mi cuerpo.

Entonces dimos vuelta a la izquierda y una ola de calor chocó contra mi rostro. La humedad se volvió palpable. Al poco rato mi rostro empezó a sudar y supe que nos estábamos acercando a la puerta. Me permití lanzar una mirada hacia atrás, descubriendo con cierto alivio que le llevábamos ventaja a la negrura, pero éramos menos. Y a pesar del ardor que empezaba a sentir en mis piernas, parar de correr era imposible.

Se escuchó una explosión como la del recinto principal, provocando un temblor intenso. Varios nos tambaleamos inesperadamente hacia atrás.

Fue como una descarga de energía que recorrió mis piernas, dejándolas momentáneamente inútiles. Sólo tardó un instante, en el que incluso la negrura pareció retroceder, mientras nos incorporábamos y continuábamos corriendo.

El guerrero señaló triunfante una puerta tenuemente iluminada frente a nosotros, pero el alivio no recorrió mi cuerpo cuando escuché gritos humanos de nuevo. La negrura volvía a atacar y no teníamos forma de enfrentarla; atacar con el arco sólo mataría a uno de la infinidad de bichos que parecían nadar en un mar negro, aunque la realidad era que nunca hubo ningún mar negro.

Cruzamos la puerta chocando ahora contra una ola de calor húmedo. Sentí que mi sudor se volvía pegajoso.

Lo único que había allí era una pared escarpada y llena de fisuras, como si del otro lado estuviera conteniendo algo que por la presión hacía que pareciera a punto de explotar. El problema era que no sabía qué había del otro lado, porque no había logrado abrir la puerta aún.

“Hazlo” intenté convencerme a mí misma, pero el miedo al frío volvió a invadirme por dentro.

Escuché gritos de desesperación detrás de mí.

-¡No hay puerta!- sollozó una mujer.

-¡Vamos a morir todos!

El niño entre los brazos del guerrero me lanzó una mirada suplicante, como si supiera que yo era la llave de aquella puerta invisible. Pero por primera vez, mis piernas se reusaron a responderme.

Aquel miedo que me invadió la primera vez regresó y se metió a mis entrañas como si tuviera garras.

Los gritos y los sollozos lastimeros se acentuaron.

-Princesa,- dijo el guerrero con desesperación- usted debe abrir la puerta.

“Vamos, Καητσ” pensé obligándome con una fuerza casi inhumana a caminar hacia la pared “Se pierden vidas”… Cada grito que escuchaba me dolía hasta el alma.

Extendí mi mano y palpé la piedra buscando la fisura. Mis manos temblaban, pero no estaba dispuesta a volverle a fallar a mi pueblo.

Entonces encontré la marca tallada en la piedra, pero antes de que pudiera reaccionar, una tercera explosión, esta vez más cercana, provocó un temblor que me hizo caer hacia atrás entre la gente.

La desesperación general hizo que recibiera rasguños en los brazos y un jalón de mi trenza.

Algo más se acercaba, podía percibirlo en el suelo. Detrás de aquel zumbido aterrador había algo más.

Cerré mis ojos y me dejé llevar por el instinto, intentando ver a través de la masa de gente que obstruía la vista de mis verdaderos ojos. Llegué a percibir a la negrura y para mi gran sorpresa, un hoyo a lo lejos que a cada momento se hacía más grande. Y supe que estábamos perdidos. Seguramente aquello era lo que provocaba las explosiones. Y sin dudarlo ni un instante más, me incorporé y salí de entre la gente.

De repente el calor me parecía demasiado sofocante. Pero era un calor inhumano.

Alguien detrás de mí me empujó hacia delante, haciéndome perder la visión áurica y para empeorar las cosas, el sentido de la orientación. Entre cabezas no podía localizar la pared.

Pronto y sin desearlo, me encontré frente a la negrura.

“No debo rendirme, es la última oportunidad, no debo rendirme” pensé en vano, porque abrirme paso entre la gente era como intentar cruzar una pared.

Me volví nuevamente hacia la negrura, estaba tan cerca que podía reconocer las patitas de los bichos y sus cabecitas.

