martes, 12 de junio de 2012

El agua tiene dos caras


Bueno, soy muy breve, porque ahora sí que no tengo tiempo... Muchísimas gracias por los comentarios (Livia, me alegra tanto haber visto tu comentario y me alegra tanto que te guste la historia ;) :D :D). Y bueno, espero que les guste el capítulo, que va a ser un poco corto.


-¿Trajiste las cosas, Šhřιη?- fue lo primero que dijo.
Šhřιη frunció el ceño.
-Hola, me fue bien y sí, salí ileso, tomando en cuenta que me atacaron dos guerreros de la tribu de los mακăħατ. Te agradezco de corazón tu preocupación- murmuró lanzándole el saco.
Σs’κα reaccionó de inmediato, atrapándolo con firmeza. Lo abrió y rebuscó en su interior, sonriendo con satisfacción.
-Eres el mejor, Šhřιη. Gracias.
Šhřιη soltó una carcajada.
-Eso no funciona conmigo, amigo. Ya sabes lo que pido a cambio- repuso incorporándose con el avecita entre sus manos- ¿Tienes hambre?
Σs’κα sonrió al tiempo que cerraba sus manos en puños y de la nada, los abría, dejando entrever dos objetos circulares y planos que parecían ser de una piedra muy preciosa, que brillaba sorprendentemente a la luz del sol. Jugueteó con los objetos antes de pasárselos a Šhřιη. Me pregunté maravillada de dónde los había sacado…
Šhřιη le entregó la comida a cambio. Σs’κα le dio un mordisco y sonrió de oreja a oreja. El rostro de Šhřιη estaba deformado por la sorpresa, sosteniendo ahora los objetos entre sus manos.
-Üϖρrεņ… ¿Es en serio?
Σs’κα asintió sonriendo con su típica altanería.
Rodé los ojos al tiempo que comía el último pedazo de mi desayuno.
-No está mal, no está mal…
Aunque en mi fuero interior me preguntaba todavía que rayos eran aquellas cosas. Todavía podía ver el asombro en el rostro de Šhřιη.
Σs’κα se volvió hacia mí.
-Pensé que me dirías si pasaba algo…
-No me pareció oportuno despertarte por la llegada de Šhřιη- dije a la defensiva.
Σs’κα parecía a punto de replicar, pero Šhřιη se le adelantó.
-No entiendo por qué no le hablas de usted a la princesa ¡Qué falta de respeto!
Levanté los brazos hacia el cielo.
-¡Hasta que al fin alguien me entiende!- exclamé molesta.
-Tiene tanto de princesa como yo de dios.- repuso.
-Osea todo.
-En realidad ella debería hablarme de usted.- continuó ignorando mi comentario.
Šhřιη soltó una carcajada.
-Te rebajaron a su protector…- dijo entre risas.
Σs’κα sonrió levemente lanzándome una mirada cómplice que me tomó por sorpresa.
-Si tú no me hablas de usted, entonces yo tampoco lo haré contigo- lo previne.
Su sonrisa se ensanchó.
-Me parece justo.
Correspondí a su sonrisa al tiempo que desviaba la mirada.
Šhřιη se desternilló de risa en el suelo y Σs’κα rió sacudiendo su cabello. No pude evitar sonreír ante la escena. Pasó un largo rato antes de que Šhřιη pudiera ponerse de nuevo en pie y guiarnos por el bosque.
-¿A dónde vamos?- pregunté.
Nadie contestó a mi pregunta.
Suspiré intentando aceptar a regañadientes que junto a Σs’κα tendría que acostumbrarme a las sorpresas. Pero después de cruzar matorrales y helechos, llegamos a un camino que se abría paso hasta un lago de aguas transparentes y finalmente Šhřιη llenó el silencio con sus chistosas anécdotas. Σs’κα, como siempre, iba más bien concentrado en afilar su cuchillo o dejar marcas en los árboles, ensimismado en sus pensamientos.
Šhřιη se acercó a la orilla del lago y bebió un poco de agua. Me coloqué a su lado y lo imité, mirando atentamente mi reflejo. Mi rostro seguía cubierto por la capucha, pero podía intercambiar miradas con mi reflejo. Podía ver la nostalgia en mis ojos y el dolor que reinaba en mi alma.
-El agua tiene dos caras, pero la superficie siempre te dirá la verdad- murmuró Šhřιη, agitando el agua al tiempo que desaparecía mi reflejo.
Sonreí ante sus palabras.
-Hagamos un juego…- dijo Šhřιη repentinamente, al tiempo que sus ojos se iluminaban como si hubiese tenido la mejor de todas las ideas.
Lo miré curiosa, pero bajo la capucha, no se percató, sino que se incorporó con agilidad y se dirigió hacia Σs’κα, que nos miraba recargado contra un árbol como la noche pasada.
-¿Recuerdas? Veremos quién llega más lejos- le dijo Šhřιη mirando hacia el otro lado del lago.
-No creo que la princesa lo logré…- repuso burlón, dirigiéndome una mirada cargada de sorna- No ha demostrado tener muy buena puntería.
“Es sólo para provocarte…” me repetía una y otra vez para mí misma, mordiéndome el labio con fuerza. “Es sólo para provocarte…”
Šhřιη soltó una carcajada y se volvió hacia Σs’κα.
-¿Quién cazó tu desayuno ayer en la noche, cabeza dura?- dijo a mi defensa con diversión.
Sonreí de oreja a oreja al ver que Σs’κα apretaba los dientes y guardaba silencio. Pero, como si yo hubiera hecho aquel comentario, se volvió hacia mí y me miró desafiante. Dio unos pasos hacia delante.
-Hay mejores- musitó extendiendo su mano en dirección al lado opuesto del lago y dejando que una llama de fuego tan delgada como su dedo, diera contra la corteza de uno de los árboles.
Mi orgullo me hizo dar dos pasos hacia delante y desenfundar el arco y una flecha. Lo tensé y apunté con cuidado. Σs’κα se movió con impaciencia, pero lo ignoré. La corteza chamuscada todavía ardía, el perfecto círculo de cenizas era mi claro objetivo. Sentí cómo la energía recorría mis brazos, saliendo de mi pecho, y hacía la conexión con el arco cuando toda la fuerza se concentró en la flecha y ésta salió volando con la rapidez de un rayo por encima de las tranquilas aguas y daba por debajo del blanco.
Σs’κα rió quedamente con una mezcla de burla y triunfo a la vez.
-Mi turno.- dijo arrebatando el arco de mis manos y tomando una flecha de mi aljaba.
Lo miré rabiosa, deseando febrilmente que errara el tiro. Pero para mi desconcierto, en la mitad de tiempo en la que yo tardaba en calcular, la flecha ya había salido volando y daba limpiamente en el centro del punto negro. Y como si mi arco no fuera más que una rama de árbol, se lo lanzó a Šhřιη, que lo cachó sin aparente esfuerzo. Se acercó a mí, tomó una flecha más y se la entregó.
Y Šhřιη, con la misma agilidad que su compañero, tensó el arco en dos parpadeos míos y soltó la flecha, pero, a diferencia de la de Σs’κα, la suya quedó al lado del centro.
-κræmm…- dijo al tiempo que Σs’κα sonreía con suficiencia.
-Sigo siendo el mejor- dijo con una indiferencia que hizo que la sangre hirviera dentro de mí.
Tomé el arco de manos de Šhřιη y sin pensarlo dos veces saqué una flecha y cerré los ojos. Era como si a mi vista se le abrieran nuevas puertas. Podía percibir los leves temblores del agua y el viento que soplaba. Apunté, viendo las cenizas en el árbol y solté la flecha, que pasó con una rapidez inhumana el agua, dejando una estela de viento tras de sí y atravesando a continuación la propia flecha de Σs’κα, hundiéndose hasta la mitad de su delicado cuerpo en el tronco.
Abrí los ojos. Šhřιη miraba boquiabierto, al tiempo que le daba palmaditas a Σs’κα en el hombro, intentando disimular una sonrisa burlona.  

