miércoles, 24 de agosto de 2011

Cuenta regresiva: 5 días

Ahora la inspiración me está llegando muy difícilmente, pero aquí les dejo el siguiente capítulo, muchas gracias por pasarse por el blog:


Una cena romántica, un paseo nocturno por el parque, un pastel sorpresa, una carta de amor, una invitación a la feria... Todo tipo de cosas le propuse a Roger, pero él, lo único que quería, era un poema. Ciertamente es algo romántico, pero necesitaba algo más.

-Roger...

-Sólo limítate a ayudarme a hacer el poema...- pidió Roger revolviéndome el cabello.

Reí negando con la cabeza.

-¡Eres imposible! ¿Ni siquiera desde casa de ella?- insistí.

-¿Dices que lo lea en su casa? ¿Y si me ven sus papás?- contradijo.

-Sabrán que estás enamorado y te darán su bendición- bromeé.

-¡Pero no nos vamos a casar!- exclamó Roger desconcertado.

Se le veía nervioso.

-Tranquilo, tranquilo... era un chiste.- dije sonriendo.- Además, tontito, no me refiero a dentro de su casa, sino que desde su ventana.

Roger me miró divertido.

-¿Como Romeo y Julieta?- inquirió frunciendo el ceño.

Reí a carcajadas.

-¡Cierto!- comenté entre risas.

-¿Tú crees que pueda escalar su pared? ¡Es lisa!- protesto Roger sin un ápice de diversión.

-Bueno, declama el poema desde abajo, seguramente Miranda se encargará del resto- aseguré guiñándole un ojo.

-Muy bien... entonces... creo que hay que empezar...- murmuró tomando el lápiz y el papel que le había dado hacía unos minutos.

-Desde el corazón- le susurré al oído, mientras ponía una mano sobre su hombro.

Roger sonrió y comenzó a escribir.

Fueron horas y horas que difícilmente hubiera olvidado. Hasta tardías horas de la madrugada, Roger y yo seguíamos escribiendo. Había momentos en los que Roger me golpeaba con la almohada y yo terminaba devolviéndole el golpe en un divertido juego que nos atrasaba varios minutos y cuando dieron las doce en punto, no pude evitar pensar "Me quedan cinco días". Pero aquel pensamiento sólo estuvo por minutos, luego volví a ayudarle a Roger, pero terminamos dormidos entre mis almohadas. Cuando desperté ni siquiera recordaba si habíamos terminado el poema. Estaba acurrucada en el hombro de Roger.

-Despierta, pícara máquina del amor junior- dije con la voz ronca.

Roger se incorporó lentamente, tomó una almohada y me pegó con ella en la cara.

-¡Oye!- lo reproché divertida.

-¡Tanto romanticismo me dio dolor de cabeza!- se quejó.

Lo miré inquisitiva.

-Bueno...- dije pensativa- mientras seas tú mismo, no hay problema...

-¿Y tú qué sabes del amor, ratón travieso?- preguntó mirándome atentamente.

Me encogí de hombros.

-Sólo sé que cuando conoces a esa persona...

-A tu media naranja...- continuó por mí.

-Entonces eres tú mismo...- concluí.

Roger sonrió de oreja a oreja. Le correspondí con otra sonrisa.

-¡Ay, por Dios!- dije mirando el reloj- Roger... ¡Llegaremos tarde a clases!

Roger miró el reloj y se alarmó.

-No esperaba quedarme a dormir...- murmuró incorporándose rápidamente.

-Bueno, hagamos esto, desayunamos y nos vamos...- propuse.

-¡Pero no traigo nada!- exclamó.- Mi mochila está en casa...

Miré nuevamente el reloj.

-Quizás de camino podamos recogerla- dije incorporándome.- Me voy a cambiar, dame unos minutos.

Tomé un cambio de ropa de mi cómoda y entré al baño hecha a la raya. Me cambié en un dos por tres y cepille mi cabello y mis dientes ¡Teníamos veinte minutos para llegar al instituto!

Salí precipitadamente.

-¡El poema, Roger!- lo apremié.

Roger tomó un poema de entre todos los papeles y salió corriendo junto a mí. Bajamos las escaleras corriendo y entramos a la cocina. Mamá preparaba un elaborado desayuno del que sólo comimos un pan cada uno y salimos corriendo de la casa.

-¡¿Se van a ir caminando?!- gritó mamá cuando salíamos de la casa.

-¡Sí!- me despedí.

-¡Habló tu mamá, Roger!- dijo mamá alcanzándonos en la puerta.- Está molesta, pero dijo que llevaría tus cosas al colegio.

Roger se paró en seco. Choqué contra su espalda, pegándome en la nariz.

Se volvió lentamente y me sobó la nariz mientras me miraba interrogante. Supe lo que estaba pensando. Y con la nariz adolorida, me volví hacia mamá.

-¿Nos podrías llevar?- pregunté rápidamente.

Mamá sonrió con su expresión de: "Te lo dije".

Nos subimos los tres al carro y mamá arrancó como si estuviéramos en medio de una persecución.

Cuando llegamos, miré el reloj y suspiré con alivio ¡Habíamos llegado a tiempo! La mamá de Roger nos esperaba frente a la puerta de la entrada con la mochila y un cambio de ropa entre sus manos.

