miércoles, 20 de febrero de 2013

La despedida


Ya sé, ya sé !! :( :( :( Lo siento tanto !! Nunca les avisé ni les dije nada al respecto... pero... damas y caballeros... Éste es el último capítulo de la historia !! Aquí termina la larga travesía de Σs’κα y la princesa Καητσ... Aquí se acaba la larga historia que si no mal recuerdo comencé a publicar exactamente hace un año. No saben lo triste que me pone terminar las historias, pero a la vez me pone feliz !! Porque de las que he escrito, muy pocas he terminado, pero las que logro terminar son mi orgullo :P Aquí siempre me gusta agradecerles a todas por su apoyo y ésta no va a ser la excepción. Gracias por seguir el blog y acompañarme por esta travesía, que si no fuera por ustedes, estoy segura que esta historia nunca hubiera llegado a su fin :')

Así que, disfruten el último capítulo !!








Σs’κα!- grité buscándolo con la mirada.

Καητσ!- escuché a lo lejos.

Cerré los ojos lentamente y busqué auras entre las paredes, que pudieran delatar su paradero. El lugar estaba desierto.

Comencé a correr por un largo pasillo, que después torcía a la derecha cuando sentí la presencia de su aura roja en la distancia.

Aceleré mis pasos hasta que se volvieron tan largos como los saltos de una gacela, torciendo por distintos caminos hasta que la noté al otro lado de una pared a mi costado derecho e impulsándome con los pies, fui intercalando mis pasos, saltando de una pared a otra, hasta que llegué a la superficie deseada y abrí los ojos, encontrando a Σs’κα a mis pies, junto a su ΞřțσΚ, que yacía inerte en la tierra.

Di un salto y caí de una voltereta a su lado. Descubriéndome en una arena gigantesca.

Miré a Σs’κα con la duda dibujada en el rostro.

-Ponte en guarda- me advirtió cuando sentí una presencia más.

Me volví lentamente y me encontré con un rostro humano que nos miraba salvaje, como queriendo atacar. De lejos parecía de un tamaño promedio, pero, al acercarnos, cautelosos, descubrí que en realidad podía ser incluso tres veces más grande que yo, Fornido, pero de piernas largas y ligero, armado con una espada, un escudo y un arco cruzado en su pecho. Sus ojos eran negros como el asabache y no necesité cerrar los ojos para percibir la amenaza que representaba en realidad.

Σs’κα desenfundó sus espadas y me miró sonriente, ávido por la pelea. Pero su entusiasmo no se me contagió como me hubiera gustado. Una espada se materializó a mi lado.

Mis manos comenzaron a temblar ¡Nunca en mi vida había aprendido cómo manejar una espada!

Y como si alguien hubiera escuchado mis miedos, la espada se transformó en una lanza.

A pesar de la considerable mejora de mi arma de protección, mis manos no dejaban de temblar cuando la sostuvieron.

Cerré los ojos lentamente y di el primer paso que comenzó a acortar la distancia. 

Σs’κα me imitó, pero aquellos lentos movimientos parecieron impacientar a nuestro contrincante, que comenzó a correr gritando con fuerza, como queriendo intimidarnos, lo cual funcionó, por lo menos en mi caso.

Entonces se materializaron dos escudos frente a nosotros. 

Σs’κα tomó el suyo. No podía ver el verdadero color, pero por la fuerza iluminadora de sus auras, entendí que aquellos escudos eran invencibles, impenetrables. 

Aún así no tomé el que se me ofrecía... Sólo entorpecería mis movimientos.

Comencé a percibir la energía corriendo por mi cuerpo, mi marca iluminándose, y sentí la urgencia de imitar al guerrero y gritar con todas mis fuerzas.

Respiré hondo y solté un grito, vigorizándome de energía. Σs’κα fue el primero en arremeter. Ambos filos chocaron con fuerza. Di un salto, impulsándome sobre la cabeza del hombre pared que teníamos en frente y estando a sus espaldas, me encargué de buscar sus puntos débiles entre su armadura, hasta que finalmente los encontré, pero estaba tan bien protegido, que me demoré más de lo que debía y antes de que pudiera reaccionar, recibí un fuerte codazo en el estómago que me sacó volando hacia atrás.

Mi capa se rasgó, cuando comencé a sentir un líquido caliente que no dudé que fuera mi sangre.

El guerrero, se volvió hacia mí, gruñendo como lo hacen los osos y se acercó, soltando un grito grave.

Supe que Σs’κα había logrado herirlo, porque pronto su concentración volvió a él. Dejando que yo me pudiera incorporar. Calculé en su espalda, justo donde debía estar por delante su corazón y la lancé con fuerza, pero como me temía, la lanza a duras penas desgarró la primera capa de lo que era su armadura, volviendo el daño nulo.

Ni siquiera notó mi acometida. Continuaba peleando con Σs’κα, que a su vez, manejaba la espada con una rapidez que parecía inhumana y una agilidad gatuna, pero el guerrero no se quedaba atrás. Sólo era cuestión de que uno cometiera un error para que el otro cayera.

Desenfundé mi cuchillo y me incorporé, desatando mi capa. Corrí con pies ligeros, intentando no llamar su atención. Busqué las ataduras de su armadura y con rapidez, las corté de un tajo, encontrándolas en cada uno de sus costados. A pesar de su grosor, sedieron con facilidad y su cuerpo quedó desprotegido, dejando sus hombros y su espalda al descubierto.

El guerrero comenzó una ardiente lucha contra ambos. Protegiéndose de las acometidas de uno e intentando al mismo tiempo dar conmigo, que me movía un instante antes de que su espada pudiera tocarme. Pasé bajo sus piernas y espalda con espalda, me impulsé hacia atrás y chocando cabeza con cabeza, coloqué mis manos sobre sus hombros y arremetí contra sus puntos débiles. Sus brazos quedaron inútiles, pero al caer sentí sus manos rodear mi cuello y empezar a estrangularlo. Su fuerza descomunal me dio la sensación de que rompía todos mis huesos.

Pero Σs’κα no se quedó atrás. Provocó una profunda herida en el antebrazo del guerrero, que finalmente cedió. Caí al piso de rodillas, agradecida de recuperar el aire.

Me di cuenta de que los brazos del guerrero recuperaron la mobilidad cuando vi su sombra sobre mí y rodé rápidamente hacia la izquierda. Su espada se encajó en la tierra. Me acunclillé y di dos vueltas hacia delante, encontrando mi lanza detrás del guerrero. Σs’κα se disponía a arremeter contra su espalda cuando, de improvisto, éste logró desencajar la suya y volverse con una rapidez inhumana para refrenar el ataque. El choque de ambos filos fue estridente. Como dos poderosos truenos.

El escudo de Σs’κα cayó al suelo justo en el instante que me incorporé y corrí por mi lanza.