jueves, 7 de junio de 2012

Consejos para el desayuno


No sé sí me desperté por el hecho de que hacía frío o por la luz del sol que empezaba a abrirse paso entre las hojas de los árboles. Me costó un rato orientarme. Pero cuando recordé todo lo sucedido la noche anterior, me incorporé desconcertada mirando a mí alrededor. No había nadie en el claro y la fogata estaba a punto de extinguirse. Era de aquellos días que la energía parecía haberse esfumado en mí a pesar de lo bien que había dormido, pero podía percibir la presencia de alguien en la cercanía.

Respiré hondo antes de cerrar los ojos y concentrarme en el movimiento del bosque.

Sentía la tierra húmeda bajo mis pies y la vida que había en ésta. Colmenas, arañas, un pájaro que parecía recoger su desayuno. Y con movimientos suaves, descubrí una figura humana sobre la rama de un árbol.

Abrí los ojos lentamente y me encontré con unos ojos azules que me miraban fijamente desde la altura.

-Buenos días, princesa ¿Dormiste bien?- preguntó Σs’κα con voz cansina.

-La verdadera pregunta es si tú dormiste…- repuse.

Σs’κα sonrió divertido.

-¿Dónde está Šhřιη?

Con un movimiento ágil, se colgó de la rama e impulsándose, saltó al suelo, cayendo de cuclillas. Se acercó lentamente hacia mí.

-Fue por unas cosas que le encargué.- se limitó a contestar.

Lo miré de pies a cabeza, descubriendo su aspecto en realidad deplorable. Con su capa quemada de las puntas y su cabello castaño desordenado. No faltaban sus facciones cansadas y su mirada perdida, que sustituía a su acostumbrada expresión de superioridad que tanto me sacaba de quicio. Y a pesar de eso, en sí, se veía bien. La tierra en su rostro hacía que sus ojos azules se vieran más claros y su sonrisa más brillante. Se veía tan perfecto como un dios después de un combate.

-Σs’κα, descansa, me toca vigilar- dije lentamente.

Él negó con la cabeza sin un ápice de burla en el rostro.

-¿Cómo está tu brazo?

Si no hubiera preguntado, nunca hubiera recordado que mi brazo izquierdo aún seguía vendado y lastimado.

-Nada que no se pueda arreglar…- musité.

Rápidamente me senté sobre el tronco caído y desenvolví la venda improvisada. A pesar de que fuera de la capa roja de Σs’κα, la sangre seca era mucho más oscura. La herida tenía un aspecto nauseabundo y el hedor de la sangre no mejoraba la situación, pero no dije nada.

Σs’κα se sentó a mi lado y recargó ambos brazos sobre sus rodillas, mirando hacia la fogata, como si no pudiera ver la herida. Un sentimiento de culpabilidad se desdibujaba en sus facciones.

-Le pedí a Šhřιη que trajera algunas hiervas para ayudarte con la herida.- informó.

Σs’κα diciendo eso, debía ser obviamente un sueño… ¡Tal vez todavía estaba dormida! Sacudí la cabeza y recargué mi mano marcada sobre su hombro.

-Descansa, te despierto si pasa algo…- insistí.

Σs’κα sonrió con amargura al tiempo que se volvía hacia mí y tomaba mi brazo lastimado para examinar la herida. Aquella suavidad todavía me seguía sorprendiendo sobremanera.

-Te dije que no volvieras a disculparte por lo que dijiste…- comenzó con una suavidad abrumadora- pero… princesa…

Aquellas palabras me estaban tomando por sorpresa ¿Qué quería decir? Tal vez la incertidumbre, tal vez la curiosidad, no sé lo que provocó que los latidos de mi corazón se aceleraran.

-Fui un estúpido por lanzar el cuchillo...- dijo finalmente- discúlpame.

Sonreí conmovida mientras bajaba la mirada.

-No tienes por qué disculparte, no sabíamos para qué servía el cuchillo… no lo hiciste con intención- repuse quitando suavemente su mano cálida de mi herida.

Lo encaré por un instante. Sentí como si mi mundo se fuera de cabeza. Todavía había algo en esa mirada, un misterio, algo que lo hacía ver amenazante pero a la vez seguro.

Me sonrojé al darme cuenta de que él no soltaba mi mirada.

Entreabrí mis labios. No entendía por qué de repente tenía los nervios de punta.

-Descansa, Σs’κα. Lo necesitas- dije evidenciando con mi mirada las marcas moradas bajo sus ojos.

