viernes, 22 de abril de 2011

visita inesperada

jejejeje Aquí seguimos con el maratón, espero que les guste el capítulo ;) Ahora está más largo :D :D :D



No fui capaz de mediar palabra. Estaba embelesada. Solo Danny podía despertarme aquel sentimiento.

Besó mi frente con suavidad y se incorporó, saliendo de la habitación.
Di un suspiro y abrí la carta que tenía entre mis manos.

Querida Tami:
Lamento todo lo que ha ocurrido. Me enteré de que te peleaste con aquel amigo tuyo tan guapo. Pero también me enteré de que volvió Danny. Me imagino entonces que tomar decisiones ha sido muy difícil para ti. Si pudiera estar allí contigo para apoyarte... ahora sólo puedo pensar en que todo se solucionará. Muchas veces me han dicho que la energía positiva llega siempre a tiempo a pesar de la distancia. Aunque sí te digo, puedo apoyar pero no puedo ayudarte a tomar decisiones, lamentablemente eso sólo te corresponde a ti.
Entonces te digo, que también me enteré de tu desmayo y de tu desaparición "momentánea". Miranda me ha contado todo y la realidad es que estoy preocupada por ti. Ahora que escribo la carta sé que aún estás inconsciente, pero, si la estás leyendo, es porque ya has despertado. Eso es un alivio. No seré la persona que te pregunté qué fue lo que ocurrió en aquel edificio, tampoco seré la persona que te pregunte por qué decidiste entrar, seré la persona que te diga que eres importante y saberte a salvo me llena de una felicidad inmensa, pero... quiero advertirte que debes ser prudente. Siempre me lo dijo mi madre cuando aún vivía, piensa antes de actuar. Pero sé que no necesito decírtelo, tú tomarás la decisión correcta.
Pero para ya no darte más cuento y animarte el día, te contaré cómo nos va por acá. Me he decidido por estudiar arqueología. Me toca parte del imperio maya, he visitado sus pirámides un millar de veces, aprovechando que vivo aquí. He subido a ellas, he tocado sus rocas, su estructura y he sentido su historia. Cada roce me da la sensación de antigüedad, me hace preguntarme el origen. Por eso he descubierto mi vocación. Sé que es aún muy pronto, pero, fue de esas sensaciones de las que no dudas. Cuando vengas para acá te mostraré las montañas de caminos sinuosos y estrechos, llenas de niebla y frescura. Te mostraré Atitlán, es tan hermoso, los atardeceres, la selva llena de fauna. Mis padres comprarán una casa por allá, imagínate ¡Con todo y alberca! y luego, iremos a ver el volcán, también te tocaría ver la playa. La brisa salada y cálida. Más atardeceres hermosos. Guatemala es un paraíso.
Aún así sabes que los extraño a todos por allá. Dejé muchas cosas atrás, aunque recibí muchas nuevas. No se puede tener todo en la vida, ya ves.

Con mucho cariño y amor,
Sora, tu amiga de la infancia.

POSDATA: Pensamos visitarlos pronto ¡Ahora sí tenemos que vernos durante más tiempo, hagamos una pijamada!