El guerrero se percató de mis intenciones y sin previo aviso y para desconcierto de ambos, su espada se encajó en mi estómago, lo que fue distracción suficiente para que Σs’κα, a su vez, encajara su espada en el corazón del guerrero, que cayó de rodillas, mirando hacia el cielo.

Desde ese momento todo pareció ocurrir en cámara lenta. Σs’κα soltó un grito lastimero, encajando un poco más la espada, mientras la sangre comenzaba a salir a borbotones. El guerrero abrió la boca, como queriendo decir algo, pero ningún sonido salió de ésta. Y en el instante que el dolor en mi estómago se intensificó, nuestro contrincante cayó inerte sobre la tierra, sin vida ya. Su luz se apagó.

Intenté respirar hondo, pero el aire me parecía insuficiente.

Entonces sentí sus fuertes manos acudir en mi auxilio con desesperación y desencajar la espada de mi estómago. Aullé de dolor, abriendo los ojos de golpe. El guerrero me miraba ya sin vida desde su incómoda posición.

Nuevamente intenté respirar hondo, pero las fuerzas me flaquearon y las lágrimas se desbordaron por mis ojos, nublando mi vista.

Σs’κα me acunó entre sus brazos, mirándome con la sincera preocupación dibujada en el rostro.

Respiraba con dificultad, perlado de sudor.

Acarició mi frente con frénesi.

-Καητσ…- murmuró con voz grave.

Sonreí aliviada al escuchar su voz.

-El juego ha terminado, Σs’κα- dije débilmente cayendo en la cuenta de mis palabras.

Σs’κα negó con la cabeza, mientras sus bellos ojos azules se anegaban por primera vez desde que nos habíamos conocido de lágrimas. Ver aquella imagen de aquel perfecto dios, derramando lágrimas, con el rostro deformado por el sufrimiento, me causó un dolor incluso más intenso.

Se me hizo un nudo en la garganta.

-Καητσ… no te vayas. No ahora.- me suplicó mientras una solitaria lágrima se derramaba por su mejilla.

Sentí la necesidad de limpiársela, pero mi brazo no me respondía.

-No tengas miedo.- musité- Nunca me iré. Siempre estaré contigo. Seré todo. Ahora lo entiendo.

Él volvió a negar con la cabeza, mirándome con incomprensión.

-Aún hay esperanza- insistió.

Sonreí mientras una nueva carga de lágrimas se derramaba por mi rostro. Aquello provocó que me contorcionara con dolor.

Pero a pesar de todo, sus siempre cálidas y fuertes manos me sostuvieron con firmeza.

-Ahora ya no seré un obstáculo para Šôrα… Podrás vivir plenamente con ella como siempre quisiste.- intenté consolarlo aunque por dentro, mis propias palabras me consumieran lentamente.

Entonces se derramó una segunda lágrima por su rostro.

-No quiero perderte…- tragó saliva cerrando los ojos- no mueras… - dijo entre dientes- me di cuenta tan tarde, pero a quien quiero a mi lado es a ti. Puedes ser el imán de peligros más extremo que he conocido. La princesa más testaruda y orgullosa con la que jamás me haya topado, pero…- su voz se quebró.

Sus ojos me miraban con una súplica a la que no podía resistirme, así que guardé mis palabras, mordiéndome el labio con fuerza. Ya era muy tarde para sobrevivir.

Entonces me mostró una pequeña pieza de madera en su mano. Era la bella figura tallada de un puma. Tan diminuta, que me parecía imposible que una mano adulta pudiera haberla tallado.

-¿Recuerdas aquella mañana, después de tu incidente con el cuchillo, cuando rompiste el jarrón?

Asentí a duras penas con la cabeza, recordando que aquella noche me había protegido, a pesar de que a la mañana siguiente nos habíamos peleado, cuando lo descubrí tallando un pedazo de madera con mi cuchillo.

-En aquel momento quería que supieras… lo que sentía por ti, pero me lo negué una y otra vez, porque mi deber era regresar junto a Šôrα… Así que lo tallé, decidido a dártelo cuando nos fuéramos a separar, aunque nunca supieras lo que sentía por ti.

Una combinación de sentimientos me empezó a embargar por dentro. Felicidad de escuchar aquellas palabras, pero dolor por ver su rostro, roto, asustado, y dolor por tener que partir. Por tener que dejar aquellas manos, aquellos labios y dejar de ver aquellos ojos.

-Σs’κα, ayúdame…- le pedí- no puedo mover mi brazo.

Primero, colocó cariñosamente el collar alrededor de mi cuello… y luego,  tomó mi mano con delicadeza y la besó lentamente. Moví toscamente mis dedos acariciando su piel por última vez.

Sonreí ante aquella delicia, a lo que él correspondió con una media sonrisa.

-Es hermoso…- aseguré, pero él pareció ignorar mis palabras.

-Fallé…- susurró- lo siento tanto, fallé…

Negué débilmente con la cabeza.

-Estoy en las manos correctas. Ganamos…- contradije.

-¡Maldita sea! ¡No digas eso!- dijo con la respiración aún más agitada- No ganamos, no ganamos, sino no estarías así…

Mis lágrimas se volvieron más insistentes. Su rostro se suavizó al notar el dolor que me causaban sus palabras.

-Σs’κα, hazme un último favor.- tragué saliva- el cuchillo…- él negó con la cabeza- de cυκŭητε- sus ojos se dilataron por la sorpresa.

-Claro…- murmuró esperanzado- debo encajárselo al guerrero… y así, te salvaremos…

Lo buscó en mi cinturón y lo desenfundó con cuidado, pero con una fuerza inhumana paré su ímpetu, tomando su mano.

-No- articulé lentamente.

Él entendió por dónde iba el rumbo de mis pensamientos y palideció por completo.

Gemí débilmente.

-Sólo…- el aire comenzó a faltarme- sólo dime...- dije con voz ahogada- que todo va a estar bien.

-Entonces… ¿No hay esperanza?

Cerré los ojos, negando con la cabeza. No quería ver su rostro demacrado por el sufrimiento cuando todo ocurriera. Me era suficiente con sentir su cálida respiración sobre mis ojos, su nariz rozando la mía…

-Princesa…- murmuró con repentina dulzura, pero aquello no fue suficiente para esconder su dolor- todo va a estar bien…

Sus labios rozaron los míos, disparando todo mi cuerpo, aunque pareciera a punto de morir. Mi reacción fue automática y mis labios se movieron al ritmo de los suyos. Fue un beso mojado, pero el mejor de todos. Su ímpetu y su pasión me dejaron exhausta, pero deseaba que el momento no acabara nunca… aunque fuera tonto desear.

Se separó lentamente de mí.

Abrí los ojos, encontrándome con los suyos, que por un momento reflejaron la felicidad de los míos. Su azul pareció destellar con un cariño desconocido para mí, pero que me provocó mariposas en mi ya de por sí adolorido y descuartizado estómago.

“Te amo” decían sus ojos.