Su expresión se volvió fría.

-¿Ya te había dicho que eres la persona más terca que he conocido en toda mi existencia?- musitó burlón.

Fruncí el ceño.

-¿Y eso debo tomarlo como un cumplido?- repuse.

Él sonrió mirando hacia el cielo por un instante. Las nubes se reflejaron en sus ojos cuando me encaró.

-Tomando en cuenta que he vivido tanto como para que seas la primera tan terca, creo que sí, puedes tomarlo como un cumplido.- dijo desafiante.

Dejé que una sonrisa se dibujara en la comisura de mis labios y desvié la mirada.

-¿Descansarás?- insistí por cuarta vez.

Σs’κα se recostó a regañadientes sobre el tronco, recargando su cuerpo en la tierra y mirando nuevamente hacia el cielo. Puso sus manos bajo su nuca.

Ambos guardamos silencio, mirando hacia el cielo. A pesar de que el sol ya brillaba en todo su esplendor, todavía había estrellas en el cielo. Y justo entre un conjunto había una estela brillante. Tenía la forma de un ojo. Como si nos observaran desde arriba.

-¿Σs’κα?- lo llamé en un susurro.

-¿Huh…?- respondió con voz ronca.

-¿Los dioses nos observan?

Por un largo rato no hubo respuesta. Me volví hacia Σs’κα. Tenía los ojos cerrados y su respiración era acompasada.

-Hay tanto que ver desde allá arriba…- musitó.

-¿Y tu madre?

Sonrió sin abrir los ojos.

-Ésa es una de sus tareas. Pero sólo tiene la mejor vista durante la noche. En el día la vista le pertenece a los dioses aliados con Σπεητε-Τι, el dios del Sol…- respiró hondo- como mi padre. Es por eso que nunca verás un incendio en la noche. Los dioses tienen su forma de convivir a pesar de ser enemigos y respetan los límites.

Ver su rostro así era como ver a otro muchacho por completo. Era una expresión tan suave y dulce. Con su rostro relajado y sus ojos cerrados, de repente tenía la urgencia de pasar mis manos sobre aquellos cabellos castaños desordenados, aunque pareciera que estuvieran colocados en el lugar correcto.

Sacudí la cabeza y me concentré en envolver el pedazo de tela alrededor de la herida en mi brazo.

-Princesa…- me sobresalté al escuchar su voz ya casi en un susurro inaudible.

Me volví a mirarlo con la sensación de que mi corazón saldría de mi pecho… no es mi culpa que me haya asustado…

Sus ojos estaban abiertos y escrutaban mi mano con atención.

Respiró hondo.

-Siento lo de tu hogar…- dijo con un sufrimiento que me sorprendió sobremanera.- Sé cuánto te duele…

Y algo en su voz me hizo darme cuenta de que él en realidad lo sentía por mí.

Estaba tan sorprendida que no supe qué contestar. Pero para cuando me volví hacia él, sus ojos ya estaban cerrados y su respiración era tan acompasada que supe que finalmente se había quedado dormido. Quedé  con la sensación de que aquella había sido otra de nuestras treguas momentáneas y probablemente, después, volveríamos a actuar como hijo del fuego e hija del agua.

Arreglé la venda sumida en mis pensamientos. Incapaz de creer que ayer me hubieran sacado de mi hogar, una horda de bichos come humanos nos hubieran sacado, además, del soterra, y ahora la tranquilidad predominara en mi espíritu.

Respiré hondo.

Sólo había algo que no cuadraba del todo… y era la incertidumbre de cómo se encontraba Μεπ. Cada segundo pensamiento me llegaba el recuerdo de su rostro, de sus labios chocando contra los míos. Había sido una sensación tan vivida, que todavía cuando la recordaba, sentía escalofríos en mi espalda. Deseaba saber con todas mis fuerzas dónde estaba, saber más de él a parte de que se había salvado. Pero, al parecer, los dioses me tenían preparado un camino completamente distinto al suyo. Recordé las palabras de Σs’κα, “Por enamorado…”. Él lo había sabido desde el principio… tal vez si me lo hubiera insinuado antes. Quizás los de airgua sí estábamos ciegos. Ahora que estaba lejos de Μεπ me arrepentía de no haberle dicho que estaba enamorada de él antes.

Entonces me vi interrumpida por unos sigilosos pasos detrás de mí. Me incorporé de un salto y di una media vuelta, encarando a un Šhřιη que sonreía de oreja a oreja con aquella carisma tan propia de él.

-Relájese, princesa, sólo soy yo.- dijo mirando significativamente la mano que tenía sobre mi cinto.

Rápidamente la tensión abandonó mi cuerpo.

-Šhřιη ¡Volviste!- dije aliviada.

Su sonrisa se ensanchó al tiempo que dirigía su mirada hacia Σs’κα, que todavía dormitaba sobre el suelo.

-Vaya, vaya ¿De qué me perdí?- preguntó con cierta burla y alarma en la voz a la vez- ¿Lo noqueó?

Reí quedamente negando con la cabeza.

-Le dije que descansara.

Šhřιη asintió incrédulo.

-¿Y le hizo caso?- sacudió la cabeza- Obviamente…

Entonces por primera vez le puse atención al bulto que traía cargando. Fruncí el ceño.

Era un saco de piel.

Su sonrisa se volvió traviesa.

-Son cosas que…

-Te encargó Σs’κα, lo sé- lo interrumpí.

Šhřιη dio unos pasos hacia los restos de la fogata.

-¿Tiene hambre, princesa?- preguntó dejando las cosas sobre el suelo.

Se hincó junto a las cenizas y con dos piedras que tomó del suelo, prendió un pequeño fuego.

-Si Σs’κα estuviera despierto sería más fuerte.- murmuró sacando el cuerpecito del ave, que habíamos cazado ayer, del saco.

Meneé la cabeza.

-Eres de las únicas personas del agua que conoce su origen ¿Verdad?- pregunté hincándome a su lado.

Šhřιη degolló al avecita y cortó sus patitas.

-Además de usted, princesa, sí.- contestó con cierta diversión en la voz- ni los propios dioses saben de su procedencia y de sus habilidades.

Asentí con la cabeza.

