viernes, 12 de agosto de 2011

Felicidad silenciosa

Me encantaron los comentarios :D :D :D :D :D Muchas gracias, en serioooo. Aquí les pongo el siguiente capítulo ;) Ahora con exactitud no les puedo decir cuántos capítulos quedan, porque todo esto está saliendo como está saliendo ;) :D :D :D Espero que les agrade tanto como a mí me a gustado escribir el capítulo, esta vez cuenta Any:




No supe qué hacer... estaba desconcertada, conmocionada por aquel extraño presentimiento que había acertado justo en el momento ¡Danny estaba tan cerca, que hasta podía tocarlo! No lo creía... llegué a preguntarme si era un sueño ¿Verdaderamente el hombre al que había amado con tanto fervor estaba frente a mí, mirándome fijamente con aquellos hermosos ojos verde esmeralda? ¿Debía abrazarlo? ¿Debía mirarlo hostilmente? ¿Decirle un sencillo "hola"?

-Bienvenido, hermano- dijo Fabián sacándome de aquel terrible aprieto.

-Hola, hermano- contestó Danny sin soltar mi mirada.

Me pregunté entonces qué pasaría por su mente.

-¿Pero qué pasa con ustedes?- nos reprochó Fabián colocándose entre ambos- ¿Que ya ni se saludan?

-Hola, Danny- fue todo lo que pude decir.

Mi conmoción era tal, que era incapaz de moverme. Finalmente había optado por un sencillo "hola".

-¡Qué sorpresa, Any!- exclamó Danny inexpresivo.

Asentí lentamente.

-¿Cómo vas con tus estudios?- pregunté con aparente desinterés.

-Bien- se limitó a contestar, pero algo en sus ojos me dijo que no era la verdad, entonces se volvió hacia Fabián, soltando finalmente mi mirada- ¿Cómo está papá?

La mirada de Fabián se posó automáticamente en la cama donde reposaba el señor Fontana. Danny de dos zancadas ya estaba junto a él... y por más que quisiera negarlo... ¡Me dolía no sentir su tacto! ¡Me había dolido no ver sus brazos rodearme suavemente y sus labios besar suavemente los míos! Me volví saliendo lentamente de mi rigidez. Danny se hincó junto a la cama de su padre, tomando su mano. Cerró los ojos. Sus labios se movían lentamente, como si estuviera susurrando. Pero al estar al otro lado de la habitación, no podía entender lo que decía.

Entonces Fabián se inclinó hacia mí.

-Tienes que decirle la verdad, Any.- me susurró.

Asentí lentamente con un nudo en la garganta.

-Lo haré- mentí.

Muy en el fondo sabía que no lo haría... muy en el fondo no quería romperle el corazón a Jack ni alarmar a Danny.

-No sé cuándo vengan por mí, Fabián- sollocé- pero disfrutaré lo que me queda- aseguré.

Fabián se volvió hacia mí.

-¡Ni lo pienses, Any! Si no hablas tú con él, seré yo quien hable ¡Es más! Hablaré con la policía para que busquen a ese loco.- me reprochó en susurros.

Lo miré con súplica.

-¡Si lo haces así, las cosas empeorarán! Déjamelo a mí ¿Sí?- le pedí con ojos suplicantes.

Y justo en ese instante sonó mi celular. Lo saqué de mi bolsillo y observé la pantalla. Era un mensaje nuevo de un número desconocido. Mis manos empezaron a temblar, lo abrí con extremada lentitud:

Es bueno que persuadas a tu amigo, amorcito, de otra forma, si nos delata con la policía, morirá ¿Entendido? Con este mensaje descubrirás que te tengo vigilada, pero, no soy un hombre tan cruel, créeme, querida. Soy bondadoso y por lo tanto, te diré cuánto tiempo te queda para que puedas despedirte de todos. Disfruta tu última semana de vida. Aquí te va una nueva regla, si le dices a alguien más, te quedará un día menos... a menos, amor, que se lo digas a Danny.

Hazme un favor y borra el mensaje,
Mateus.

Tragué saliva mientras borraba el mensaje y metía el celular de vuelta en mi bolsillo. Normalmente hubiera tomado unos minutos que me tranquilizara, pero al ver a Danny, tan perfecto como siempre, portando ese saco que tanto me encantaba, la seguridad de su presencia reaccionó como un fuerte calmante. Veía en sus ojos el dolor por su padre, veía su mano entrelazada con la de él y supe que, estando Danny allí las cosas se mejorarían... a pesar de que la decisión que había tomado después del encuentro con Mateus era no decirle nada a Danny. Había pensado que separarme de él, era la mejor... pero no importaba cuánto me alejara, Mateus aún así tomaría venganza de él. Lo único que me quedaba, era... ¡Qué locura! Disfrutar la última semana de vida que me quedaba. Nuevamente convine que no le diría nada. Así él disfrutaría la última semana ¡Es más! Le daría la mejor semana de su vida.