Sonreí ya sin fuerzas.

-Todo va a estar bien…- aseguró por segunda vez, cuando sentí el cuchillo encajarse en mi corazón.

Fue rápido. No sentí nada. Pero sabía que había hecho lo correcto. Ya no tenía miedo. Era mi deber.

Y ahora… yo lo era todo. 

domingo, 10 de febrero de 2013

Vidas perdidas


Bueno, ahora que tengo más tiempo, me paso por aquí rápidamente para poder publicar el capítulo :D :D 

Cami, muchísimas gracias por tu comentario de hace dos entradas ;) justamente esa parte de la historia es en la que más me inspiré y en el final. Y ya sé que lo repito mucho, pero leer esos comentarios me hacen en serio seguir adelante.

Y bueno, Lu, no te preocupes por los comentarios !! Aún así muchas gracias por tus palabras. La verdad es que yo disfruto mucho escribiendo y muy pocas veces comparto lo que escribo, pero con esto de blogger, la verdad es que se ha vuelto un pasatiempos. Yo sé que la historia ya va a terminar, pero siempre tengo otras historias que contar !! hahaha te mando muchos saludos.

Para todas las demás, que se pasaron por el blog :D que ya vi por allí que sí leyeron el capítulo. Les mando saludos y las invito a que se sigan pasando :P ;)

Espero que este capítulo se suficiente atracción. 





-Debemos continuar…- insistió al tiempo que entrelazaba nuestros dedos y me arrastraba lejos del nuevo peligro que se avecinaba.

Tardé unos instantes en recobrar la compostura e igualar sus pasos. Pero nos vimos repentinamente rodeados de paredes del laberinto, quedando atrapados, acorralados por una gigantesca ola de agua por un lado y paredes de piedra negra por los otros.

Si había algo que había aprendido desde el comienzo de aquella travesía, era que no había que perder la esperanza hasta no haber echado un vistazo hacia arriba.

Cuando miré las paredes sólo fue cuestión de un breve intercambio de miradas antes de que ambos saltáramos hacia lados opuestos y nos impulsáramos con la pared para repetir la misma acción, hasta que finalmente llegamos a la delgada superficie sobre la piedra negra, en donde a penas cabía el ancho de mi pie, y comenzamos a correr igualando lentamente en tamaño a la ola que nos perseguía. Hasta que llegamos al punto en el que el pasillo que nos separaba se convirtió en un ancho y furibundo río que fluía con violencia en la misma dirección que la nuestra. Detrás de nosotros el río se desbordaba a caudales, invadiendo otros pasillos del laberinto. Pero estar a aquella altura, me sirvió para verificar mi paradero… o bueno, al menos eso pensaba, porque en realidad me sentí más desorientada de lo que ya estaba, encontrándome atrapada en un laberinto negro que parecía interminable. Me pregunté cuál sería nuestro destino o cuándo terminaría aquel juego de los dioses. Pero mis cavilaciones no pudieron durar mucho, pues pronto mi concentración se desvió hacia una figura blanca y uniforme en la lejanía, como una mujer alta y además de cuello largo que parecía levitar hacia nosotros con una rapidez vertiginosa.

Nuestros caminos se separaron de improvisto, sólo que aquello no disminuyó el gran temor que empezaba sentir.

-¡Σs’κα!- grité alarmada, saltando un pasillo ya invadido por el agua.

Σs’κα imitó mis movimientos y saltó otro pasillo, acortando la distancia que nos separaba. Pero a medida que corríamos más, parecía que alcanzarnos se volvería imposible.

-¡Σs’κα!- grité de nuevo al percatarme de que él estaba más cerca de la figura blanca y mortecina que yo.

Salté un pasillo más y corrí un poco más adelante para mejorar mi vista, preguntándome dónde estaban los brazos y los pies de aquella elegante muerte blanca, cuando caí en la cuenta de que aquello no era la muerta, ni mucho menos una mujer. Era el viento que se arremolinaba violentamente.

Di un salto acompañado de una voltereta y me acerqué un poco más hacia Σs’κα, que, a su vez, parecía acercarse más al remolino de viento a cada instante.

Me alarmé ¡¿Qué rayos pretendía?!

Una llama de fuego se escapó de entre sus manos, cruzando como culebra el viento arremolinado, pero su fuego se desvaneció pocos instantes después, sin haber ocasionado cambio alguno.

Salté hacia la siguiente barda sin detenerme a meditarlo cuando Σs’κα desapareció entre los aires.

Los latidos de mi corazón estaban fuera de control. No entendía cómo sería capaz de sacarlo de allí sin terminar atrapada de la misma forma. Pero si había algo que tenía claro, era que prefería terminar atrapada, que continuar sin él. Así que continué corriendo hacia delante sin perder el equilibrio en ningún instante y asegurándome de no caer en las fieras aguas que corrían a mis pies.

Estaba ya tan cerca de mi meta ~la cual no era tan difícil de alcanzar, porque de cualquier manera parecía venir directo hacia mí~. Sentí la fuerza descomunal de atracción que ejercía y busqué algún atisbo de algo que no fuera blanco y pudiera parecer un cuerpo. Pero para cuando quise retroceder ya era demasiado tarde y entendí entonces lo que había sucedido con Σs’κα. A pesar de la considerable distancia mi resistencia fue inútil. Mis pies se deslizaron por la superficie rocosa en contra de mi voluntad.

Entonces escuché un graznido más fuerte que el propio rugido que provocaban el viento y el agua juntos.

Y en el momento en el que cruzaron aquellos pensamientos por mi mente, se coló una idea salvadora.

No supe si funcionaría o no, pero me impulsé para saltar al agua sin siquiera pensar en las consecuencias. Mi cuerpo voló hacia delante, pero logré caer al agua, sólo que su fuerza no fue menor y me vi llevada por la corriente impertérrita, golpeándome fuertemente contra las paredes al dar vuelta. Entendí que había sido una mala idea, pero por más que intenté enmendar mi error, asirme a la piedra, el agua me jalaba violentamente lejos.

De repente me encontré bajo una sombra descomunal y no pude más que maldecir para mis adentros, porque a penas salía de un peligro y entraba en otro…

Unas garras se incrustaron en mi espalda, al tiempo que me sacaban del agua y me proyectaban hacia arriba. Solté un grito vertiginoso intentando no ver hacia abajo, pero mi posición no me lo permitía, mi rostro estaba dirigido hacia el agua. Intenté ver con claridad, preparándome para el impacto cuando un cuerpo azul grisáseo cruzó por mi visión.

Mis piernas cayeron tras sus alas y mi cuerpo sobre su espalda y la parte tracera de su cráneo. Pero antes de que pudiera siquiera tomar un respiro, la extraña ave desplumada y de piel brillosa como la de una rana, se precipitó hacia delante con tal potencia que tenía la sensación de que mi cabello se podría caer en el camino.