Eran unas creaturas abominables que acabarían con nuestras vidas en cualquier momento y ¡Maldita sea! ¡Yo no podía hacer nada!

miércoles, 18 de abril de 2012

Como un balde de agua fría (Parte dos)


Cha Cha cha chán... :D :D :D :D hahahaha ¡¡Hola!! ;) Blogger@s, anónimo... hahahaha Bueno, pues, cómo pueden leer del título y seguramente suponer, estoy de vuelta. Ya ha pasado un ratín, pero ya decía yo que volvería en algún momento y bueno, pues, para mi sorpresa, me descubrí escribiendo capítulos y capítulos de la historia durante Semana Santa y semana de Pascua :3 Además de que me inspiró mucho la idea de que Además me encontré con DOS seguidoras más que antes :O :O Estoy muy contenta, en serio que saber de aquello me incita mucho a seguir adelante. 

La segunda seguidora no sé exactamente quién es, pero le doy la bienvenida ;) y bueno, a Tamarita :D Ya le había dado la bienvenida, perooo... ¡¡Bienvenida de nuevo!!

Ya luego me contarán qué les pareció el capítulo ;) y bueno, cualquier pregunta, aquí me tienen. 



-En vista de que la princesa ha fallado su misión, pero presenta razones válidas para nosotros, queremos discutir la situación a solas por un momento- se adelantó uno de los guerreros, mirando seriamente a Μεπεσ.

Éste asintió lentamente con la cabeza antes de volverse hacia mí.

-Les pediremos que salgan un momento al pasillo…- nos dijo dirigiéndose más bien hacia mí.- Princesa, haré todo lo posible para que las puertas del hogar estén abiertas para ti de nuevo. Así cuando vuelvas podrás llegar a casa… a donde perteneces.

Sonreí conmovida mientras me paraba de puntitas y besaba suavemente su mejilla.

-Gracias, Μεπ, patéale el trasero a Aaron por mí- musité.

Una gran sonrisa se dibujó en su rostro, correspondiendo a la mía.

-Lo haré si es necesario- aseguró abrazándome suavemente por la cadera.

Entonces miró a alguien detrás de mí con cierta rivalidad.

Me volví lentamente encontrándome con un Σs’κα cruzado de brazos.

-El ςëηητřα Aaron tiene algo en mente en contra de la princesa… Así que tendrás que persuadir al consejo de que se quede de nuestro lado.- lo instruyó.

Μεπεσ frunció el ceño.

-¿Cómo puedes estar seguro de que todo eso es verdad?- inquirió- El hombre ha sido comerciante desde que tengo memoria, pertenece a airgua tanto como todos aquí.

-Pues estás tan ciego como todos aquí, si es que no has notado que él está completamente a favor de que saquen a la princesa.- dijo Σs’κα con burla.

Μεπ lo fulminó con la mirada.

-Desconfía de ustedes porque levantaste la voz contra él. Tal vez si aprendieras a cerrar la boca, la princesa no estaría metida en tantos problemas.- lo reprochó Μεπ.

Pero yo negué con la cabeza. Era un argumento convincente, pero Aaron se había puesto a la defensiva desde el momento que Σs’κα le sonsacó que me perseguía ¡Él mismo se delató diciendo que me perseguía por mi sangre! Además de que Σs’κα tenía visión áurica. Podía ver las intenciones de cualquiera.

Y aunque estábamos peleados y era mi enemigo, terminé dándole la razón…

-Μεπ, Σs’κα tiene razón. A mí también me parece que algo raro se trae entre manos…- dije bajando un poco más la voz.

-¡No me digas que crees sus inventos!- se volvió decepcionado hacia mí.

-¿Por qué inventaría algo así?- repuse a la defensiva.

-Más bien hablamos de suposiciones, aún así, no hay manera de asegurarlo- aclaró Μεπ.

-Pregúntaselo- dijo Σs’κα entre dientes- Obsérvalo. Ni siquiera estoy seguro de que sea hijo del agua.

Aquella confesión me sorprendió ¡¿Se refería entonces a que podría ser un ser de los καποrζ?! Una repentina preocupación por la seguridad de mi compañero de la infancia me invadió lentamente. Pero Μεπ bufó aún sin convencerse.

Lo busqué con la mirada, hasta que finalmente me encontré con sus ojos color avellana.

-No confíes en Σs’κα, pero confía en mí, Μεπ. Ese hombre está siguiendo las peticiones de los dioses. Piénsalo, en el momento en el que Σs’κα insinuó que quería raptarme, se delató diciendo que me perseguía por mi sangre. Nadie sabe eso más que los que me persiguen…- dije con una seriedad que hasta a mí me sorprendió.

El rostro de Μεπ palideció por un instante y pareció ceder.

-Bien, les creo…- murmuró vencido.

Se volvió a mirar hacia el círculo antes de dedicarme una última mirada y dar media vuelta para dirigirse a la mesa.