-Σs’κα me contó algo por el estilo- coincidí con un hilo de voz- ¿Y desde cuándo se conocen?

Amarró el cuerpecito de una pequeña rama y la dejó al fuego.

-Si me permite preguntar, princesa…- comenzó lentamente, más bien concentrado en asar el ave, parecía como si las llamas repiquetearan en sus ojos- ¿Qué tanto conoce de la historia de Σs’κα?

-¿Por qué?- pregunté a la defensiva.

-Porque soy de esas personas que sólo continúan con historias y no las comienzan. Si hay algo que Σs’κα no le haya contado, entonces no quiero que usted lo sepa por mí, sin ofenderla, sólo no quiero darle una mala impresión del hijo del dios del fuego… Σs’κα ha vivido de todo.- y aquellas palabras sólo lograron acentuar mi curiosidad en lugar de prevenirme.

Guardamos silencio por un momento.

-Sé que está peleado con sus dos padres y que Mina fue transformada por su propio padre en un leopardo- contesté.

Šhřιη me dedicó una mirada seria, hasta que finalmente se volvió hacia las brazas del fuego, que lentamente iban cambiando el color del pellejo.

-Su padre lo encerró en una cueva y casualmente yo pasaba por allí cuando escuché sus gritos de furia. Lo saqué y desde entonces viajamos juntos por las extrañas tierras que deparan la custodia de los dioses. A nosotros se unió Mina un tiempo después.- contestó mi pregunta finalmente.

Pero por cada palabra que había pronunciado, sentía preguntas amontonarse en mi boca, trabando mi lengua.

-¿Entonces tú conociste a Mina como humana?- fue la primera pregunta que me llegó.

Šhřιη asintió con la cabeza.

-Era muy parecida a Σs’κα, sólo que sus ojos eran grises. Ella es mayor que Σs’κα ¿Sabía usted?

La verdad es que no me sorprendía escuchar aquellas últimas palabras, porque la verdad era que Mina me parecía mucho más experimentada y amable.

-¿Por cuánto tiempo?

Šhřιη me miró con el ceño fruncido, dejando que una sonrisa burlona asomara en la comisura de sus labios.

-El tiempo que le tomó a sus padres darse cuenta que era un error tener hijos.- se limitó a contestar.

Las brazas de fuego se intensificaron por un momento.

-No puedo imaginar qué tantos años debe tener Σs’κα- confesé- para todo lo que ha vivido… se necesita mucho tiempo.

Šhřιη rió, mostrando su total apoyo a la idea.

-El suficiente tiempo para pasar su niñez con los dioses y con los guardianes de las puertas. Ser desterrado por su propio padre de la casa de los dioses y ser enviado a la tierra, encontrar a un bandolero del bosque y viajar con él durante ciclos lunares enteros…- tomó aire- y no sabe todavía todo lo que sigue.

Lo miré boquiabierta ¿”Ser desterrado de la casa de los dioses por su propio padre”?

-¿A él también lo…?

-desterraron- terminó Šhřιη por mí, sacando el cuerpecito asado de entre las brazas de fuego.- sí, aunque por razones mucho menos nobles que las suyas.

Lo extendió hacia mí.

-Gracias- murmuré al tiempo que tomaba un pedazo y empezaba a comer.

Šhřιη asintió sencillamente con la cabeza, mordiendo el cuerpecito.

-¿Es por eso que odia a sus padres?- se me escapó de entre los dientes- ¿Pero por qué? ¿Es por eso que tú y él se conocieron? ¿Sigue desterrado…?

-Oiga, princesa- me detuvo Šhřιη mirándome con una paciencia infinita- no puedo contestar a todas sus preguntas. En primera, porque ya me perdí y en segunda, no me corresponde contarle esa parte de la historia…- calló por un instante- usted es muy curiosa por lo que veo, princesa.

Me sonrojé levemente mientras le daba otro mordisco a mi pedazo de carne.

-Es que ahora hay muchas cosas que empiezan a encajar desde que conocí a Σs’κα…

Aunque me abstuve de añadir que lo había conocido a penas hace dos lunas. Ya tenía la sensación de haber viajado ciclos lunares enteros en su compañía… pero todavía quedaban esos huecos que le daban un aire misterioso a su procedencia.

-Σs’κα me mataría si le doy tanta información…- murmuró.

-¿Por qué?-repuse frunciendo el ceño.

Šhřιη calló.

Suspiré.

-Porque no le simpatizo ¿Verdad?- contesté a mi propia pregunta.

Šhřιη miró hacia otro lado.

-Él dijo que ustedes son enemigos, pero que están obligados a viajar juntos.- dijo encogiéndose de hombros, se volvió para dar otra mordida- Si me pregunta a mí, yo pienso que muy en el fondo, Σs’κα le tiene aprecio, princesa. Así que si me permite, déjeme aconsejarle un poco…- masticó con extremada lentitud- Si quiere saber las respuestas a tantas preguntas, le está preguntando a la persona equivocada- miró hacia Σs’κα-… pregúntele a él…

Tragué saliva. La sola idea de intentarlo me causaba escalofríos.

Šhřιη sonrió ante mi reacción.

-Dese cuenta, princesa. Hay un lazo muy fuerte que los une a ustedes dos y tardo o temprano se tienen que dar cuenta.- dejó el cuerpecito del ave sobre su regazo, mirándome con gravedad.

-¿Que nos une?- murmuré confundida.

-Aquí le va otro consejo…- respondió lentamente, bajando el volumen de su voz- Si no es simpatía, entonces Σs’κα le tiene respeto, princesa, porque los dos perdieron su hogar. Y ésa puede ser la llave de todas las respuestas…

Pensé en sus palabras. Para mí Σs’κα seguía siendo el enemigo… pero por un lado… porque por el otro le debía mi vida después de que me la había salvado dos veces.

Antes de que siquiera pudiera expresar mis cavilaciones en voz alta, Σs’κα pareció despertar de su siesta. Se despereció con extremada lentitud y finalmente se volvió hacia nosotros.

-¿Trajiste las cosas, Šhřιη?- fue lo primero que dijo.