Me concentré en su piel, intentando tranquilizar mi respiración cuando descubrí mis marcas en ella. Y como si lo hubiera sabido desde siempre, coloqué mis manos sobre ellas y sentí una leve pero estrecha conexión con la mente del animal.

Comprendí sin grandes explicaciones que sus intenciones eran salvarme a mí y a mi compañero, y cuáles eran sus planes ¡Vaya inteligencia tenía aquel animal! ¡Era demasiado humana! No dudé que aquel era un ave legendaria de los dioses, que, contaban en las leyendas, habían sido grandes guardianes de los cielos hasta que su tiempo en la tierra se acabó y se extinguieron.

“Eres un ΞřțσΚ…” pensé sin rodeos.

El ave asintió y soltó a su vez un graznido antes de que entráramos en el remolino de viento.

“Inclínate” me ordenó.

No demoré ningún instante en obedecerle. Su cuerpo giró de improvisto hacia abajo, pero fue un movimiento tan rápido que no tuve tiempo de reacción para cuando ya me tenía entre sus garras. Sus alas me cubrieron, privándome completamente de la vista, dejándome escondida en una espesa capa de oscuridad.

Escuché su potente graznido y entendí que se comunicaba con un segundo acompañante, pero mi escudo de oscuridad era tan potente, que ni siquiera podía sentir la dirección del viento ni la velocidad. Sentía los latidos de su gigantesco corazón. Y al imaginarme la fuerza y la cadencia de sus latidos, supe que su corazón era seguramente más grande incluso que mi cabeza.

Conté y esperé.

No pasaron más de dos latidos, cuando el velo negro pareció descocerse y me encontré volando sobre el agua entre las garras del animal. Éste se elevó de improvisto hacia la infinita oscuridad que era el techo de aquel recinto divino, y como antes… lo que significa, sin previo aviso, me lanzó hacia arriba y se colocó para que mis piernas cayeran en su lomo de piel biscosa. Me aferré a su ancho cuello y miré a mí alrededor buscando el remolino de aire. Al localizarlo a poca distancia de nosotros noté cómo de entre su fuerte corriente se escapaba un bello animal que en lugar de tener cabeza, parecía ser un bello capucho rogizo cerrado, como los de las flores en el bosque, que descansan, cerrando sus pétalos durante la noche y se abren en el día. Así lentamente el ΞřțσΚ comenzó a descubrir su rostro animal. Entonces entendí el uso de aquellos pétalos que en realidad eran orejas. Eran para protegerse del fuerte viento… ¡Qué animales más sabios y poderosos! Si volaban con los ojos cerrados era porque tenían la misma capacidad que yo de avistar el aura. Y para aumentar mi sorpresa, descubrí a Σs’κα sentado sobre el lomo del animal, que, desde aquella perspectiva podía verlo con más detalle. Descubriendo unas alas, cada una tal larga como su cuerpo y unas garras que se curvaban al final por su tamaño, negras como el asabache. La verdad era que no parecía un animal muy amigable, cuando en realidad era mi salvador.

Coloqué suavemente mi mano marcada sobre sus marcas y nuevamente sentí la conexión con su mente.

“¿A dónde nos llevan?” pregunté al tiempo que sentía mi rostro contrayéndose hacia atrás por la velocidad a la que volábamos.

“A su último destino…”

Pero al escuchar aquella respuesta, el ave soltó un graznido atronador cuando comenzó a desplomarse hacia el suelo.

Solté un grito sintiendo el terrible vértigo rebolotear en mi estómago ¡Caíamos y mi protectora parecía inconsciente! Algo debía haberle dado.

Apreté los ojos con fuerza y rogué que despertara, buscando al otro ΞřțσΚ con la mirada. Desubrí que aquel también se desplomaba con mi verdadero protector aferrado a sus orejas.

“Despierta, hermana…” pensé desesperada.

Entonces me vino una idea a la cabeza…

Si estábamos conectados, entonces tal vez podría ordenarle a su cuerpo que aterrizara correctamente. Me esforcé en recalcar aquellas palabras, sintiendo cómo mi marca se iluminaba por el poder de mis pensamientos. La conexión se intensificó.

Mi visión se convirtió en la suya y nuestros corazones latieron con la misma cadencia, como si su sangre fluyera por mí también. Sentí un fuerte dolor en el pecho. Estábamos heridas.

Extendí nuestras relativamente nuevas alas, pero éstas no quisieron responder la petición.

Divisé la cercanía del suelo y sentí mi desesperación en aumento.

Apreté los dientes con fuerza y me concentré más.

El viento se cernía a nuestro alrededor, acelerando nuestra caída. Nuestras alas se extendieron débilmente.

Entonces me centré en colocar las patas de la manera correcta, a sabiendas de que era demasiado tarde para elevar el vuelo.

Y a duras penas las órdenes fueron acatadas, pero las patas del animal amortiguaron la caída. Un fuerte golpe en la cabeza me hizo soltar un gemido agudo de dolor. Podía imaginarme la sangre salir por mi magullada frente, pero cuando coloqué mi mano sobre ella, la sentí intacta, y entendí que quien había recibido el impacto había sido el ΞřțσΚ. Su dolor se volvía mío. Era tan fuerte y tan grande para un cuerpo tan pequeño como el mío. Además de que sentir su sufrimiento me hacía gritar de dolor.

Abrí los ojos de golpe cuando ambas yacíamos sobre el suelo. Mi cuerpo sobre el suyo y mis marcas sobre las suyas.

Gemí una vez más soltando fuertes lágrimas de dolor.

“Lo siento tanto…” pensé una y otra vez.

Y con la poca consciencia que le quedaba, me contestó.

“Continúa. Estamos cerca”

Negué con la cabeza, sintiendo las lágrimas invadir mi cuello.

“Mi camino termina aquí. No hay nada qué hacer.”

Ambas soltamos un gemido de dolor que pareció resonar por las paredes y propagarse por todos los pasillos.

Quité mi mano con violencia y me incorporé con dificultad, arrimándome hacia su cuello. Acaricié su gigantesca cabeza con dulzura, mientras las lágrimas se desbordaban por el mío, sintiendo su terrible pena.

Desenfundé mi cuchillo de caza.

-Vατ ηα ηενιö, νεrα cυ’rrτα δι ħεm.- murmuré antes de encajar el cuchillo en su yugular y ahorrarle la pena antes de morir.

Su acelerada pero potente respiración paró de improvisto. Pareció intentar sonreírme, aunque sus facciones animales no estaban acostumbradas, antes de que sus ojos se cerraran y su cuerpo quedara inerte en el suelo.

Cubrí mi rostro con ambas manos y sollocé en silencio.

¿Cuántos se habían sacrificado ya por mí y habían terminado terriblemente afectados? ¿Cuántos habían luchado por mi desconocida causa? ¡Aquellos eran precios que yo nunca había pedido pagar! ¡Era totalmente injusto! Era un dolor insoportable y una culpa que me consumía lentamente. Debía concluir con aquello. Era mi deber. Era mi destino. Era mi decisión. E incorporándome con decisión. Limpié mis lágrimas con brusquedad.