El resto de la semana estuvo cargada de visitas. Vieron Amy y Alex, con su queridísima novia, llegaron Fabián y su padre. Aquel hombre soltero de carácter fuerte, que había perdido a su esposa hacía un año. Me trajeron flores y una tarjetita con un mensaje para que me mejorara. Mis padres fueron generosos y me dieron helado en exceso. Cierto que fue una semana tranquila, pero, en el fondo, deseaba alejarme lo más pronto de Danny, pero mientras más tiempo pasaba con él, más me costaba trabajo alejarme. Me acompañaba todas las tardes. Me contaba historias de Alemania, me contaba su itinerario, sobre sus amigos. Eran historias que me mataban de la risa y con un poco de leche y galletas. Miranda y Roger también me acompañaron largo rato. Roger se comportaba un tanto extraño. Me evitaba la mirada, como también el contacto físico. Un par de veces se despidió con la mano y se escabulló por la puerta mientras Miranda me abrazaba. Y luego Jack... ¡Ay, Jack! Cierto que nos reconciliamos. Parecía que se turnaba con Danny. Jack venía por la mañana, antes de entrar a clases. Pasábamos un agradable rato riendo al recordar el tiempo que pasábamos juntos antes. Pero él aún me amaba, lo podía ver en sus ojos, en sus gestos, cada vez que se acercaba peligrosamente a mí. Dirán que una semana es demasiado tiempo para recuperarse de un desmayo, pero aquel desmayo se había vuelto en gripa. Tenía fiebre alta y moverme me representaba un reto complicado. Me sentía tan débil, que a duras penas podía hablar, pero me tranquilizaban las historias que todos venían a contarme. Sólo me seguía perturbando la idea de que Mateus nos asechaba. Incluso llegué a pensar que eso era lo que me mantenía enferma y resguardada en casa. Durante las noches, me parecía ver sus ojos y una silueta envuelta en la oscuridad. Soñaba con que Mateus me clavaba un cuchillo en el corazón, yo veía a Danny en la lejanía. Gritaba que se alejara, pero él no me hacía caso. Me veía, inmóvil, con los ojos cristalinos. Sus labios temblaban, como si estuviera hablando, pero yo no escuchaba nada. Y entonces aparecía Janet detrás de él. Colocaba sus manos sobre los hombros de Danny y le susurraba algo al oído, observándome con malicia. Una niebla abrumadora nos envolvía, yo veía cómo Danny se alejaba lentamente sin darme la espalda, hasta desaparecer sin dejar rastro. Yo me desplomaba, escuchando la escalofriante risa de Mateus. Allí era cuando me despertaba agitada e incluso gritaba. Mis padres corrían a mi habitación, prendían la lámpara sobre mi mesita de noche y me consolaban con palabras tranquilizadoras, preguntándome por lo que soñaba, pero no podía dar ninguna respuesta. Sólo los alarmaría, por lo que optaba por guardar silencio.

-Te diré que hoy te vez muy cansada.- me dijo Jack riendo a carcajadas.

Lo empujé juguetona.

-Pues tú tampoco te vez muy despierto- contradije divertida.

Él sonrió de oreja a oreja.

Aquel día había llegado inusualmente tarde. Justamente a la hora de la comida.

-¿Te quedarás a comer?- le pregunté.

Su sonrisa se ensanchó, radiante.

-Si tú lo quieres así.- contestó.

Desvié la mirada, algo incómoda.

Entonces se escucharon voces provenientes del recibidor.

-¡Oh, no!- exclamó Jack repentinamente molesto- Creo que mejor me voy...

Lo tomé del brazo.

-No seas infantil.- repuse.

Dio un suspiro.

-¿Qué habrá de comer?- preguntó de mala gana.

Sonreí.

-No lo sé, en realidad.- contesté.

Las voces se volvieron más cercanas. Entonces alguien tocó la puerta.

-¡Pasen!- exclamé.

Mamá asomó la cabeza por la puerta.

-Tienes más visitas, cariño- me avisó con aire distraído.

-¿Visitas?- pregunté desconcertada.

- Sí, creo que es Danny y su pri...

-Su mejor amiga- aclaró una voz femenina.

-Claro- carraspeó mamá con cierta incomodidad- su mejor amiga.

Mi corazón se soltó desbocado ¡Janet!

Reencuentro

Bueno, aquí está el siguiente capítulo ;) Al rato publico el siguiente :D :D :D :D
Ahora nada más quiero agradecerle a Mely el premio jejejeje En serio que muuuuchísimas gracias :D :D :D :D Aún no lo pongo porque no sé qué pregunta hacer, pero pensaré en una ;)
Espero les guste el capítulo.



Abrí los ojos lentamente. La luz me cegó por un momento, por lo que tuve que parpadear varias veces para acostumbrarme.

Me percaté de que estaba recostada en una cama, y después de echar un vistazo a mí alrededor, supe que era mi cama. Estaba en casa.