Bueno, pues aquí estoy de vuelta y me disculpo por haberme tardado tanto, pero, es que, empiezo a tener la sensación de que nadie lee el blog (Creo que muchos de ustedes han llegado a sentir esa sensación si tienen un blog y su sueño es llegar a tener muchos seguidores que lean la historia). Y bueno, me pareció, que si en realidad era así, entonces no valía la pena continuar publicando. Y la verdad es que nunca he pedido que comenten (Porque luego es horrible que te pidan que comentes si ni siquiera sabes qué comentar) y ahora tampoco les voy a pedir que me comenten, pero... necesito que me de alguien por favor una razón para continuar con la historia. Porque no tiene sentido continuar publicándola si nadie la lee. 

viernes, 11 de mayo de 2012

El sueño...


Aún así mantuve el arco en alto.

-Pensé que nunca volvería a ver a ninguno de los dos- dijo el muchacho dirigiéndose en realidad hacia Σs’κα.

Σs’κα me lanzó una mirada cargada de interrogación. Supe que no necesitaba preguntar por explicaciones porque pronto me llegarían. Y entre suspiros, enfundé el arco y desencajé bruscamente el cuchillo del árbol, guardándolo en su funda.

El muchacho soltó un suspiro de alivio. Y cuando se vio completamente libre, extendió una mano hacia mí.

Lo miré incrédula.

-Mucho gusto, princesa, soy el ġŗεδεřϖε Šhřιη- se presentó.

Estreché su mano observando la frescura y la simpatía en su rostro. Como un niño risueño.

-Soy cazadora.- contesté secamente.

El tal Šhřιη sonrió divertido al tiempo que soltaba mi mano y se volvía hacia su gran amigo… solté el aire de golpe y desvié la mirada, intentando ignorar el fuerte abrazo que se dieron Σs’κα y Šhřιη. Justo en el momento que me hubiera encantado estar sola y nos encontrábamos con él. Al menos las lágrimas se habían secado en mi rostro.

Σs’κα se volvió hacia mí y me miró de pies a cabeza como si fuera una desconocida.

-Šhřιη es amigo de Mina y mío. Viajamos por tierras desconocidas durante varios ciclos lunares.- explicó lentamente.

Šhřιη soltó una carcajada.

-¿Tierras desconocidas? No… tú le estás tomando el pelo. Desde la casa de los dioses se pueden ver todas las tierras y además no conozco persona que sepa más de las tierras que tú.- replicó Šhřιη con cierto entusiasmo en la voz.

Se acercó a mí y me pasó un brazo por los hombros.

-Ven, cazadora, yo te contaré un poco sobre aquellos tiempos- me dijo guiñándome un ojo.

Sonreí inevitablemente divertida mientras Σs’κα miraba a Šhřιη con el ceño fruncido. Comenzamos a caminar de nuevo. Y con Šhřιη pude olvidar mis penas por un largo rato, mientras batallábamos entre abetos, juncos y helechos. Šhřιη tenía una forma muy especial de contar los anécdotas. Y lo que más me divertía era la cara de pocos amigos que ponía Σs’κα a cada rato. Sólo una vez abrió la boca para preguntar algo.

-¿Dónde está tu campamento?

-Cada vez más cerca, ya podrán descansar, pero, quisiera saber qué es lo que los trae por el bosque a horas tan tardías de la noche.- preguntó Šhřιη tomando una piedra del suelo y lanzándola hacia la penumbra del bosque.- además de que tu aspecto es deplorable, hijo del fuego, y tú princesa, te ves tan hermosa como la luna propia, pero veo el cansancio en tus ojos. 

Σs’κα y yo guardamos silencio por un instante, hasta que finalmente me decidí yo por hablar.

-Recibimos un ataque en el soterra de mi pueblo.- me limité a contestar.

Šhřιη asintió lentamente con la cabeza y aunque la curiosidad relucía en sus ojos, no preguntó nada más. El recuerdo de lo sucedido volvió a mis pensamientos y la tristeza me invadió.

Šhřιη me miró con una comprensión y una tristeza sincera antes de tomar una piedra más del suelo y cambiar su expresión.

-Prepara el arco, princesa ¡A ver qué tan rápido piensas!- me desafió antes de lanzar la piedra hacia los árboles.

Desenfundé mi arco y saqué una flecha de mi aljaba ~de las que me habían colocado en el soterra las mujeres de airgua~ y observé cómo en ese mismo instante salía una parvada de pájaros de entre las hojas de los árboles.

Solté la flecha que dio de llano en el pechito de uno de ellos, precipitándose hacia el suelo.

Šhřιη soltó una carcajada al tiempo que aplaudía con entusiasmo.

-Ya tenemos desayuno para mañana- dijo corriendo con una rapidez sorprendente hacia los árboles.

Σs’κα soltó una carcajada.

Al poco rato, Šhřιη volvía con el cuerpecito entre sus manos.

-A propósito, bienvenidos a mi campamento- dijo con entusiasmo.

Miré desconcertada a mi alrededor, descubriendo que estábamos en un claro del bosque que parecía prácticamente virgen. No había ningún rastro humano visible; alguna fogata, alguna lona, herramientas.

Šhřιη rió al ver mi cara de incredulidad.

-Su habitación real está en el helecho de allá, princesa- dijo señalando un tronco caído a unos palmos de nosotros.

Fruncí el ceño.

-Con un poco de leña puedo prender una fogata- dijo Σs’κα empezando a recoger ramas del suelo.

Cerré los ojos y a pesar de que mi cuerpo empezaba a dolerme, busqué ramas secas en el suelo. Veía mejor así, que con la luz de la luna.

Entre los tres empezamos a formar una pequeña pila en el centro del claro y cuando consideraron que ya teníamos la suficiente, Σs’κα extendió su mano y dejó que su fuego prendiera la fogata que nos calentaría el resto de la noche.

-¿Cómo es que sobrevives?- le pregunté curiosa a Šhřιη.

Él sonrió al tiempo que entre Σs’κα y él arrastraban el tronco del árbol caído cerca de la fogata.

El calor empezaba a adormecerme.

-Tengo mis formas como bandolero del bosque.- contestó sentándose sobre el borde del tronco.- ¿Te acuerdas aquella vez que tuvimos que dormir en un tronco flotante del río?– preguntó, volviéndose hacia Σs’κα.

Éste se cruzó de brazos, recargándose sobre un árbol.