Era la heredera de Σραπαδε. Yo debía tomar su lugar y todo aquello terminaría por fin. 

domingo, 3 de febrero de 2013

Ilusiones y serpientes marinas


“El hogar es donde tú sientas calidez y seguridad…” Automáticamente me volví hacia el Σs’κα que estaba de espaldas y continué corriendo hacia él. Pero me detuve de golpe cuando estuve a sólo un palmo de él, temerosa de encontrarme con su rostro.

-¿A dónde vas, princesa?- preguntó uno de los Σs’καs detrás de mí.- tenemos que continuar.

Me volví lentamente y lo miré de pies a cabeza. Σs’κα me sonrió con complicidad y extendió su mano.

-¿Vamos?

Dudé. Quizás porque al encontrarme con sus ojos no sentí aquella magia.

Di un paso hacia atrás, topando con la espalda del otro Σs’κα.

Sentí cómo se volvía y me tomaba entre sus brazos.

Grité, al tiempo que todos los demás desaparecían, volviendo repentinamente a la oscuridad y el silencio.

Respiré con dificultad y cerré los ojos.

-¿Eres tú, princesa?- me susurró al oído.

No pude más que asentir con la cabeza aliviada, intentando tranquilizarme de la conmoción.

Nos quedamos así por un momento.

-¿Eres tú, Σs’κα?- murmuré, rompiendo el silencio.

De repente sentía su aliento rozar mi rostro y su nariz casi tocando la mía. La respiración de ambos era agitada.

-Quizás esto te diga algo…- dijo con un hilo de voz, antes de juntar sus labios con los míos.

Fueron tan dulces y cariñosos aquellos labios, que no dudé de que había topado con el correcto. Nuestras respiraciones se combinaron, pero nuestros latidos se volvieron rítmicos, al tiempo que un escalofrío agradable recorría mi cuerpo entero. 

Cerré los ojos, disfrutando por un momento de aquella sensación.

Nos separamos lentamente.

Ya no podía distinguir si mi respiración estaba acelerada por la reciente conmoción del beso o por la energía que recorría mi cuerpo entero.

Pero mi mirada se ensombreció.

-¿Μεπ en serio murió?- le pregunté sintiendo un nudo en mi garganta al recordar su cuerpo inerte y sus ojos vacíos.

Σs’κα negó con la cabeza, quitando un terrible peso de mis hombros.

-Era el dios de los miedos- Escuché su risa en la oscuridad.

-¿Existe tal?- pregunté desconcertada.

-Por supuesto. Se alimenta de los miedos de la gente del agua y a veces para ello, tiene que causarlos él mismo. No temas, ya pasó. Y me alegro...- dijo besando mis labios una vez más.

Sentí nuevamente un pequeño mareo que me dejó aturdida.

-Maldita sea y soy hombre casado- maldijo entre risas.

Reí con él, al tiempo que me erguía con cuidado. Aquella risa era nerviosa, pero de alivio. Μεπ estaba bien y yo estaba con Σs’κα.

Cuando nuestras risas se calmaron, entrelazamos nuestras manos y salimos corriendo a pesar de la oscuridad. Cerré los ojos y me dejé llevar por el instinto. Pude ver distintos caminos, hasta que optamos por uno a nuestra izquierda. Corrimos por los pasillos desiertos, pero aún así con la impresión de ser observados. Pronto la luz fue iluminando tenuemente los corredores interminables. Ambos andábamos con la incertidumbre de lo siguiente que pudiera llegar.

Y el peligro reapareció cuando topamos con un lago de aguas tranquilas. Σs’κα me hizo parar de improvisto cuando mi pie estuvo a punto de tocar el agua.

-No te dejes engañar…- musitó al tiempo que una pequeña piedra en el suelo caía al agua.

Para mi gran desconcierto, apareció uno de aquellos monstruos marinos y con sus tentáculos eléctricos, provocó que la piedra se desintegrara antes siquiera de que pudiera parpadear. Era un monstruo largo, en realidad, como una serpiente, pero lleno de tentáculos que despedían descargas casi imperceptibles. Y para mejorar la cosa, apareció su pareja, el doble de grande y amenazante ¡Era un suicidio lanzarse! Pero antes de que pudiéramos buscar una solución a nuestros problemas, emergieron escalones de piedra, que flotaron en la superficie. 

-No nos atacarán mientras no toquemos el agua- aseguró Σs’κα.

Intercambiamos una significativa mirada antes de soltarnos y entrar en acción. Tomé vuelo antes de saltar hacia delante y dar una voltereta para caer en la primer piedra. Cuando mis pies rozaron la piedra di directamente el segundo salto, sólo que esta vez con el cuerpo completamente extendido. Caí en la segunda piedra y continué con la tercera. Fue así hasta que pude divisar a lo lejos una pequeña isla. Mis ansias por llegar a tierra firme se volvieron impetuosas y no pude más que continuar saltando de piedra en piedra, intentando por todos los medios no tocar el agua. Escuchar los pasos de Σs’κα detrás de mí, me infundían cierta tranquilidad, pero no faltaba la incertidumbre de que pudiera dar un paso en falso.

El alivio recorrió mi cuerpo entero cuando mis pies tocaron la fría piedra de la isla. Me volví hacia atrás y esperé a Σs’κα sin perderlo de vista.

¿Ya podía tener la certeza de que habíamos pasado esta prueba?

Pero justo en el instante que aquellos pensamientos cruzaron por mi cabeza, la piedra en la que cayó Σs’κα se partió por la mitad.

-¡Σs’κα!- grité con los nervios a flor de punta.

Alcanzó a tomarse de una de las piedras antes de hundirse por completo, pero una gigantesca mancha en el agua empezaba a acercarse a su paradero.

Sin pensarlo dos veces, saqué arco y flecha, y tensando el arco rápidamente, intenté apuntarle a la bestia, pero se movía tan rápido que me era casi imposible. Σs’κα no tuvo más remedio que sumergirse en el agua y nadar hacia la siguiente piedra, pero la serpiente parecía mucho más rápida que él.
Intenté acompasar mi respiración al tiempo que cerraba los ojos y me dejaba llevar por el instinto. Veía tres figuras moverse en el agua. Me preparé para el tiro, esperando a que la bestia extendiera su tentáculo hacia Σs’κα. Fueron sólo unos instantes en el que la flecha salió disparada y le dio a la serpiente marina, que provocó un temblor antes de volverse polvo. 

Intenté mantener el equilibrio al tiempo que sacaba una flecha más y tensaba nuevamente el arco.