En ese instante el señor Fontana abrió lentamente sus ojos, sonriendo al ver a su hijo menor.

-Padre...- susurró Danny con una sonrisa de alivio y felicidad.

El señor Fontana le devolvió una sonrisa radiante.

-Hijo, me alegra verte de nuevo.- dijo su padre riendo con tanta felicidad que se contagiaba.

Su voz se volvió temblorosa.

-Era lo menos que podía hacer- contestó Danny, abrazándolo con fuerza.

Aquel abrazo duró largos minutos. Las lágrimas se desbordaron por mis mejillas. Mi corazón estaba conmovido. Padre e hijo juntos. Lentamente se fueron separando.

-¡Vengan!- pidió un hombre diferente al que habíamos visto ayer.

Reí, caminando junto a Fabián hasta ellos. Nos fundimos en un abrazo que pareció renovar las esperanzas de todos. Si podía tener algo de consuelo, era que Danny estaba rodeado de personas maravillosas, yo estaba rodeada de personas maravillosas. Todo lo que había vivido, no podía pedir más.

Y por una vez más, la mirada de Danny atrapó la mía. Me perdí en aquella mirada penetrante. Pude ver aquella vieja conexión entre los dos, aquella conexión irrompible.

Y al separarnos el señor Fontana sonrió cálidamente, mientras ambos mirábamos simultáneamente hacia otro lado.

-¿Por qué no recuperamos los viejos tiempos, muchachos?- sugirió Tobías.

Reímos a carcajadas.

-Necesitaríamos estar en la cocina del departamento- comentó Fabián recuperando un vestigio de felicidad en el rostro.

Su padre lo miró con inquisición.

-¿Qué has hecho toda tu vida, Fabián? ¿No te enseñé bien? No importa dónde sea, sino con quién estés.- lo reprochó su padre.

Nuestras risas se intensificaron.

-¡Ya pareces viejo, hombre!- se quejó Fabián, dándole un cariñoso golpe en la espalda.

Su padre lo miró con fingida seriedad.

-No es lo mismo tener muchos años de experiencia a ser viejo- lo corrigió, entonces se dirigió a Danny- ¿Cómo vas con tus estudios?

Y recibió la misma respuesta que yo: "Bien". Su padre no pareció muy convencido de aquella respuesta, pero no insistió más.

-¿Y Janet?- preguntó Fabián con cierto sarcasmo en la voz.

Danny no se inmutó. Pero inconscientemente mi concentración se posó únicamente en Danny, esperando una respuesta.

-No sé cómo vaya la cosa- contestó con cierto pesar.

-¡Pero si tú eres el que la ve todos los días, deberías saber!

-Ciertamente... es sólo que estoy un poco confundido- confesó Danny.

Mi corazón se aceleró al escuchar aquellas palabras, despertando una pequeña llamarada de esperanza. Debía hacer mi itinerario... quizás debía despedirme de mis padres al último... Rápidamente deseché aquellos pensamientos de mi cabeza, no quería que aquella idea me atormentara el resto de la semana ¡Debía disfrutarla como la última porque sí lo era!

El señor Fontana rió con cierta satisfacción.

-¿Por qué me miran así?- preguntó Danny confundido.

Las miradas de Fabián y el señor Fontana pasaban de Danny a mí simultáneamente.

-Any... ¿No tenías algo que hablar con Danny?- insinuó Fabián, mirándome con insistencia.

Le lancé una mirada suplicante.

-No ahora...- murmuré.

Fabián me reprochó con la mirada.

Suspiré.

-Me alegra mucho que ya estén juntos- me despedí- será mejor que me vaya...

Las miradas de los tres hombres se posaron fijamente en mí.

-¡Pero si acaba de llegar Danny!- exclamó el señor Fontana con la voz temblorosa.

Respiré hondo, pensando en una excusa convincente.

-Mis amigos acaban de tener una pelea y debo ir...- dije lentamente.

-¡Eso es problema de tus amigos, Any!- contradijo Fabián.

Negué con la cabeza.

-No, también es problema mío y tengo que arreglarlo, además de que llevo ya un día sin volver a casa y mis padres deben querer tener noticias de mí- dije.

El señor Fontana asintió.

-Tienes razón...- hizo una pausa-... pero... volverás ¿Verdad?