-No es mi culpa que le tuvieras miedo al agua- repuso.

-Yo no era el que no quería mojar su traje…- dijo Šhřιη sonriendo con una malicia infantil.

Con sólo imaginármelos, en medio del río, sin querer mojarse, una carcajada se escapó de entre mis labios.

-Me parece que al final seguramente se habrán mojado…- comenté entre risas.

Šhřιη sonrió nostálgico.

-Σs’κα, cuéntale tú.

-Debíamos seguir el cause del río y aquella era la manera más rápida. Sólo que no contábamos con una corriente tan fuerte. Nadar suponía ahogarse- dijo con un tono algo monótono- así que, para su sorpresa, princesa, no, no nos mojamos.

Šhřιη se paró sobre el tronco y rió con entusiasmo.

-Era la furia de los dioses ¡Estoy seguro!- exclamó.

-Dormimos sobre el tronco, aunque era casi imposible y finalmente, a la mañana siguiente llegamos a un lago donde pudimos bajar a tierra firme- terminó de relatar Σs’κα.

-Aunque yo le había sugerido que amarráramos una soga en la rama de un árbol. Sólo que a veces me da la sensación de que Σs’κα se comporta más como un felino que como el hijo del dios del fuego y bueno, él insistió en que esperáramos a que el agua se calmara.- dijo Šhřιη al tiempo que sacaba un cuchillo de su cinto y empezaba a desplumar el cuerpecito del ave.

Me pareció por un momento algo alucinante ver unas manos tan grandes sosteniendo un cuerpecito tan pequeño y aún así, haciendo el trabajo con tanto cuidado.

-Yo no era el extremista que quería lanzarse al agua y morir ahogado.- replicó Σs’κα acercándose a la fogata y sentándose  en el extremo opuesto del tronco.

Guardamos silencio por un momento. Entonces Šhřιη negó con la cabeza y miró hacia el cielo.

-Supongo que querrán descansar…- comentó volviéndose hacia mí.

No pude más que asentir con la cabeza, luchando por que mis ojos se mantuvieran abiertos.

Šhřιη me miró seriamente por un instante.

-Usted descanse, princesa, Σs’κα y yo cuidaremos el campamento- dijo sonriente.

Algo en su mirada me infundió tal seguridad que me acurruqué silenciosamente en el piso y cerré los ojos agradecida de poder descansar mi cuerpo después de tanto tiempo. No recordaba cuándo había sido la última vez que había dormido hasta el amanecer. Y con ellos dos aquí, sentía la seguridad de poder dormir plácidamente.
Había tantas cosas que me rondaban por la cabeza. Primero, los dioses me perseguían por mi sangre, aunque yo no pudiera saber de qué les servía mi sangre… segundo, el cuchillo sólo era para protegerme al final de mi viaje, a pesar de que no sabía qué esperar del final… tercero, había perdido mi hogar… y por último, la única manera de darle un fin a aquel juego, era yendo con la diosa Diana. Porque de otra manera, ocurrirían tantas catástrofes como las que ya habían ocurrido hasta ahora. Pero era tal mi cansancio que decidí dejar el tema a parte e imaginarme una tarde en la montaña más cercana a airgua. Escuchaba voces a mi alrededor, susurros. 

–Necesito que me consigas algunas cosas para las montañas de nieve.

Y con un último esfuerzo, me concentre en sus significados.

-Claro. Puedo traerlas antes del amanecer, pero dime cuáles son.

Me dejé perder por un momento antes de volver a concentrarme.

-…¿Cómo está Mina?

Escuché que algo salía volando, tal vez un cuchillo.

-Mi padre la convirtió en un leopardo de las nieves…

-Tranquilo… no vayas a lastimar a alguien…- hubo un pequeño silencio- ¿Entonces es ella el legendario leopardo indomable? He escuchado que hay un leopardo que habla pero que no tiene espíritu.

-Me imagino que será ella, hace tiempo que no la veo.

Estaba en ese momento algo confundida ¿Estaba soñando ya? Por un instante mi mente se llenó de paisajes extraordinarios. Cuando de repente se volvieron a escuchar los susurros.

-¿Por qué es que estás con una princesa?

-Es una larga historia…

-Venga, que tenemos todavía un rato.- definitivamente aquella voz era mucho más entusiasta.

-Mi madre me envió a protegerla…

Alguien rió divertido.

-¿Y desde cuando sigues órdenes de tu madre?

-Desde que supe que podría volver frente a la puerta de los dioses…

Se volvieron a escuchar las risas.

-Lo dices por Šοŗα ¿Cierto?

Hubo un largo silencio y pensé que la conversación ya había terminado. Pero finalmente se volvieron a escuchar susurros.

-La princesa parece de un carácter fuerte…

-Ni te imaginas.

Se escucharon movimientos, seguido de una risa contenida.

-¿Ella te hizo eso?

-Es la princesa de airgua, somos enemigos.

Y hasta dormida me dio un escalofrío al escuchar aquel tono de voz tan gutural y amenazante.

Las voces guardaron silencio como si se hubieran percatado de mi presencia.

-¡Que los dioses nos amparen!- volvió a comenzar la voz- ¡Qué tarea más difícil!- hizo una pausa- pero la cuidarás ¿Cierto?

-A veces… la veo y siento una gran necesidad de protegerla… pero… es lo que un protector debe sentir hacia su protegida ¿No es cierto?

-¿Sabes qué noté desde el principio?- no hubo respuesta- Que tienen una relación tan estable como la del tigre y el venado… Sólo que ella es el tigre y tú el venado.

-Tenemos algo en común… los dos perdimos nuestro hogar.

-Tal vez por eso sientes la necesidad de protegerla. Perder el hogar es duro.- aquella voz se escuchaba más lejana.

-Ten cuidado con los guardianes.

Esta vez se escucharon las risas de ambas voces.

-No olvides cuál es mi especialidad…

Y después de aquellas últimas palabras, el cansancio terminó venciéndome y terminé metida en aquellos increíbles paisajes que proyectaba mi mente.