La siguiente figura empezó a acercarse con una rapidez inhumana hacia Σs’κα que al fin había logrado subirse a la piedra. Maldije para mis adentros ¡Su figura me estorbaba! El primer ataque fue bajo el agua, la serpiente golpeó con fuerza la piedra intentando romperla. Eran golpes que parecían precisos, calculados. Pero Σs’κα alcanzó a saltar a la siguiente piedra antes de que la primera se hundiera.

Esta vez su táctica no sirvió de nada. La piedra sobre la que estaba se partió por la mitad y sin tener oportunidad de impulsarse, se sumergió bajo el agua con una ligereza desconcertante mientras el monstruo marino se preparaba para su siguiente arremetida.

Tensé nuevamente el arco, pero la serpiente fue más rápida que mis movimientos y antes de que pudiera soltar la flecha, los miembros de Σs’κα se estremecieron violentamente. Parecía como si su cuerpo se convulsionara.

Entendí que debía reaccionar más rápido. Y como eco de mis pensamientos, la serpiente salió furibunda del agua, irguiéndose orgullosa de su altura. Dirigí una rápida mirada hacia Σs’κα, observando cómo jadeaba.

Tensé el arco, respirando hondo.

La flecha salió disparada antes de que siquiera pudiera pensar en la acción, dando de llano en su garganta… claro si es que a eso se le podía llamar garganta.

Un rugido estremecedero desgarró la aparente tranquilidad del ambiente.

Σs’κα se encendió en llamas, cuando salió disparado hacia arriba, convirtiéndose por un instante en la copia perfecta de la serpiente marina. Y como arremetiendo en una batalla, ambas serpientes se encararon por un momento antes de que la de fuego golpeara la cabeza de su contrincante y lanzara justamente a mi lado, provocando que el suelo a mis pies temblara.

Retrocedí asustada, dando un respingo cuando Σs’κα cayó justo frente a mí. La única diferencia fue que el suelo ya no tembló, sino su cuerpo, mientras que en el agua se segregaban una serie de olas, gracias al impacto del gigantesco monstruo marino.

Me arrodillé a su lado, recuperándome de la conmoción y enfundando mi arco.

Acaricié suavemente su mejilla intentando hacerme a la idea de que el peligro había terminado temporalmente. El problema era que aún había algo dentro de mí que no me permitía sentirme aliviada.

Σs’κα sonrió con despreocupación, presionando su mano sobre la mía.

-Debemos continuar…- murmuró incorporándose lentamente.

Al erguirse en todo su esplendor su sonrisa se ensanchó, a pesar de estar lastimado y  débil.

Tuve que levantar la mirada, porque finalmente seguía llevándome más de una cabeza.

Frunció el ceño al notar mi expresión cargada de preocupación.

-Sus descargas no pueden afectarme, porque ambos nacimos del mismo calor- explicó.

Me volví con cautela hacia la cabeza inerte de la bestia. Sus ojos saltones me miraban con furia como si aún tuvieran vida, sin augurar nada bueno.
Me estremecí incapaz de creer que ambas creaturas hubieran nacido del mismo calor. Σs’κα era muchísimo mejor que aquella cosa.

Pero entonces reparé en las crecientes olas y no pude experimentar alivio por sus palabras.

-Debemos continuar…- insistió al tiempo que entrelazaba nuestros dedos y me arrastraba lejos del nuevo peligro que se avecinaba. 

¡El dios del agua, para mi mala suerte, no parecía estar de nuestro lado esta vez!

domingo, 27 de enero de 2013

El juego de los dioses


¡Perdón que me haya ausentado por tanto tiempo! Pero la escuela me trae como loca y además, como paso a prepa, las inscripciones y los exámenes de admisión también... sé que había dicho lo del maratón, pero al paso que voy, creo que a duras penas voy a poder publicar capítulos entre semana, entonces lo más probable es que todo el mes de febrero publique muy poco. 

Aún así, gracias por seguir leyendo la historia y les pido que por favor me tengan paciencia. 






Allí fue cuando abrí los ojos y pude ver cómo se abrió paso un destello proveniente del cielo. La luz cayó al suelo y se fue convirtiendo en una silueta plateada que de un momento a otro podía verse la figura humana de curvas suaves y cabellos largos.

Quedé maravillada ¡La diosa Diana! Y corriendo detrás de ella, llegó Mina, que parecía hecha de estrellas. De cuerpo invisible pero manchas brillantes y ojos azules como el cielo y como los de su hermano.

Sentí alivio por un momento.

La luz plateada que emanaba la diosa Diana se convirtió en un rayo que corrió a mi auxilio, entrando a mi cuerpo.

De la frente de Mina salió tanta energía como la de su madre y chocó contra mi cuerpo. Y de un momento a otro fueron materializándose nuevas siluetas que parecían tierra, viento, luz, nieve, animales… Eran tantas las siluetas que empezaban a llenarme de su energía. Era como si dentro de mí se librara una pelea tan fuerte que hasta empecé a perder el conocimiento.

Por un lado sentía dolor, pero por el otro alivio.

-¿Qué quieren de mí?- pregunté.

Pero las palabras no salieron de mis labios, sino que quedaron encerradas en mi mente.

-Tu sangre- dijeron algunos.

-Tu salvación- dijeron otros.

Y lentamente la pregunta de aquel viaje, la pregunta que sellaba mi destino se fue respondiendo.

-¿Por qué quieren mi sangre?

-Eres hija de una madre, pero huérfana de padre, eres de sangre inmortal. Tu poder es tan fuerte como el de tu madre, la creadora. Que dio inicio a la vida de agua y a la vida en el cielo y separó ambas razas para que la una comprendiera el ciclo natural y la otra lo protegiera. Y el padre, que ejerce las decisiones inflexibles, pero justas, que creó junto a la madre, no te tiene bajo su custodia por mañas de la madre, que creó en su ceno sin consultar al padre, para empezar con una nueva raza y energía que pueda sucederla cuando llegué su ciclo final.- decían todas las voces monótonas al unísono.

Veía imágenes cruzar mi mente, recuerdos ajenos. Tierra que se convertía en montañas y montañas que creaban nubes que escondían recelosamente el cielo de la gente del agua, que construía desde pequeñas casas hasta gigantescos templos, mientras que los animales a su alrededor cumplían el ciclo de la vida. Era tiempo interminable, imágenes nítidas y recuerdos inexistentes, que empezaban a hacer mella en mí.

-Σραπαδε ¿Es mi madre?- musité.

-Eres parte de ella- contestaron todas las voces al unísono.

¿Era posible que la naturaleza fuera mi madre? ¿Era posible que el destino no fuera mi padre como el de todos los demás?

-Quien tenga tu sangre será tan poderoso como la madre Tierra y será sucesor de tu madre a su debido tiempo- concluyeron las voces dentro de mi cabeza.

Un escalofrío cruzó mi cuerpo entero. Aquello explicaba el sacrificio. Moriría.

Pero no tuve miedo.

-Es ella…- susurraban entonces unas voces.

-La tenemos…- decían otras.