-Cuídate- musité con un hilo de voz.

Suspiré con preocupación y me volví hacia Σs’κα con lentitud. Ambos dimos vuelta al mismo tiempo para salir del recinto, cruzando el umbral de piedra y saliendo a aquellos sombríos pasillos a penas iluminados por antorchas. 

Σs’κα fruncía el ceño con irritación.

-¿En vista de que presenta razones válidas?- imitó al guerrero sin un ápice de gracia- ¡No hay nada qué discutir, maldita sea!

-Están inseguros…- contesté intentando que bajara la voz.

Aunque me dolía un poco que por el simple hecho de haber fallado la misión desconfiaran ya de mí.

-¿Es tan difícil?- preguntó sarcástico.- Tienen las pruebas frente a sus narices…

-Confían más en Aaron que en mí ahora y no podemos cambiar eso…- murmuré dolida.

-Es estúpido…- dijo Σs’κα casi escupiendo las palabras.

Le lancé una mirada irritada.

-Son las leyes, Σs’κα- repliqué.

-¿Les estás dando la razón?- dijo con la voz temblorosa.

-No…- contesté entre dientes- te estoy pidiendo que tengas un poco de respeto y paciencia.

Miré el cuchillo entre mis manos y tragué saliva. Todavía brillaba un poco. 

La incertidumbre empezaba a crecer en mí ¿Qué tanto tendrían que discutir en realidad?

-No nos creerán…- musitó con amargura en la voz, rompiendo a la vez el silencio.

-Mεπ sabrá controlarlo.- aseguré.

Σs’κα bufó.

-Si él mismo no nos creía…

-Pero ya lo hace y así como lo convencimos, convencerá a los otros- contradije subiendo un poco la voz.

Entonces a mi nariz llegó un hedor a chamuscado. Miré a Σs’κα recargado sobre la pared. Humo negro salía de sus manos cerradas en puños.

-Si Μεπεσ no hubiera pedido la reunión de jefes, no estaríamos metidos en esto.- dijo entre dientes.

Lo miré rabiosa.

-No busques culpables, que él sólo lo hacía para ayudar.- lo reproché.

-Ni siquiera deberíamos estar aquí, para empezar…- continuó, ignorando mi protesta.

-Deberías estar agradecido de que nos hayan recibido, porque bien Μεπεσ pudo haberme rechazado desde el principio.

Soltó una carcajada estridente y cargada de un sarcasmo que dolió.

-Por enamorado…- dijo más para sí mismo.

Fruncí el ceño.

-¿Qué?- solté con tanta sequedad como él a pesar de que por dentro me sentía perpleja.

Aquello pareció divertirle. Se cruzó de brazos y miró hacia otro lado, como si intentara contener la risa.

-Ustedes los de airgua en serio que están ciegos- dijo con repentina seriedad, algo que no encajaba para nada con su expresión.

Pero como siempre, su glorioso comentario me dio de llano en el orgullo.

-¿Alguna vez te han dicho que la gente arrogante se queda sola?- repliqué envenenando cada una de las palabras.

Σs’κα se volvió hacia mí.

-Algo que los de airgua nunca harían por cobardía- dijo con una frialdad que me caló hasta los huesos.

Aún así no retrocedí.

-Nunca se nos ha pasado ni nunca se nos pasará por la cabeza ser como el dios del fuego ni sus descendientes- repuse.

Σs’κα me miró como la serpiente a su presa, con una maldad que amenazaba con hacerme retroceder.

-No me compares con mi padre, princesita.- musitó con el desafío dibujado en sus ojos.

Estos refulgieron, como si una tormenta se desencarnara allí dentro.

No pude evitar decir lo primero que me llegó a la cabeza.

-Eres igual a él…

Su movimiento fue tan rápido, que ni siquiera lo noté, hasta que sentí el dolor en mi mano golpeada. El cuchillo había salido volando, encajándose en la pared de piedra.
Justo en aquel instante sentí un dolor tan intenso en el estómago que me retorcí hacia atrás, abrazándome con ambos brazos. Pero aquello no fue suficiente para amortiguar el dolor, que parecía extenderse por cada parte de mi cuerpo sin piedad alguna. Una herida que parecía profunda se abrió en mi brazo izquierdo, empezando por mi muñeca. Sentí un dolor tan fuerte, que solté un grito ahogado, e incapaz de mantenerme ningún instante más en pie, caí de rodillas al suelo.

Σs’κα me miró horrorizado.

-¡¿Qué sucede?!- gritó completamente desconcertado.