Mi error fue mirarlo a los ojos. En ellos descubría la súplica y la tristeza por mi ida. No tuve más remedio que decir que sí.

-Por supuesto- contesté finalmente incorporándome con pasmosa lentitud.

Le di un beso de despedida al señor Fontana, que me abrazó con fuerza.

-Gracias, en serio te agradezco tu compañía- dijo soltándome.

-No hay de qué...- dije sonriendo.

Entonces le di un beso de despedida a Fabián, que igualmente me abrazó.

-No sé qué hubiéramos hecho sin ti.- me agradeció.

Reí suavemente, con las lágrimas derramándose lentamente.

-Y yo sin ustedes, mucha suerte. Cuídense- dije al soltarlo.

Y ahora... a despedirse de la persona más complicada pero perfecta del mundo. Dudé por un momento antes de abrazarlo con ímpetu. Me adherí a él como un monito en apuros. Él me devolvió el abrazo con un cariño inesperado. Nuevamente tenía su olor tan cerca de mí, el calor que emanaba se pasaba a mi cuerpo. Nunca olvidaría aquel momento. "Desde aquí empieza la cuenta regresiva" pensé, antes de soltarlo y salir de la habitación.


jueves, 11 de agosto de 2011

A tiempo para el reencuentro

Bueno, aquí está el siguiente capítulooo :D :D :D :D ;) Les explico rápidamente porque va a estar un poco confuso, ya que cuentan Any y Danny al mismo tiempo.
  • DANNY --> Letra: Lucida Grande --> color: negro

  • ANY --> Letra: Arial --> color: morado clarito
Ambos cuentan al mismo tiempo, entonces para distinguirlos, cambian de letra y de color. Cuando haya combinación de colores, es porque ambos lo hacen o lo piensan jajajaja es que esta semana me he puesto un poco curiosa jajajaja Y me gusta investigar de todooo, entonces quiero ver cómo funciona esto de la combinación de puntos de vista ;) :D :D :D :D Ya ustedes me dirán. Espero les guste y se diviertan:




-Bienvenido al Distrito Federal- dijo el policía sellando mi pasaporte.

Sonreí al asentir.

-Gracias- musité dando mi lugar al siguiente en la fila.

Con la maleta, crucé la gigantesca sala. Mi respiración era entrecortada, empezaba a preguntarme cómo estaría la situación.



-¿Bueno?- contesté con la voz temblorosa.

-Amor, sólo hablaba para saber cómo iba todo- dijo Jack del otro lado de la línea.

Sonreí involuntariamente.

-Gracias, qué lindo detalle- contesté conmovida.

-¿Y? ¿Cómo van las cosas?- preguntó con curiosidad.

Mi sonrisa se desvaneció lentamente.

-Nada bien...- musité.



Mi saco negro ondeaba al caminar, como si fuera una capa.

Sonreí.

Era lo que más me gustaba de aquel saco.

Sentía algunas miradas posadas sobre mí. A cada paso que daba, la puerta de salida parecía más cerca.



-¡Cuánto lo siento!- exclamó Jack con verdadera preocupación.- ¿Necesitan algo? ¿Quieres que te acompañe?

Lo pensé por un momento.

-No, muchas gracias.- entonces recordé algo- ¿Sabes algo de Roger?

-¡Oh!- dijo con nerviosismo.- hablando de eso...



Al salir, busqué un taxi con la mirada. La ciudad era en realidad transitada, pero aquellos taxis de color vino con un poco de dorado y con el ángel de la independencia eran inconfundibles.

Entonces se paró frente a mí uno de los taxis, abrí la cajuela y metí mi maleta. Ya después de cerrrarla, abrí la puerta y entré al taxi.

-¿A dónde?- preguntó cansinamente el conductor.

Sonreí con sarcasmo, este viaje me costaría una fortuna. Automáticamente metí mi mano a mi bolsillo donde estaba mi cartera.

-Al hospital Ángeles de Interlomas, por favor.- contesté lentamente.

El hombre frunció el ceño antes de arrancar. Ciertamente, era hasta el Estado de México.



-¿Qué pasó?- lo interrumpí con preocupación.

-Llegó después de que te fuiste...- se limitó a contestar.

Me pareció que aquella frase había quedado inconclusa.

-¡Ay, no! ¿Y qué ocurrió?- pregunté intrigada.

Escuché un suspiro del otro lado de la línea.



El ceño del hombre seguía fruncido a pesar de llevar ya varios minutos conduciendo. Intenté ignorar su mirada inquisitiva mientras miraba por la ventana.