Era un caos total el que sucedía en mi mente. Sentía que explotaría ¡Ni mis propios pensamientos podían distinguirse ya de tanto caos! Y mi cuerpo… mi cuerpo estaba adormilado. No sentía nada en absoluto a pesar de que la energía de todos los dioses siguiera centrada en mí. Pero no había miedo ni desesperación que me invadieran. Me sentía poderosa, cargada de energía.

Entonces aparecí en una habitación gigantesca, de columnas plateadas y ventanales por los que entraba una luz dorada y cegadora. El lugar era de techos tan altos, que daba la sensación de que era infinito. A mí alrededor se empezaron a materializar todos y cada uno de los dioses, mirándome expectantes.

-Que empiece el juego…- se escuchó una voz que me caló hasta los huesos.

Y al instante desaparecieron todos.

-¿Qué sucede?- grité desconcertada.

No entendía nada. Pero a los pocos instantes aparecieron unas gradas a mí alrededor, en las que se sentaba cada uno de los dioses. Fôgôς, el dios del fuego, Diana, la diosa de la luna y la fertilidad, Μαητια, la diosa del agua, Βεrκας, el protector de los animales, Ερrε, el dios del oráculo y de las estrellas, Ġεηι, la diosa mensajera y del aire… y una infinidad de dioses y diosas más. Quedé anonadad ¡Era increíble! ¡Estaba frente a ellos! Aunque todavía estaba con la incertidumbre de lo que pudiera ocurrir. Diana levantó una mano y me sonrió con un cariño maternal que me infundió confianza.

-Tienes derecho a elegir a alguien que te acompañe durante el juego.- dijo sin que sus labios se movieran un ápice.

¡Obviamente la elegiría a ella! Era mi diosa protectora, la que guiaba a mi pueblo. Le debía tal respeto… pero dudé al percatarme de dos siluetas a lo lejos, que me miraban fijamente.

Mina y…

Σs’κα.

Escruté con la mirada a todos los dioses, que esperaban pacientemente mi decisión.

Me reverencié ante ellos.

-Me gustaría elegir al muchacho que me protegió desde el comienzo de esta travesía.- sentencié.

Fôgôς soltó una carcajada estridente.

-Sus deseos son órdenes…- dijo fríamente al tiempo que las gradas se iban desvaneciendo lentamente con todo y dioses.

Entonces sentí una presencia a mi lado. Me volví lentamente y me encontré con sus ojos. Él me miraba con sincera preocupación en el rostro.

Empezó a darme la sensación de que la luz en la habitación iba desapareciendo lentamente, hasta que fue tenue. A penas permitiéndome ver mis pies.

Mi arco y una aljaba con flechas doradas apareció sobre mis manos. Mis nervios se pusieron de punta. No entendía a qué se referían con  el “juego”.

Le sostuve la mirada, buscando una respuesta en sus ojos, pero lo único que encontré fue preocupación.

Σs’κα bajó la mirada y tomó mi mano libre, entrelazando nuestros dedos. Nunca hubiera esperado que su tacto me infundiera semejante seguridad. Un escalofrío cruzó mi cuerpo entero.

Me encaró sonriendo con su característica burla, aunque me dio la sensación de que la felicidad no le llegaba a los ojos.

-Te protegeré con mi vida, princesa- aseguró con voz monótona, reverenciándose.

Supe entonces cuál era su miedo. Aquel juego significaba mi fin.

-Lo vamos a lograr, Σs’κα- intenté tranquilizarlo justo en el instante que unas paredes de piedra negra empezaban a emerger del suelo, creciendo tan altas que nos nublaron la vista más de lo que ya la teníamos.

Σs’κα me jaló de la mano, empezando a correr.

-Debes fijarte en todo lo que viene, princesa. Siempre habrá un peligro en este juego. Y debes saber distinguir quién está de tu lado y quién no.- me instruyó Σs’κα al tiempo que doblábamos la esquina.

Mis sentidos se pusieron completamente alerta. A cualquier sonido, cualquier cosa que mis ojos vieran o que mi cuerpo sintiera, me aseguraba de que no fuera nada que pudiera lastimarnos.

Metí mi arco en la aljaba y me la colgué cruzada al hombro. Pude ver que Σs’κα traía sus dos espadas enfundadas al hombro. 

Entonces llegó nuestro primer peligro.

-Cuídate de las flechas que uses, princesa.- dijo Σs’κα, parando en seco.

Ambos miramos a los seres de cenizas que se acercaban hacia nosotros.

-¿Por qué?- pregunté.

-Porque si se acaban tendremos que buscar más cuando estés indefensa y eso no nos ayudará en nada- contestó rápidamente al tiempo que desenfundaba sus espadas.

Lo imité, desenfundando mi arco y sacando una flecha. Σs’κα fue el primero en entrar en acción. Le dio de llano en el estómago ~Si es que a eso se le podía llamar estómago~ A uno de los seres, que se retorció y se desvaneció. Entonces arremetió contra otro, que pareció más astuto y se adhirió a la espada como una funda. Σs’κα arremetió con su segunda espada y liberó la primera, listo para atacar al tercer ser, a pesar de que daba la impresión de que eran muchos más.

Quise atacar pero en aquel instante, algo se adhirió a mi pie y me tiró al suelo, arrastrándome lejos de donde estaba Σs’κα. Miré hacia atrás y me encontré con una planta gigantesca con fauces enormes que amenazaba con comerme. Sus raíces eran tan grandes, que a duras penas se abría paso entre las estrechas paredes que la rodeaban.

Rápidamente me dispuse a disparar con el arco cuando escuché el grito de Σs’κα.

-¡No dispares!

Intenté soltarme pero en vano, las raíces me tenían tan fuertemente amarrada. Era tal la presión, que mis piernas empezaron a adormecerse. Me tenían inmovilizada hasta la cadera, por lo que opté por romper la raíz con la punta de mi arco. Y tomando fuerzas, encajé la punta en ésta, que era incluso más gruesa que mi cadera. La planta soltó un alarido feroz y ejerció un poco más de presión.

Gemí de dolor.

-¡¿Entonces qué hago?!- chillé.

-¡Dispara en la boca!- gritó Σs’κα de vuelta.

¡¿En la boca?! Las fauces se abrieron amenazantes. La raíz cada vez se acercaba más, por lo que podía captar con detalle los dientes y la saliva de la planta. Me entraron las náuseas, pero supe que no tenía de otra si quería salvar mi vida. Saqué una flecha y tensé el arco, apuntando allí donde se veía el corazón palpitante, que parecía dos veces más grande que mi cabeza. La planta rugió, salpicándome de su saliva y nublándome la vista. Maldije para mis adentros y echándole a la suerte, solté la flecha.

La raíz me soltó y caí en su boca, pero antes siquiera de poder ser tragada, la planta soltó un alarido que casi me deja sorda y se volvió en una sombra negra que se desvaneció a los pocos instantes. Cubrí mi rostro y cerré los ojos. Aquel rugido todavía resonaba en mi mente.