¡¿No era él el que estaba haciendo esto en mí?!

El dolor se intensificó y pensar de repente me era imposible. Apreté los dientes, intentando contener el dolor y el grito que amenazaba con salir de mi boca.

La herida ya estaba cerca de llegar a mi codo, sangrando con rapidez. Y entonces caí en la cuenta de que era el cuchillo.

Intenté advertirle a Σs’κα, pero las palabras no salieron de mis labios a causa del dolor.

Se hincó junto a mí y tomó mi brazo. Por primera vez desde que nos habíamos encontrado, vi su rostro surcado por el pánico.

Miré hacia el cuchillo y él siguió la dirección de mi mirada. Se incorporó como un rayo y corrió a desencajarlo de la pared.

Grité con dolor cuando el cuchillo salió de entre la piedra.

Pero cerré los ojos con un cierto alivio, rogando por que se fuera el dolor. Hasta que lentamente, la herida en mi brazo dejó de abrirse y finalmente el dolor se fue.

La respiración de ambos era entrecortada.

Ninguno medió palabra.

Σs’κα rápidamente se hincó junto a mí y dejando con especial cuidado el cuchillo sobre el suelo, atendió mi herida cortando un pedazo de su capa roja y envolviéndolo alrededor de ésta. Sus manos fueron más suaves y cálidas de lo que esperaba. Fue rápido, eficaz y silencioso.

Aún así yo no podía entender lo que sucedía.

Miré horrorizada el cuchillo.

-¿Qué sucedió?- dije con la voz entrecortada.

Σs’κα no contestó de inmediato, apretando un poco más la venda improvisada que empezaba a retener mi sangre.

-Sólo los dioses pueden hacer ese tipo de sortilegios…

Por un instante tuve la sensación de que había rabia escondida detrás de su voz gutural.

Aún así lo miré con la interrogación en los ojos, pero él no se dignó a corresponder mi mirada.

-Sólo he visto que haya ocurrido dos veces, hace más de trescientos ciclos lunares*, cuatrocientos, tal vez… no lo recuerdo- explicó con extremada lentitud.

De repente me pregunté cuánto habría vivido Σs’κα, desde cuándo había comenzado a caminar por nuestro mundo. Pero esperé pacientemente a que continuara.

Sus ojos se perdieron en la sangre que goteaba de mi brazo, como si en aquel momento estuviera recordando lo ocurrido.

-A veces los dioses le entregan a los ηöη’καπ objetos. Cσςρë, ϖāπι… objetos pequeños, fáciles de cargar, que cuando entran en contacto con su dueño se vuelven parte de uno.- hizo una pequeña pausa- Pueden significar tu muerte o tu salvación. Todo lo que toque aquel objeto te dolerá como si te hubieran golpeado a ti. Pero, si el objeto…- su voz se volvió tan suave como un susurro- toca tu sangre antes de morir, entonces, la herida se curará y te salvarás… Sólo sirve una vez, pero te garantiza una segunda oportunidad.

“Úsalo al final” recordé…

¿Cuál de todos los dioses que reinaban allá arriba me había enviado aquel cuchillo? Y sobre todo ¿Con cuál propósito? ¿Quería darme una segunda oportunidad o quería volverme vulnerable a cualquier cosa? Porque si algo tenía claro, era que aquello era suicida, si no lo tenía bien protegido y caía en manos equivocadas podía morir al instante. 

-¿Crees que… quien me envió el cuchillo…- tragué saliva- está de mi lado?

Σs’κα soltó mi brazo y tocó la sangre en el suelo con su dedo índice. Su rostro estaba inexpresivo y sus movimientos parecían más fieros y gatunos que humanos.

Observé atentamente cómo se llevaba el dedo a la boca.

Sus ojos refulgieron.

-Tu sangre es tan preciada que darte un arma así sería inútil para los que te persiguen. Perderías sangre con mucha facilidad- contestó finalmente mirándome con gravedad.

En ese instante se escucharon pasos detrás de nosotros. Σs’κα me entregó el cuchillo, indicándome con la mirada que lo guardara. Dudé, antes de meterlo junto a mi cuchillo de caza.

Él se incorporó con agilidad, extendiéndome una mano. Negué con la cabeza, incorporándome por mi cuenta.

Pude notar la sonrisa burlona que se formaba en la comisura de sus labios.

-Σs’κα…- musité ignorando su gesto.

Él frunció el ceño cruzándose de brazos.

Se escucharon voces detrás de nosotros.