Aquel nudo en mi garganta seguía allí. Cada vez que nos acercábamos más, sentía con más fuerza que algo sucedería...

Entonces, por primera vez, después de las diez horas de vuelo, recordé a Any. Su sonrisa traviesa, sus ojos de mirada atenta, su delicadeza...



-Nos peleamos, Any...- contestó finalmente Jack.

Guardé silencio al escuchar aquello, sencillamente porque no tenía palabras. La conmoción me embargaba por dentro.

Suspiró nuevamente.

-Roger dijo que sólo venía para dejar en claro que ni Miranda ni tú eran amigas de él. Era para decirles que todo se había acabado.- explicó lentamente, su voz se cortaba a intervalos por la línea- Miranda se soltó a llorar...- las primeras lágrimas resbalaron por mi rostro-... nunca hubiera esperado que entre ustedes hubiera un lazo tan fuerte... pero el rostro de Miranda era tan... ¡Parecía sufrir como si se estuviera quemando!- dijo Jack en realidad algo extrañado- no sé... pero era verdadero dolor. Así que le dije a Roger que no tenía derecho a lastimarla así, que se guardara su rabia para él mismo en lugar de andar lastimando a cualquiera que se encontrara.- rió con cierta histeria- se acercó a mí amenazante y me dijo que no me metiera, porque eso era algo entre Miranda, tú y él.- suspiró con pesar- te juro que no me pude controlar, Any... lo siento tanto.




-Van a ser como cien pesos, señor- comentó el conductor.

Aquello provocó que saliera de mi ensoñación, asintiendo lentamente. Mi mano seguía dentro de mi bolsillo. Apreté inconscientemente la cartera entre mis dedos. Y a pesar del nudo, el deseo de ver a mi padre y a mi hermano empezaba a hacerse gigantesco, incontrolable. Antes de lo que fuera, quería verlos, a los dos juntos.



Sacudí la cabeza.

-¿Cómo estás tú?- pregunté con un hilo de voz.

-Sólo me sangró el labio...- contestó lentamente.

-Qué bueno...- musité.- ¿Y Roger?

No escuché respuesta del otro lado.


La calle se volvió de un solo sentido, hasta que pronto fue un camino no pavimentado, más bien empedrado, provocando que saltáramos continuamente ¿Pero por qué por aquí?

Miré al conductor con la explícita interrogación dibujada en el rostro.

El conductor sonrió por primera vez con calidez.

-Un atajo. Me parece que usted va preocupado y apurado- se excusó.

¿Debía confiar? Bueno, sus palabras me habían parecido sinceras... y entre aquel tumulto de presentimientos, hubo uno que me dijo que iba por el camino correcto.




-Jack... ¿Cómo está Roger?- insistí.

Mi voz se agudizó por los nervios ¿Qué habría pasado con Roger?

-No lo sé, Any. Se fue antes de que pudiera verlo de nuevo.- contestó Jack.

-¿Y Miranda?- pregunté.

-Salió tras de él, pero ya no sé nada más. Acompañé a Sora de vuelta a su hotel.- contestó rápidamente.



Después de unos dos minutos por aquel extraño camino, salimos a la carretera. El hospital ya estaba cerca.

Respiré hondo, volviendo mi mirada hacia la ventana.

-Muchas gracias- musité.

¡Qué locura! ¿Sería que el destino me habría mandado a este hombre?




-Jack, te agradezco que me hayas hablado.- sollocé en realidad agradecida.

-Tenías que saber, Any.- se limitó a contestar.

Reí suavemente, pero algo en mi interior cortó mi risa de imprevisto. "Está cerca" dijo una vocesita.

-¿Any?- dijo Jack.- ¿Any?

Sacudí la cabeza.

-Lo siento, Jack. Voy a tener que dejarte- dije lentamente.

Mi voz sonó ronca.




Estaba terminando la carretera. Alcancé a divisar el edificio. Pasamos bajo un puente, y después de largas maniobras, el auto se detuvo frente a la entrada del hospital.




Jack no hizo ninguna pregunta, sino que se despidió con un: "Te amo y suerte." antes de colgar.

-Igual yo...- murmuré ya demasiado tarde.

Suspiré y guardé lentamente el celular en mi bolsillo.

-Danny... ya va a llegar.- fue todo lo que pude decir.

Mi mirada se perdió el reloj, que marcaba las "9:34" de la mañana.




-Muchas gracias, en serio...- le dije al conductor, pagándole más de lo que me pedía.

El hombre sonrió antes de arrancar.