Recordar todo lo que había sucedido me tomó varios minutos. Tenía recuerdos borrosos, quizás porque todo había estado muy oscuro. Entonces recordé la advertencia...

-¡Mateus!- exclamé alarmada.

Inconscientemente eché otro vistazo, ahora con más atención, como queriendo asegurarme de que él no estuviera aquí.

Suspiré con alivio al comprobar que allí estaba segura.

Escuché voces fuera de mi habitación.

-¿Qué te dijo?- preguntó fríamente alguien.

Aquella voz me era tan familiar a pesar de no haberla oído durante la última semana.

-No quiso decirme nada.- contestó una voz autoritaria que tampoco me era desconocida- Pero no podía ni podré obligarla a que me diga qué pasó, ésa será decisión suya.

Sonreí. Danny siempre tan comprensivo.

-Pero se desmayó. Creo que tengo todo derecho a saber en dónde estaba y qué le pasó- repuso Jack.

-No lo tienes porque ustedes ya no son nada...- dijo fríamente Danny- Tú la lastimaste y la única razón por la que aún no te he golpeado es porque ella aún te quiere a pesar de todo.

Hubo un largo silencio, hasta que Jack lo rompió con una carcajada histérica.

-Nada de eso hubiera pasado si tú nunca hubieras venido.

-Pues déjame decirte que el hubiera no existe, así que vete guardando tus comentarios, que, te lo digo por experiencia, no van a cambiar nada más que mi aversión hacia ti.- lo amenazó Danny.

Ya mi lo imaginaba, con su metro ochenta, inclinado hacia Jack, con una expresión fría y amenazadora y sus puños crispados. Pero sabía que Jack no se quedaría atrás. Él es un muchacho fuerte.

Tuve la sensación de que si no intervenía en aquel momento, aquello podría desencadenarse en una pelea más fuerte que la verbal.

Me incorporé con gran esfuerzo, tambaleándome hacia adelante, cuando sentí la fría madera del piso. Me sostuve de la cómoda donde guardaba algunos libros y cajas.

Respiré hondo, me erguí y caminé hacia la puerta. Giré la perilla y la abrí.

Danny y Jack se volvieron hacia el mismo tiempo.

-¡Any!- exclamaron al unísono.

Danny fue el primero en reaccionar, corriendo a abrazarme. Le devolví el abrazo algo abrumada, recordando que debía alejarme de él antes de que fuera demasiado tarde.

-¿Cómo estás?- preguntó escrutándome con la mirada.

Me sonrojé levemente.

-Algo mareada- admití.

Rió y presionó suavemente mis labios con los suyos.

-¿Y ahora?- preguntó con picardía.

La cabeza me daba más vueltas que antes.

-¡Danny!- me quejé débilmente, esbozando una sonrisa.

Me correspondió con una radiante.

Entonces me percaté de que ya no solo éramos tres en el pasillo, sino que cinco. Miranda y Roger me miraban con alivio.

Danny me soltó, dándome la libertad de saludar a los recién llegados. Abracé con ímpetu a Miranda. Ella correspondió torpemente el abrazo.

-¿Qué hacen aquí?- pregunté dirigiéndome también hacia Roger.

-Queríamos saber cómo estabas.- puntualizó Roger.

Miranda sacó una carta del bolsillo de su chamarra. Me la entregó.

-Te la manda Sora desde Guatemala- comentó guiñándome un ojo- supo que estabas mal y quiso darte un detalle para levantarte el ánimo.

La miré desconcertada.

-¿Pero cómo llegó tan rápido la carta?- quise saber.

Empecé a atar cabos. Me volví hacia Danny.

-¿Cuánto tiempo llevo dormida?- pregunté alarmada.

Jack carraspeó.

-Dos días- contestó por Danny.

Éste lo fulminó con la mirada.

-¡¿Dos días?!- repetí desconcertada.- ¡¿Pero cómo?!

Danny tomó mi mano.

-Creo que la conmoción de lo que pasó te ha dejado exhausta. Pero no tienes nada por qué preocuparte, es una forma de protegerse del cuerpo- aseguró transmitiéndome su serenidad.

Asentí lentamente.