-Discúlpame por lo que dije.

¡Cuánto trabajo me costó decir esa sencilla oración! Pero la culpa de que había hablado de más me carcomía por dentro, aunque tarde o temprano me arrepentiría ¡No podía evitarlo! Él me hacía comportarme tan extraño… porque se suponía que era mi enemigo, pero me veía en la necesidad de disculparme por lo que le había dicho.

Aquello fue razón suficiente para que su característica sonrisa malévola y a la vez angelical se extendiera por su rostro.

-Te sugiero que no lo vuelvas a decir, princesa de airgua.

¡Claro! Sabía que me arrepentiría… bien que lo sabía…

-Ya pueden entrar- dijo Μεπ detrás de mí, antes siquiera de que pudiera replicar.

Me volví lentamente.

Venía escoltado por dos guerreros del círculo, que nos miraban con disculpa en los rostros ¿Pero por qué?

Caminamos por el pasillo hasta entrar de nuevo al recinto. Μεπ se colocó a mi lado y tomó mi brazo vendado, mirándome con inquisición.

Pero no hubo tiempo para explicaciones, pues los hombres sentados a la mesa se incorporaron con una majestuosidad tan propia de airgua y se inclinaron en señal de respeto… ¿Sería de nuevo princesa? Algunos otros se quedaron quietos, mirándonos fijamente, entre ellos el ςëηητřα Aaron, que miraba además significativamente mi brazo vendado.

Inconscientemente lo escondí entre las largas mangas de mi vestido.

-Lo siento, pero no pude convencer a todos.- se disculpó Μεπ en un susurro antes de incorporarse al círculo.

El guerrero que parecía el más viejo de todos tomó la palabra.

-Después de largas discusiones hemos llegado a la conclusión de que la princesa dice la verdad y la falla de su misión por razones únicas en su género son excusa suficiente para confiar todavía en su palabra. Pero de acuerdo al βαηϖε, las puertas se quedarán cerradas para ella.

Sentí cómo mi cuerpo entero se helaba. Fue como si una oleada de hielo cruzara cada una de mis extremidades y las congelara…

¡¿Las puertas cerradas?!

Sentí las lágrimas arder en mi rostro.

“No es momento, Καητσ” pensé en vano.

Aquello significaba no volver a ver a mis padres, perder mi hogar, mi origen y vagar como… vagar como una cazadora errante.

-¿De acuerdo al qué?- espetó Σs’κα repentinamente inexpresivo.

Todas las miradas se dirigieron hacia él, excepto la mía.

Tragué saliva intentando deshacer el nudo que se había formado en mi garganta.

“Mantén la compostura”

-al βαηϖε,- dijo uno de los comerciantes, mirándolo con acusación- el libro sagrado de Airgua.

-Es una pared.- continué, saliendo de milagro de aquella rigidez en la que había entrado- se firmó con la pluma de los dioses, por lo que romper las leyes es imposible.

Σs’κα puso una mano sobre el puente de su nariz y cerró los ojos, masajeándose suavemente. Por un instante pareció decepcionado.

Pero centrarme en más detalles me era imposible. Sentía que de repente todo se iba de cabeza. Sentía que de repente ya no pertenecía allí… me sentía sola, lejana y decepcionada. Tenía que hacer aquel viaje a con los dioses, pero… había tenido que sacrificar mi única razón de existencia. Mi hogar.

Finalmente las lágrimas ganaron y se derramaron silenciosamente por mis mejillas. Las limpié disimuladamente con las mangas de mi vestido.

Noté la mirada de Μεπ posada sobre mí, pero no quise corresponderla. No quería que me viera llorar. “Las princesas no lloran” había dicho mi madre en varias ocasiones… la madre que nunca volvería a ver.

-La ley decreta que si un cazador, pescador o guerrero no cumple la iniciación, la vuelta y la entrada a su tribu se le tiene prohibida.- continuó otro de ellos, ya me tenía sin cuidado de quién se trataba.

-Para nosotros ella puede seguir siendo la princesa, pero para el βαηϖε no más. Y no tenemos más que obedecer las leyes.- concluyó otro.

Respiré hondo.

-Entiendo- dije con más firmeza de la que hubiera esperado- y estoy de acuerdo.

De repente un olor a chamuscado impregnó mi nariz y entendí que Σs’κα empezaba a arder literalmente de rabia.

-Increíble…- dijo Σs’κα entre dientes antes de levantar la voz- me retiro, caballeros, si no es mucha molestia.

-Para ti también tenemos novedades, jovencito…