Lentamente me volví hacia la entrada del edificio. El ambiente melancólico ya era palpable desde aquí, incluso. El aire alborotó mi cabello mientras caminaba a la entrada. El nudo en mi garganta había crecido.




Me incorporé de mi asiento, caminando directamente a la puerta con pasos lentos y cansinos. No tenía ojos para nada más.



La señora me indicó el número de la habitación.



Quedé frente a la puerta y la abrí con pasmosa lentitud.



412, 413... 414. Era tan cerca que la sentía ¿Any estaba allí? Inconscientemente mis pasos se aceleraron. 415... La puerta estaba abierta, y al verla... mi respiración se cortó.



Rígida en mi lugar, escruté a Danny con la mirada. Mi corazón se aceleró al instante...





"De nuevo junto a mi alma gemela..." pensé.

domingo, 17 de julio de 2011

Decisiones

¡Perdón por nuevamente tardarme tanto en escribir! Ahora sí que no hemos tenido Internet, ese Internet que nunca nos ha funcionadoo bien :/ :/ :/ además de que salí de vacaciones con la familia entera ;), pero les agradezco los comentarios, me pongo feliz de descubrir que el blog ya ha tenido más de 2000 visitantes :D :D :D :D Me pone tan feliz :D :D :D :D :D, en serio que no tengo palabras para agradecerles. Les diré rápidamente, para que ya puedan leer el capítulo, que la verdad es que cuando daban premios al mejor seguidor, nunca me llamaron mucho la atención, de hecho a veces me parecían sin valor, pero ahora voy descubriendo que es una maravillosa forma de agradecer a los seguidores jajajajaja así que creoo que voy a terminar haciendoo lo mismo :') jajajaja me estoy volviendoo sentimental. Peroo ya no les pongo más cuento ;) espero que les guste el capítulo :D.



-¿Cómo que te vas de vuelta?- preguntó Janet viendo cómo empacaba.

Suspiré.

-Mi papá está en el hospital, tengo que ir a verlo.- me limité a explicar.

La realidad era que había tenido un presentimiento. El horrible presentimiento de la muerte de alguien... y lo más extraño era que no parecía que fuera a ser mi padre... o en otras palabras, aquel dudoso presentimiento podía significar la muerte de alguien tan cercano como mi papá. Podía ser... Fabián... o... incluso... Any.

-Danny... mírame a los ojos.

Respiré hondo antes de volverme hacia Janet. Me miró intensamente a los ojos. Colocó sus manos sobre mi pecho, como queriendo retenerme.

-Tu padre va a estar bien ¿Entendido? Si fuera a morir o.... si hubiera muerto, entendería que fueras de vuelta ¿Sí? Pero... no tiene sentido que vayas sabiendo que vive y que vivirá. Perderás otro semestre.- dijo rápidamente.

Asentí lentamente.

-Los doctores dicen que no quiere recuperarse.- murmuré- ¿Qué pasaría si muriera y yo no estuviera allí?

Janet guardó silencio, sus manos, recargadas sobre mi pecho, resbalaron, dando señal de rendimiento. Me dio el paso y dejó que continuara haciendo la maleta.

Escuché a mis espaldas sus sollozos. Terminé de meter mi saco y me volví, escrutándola con la mirada, pero ella miraba el suelo. Di unos pasos hacia ella y tomé suavemente su barbilla. Debía admitir que ella tenía unos ojos hermosos, pero no eran como los de Any.

-Volveré pronto...- aseguré.

-Te amo- musitó Janet con la voz temblorosa.

En sus ojos vi la verdad... ella en realidad me quería ¡Por supuesto que yo la quería! pero lamentablemente mi corazón ya le pertenecía a otra, por más que intentara liberarme. Tuve el presentimiento de que aquella sería la última vez que estaríamos juntos, pero como novios.

-Te quiero yo a ti- dije suavemente.

Janet negó con la cabeza.

-¿Qué pasa si te pierdo?- preguntó.

Suspiré.

-Volveré...- fue todo lo que pude contestar.

Una nueva carga de lágrimas se apoderó de Janet, que me abrazó. Le devolví el abrazo fuertemente.

-Si pasara algo...

-Gracias por todo- la interrumpí besándola suavemente- Muchas gracias.

La realidad era que ella había sido mi luz en aquellos meses de oscuridad. Así que sí debía agradecerle.

...