ŸŸŸ

jueves, 3 de mayo de 2012

Caminos distintos


Bueno, pues soy muy breve, porque no he tenido tiempo de nada y ahora tampoco lo tengo :/ Sólo pude copiar rápidamente el documento de Word y ponerlo así como está. Pero como ya me había tardado mucho en publicar... la verdad es que las cosas se han puesto muy difíciles. (Estoy en época de exámenes, me acabo de mudar y bueno, la mudanza no salió precisamente bien, entonces ha habido que arreglar unos cuantos detalles). Pero bueno, quería encontrar un momento para ponerles la continuación y bueno... ;) Pues... muchas gracias por el comentario de la entrada pasada Mindy :D :D :D y gracias a todos los que leyeron y siguen leyendo ;) Esperoo que les guste el capítulo... por cierto que hay nuevas palabras en el glosario de "la gente del agua" por si quieren pasarse.


Entonces una llama de fuego gigantesca que se dirigía directamente hacia mí, se abrió pasó entre la negrura. Aquel zumbido se volvió más agudo, como si estuviera en pena, y yo quedé paralizada, esperando a que me llegara. Pero antes siquiera de tocarme, se esfumó deslumbrándome por un momento.
De repente la gente dejó de gritar.
Y cuando mis ojos se acostumbraron de nuevo a la penumbra, descubrí a un muchacho de tez morena cuyos ojos azules resaltaban más que nada, entrando al recinto con un aire de superioridad que me era ya tan familiar.
Mi corazón dio un vuelco… Σs’κα.
Sus ojos se cruzaron por un instante con los míos.
Fuego empezó a salir de sus manos, un fuego que se expandió por el suelo, quemando la negrura a sus pies. No pude evitar pensar en la figura de su padre.
Se acercó hacia mí y sonrió con sorna al ver mi expresión de incredulidad.
-¿Pensó que sería tan fácil deshacerse de mí, princesa?
Y a pesar de la situación tan crítica y el desconcierto que me causaba verlo vivo, lo fulminé con la mirada reprochando su actitud.
Repentinamente su expresión se puso seria.
-Y no sé si ya le dieron las malas noticias, pero…- comenzó ignorando mi gesto- tú eres la única que puede abrir el portal y mi fuego no puede retener a esas creaturas inmundas por tanto tiempo.
No sé qué esperaba de verlo vivo, pero, en aquel momento, no sé si fue la rabia o el orgullo lo que me obligó a abrirme paso entre el centenar de gente incrédula y acercarme a la pared para abrir la puerta.
Y a pesar del miedo que se escondía en alguna parte de mi cuerpo, al encontrar la fisura, coloqué mi mano y cerré mis ojos, esperando a que mi energía se canalizara en mi mano marcada.
Sentí la conexión como si mi cuerpo fuera parte de aquel recinto. De repente, la incertidumbre y el miedo que había reinado en el ambiente pareció esfumarse, sustituyéndose por una tranquilidad abrumadora. El lugar se me antojaba vacío. Sin gente, sin negrura.
Me volví lentamente y me encontré con el mismo espíritu tuerto que me había recibido al principio parado en el centro. Y a pesar del miedo, lo encaré.
El espíritu sonrió con malicia y como aquella vez, voló hacía mí como un rayo.
Cubrí automáticamente mi rostro, como si me estuviera resignando a mi muerte. Pero el espíritu cruzó mi cuerpo y se materializó en la pared, creando runas antiguas que brillaron del color de mi marca, deslumbrándome por un instante.
Esperé a que llegara el frío, esperé a que se me fuera el aire, pero, en cambio, el tiempo pareció pararse y romperse en miles de pedazos, regresándome a la realidad de golpe.
Tardé unos instantes en darme cuenta que había caído al suelo, de rodillas, frente a un pasillo que antes no había estado allí.
Miré desorientada a mí alrededor, con el calor invadiéndome de nuevo, observé como un fuego inmenso cubría la pared contraria y la gente me miraba con desconcierto, algunos con alivio. Busqué rostros conocidos, entre ellos encontré a Αηατενκα y a unos palmos a su costado, al soldado que me había guiado hasta el recinto.
Αηατενκα corrió a mi auxilio y me ayudó a incorporarme.
Me descubrí respirando entrecortadamente.
-Princesa, gracias.- dijo con verdadero agradecimiento reflejado en sus ojos.
-Salgan de aquí, Αηατενκα.- murmuré.
El guerrero se acercó hacia mí.
-Salgan de aquí y guíen a los demás- repetí- el fuego no puede retener a la negrura por tanto tiempo.
Y en el instante que pronuncié aquellas palabras, las paredes empezaron a resquebrajarse y de ellas empezaron a salir los bichos. La gente gritó con pánico.
Αηατενκα dudó antes de abrazarme, soltarme y gritar que la siguieran. Me quité del camino, dejando que la gente pasara, esperando a una persona más, que en mi vida hubiera confesado que esperaba. Y al poco rato, la localicé ayudando a una mujer de alta edad que parecía haber perdido una pierna.
Corrí hacia ellos e intercambiando una rápida mirada con Σs’κα, ayudé a la mujer al tiempo que las manos de Σs’κα se prendían en fuego.
Pronto otros se acercaron a ayudarnos. Guerreros y comerciantes, fuertes, que pudieron cargar a la mujer y la llevaron dentro del pasillo.
Me volví hacia Σs’κα que prendía en llamas a la negrura y lancé una mirada furtiva hacia la salida, descubriendo con desconcierto que empezaba a cerrarse cuando los últimos cuerpos humanos cruzaron por ella.
-Σs’κα, ya estamos todos, salgamos de aquí- grité.
Y pensé que a causa del estridente zumbido no me había escuchado, pero se volvió hacia mí con una mirada sombría, que afilaba sus facciones y hacía brillar sus ojos con tal fogosidad que me causó escalofríos.
Antes de que pudiera captar más detalles ambos salimos corriendo hacia la pared, que parecía volver a cerrarse y cruzamos a duras penas, al tiempo que se generaba una explosión que nos precipitó contra las piedras del pequeño vestíbulo. Caí al suelo golpeando mi espalda.