-Hablas en sueños- comentó Jack.

Danny y yo nos volvimos hacia él. Danny fulminante y yo desconcertada.

-¿Hablé en sueños?- pregunté sin dar crédito.

-Sí- se limitó a contestar Danny.

Primero me sonrojé, pero luego me invadió la duda.

-¿Qué dije?

-Te toca explicarle- le dijo Jack a Danny con repentina frialdad.

Danny bufó, pero empezó:

-Dijiste varias veces mi nombre... y...- vaciló antes de continuar, mis mejillas estaban al rojo vivo- luego dijiste algo de Mateus. Colocaste la mano sobre tu vientre, bajo las costillas y dijiste algo que no entendí. Pero te veías inquieta, sudabas tanto, que tuvimos que quitarte varias cobijas, te removías como loca y a veces golpeabas al que se te acercara- Sonrió con cierto orgullo- pero debo admitir que cuando me acercaba, tu respiración se regularizaba...

Ahora sí que mis mejillas ardían.

Entonces sentí una mano colocarse sobre mi hombro. Me volví lentamente. Jack me escrutaba con la mirada.

-¿Mateus tiene algo que ver con todo esto?- me preguntó inquisitivo.

-No- contesté rápidamente.

Incluso Danny frunció el ceño.

-¿Qué pasó allí adentro?- insistió.

-No pasó nada- mentí.

Sonreí forzadamente.

-Quiero descansar un poco, me siento un poco mareada.

Y estaba vez no mentía.

Danny estrechó mi mano con fuerza y me llevó de vuelta a mi habitación.

Me senté sobre la cama, al lado de él.

Jack nos dedicó una mirada de profunda tristeza antes de cerrar la puerta tras de sí.

Lentamente encaré a Danny.

Él me estrechó entre sus brazos. Recargué mi cabeza en su duro pecho y sin poder evitarlo, sollocé en silencio.

-Tengo miedo- susurré.

-¿De qué tienes miedo?- preguntó Danny con voz suave y tranquilizadora.

No supe qué contestar.

Danny rió.

-Entiendo, aún no quieres decírmelo. Pero quiero que sepas, que mientras estés junto a mí, nunca pasará nada, te lo prometo.

Levanté la cabeza. Nuestras miradas se cruzaron.

Tomó mi mentón y limpió mis lágrimas con la otra mano.

-Te lo prometo- repitió.

jueves, 21 de abril de 2011

Rescate

Esta continuación está cortita jejejeje, pero debo confesar que hoy en la tarde fue mi primera cita con el chico del que estoy perdidamente enamorada :D :D :D :D :D :D Pero cumpliré mi promesa :D :D :D También debo confesar que aún debo regularizarme con los blogs de todas, me he atrasado tanto en las historias ;) pero no se preocupen :D :D :D Lo haré ahora que tengo tanto tiempo. Espero que les guste a pesar de que esté muy corto.


Perdí la noción del tiempo. Mis ojos se cerraron exhaustos. Con las puertas cerradas yo ya no tenía opción. Además, prefería quedarme aquí y morir lentamente a tener que encarar a mi querido Danny.

Abrí los ojos lentamente y saqué mi celular del bolsillo de la chamarra. Me percaté de que había llegado un mensaje. Razoné que no me había dado cuenta porque mi cuerpo temblaba tanto, que las vibraciones del celular me habían pasado desapercibidas.

Me coloqué el celular a la oreja, lista para escuchar el mensaje.

-Any, por favor, contéstame...- escuché un suspiro del otro lado de la línea- no era mi intención lastimarte, tú sabes que es a ti a quien amo. Janet es solo una compañera... y sé lo que pensabas... sí se me insinuó, pero nunca le hice caso, porque ningún día puedo sacarte de mi cabeza- Escuché su suave y perfecta risa- Siempre estás en todo lo que hago ¿Ésa no es prueba suficiente para que entiendas que separados, por lo menos yo no soy nada? Tenemos que hablar, Any, pero por favor, contéstame...

Sollocé en silencio, temerosa de atraer a Mateus nuevamente.