Sólo eran horas en el avión que parecían eternas. El vuelo era largo, por lo que aprovechaba ese tiempo para pensar. No quería perder a mi padre. Ya era duro haber perdido a mi madre. Pero no sabía cómo interpretar los presentimientos que estaba teniendo en aquel momento. Eran tantos a la vez, tantos como nunca habían sido. A mí alrededor todos parecían tan tranquilos como si la vida no les presentara ningún problema ¿Notaría la gente a mí alrededor mi preocupación? Ciertamente yo era reservado, a veces prefería dejar mis sentimientos para mí, venía de una familia cuyos hombres eran de porte erguido y carácter fuerte que no caían ante nada. Algo pasaría, lo sabía, lo presentía... dentro de mí sentía aquel extraño nudo en la garganta que me decía que debía estar preparado... no estaría fácil.

Más de diez horas de vuelo que se me hicieron eternas. Ahora entendía que no pasaría la carrera, había sido la consigna de la universidad para que pudiera salir. O bueno, para ser sincero, debía pasar los exámenes finales, pero siendo realistas, después de todas las clases que había perdido, podía estar seguro de que no lo lograría.

Tomé el puente de mi nariz con mi dedo índice y mi dedo pulgar, ejerciendo presión. Estaba cansado, triste, desesperado, asustado y dolido ¿Cómo era posible sentir tanto? Por la simple idea del esfuerzo, me daba sueño, por lo que, las primeras cinco horas del vuelo, me quedé dormido, además, tomando en cuenta que ya era noche. El sueño parecía mi única escapatoria de la dolorosa realidad. Aunque muy dentro, y en un espacio reducido, estaban guardadas mis pocas esperanzas; esperanzas de ver a Any de nuevo, esperanzas de que mis presentimientos estuvieran equivocados, esperanzas de ver a mi padre lleno de vitalidad y amor, con aquella sonrisa que hoy en día era mi sustento, el recuerdo de la sonrisa que me ayudaba a salir adelante, la sonrisa cálida, la sonrisa valiente y rebosante que siempre me dirigía mi padre desde que tenía memoria. Recordar cuando me enseñó a andar en bicicleta, cuando escalamos la montaña juntos, cuando me ayudó a levantarme de mis caídas y me columpió para llegar alto. Allí estaba la sonrisa que me decía: "Adelante, hijo, estoy contigo, así que no sufras, porque llegarás lejos." Sólo eso podía decírselo un padre a su hijo. Si ya había perdido a la mujer que me había enseñado a amar ¿Cómo podría soportar la pérdida del hombre que me había enseñado a seguir adelante? "Se positivo" me reprochó una vocesita en mi interior.

Ya no sabía qué pensar. Deseé no pensar, sólo descansar.







Nos cuenta Any nuevamente ;) Es cortito, pero es una cuestión importante, ya que es cuando toma decisiones que influirán en el resto de la historia, que no recuerdo sí les había dicho antes, pero ya está a punto de terminar y ahora sí nos despediríamos definitivamente de Any y Danny jajajajaja aunque estoy pensando hacer un especial de momentos que pudieron ir a lo largo de la historia, pero que decidí cambiarlos por otros.







Habría esperado que el señor Fontana despertara. Me había sentado frente al costado de la cama en un sillón azul marino de un tapizado muy comercial. Mis ojos se cerraban a intervalos.

Miré el reloj colgado sobre la pared "3:25" pero de la madrugada. Había estado esperando desde la tarde, después del incidente, observando paulatina y repetitivamente al señor Fontana, seguido de Fabián y por último el reloj. Así durante un tiempo que debía tener contado, pero que en realidad veía sin ver. Mi interés más bien estaba en mis pensamientos, que vagaban por recuerdos que me llenaban de nostalgia. No sabía si era el ambiente o la perspectiva de una temprana muerte lo que me llenaba de desesperanza. Me sentía decaída. De repente, de estar en una tranquila tarde con mis dos mejores amigas y mi novio, pasaba a estar en un hospital esperando con ansias que despertara un hombre al que apreciaba mucho, mientras mis nervios se iban poniendo de punto por la idea de que si volvía a ver a... si volvía a ver a Danny... entonces Mateus tomaría venganza. La idea de que yo moriría parecía algo irrelevante a comparación de la idea del sufrimiento que le podría causar a Danny... Hacía semanas que no pensaba en aquel tema ¿Qué decía? Meses... "Si te dieran a elegir entre Danny y tú..." dijo aquella vocesita en mi interior.

Solté un hondo suspiro en aquel silencio.

Si me dieran a elegir entre la muerte de Danny y mi muerte, moriría yo, por supuesto... y si ahora no estaba poniendo en peligro la vida de Danny, sino la mía, entonces ¿Por qué no disfrutar al máximo lo que me quedaba? Y entonces recordé el detalle importante... Jack. Le rompería el corazón... y para un gran amigo como él, era algo que nunca le desearía y menos sería algo que le causaría yo misma. La sola idea me dolía.