Pero el silencio todavía era perturbado por las acometidas de Σs’κα con la espada. Me incorporé con piernas temblorosas y me percaté de que él aún necesitaba ayuda. Corrí en su auxilio.

Él no me dedicó ni una sola mirada, pero lanzó su espada y la caché por el mango. Sonreí inconscientemente, recordando aquella vez que me había lanzado el cuchillo ¡Pero qué puntería tenía!

Entonces arremetí contra uno de los seres de cenizas, que se desvaneció con el toque de la espada y continué con el siguiente, dándole esta vez un poco más abajo del estómago. Pero los seres seguían reproduciéndose y reproduciéndose, convirtiéndose en miles. Parecía que sería una pelea interminable, pero ninguno de los dos paró de arremeter. Y cuando a uno le atrapaban la espada, el otro ya estaba listo para ayudar. El problema fue cuando ya nos tenían rodeados y con las dos espadas inservibles. Σs’κα y yo terminamos espalda con espalda.

Mi respiración era agitada. Tragué saliva.

-¿No puedes usar fuego o algo así?- le pregunté con dificultad.

Él negó con la cabeza.

-Haría más cenizas de las que ya hay- contestó entre dientes.

La ceniza empezó a rodear mi brazo, hasta llegar a mi hombro. No pude evitar alarmarme.

-Σs’κα…- musité sacudiendo mi brazo en vano.

Estaban tan cerca de nosotros, que ya nos era imposible movernos.

-Espera…- susurró sin perder la calma.

Fue allí cuando la luz llegó del techo y se llevó todas las cenizas, incluyendo las que estaban en mi brazo. Un instante cegador. Quedé confundida cuando la oscuridad volvió a reinar. A duras penas logrando acostumbrar mi vista. Pero Σs’κα no me dio tiempo de un respiro, sino que me tomó por el codo y corrió, llevándome a mí casi a rastras.

-Vamos, Καητσ, tenemos que salir de aquí.- me incitó.

Respiré hondo e intenté reunir las fuerzas necesarias para correr detrás de él.

De repente, la oscuridad fue completa y perdí el rastro de Σs’κα.

-¡Princesa!- escuché a lo lejos- ¡¿Dónde estás?!

-¡Σs’κα!- grité de vuelta, pero esta vez ya no recibí respuesta.

Me alarmé sobremanera, buscando insistente con la mirada a pesar de no ver nada.- ¡Σs’κα!

Solté un alarido cuando sentí una fría mano sobre mi hombro. Me volví bruscamente y me encontré con Sôrα. Ella me sonrió con una dulzura escalofriante.

-¿Sôrα?- dijo alguien un palmo más atrás que ella.

La luz empezaba a volverse suficiente para poder percibir que alguien se acercaba.

-Σs’κα, vine por ti.- contestó Sôrα, dándome la espalda.- ¿Vendrás conmigo?

Entonces lo pude ver. Él le sonrió con cariño y extendió su mano.

-¡Cuánto me alegra volverte a ver!- exclamó atrayéndola hacia él y tomándola por la cadera.

Sôrα sonrió conmovida.

-No quiero que estés en este peligro, vuelve a casa, Σs’κα- le suplicó con la voz quebrada.

Miré a Σs’κα con desconcierto.

Él le correspondió la sonrisa y acercó sus labios a los de ella.

-Por ti iría a cualquier lado- contestó Σs’κα con un amor infinito.

Se fundieron en un beso apasionado que me dio de llano en el corazón ¿Entonces todo había sido una gran mentira? Quise separarlos, quería que fuera yo quien estuviera entre sus brazos y no Sôrα, pero veía la pasión y el amor… y no fui capaz.

-Καητσ…- escuché una voz terriblemente familiar detrás de mí.

Me volví con rigidez.

Μεπ me sonrió con tristeza y extendió su mano. Pero antes de que pudiera corresponderle, un guerrero de la tribu enemiga apareció repentinamente detrás de él ¿Por qué los dioses traían a nuestros seres queridos? ¡¿Qué rayos hacía Μεπ aquí?!

-¡Μεπ!- grité con la voz cargada de miedo.

Mi grito fue en vano. El guerrero le encajó el cuchillo por la espalda.

Μεπ me miró con una expresión cargada de sufrimiento.

-Me dejaste…- musitó antes de caer inerte al suelo.

-¡No!- chillé con las lágrimas aflorando en mis ojos- ¡No!

Corrí hacia él y me hinqué a su lado, tomando su cabeza entre mis manos.

-No te dejé, Μεπ…- sollocé.

Pero sus ojos miraban sin vida hacia el techo infinito y sus labios permanecían entreabiertos.

-Te necesito…- musité colocando mi frente sobre la suya, fría.

Entonces dos manos se posaron sobre mis hombros. Me volví desconcertada. Mi padre y mi madre me miraron con decepción en el rostro.

-Nos fallaste- dijeron al unísono.- Ya no eres bienvenida a tu hogar.

Me percaté de los pueblerinos de Airgua, que nos observaban desde lejos. La mujer más vieja salió de entre ellos.

-Ya no tienes hogar- sentenció lanzándome una mirada de reproche.

“Les fallé, lo sé, les fallé… les fallé…” me repetía una y otra vez. Cerré los ojos y sollocé en silencio “Les fallé, los dejé a todos”.

-Entrégate- dijeron los tres con una sincronía escalofriante.

Yo sólo deseaba calmar mi dolor y si aquella era la única opción…

Me incorporé lentamente y abrí los ojos, encarándolos. Todos me miraban con frialdad. Y sintiéndome intimidad, di un segundo paso hacia delante.

-El hogar no tiene un espacio fijo, princesa, - dijo alguien detrás de mí- el hogar es donde tú sientas calidez y seguridad, como cuando estás frente a una hoguera. Caliente, pero cómoda.

Me volví con extremada lentitud, encontrándome con el comerciante de Airgua, el que nos había traicionado. Éste me sonrió con complicidad, ataviado como aquel día de la fiesta, mostrando sus tatuajes alrededor del cuerpo, con aquellas extrañas plumas en la cabeza ¿Por qué me sonreía? ¿No él estaba muerto? ¿No él nos había atacado a muerte para entregarme a los dioses?

¡Sentía que mi cabeza explotaría! ¡No sabía a quién escuchar! ¡Estaba perdida!
Miró hacia atrás y sonrió de oreja a oreja. Seguí su mirada y me encontré con Σs’κα dándonos la espalda.

De repente toda inseguridad desapareció de mí. Todo el dolor desapareció por un instante. A mis pies les costó moverse, pero pronto ya corría hacia él.

-¡Princesa!- escuché desde todos lados.

Miré a mí alrededor con cierto desconcierto, encontrándome con seis Σs’καs distintos. El encanto se rompió de golpe.

Tragué saliva ¿Sería alguno de ellos el verdadero?