¿De dónde sacaría las fuerzas para alejar a Danny de mí? Si Mateus quería que él estuviera presente cuando muriera, entonces, debía alejarme, así no estaríamos juntos y el deseo de Mateus no se podría cumplir, así ninguno de los dos sufriríamos, estaríamos a salvo.

Decidí relajarme antes de llamarle por teléfono. Mis labios temblaban incontrolablemente.

Respiré hondo y me incorporé con esfuerzo, quizás porque mi cuerpo estaba entumecido gracias al miedo.

Limpié mis lágrimas con brusquedad y respiré hondo por segunda vez.

Fueron varios intentos de atinarle a la tecla correcta para marcar el tan conocido número, pues mis dedos, al igual que mis labios, no paraban de temblar.

Antes del segundo pitido, alguien tomó la llamada.

-¿Any?- preguntó una voz esperanzada.

-Danny...- afirmé algo cortante.

-¡Any! Por favor, dísculpame, yo no sabía que Janet vendría a casa...

-Lo sé- lo interrumpí- no te preocupes.

Danny calló, seguramente desconcertado por mi frialdad.

-¿Cómo puedo entrar al edificio?- preguntó finalmente.

Aquella pregunta me tomó por sorpresa ¡Danny sabía que yo estaba en el edificio de Mateus! Reí para mis adentros ¡Pero cómo no! ¡A Danny nunca se le pasaba nada!

-Lo siento, pero no sé dónde quedé...- me disculpé avergonzada.

La realidad era que correr por la oscuridad me había confundido y no sabía qué direcciones había tomado, no podría siquiera saberlo, aunque prendieran las luz.

Se escuchó un golpe del otro lado de la línea.

-¡¿Danny?!- pregunté alarmada.

Nadie contestó.

-¡Danny!- repetí desesperada.

-Lo siento, creo que al fin encontré una entrada.- se excusó notablemente feliz.

La puerta al fondo de la sala se abrió. Aquella puerta que había sido la esperanza de mi fuga, por la que entraba aquel az de luz.

La luz me cegó por un momento, pero, cuando mis ojos se acostumbraron, pude ver a Danny. El celular resbaló de mis manos, cayendo con estrépito al piso.

Danny caminó triunfante hasta mí. Su expresión era una combinación de alivio y preocupación.

Al llegar frente a mí, no pude evitar echarme a sus brazos y sollozar en silencio.

-¿Cómo estás?- me susurró al oído.

-Bien- mentí.

Danny no parecía muy convencido.

Escondí mi rostro en su regazo.

-¿Por qué entraste aquí?- me reprochó.

Me encogí de hombros.

-No lo sé, de repente me sentí atraída... me dio curiosidad, creo.- intenté explicar.

Me voz se había vuelto entrecortada por culpa de los sollozos.

Danny tomó mi rostro entre sus manos, obligándome a verlo directamente a los ojos. Él en realidad estaba preocupado por mí.

-¿Qué pasó?- preguntó inquisitivo, al percatarse del pequeño corte que me había hecho el cuchillo de Mateus.

-Sólo me tropecé...- volví a mentir.

Me sentía tan mal haciéndole esto, pero no tenía alternativa.

Parecía que iba a seguir interrogándome. Entreabrió los labios, pero al final los cerró y supe que no haría más preguntas al respecto.

-Será mejor que te lleve a casa y sepan que estás a salvo.- propuso.

Lo miré horrorizada.

-¡¿Lo saben mis papás?!

Danny rió suavemente.

-No fue mi idea. Creo que fue un error hablarle a Roger, pero pensé que irás con él, ya que es tu mejor amigo, pero por tomar venganza, le dijo a tus padres que te había descuidado y que no podía encontrarte.- rió nuevamente- Creo que terminé con la poca confianza que tenían sobre mí.

No pude evitar reír con él.

Nuevamente me invadió aquella pregunta ¿Cómo me alejaría de él?

Me escrutó con la mirada, podía ver en sus ojos el reflejo de los míos y supe que sabía que yo le escondía algo.

-¿Sabes? A veces para recordar necesitas ver.- murmuré.