-Cuidaré de Danny, pero como a un hermano...- sentencié, rompiendo el silencio.

Fabián se volvió desconcertado hacia mí.

-¿De qué hablas?- preguntó incrédulo.

-No podría romperle el corazón a Jack, no podría...- expliqué lentamente.

Y antes de que Fabián pudiera decir algo más, sonó mi celular. Rápidamente lo saqué de mi bolsillo... y hablando del rey de Roma...




sábado, 16 de julio de 2011

Confesiones y confusiones

Aquí les dejo el siguiente capítulo ;) De poquito a poco, les agradezco que aún se pasen por el blog y por tener esta paciencia tan infinita ;) :D :D :D :D Como siempre, espero que les guste el capítulo.


-¡Qué bueno verte!- murmuró el señor Fontana.

Sonreí conteniendo las lágrimas. Al fin podía ver aquellos ojos verdes.

-En cuanto supe lo ocurrido, vine a ver cómo estaba, señor Fontana- aseguré.

Rió débilmente.

-¡Ni que fuera tan viejo, Any! Dime Tobías, insisto.

Apreté su mano.

-¿Cómo se siente?- pregunté intentando cambiar de tema.

Él se encogió de hombros, causando una mueca de dolor en su rostro.

-No estoy tan mal...- dijo poco convencido.

Acaricié su frente y recordé los buenos tiempos que había pasado con ese hombre y sus dos hijos. Solía ser fornido, de porte erguido y elegante, pero de sonrisa traviesa y mirada profunda... y ahora... ahora parecía desolado, vacío por dentro. Como si la muerte le estuviera robando la vida lentamente.

-Acércate, hijo.- murmuró dirigiéndose hacia Fabián.

Fabián obedeció al instante, sentándose en el otro borde de la cama.

-¿Dónde está mi otro hijo?- preguntó el señor Fontana mirando a su alrededor.

Fabián y yo intercambiamos rápidas miradas de preocupación.

-Está haciendo lo posible por venir...- se limitó a contestar.

El señor Fontana asintió lentamente, mientras sus ojos se iban entristeciendo. Y por un momento, parecieron perder todo color.

-Tobías...- murmuré intentando atraer su atención, pero sus ojos parecían perdidos- Tobías, Danny- ¡Cuánto trabajo me costaba decir aquel nombre!- vendrá.

Sonrió con sorna.

-¿Estarás tú aquí cuando él llegue?- preguntó.

Aquella pregunta me tomó desprevenida. Me dispuse a negar rápidamente con la cabeza, pero la mirada suplicante de aquel padre moribundo del chico al que siempre amaría, me dejó claro que no podía negarme.

-Por supuesto...- musité.

¡Era un error! No podía volver a verlo... y no porque no quisiera ¡Deseaba con todo mi corazón, en realidad! Pero si seguíamos juntos, Mateus nos lastimaría a los dos y yo no debía permitir aquello. Rápidamente reprimí aquel sentimiento de verlo.

El señor Fontana tosió con ímpetu, haciendo que el colchón temblara. La fuerza que ejercía su mano sobre la mía parecía que era para romper mis huesos. Intenté soltarme en vano. Su rostro se puso rojo como un tomate y la tos se intensificó.

-¡Llama a la enfermera!- fue lo primero que se me ocurrió decir.

Fabián se incorporó, pero en el mismo instante en el que sus pies rozaron el piso, su padre lo tomó bruscamente del brazo y lo sentó nuevamente a pesar de su fuerte ataque de tos.

-Papá...- intentó razonar Fabián- necesitas un doctor ¿Entendido?

Pero el señor Fontana negó tercamente con la cabeza... a pesar de que la tos seguía.

Su tos siguió hasta que se vio obligado a sentarse. Le di palmadas el la espalda, esperando que fuera suficiente para que se le quitara la tos. Y cuando parecía imposible que la tos cesara, la tranquilidad cruzó por su rostro, antes de caer desmayado entre las almohadas.

Entonces Fabián presionó un botón en el barandal de la cama para llamar a la enfermera. Fueron minutos angustiosos a pesar de que el señor Fontana respiraba con regularidad.

Justo en el momento que entró la enfermera, el señor Fontana abrió pesadamente los ojos y al ver a la enfermera, sus ojos parecieron dos perfectos platos, mientras que su rostro se tensaba por el horror.

-¡SALGA!- gritó- ¡No se acerque!

La enfermera dio un respingo, con la palabra en la boca, pues no había podido formular ninguna pregunta.