La puerta se cerró detrás de nosotros provocando un pequeño temblor. El silencio reinó repentinamente. Los gritos y el zumbido dejaron de escucharse, no podía percibir nada más que la respiración de ambos. Y descubrí que había una última puerta que se cerraba en silencio a nuestro lado derecho.
Me incorporé con esfuerzo y corrí hacia la puerta, pero ésta se cerró antes de que pudiera llegar.
Miré a nuestro alrededor con cierta desesperación.
Estábamos atrapados.
Cerré los ojos antes de que la histeria me invadiera. Debía haber otra salida, debía haberla.
Conté treinta respiraciones antes de que mi corazón se tranquilizara y finalmente me vi dispuesta a abrir los ojos, descubriendo con alivio que el lugar estaba iluminado con luz lunar proveniente del techo.
Miré a Σs’κα, que, en cuclillas miraba hacia arriba y siguiendo su mirada, descubrí unas escaleras en la pared que conducían hacia el tragaluz.
Con una señal de ambas manos, me indicó que subiera.
Caminé con cautela y pasando a su lado, me tomé de las escaleras y comencé a subir, mirando hacia arriba, hacia la luna y las estrellas.
Por un largo rato, lo único que se escuchaba eran mis pies y mis manos moviéndose rítmicamente, hasta que finalmente llegué a la superficie y respirando aire fresco, me encontré en un claro del bosque.
Tocar tierra con mis pies descalzos fue como un calmante para el caos que reinaba en mi cabeza.
Σs’κα subió y rodó sobre su cabeza para incorporarse con un equilibrio perfecto sobre sus pies.
Lo miré rabiosa y sin pensarlo dos veces me abalancé hacia él y empecé a dar golpes a ciegas.
Él pareció algo sorprendido, tambaleándose hacia atrás. Chocamos contra el tronco de un árbol.
-¡¿Por qué…- le di un golpe, que esquivó rápidamente-… eres… así?! ¡Pensé… que… habías… muerto!
Entonces logró tomarme por las muñecas y retenerme con una fuerza inhumana que empezó a lastimarme.
Me miró con diversión. Lo que provocó que mi sangre hirviera por dentro.
-Con un simple gracias me podría conformar- dijo escrutándome con la mirada.
-¡No te tomas nada en serio!- grité entre dientes.
-¿Pero a qué viene este ataque?- dijo a la defensiva- es la...- lo pensó por un momento- segunda vez que salvo tu vida…
-¡Como si te necesitara!- repuse- ¡Llegaste sin avisar!
-¿Eso es lo que te molesta?- preguntó incrédulo.- ¿Qué querías que hiciera? ¿Que gritara “Princesa, sigo vivo”? Puede que tenga el don de controlar el fuego, pero no soy un gritón…
Le lancé una mirada envenenada.
-¡No corriste detrás de nosotros! ¡No nos avisaste que podías contra esas cosas! Pensé… temí que…- me interrumpí de golpe dándome cuenta horrorizada de lo que estaba diciendo.
Su rostro se suavizó repentinamente y la presión que ejercía sobre mis manos empezó a flaquear.
Ambos guardamos silencio cuando nuestras miradas se encontraron. Sus ojos azules me escrutaron atentamente.
-Ya veo por dónde va la cosa…- musitó lentamente.
Su expresión se volvió fría. Me sacudí sus manos y me alejé de él.
-¿Sabes si Μεπεσ aún vive…?- pregunté con voz temblorosa.
Él no contestó de inmediato. Guardó silencio en realidad, como si no me hubiera escuchado, como si no estuviera más allí. Sus ojos se perdieron por un instante y el miedo me invadió lentamente.
-Sí, alcancé a salvarlos antes de llegar con ustedes…- contestó finalmente, encarándome.
Asentí con la cabeza completamente fuera de mí.
-¿Por qué es que el espíritu guardián no nos permitió tomar el mismo camino que mi pueblo?- musité dubitativa, recordando cómo la segunda pared se había cerrado frente a nuestras narices, separándonos del camino que habían tomado Αηατενκα y los demás.
Una sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios al tiempo que sus ojos refulgían.
-Tu camino es otro ahora, princesa- contestó empezando a caminar hacia los árboles.
Pensé en su respuesta, sintiendo cómo se formaba un nudo en mi garganta. “De acuerdo al βαηϖε, las puertas se quedarán cerradas para ella.” Recordé con amargura. Era la última palabra y la decisiva. Me habían sentenciado a terminar siendo cazadora errante ¿De qué otra forma podía vivir? Aunque ahora debía ir con los dioses… ¿Qué haría después? No podría visitar a mis padres o volver a ver a Metteo siquiera. Estaba condenada a permanecer en el exilio y aquello era algo que sencillamente mi sentido común no podía aceptar. Yo vivía para servir a mi pueblo… pero sin mi pueblo ¿Qué sería de mí?
Pronto me descubrí derramando lágrimas silenciosas.
Adiós hogar…
Cerré los ojos e inconscientemente percibí unas pisadas que seguían las nuestras ¿Ahora quién quería atacarnos?
La rabia volvió a mí.
¡Ya era suficiente! ¡¿Qué no podía caminar sin pasar un solo peligro?! Calculé silenciosamente esperando con el instinto a que mi presa se colocara detrás de un árbol y sin detenerme siquiera a pensarlo di una voltereta hacia atrás y caí junto al tronco del árbol, descubriendo una figura humana unos palmos más grande y fornida que la mía propia. Desenfundé mi cuchillo y lo lancé contra su capa, cerca de su cuello. Éste se clavó en el tronco del árbol y lo obligó a quedarse quieto, al tiempo que desenfundaba mi arco y dejaba que toda mi energía se canalizara en la punta, lista para disparar una flecha de luz.
-¡Princesa Καητσ!- escuché a lo lejos.
Abrí los ojos automáticamente al escuchar mi nombre y me encontré con un muchacho de cabellos rubios y laseos que llegaban hasta su cintura, pero ligeramente recogidos detrás de su nuca. En realidad no venía vestido con una capa, sino con una camisa que me pareció completamente distinta hasta lo que ahora había visto. El muchacho me miró con una sonrisa burlona que me recordó completamente a Σs’κα, que corría a nuestro encuentro y era el que había provocado que me desconcentrara.
-No creo que sea necesario que le dispares…- aclaró Σs’κα mirando fijamente al muchacho.
El muchacho sonrió y Σs’κα le correspondió la sonrisa con una camaradería que sólo se podía ganar con el tiempo.