Danny sonrió adivinando a dónde me dirigía.

-Entraste aquí porque quisiste recordar el baile en el que nos conocimos- continuó por mí.

Una sonrisa se dibujó en la comisura de mis labios. La retuve, empezaba el alejamiento.

Inesperadamente me tambaleé hacia atrás.

-¡Any!- exclamó Danny alarmado.

Me sostuvo de la cadera.

Sacudí la cabeza.

-No pasa nada, será mejor que salgamos de aquí.- pedí en un susurro.

Danny no vaciló en ningún momento.

Me cargó como a un bebé y caminó conmigo entre sus brazos al exterior del edificio.

Cerré los ojos, me sentía mareada.

-Any...- me habló Danny, su voz me pareció lejana- Sé que estuviste en peligro cuando estuviste adentro...

No pude protestar, mis párpados me pesaban tanto, que ni si quiera podía abrirlos. Al igual que mis labios, parecía que los habían pegado con Uhu. No podía siquiera moverlos.

Pronto perdí la noción de tiempo y lugar. Todo se volvió oscuro.

-Any...- había alcanzado a escuchar a lo lejos- resiste...


Desaparición y aparición

¡¡¡Lo siento!!! Ya sé que ahora sí me he tardado muuucho en publicar, pero, se nos cayó el Internet DOS largas semanas y desde entonces, no he podido publicar nada de nada... Ni si quiera pude avisarles que no publicaría en un largo tiempo ¡¡¡LO SIENTO, LO SIENTO, LO SIENTO, LO SIENTO, LO SIENTO!!! ¡¡¡En serio que qué pena!!!! Les recompensaré con un maratón ¿Les parece? humm... de acuerdo al tiempo que me tardé en publicar, tendría que reponerles mínimo seis capítulos... humm... Entonces, tendremos un maratón de tres días ;) Dos capítulos por día :D :D :D :D :D :D :D
Entonces, aquí le damos inicio al maratón... (Espero que les guste y Luz, muuuuuuuchísimas gracias por el premio, enseguida se va a la pared de premios :P jejejejeje Orgullosamente recibimos el segundo premio del blog :D :D :D :D)


Al llegar al parque, me di cuenta de que estaba desierto, no había ni un niño jugando. No se escuchaban sus acostumbradas risas o los regaños de sus madres, el parque estaba vacío... y lo que más me alarmó... ni si quiera rastro de mi Any. Caminé entre columpios, despotricando de rabia, reprochándome por haber sido tan tonto para dejar que Any se escapara de mis brazos. Despotricaba también contra Janet, que había arruinado nuestro momento, contra el abrazo que me dio. Ver el rostro de Any desfigurado por los celos, por un momento me hizo sentir satisfecho, porque aquello comprobaba que ella SÍ me amaba, pero luego me di cuenta de que no me gustaba verla celosa, porque sufría en demasía.

Intenté marcarle por teléfono una vez más, pero nadie contestó. Le dejé un mensaje.

-Any, por favor, contéstame...- suspiré- no era mi intención lastimarte, tú sabes que es a ti a quien amo. Janet es solo una compañera... y sé lo que pensabas... sí se me insinuó, pero nunca le hice caso, porque ningún día puedo sacarte de mi cabeza- Solté una risa- Siempre estás en todo lo que hago ¿Ésa no es prueba suficiente para que entiendas que separados, por lo menos yo no soy nada? Tenemos que hablar, Any, pero por favor, contéstame...

Me guardé el celular en el bolsillo.

En ese momento sentí otra fuerte punzada de dolor en el pecho. Me sostuve fuertemente de los columpios. Mi mandíbula se tensó. Any no contestaría, pero no porque no quisiera, sino porque había algo que se lo impedía.

Solté un gemido ahogado. El dolor era tan fuerte que empecé a temblar.

Y a pesar de mis esfuerzos, no fui capaz de parar el temblor, el cuerpo entero me dolía como si miles de agujas se hubieran insertado en él al mismo tiempo.