-Tobías, ella lo va a ayudar...- le aseguré.

Entonces gritó con más fuerza, fulminando a la aterrada enfermera con la mirada.

El escándalo que estaba provocando el señor Fontana atrajo a una enfermera y a un doctor, que entraron con una jeringa en la mano.

-¡No se acerquen a mí!- gritaba el señor Fontana, mientras Fabián y yo intentábamos retenerlo en la cama.

-Traigan a otro doctor- ordenó el doctor.

La enfermera salió corriendo de la habitación.

-¡Mataron a mi esposa!- gritó el señor Fabián perdiendo los estribos- ¡Y ahora me quieren matar a mí!

Negué rotundamente con la cabeza.

-Tobías...- intenté razonar, pero su voz era estridente y mucho más fuerte que la mía.

-Papá, papá... ¡Ella murió por culpa de la enfermedad!- dijo Fabián subiendo su tono de voz.

-¡No la atendieron a tiempo!- gritó haciendo oídos sordos a su hijo.

-Pero a usted sí... - le susurré al oído.

Entonces sus gritos se volvieron sollozos.

Entró la enfermera de vuelta, acompañada por un doctor. Entre los dos doctores insertaron la jeringa en la bolsa de suero, poniendo una dósis de calmantes para el señor Fontana, que a los pocos minutos quedó profundamente dormido.

Mis ojos se anegaron de lágrimas. Sostuve la mirada de Fabián por largos segundos, antes de mirar nuevamente al hombre que unos segundos antes había visto llorar por primera vez. La expresión de Fabián no sólo era de desconcierto, sino de miedo y dolor.

Se volvió hacia los doctores.

-Gracias por su ayuda... ¿Les molestaría retirarse?- pidió fríamente.

Ninguno de los presentes musitó palabra. Los dos doctores, seguidos de las enfermeras, salieron de la habitación, dejando a su paso un silencio aterrador.

Nuevamente me volví hacia Fabián. Mi respiración estaba acelerada. No me atrevía a decir lo que tenía en mente.

-Es un hombre cansado de la vida...- murmuró Fabián como leyendo mis pensamientos.

Mis sollozos se volvieron audibles.

-Quiere morir sabiendo que Danny se queda con una chica como tú... o en otras palabras... quiere morir sabiendo que al menos uno de sus hijos queda en buenas manos.- explicó mientras su voz se iba volviendo gélida y distante.

Negué con la cabeza.

-Fabián...- dije con un hilo de voz- yo no puedo... no puedo ver a Danny...

Fabián suspiró bruscamente.

-¿Por qué no?- exigió.

-Nadie puede saberlo.- murmuré con la voz quebrada.

-¿Por qué no?- repitió subiendo el volumen de su voz.

Respiré entrecortadamente.

-Moriríamos los dos...- me limité a contestar.

Fabián me miró inquisitivo.

-¿De qué hablas?- preguntó fríamente.

Lo encaré.

-Me amenazaron... me dijeron que me matarían para hacer sufrir a Danny y cobrar venganza por algo que pasó hace más de un año.- dije lentamente.- no podría soportar saber que por mi culpa sufre Danny.

Fabián no dijo nada. Quedó rígido en su lugar, cómo si se debatiera entre creerme o no.

-Pero no se lo digas a nadie, Fabián... mucho menos a Danny.- le supliqué.

Fabián negó rápidamente con la cabeza, saliendo de su rigidez.

-¿Por qué no se lo dijiste a nadie, Any?- preguntó.

-Porque... pensé que la solución era alejarme de Danny...- contesté lentamente.

Los ojos de Fabián refulgieron con lucidez.

-¿Por eso dejaste a Danny y te hiciste novia de Jack?- preguntó.

Asentí con la cabeza.

-Así podría olvidarme por un rato...- expliqué.

-¡Pero con separarse ya les duele!- exclamó extrañado.

-Es mejor eso, a darle un dolor permanente. Sabiendo que él es feliz, yo lo soy... y sabiendo que yo soy feliz, él también lo es.- continué.

-Any... algo tan grande no te lo podías quedar guardado...- me reprochó- te lastimas a ti misma...

Negué débilmente con la cabeza. Mis sollozos se intensificaron. Fabián rodeó la cama, hasta llegar frente a mí y abrazarme fuertemente.

-Cuando llegue Danny lo platicaremos y encontraremos la solución ¿Entendido?- intentó consolarme.

Sonreí escondida en su regazo y asentí lentamente. Un peso dentro de mí pareció desaparecer de improvisto, dejando en cambio, una tranquilidad arrulladora.