Respiré hondo, repitiendo una y otra vez "Debo encontrar a Any, debo encontrar a Any, debo encontrar a Any...". No me podía permitir la idea de perderla.

Lentamente fui recuperando mis fuerzas.

Cerré los ojos.

-Any...- susurré dolido.

Y como si hubiera escuchado mi llamado, abrí los ojos y allí estaba la hermosa mariposa azul, que un día nos había salvado de la muerte.

Sonreí de oreja a oreja.

La mariposa voló justo al lugar que menos hubiera esperado.

Tomé aire y caminé con cierta dificultad hacia el edificio de Mateus. Cada vez que me acercaba más, pude ir viendo cosas que en la lejanía no se veían. El letrero de "CLAUSURADO" roto y tirado en medio de la calle, los pedazos de madera, mostraban que alguien recientemente había abierto la puerta y yo sabía claramente de quién se había tratado.

La mariposa desapareció justo en la entrada, resaltando su color azul de aquellas puertas giratorias negras.

No dudé ni un segundo en entrar, pero al parecer, alguien había trabado la puerta. Maldije para mis adentros y me dispuse a empujar con fuerza, pero la puerta no cedía por más que lo intentaba.

Mis manos se crisparon en puños. Golpeé la puerta con rabia, a sabiendas de que aún así, no cedería nunca.

Miré a mí alrededor, buscando alguna otra opción, pero no había nada que me pudiera dar paso. El primer piso de aquel edificio no tenía ventanas, parecía que tampoco había otras puertas... aunque detrás del edificio... Quizás había una puerta trasera. Me aventuré, dispuesto a entrar a como diera lugar. Quizás había recuperado fuerzas, pero los temblores aún no cesaban y mucho menos el dolor. Any estaba en serio peligro y yo sin poder salvarla. Empecé a sentirme impotente.




Aquí nos vuelve a contar Any :D :D :D

La cicatriz de la bala que Mateus me disparó el año pasado, palpitaba con fuerza, como queriéndome recordar que estaba en peligro. Mi respiración era entrecortada.

Debía encontrar una salida.

Era el único pensamiento coherente que cruzaba por mi cabeza.

-Justo a tiempo, querida, te esperaba después, pero mira que el destino a querido que nos viéramos antes- escuché una voz monótona, proveniente de la penumbra.

Solté un grito ¡Mateus!

Mis latidos se volvieron más desbocados que antes. Ahora más que nada, debía encontrar una salida.

Corrí, a pesar de no poder ver nada.

-¡Oh! No te molestes, ya me encargué de cerrar todas las salidas. Tú y yo tenemos una cuenta pendiente- continuó Mateus.

Su voz cada vez se escuchaba más cerca, al mismo tiempo que mi miedo se acrecentaba.

-Tú estabas en la cárcel...- dije con un hilo de voz, casi inentendible.

Escuché sus carcajadas adelante de mí.

Mis sentidos se pusieron alerta, o bueno, los únicos que podía utilizar.

-Y tú estabas muerta, pero a veces creemos cosas que no son.- dijo con indiferencia.

Me lo imaginé encogiéndose de hombros, un fuerte escalofrío cruzó mi cuerpo entero, dejándome la piel de gallina.

-Escapaste...- aventuré.

Su risa escalofriante me caló hasta los huesos ¿De dónde me salía la voz? Ni yo lo sabía.

-Pues, en cierto modo sí. Mi sentencia era casi cadena perpetua, pero ya me conoces, yo no tengo ganas de pasar el resto de mi vida en una celda, así que le pagué al tribunal para que me sacaran antes de tiempo...- explicó con notable vanidad.

-Mucho antes de tiempo...- repuse.

¡A penas había pasado un año desde lo sucedido y supuestamente su sentencia era de 70 años! Quedé tan desconcertada, que mis piernas dejaron de buscar una salida. Estaba rígida como una piedra ¿Cómo la felicidad podía acabarse tan pronto?

-Pero, te diré, querida mía, que el año que estuve en la cárcel me sirvió para reflexionar que debía cobrar venganza de tu noviecito. Pensaba matarlo a él. Ya había elegido el momento exacto. Supe que se había ido a estudiar medicina a Alemania y supe que vendría una semana para acá. En realidad no sabía sus razones, pero, por el simple hecho de que viniera, me pareció suficiente. Lo planeé todo con tanto esmero, pero claro, entonces apareciste tú. El día que fueron a caminar, el día que pensaba poner en práctica mi plan, allí estabas tú, la chica que yo había matado. Al principio, debo confesar que me asusté, pero luego me di cuenta de que a él no le haría ningún daño la muerte... o bueno...- lo pensó por un momento- sí le haría daño, pero no tanto como la muerte de alguien cercano.

Mi corazón se encogió del terror.

Muchas veces todos decimos que no le tememos a la muerte, pero ahora yo no me puedo enorgullecer de haberlo pensado alguna vez, porque en aquel momento, la muerte me tenía helada. Recordar el amargo sentimiento de abandono. Las horas que se me hicieron una eternidad, corriendo en la oscuridad, sin esperanza, olvidando hasta lo que más amas. Ahora no tenía un Danny que me tuviera entre sus brazos mientras pasaba. Nadie sabía donde estaba, nadie podría salvarme esta vez.

Las lágrimas se desbordaron por mis mejillas.

Decidí voltear mis últimas cartas, esperando poder cambiar el juego.

-¿Cómo supiste que vendría aquí?- pregunté con una firmeza que flaqueaba.

Soltó una carcajada más escalofriante que las anteriores. Sentí su voz detrás de mí ¿Cómo podía moverse tan rápido? Me volví lentamente, sollozando en silencio.

-Por eso te digo que fue un encuentro inesperado, yo no esperaba que vinieras a mi nuevo hogar- contestó con sorna.

-¿Vives aquí?- dije, intentando que nuevamente dijera un monólogo que me diera tiempo de pensar.

-Me escondo de algunas personas... Mi pronto regreso puede recordarle a algunos amigos algunas cuentas que tengo pendientes. Prefiero mantenerlo en secreto, hasta recuperar todo mi dinero- explicó.

Ahora su voz se escuchaba muy lejana. Necesitaba más tiempo, pero mis armas se habían acabado. Ya no sabía qué más preguntar.

Sabía que mis posibilidades eran muy pocas, pero, moriría en el intento...

Saqué todas mis fuerzas y salí corriendo, a pesar de no ver nada. Extendí las manos por si topaba con la pared.

Supe que cruzaba pasillos, mis pasos resonaban en la oscuridad. Topaba con cajas, escritorios, libros, resbalé una vez con papeles, pero me incorporé rápidamente y seguí con mi fuga.

Un az de lus cruzaba la habitación por la que yo corría en aquel momento. Mis esperanzas renacieron. Faltaba poco para llegar a la puerta y parecía que ya había dejado a Mateus muy atrás.

Entonces un pesado cuerpo cayó sobre el mío, impidiéndome moverme. Escuché el filo de un cuchillo al ser desenvainado.

Mateus lo colocó sobre mi cuello, presionando suavemente.

-¿Crees que es tan fácil escapar?- me susurró al oído con notable rabia.

Grité en busca de auxilio.

Mateus cubrió mi boca con fiereza, lastimando mi mandíbula.

-No tienes por qué preocuparte en este momento. No pretendo matarte ahora, sólo advertirte que pronto lo haré ¿A poco no soy piadoso?- dijo con sorna- Tendrás tiempo para despedirte de todos y terminar con lo que tengas que terminar. Qué feliz me pone la idea de llenar de preocupación a tu querido novio cuando le digas que te mataré. Quiero que él esté presente cuando ocurra.

El peso que estaba a punto de asfixiarme, desapareció repentinamente. El aire se impregnó de soledad. Mateus ya no estaba.

Cerré los ojos y tragué saliva con dificultad. Había tomado una decisión. No le diría nada a Danny. Yo no quería alarmarlo. Al instante supe que también tendría que alejarlo de mí. Yo no quería que él sufriera. Porque tenía claro una cosa: Temía a la muerte, pero la prefería a la muerte de Danny.