Roger se acercó rápidamente a ella y guardó con ahínco su cambio de ropa.

-¿No podías guardarlo en una bolsa?- preguntó apretando los dientes.

Solté una risita.

Su mamá lo miró con reproche.

-Avísame la próxima vez que te vayas a quedar a dormir en casa de alguien ¡Me tenías preocupada! ¿Y si te secuestraban?

-Mamá, por favor...- dijo Roger mirando a su alrededor, como si temiera que alguien la hubiera escuchado.

-Tu padre y yo ya pensaremos en tu castigo más tarde.- se despidió su mamá dándole un beso en la mejilla.

Digamos que aquel día de clases lo disfruté como el último. Nos reunimos con Miranda que parecía más tranquila y platicamos como en los viejos tiempos. Y cuando las clases terminaron, mi madre llegó a recogerme con la noticia de que el señor Fontana había mejorado, pero que todavía tenía que quedarse un tiempo más en el hospital. Mamá dijo que papá nos alcanzaría por allá. El camino fue lindo. Mi mamá traía un ánimo de plática que no le paraba la boca. Me contaba sobre la casa, sobre los muebles ¿Cómo era posible que mi mamá me contara estas cosas? ¡Las dos vivíamos en la misma casa! Pero no la detuve, sino que me limité a escucharla y cuando llegamos al hospital, mamá compró unas flores, con el pretexto de que allá debía estar muy deprimido con los matices grises y blancos típicos de un hospital.

Cuando entramos a la habitación del señor Fontana, lo descubrimos sentado entre sus dos hijos, charlando animadamente. Pero cuando me crucé con la mirada de Danny, mi mundo se fue de cabeza, mis latidos se aceleraron. Aquellos ojos verde esmeralda me observaban con atención, me penetraban, como si pudieran ver más allá de los míos.

Mis piernas temblaron.

Pero como el día anterior, fui incapaz de moverme y en la actitud de Danny tampoco pareció haber nada diferente. Entonces la idea de darle la mejor semana de su vida se fue por la borda. No podía decirle la verdad y tampoco podía romperle el corazón a Jack...

martes, 23 de agosto de 2011

Cuenta regresiva: 6 días

Peky, pues aquí contesto a tu pregunta: mateus tiene complices porque dijo "si NOS delata con la policia"
;) Es un poco complicado de explicar, pero lo voy a intentar ;) Con NOS, se refiere a Any y a él, como si Any fuera voluntariamente parte del plan de hacer sufrir a Danny jajajajajaja Mateus no tiene cómplices ¡Gracias a Dios! :P Espero que con esto pueda contestar tu pregunta ;) Y bueno, espero que les guste el capítulo ;) muchas gracias por los comentarios:



Cuando llegué a casa, me sorprendió sobremanera ver a Roger sentado frente a la puerta principal.

Corrí hacia él.

-¡Roger!- lo saludé- ¿Qué te trae por aquí?

Lentamente se incorporó sin decir nada.

-¿Tú sabías que le gustaba a Miranda?- musitó.

Aquellas palabras me tomaron por sorpresa.

-Yo... no... ¿De qué hablas?- pregunté desconcertada.

-Me lo confesó, pero no sé qué hacer.- dijo con pesar.

-Pensé que no querías hablar con nosotras, que ya no había nada como amigos- repuse.

Él negó rotundamente con la cabeza.

-Fui un tonto... pero estaba celoso.- explicó lentamente.

-¿De qué podrías estar celoso?- pregunté.

-De tu novio...- sentenció finalmente.

Y aquello, increíblemente no me tomó por sorpresa. Muy en el fondo yo ya sabía cuál era el verdadero problema.

-Roger... en realidad no sé qué decir. Tú sabes que yo... bueno...- tartamudeé.

-No, Any, tranquila, lo entiendo.- me interrumpió.

Lo miré confundida ¿Sabía él que yo en realidad amaba a Danny?

-Entiendo que no me ames a mí- continuó.- así que he decidido rendirme. Y todo esto lo entendí desde que Miri me confesó todo.

-¿Y con todo a qué te refieres?- pregunté inquisitiva.

-Que le había gustado yo desde tercero de secundaria, pero que ella siempre supo que a mí me gustabas tú.- contestó.

Guardamos silencio por un largo rato.

-¿Y por qué nunca me lo dijo?- susurré dolida.

-Porque ella pensaba que yo te gustaba también, entonces no quería arruinar nada.- explicó.

Solté un hondo suspiro.

-Roger, lo siento tanto...

Me vi interrumpida cuando me abrazó.

-No tienes nada qué sentir, el que tiene que disculparse soy yo. Y también venía para decirte que quiero estar con Miri- dijo.

Sonreí.

-¿En serio?- exclamé.

-En serio- aseguró Roger.

-¡¿En serio?!- grité emocionada.

-En serio- repitió Roger divertido.

Solté un grito de felicidad.

-¡Felicidades!- dije abrazándolo con mayor fuerza.

-Gracias- dijo Roger con la misma emoción.- pero todavía no estamos juntos.

Ambos reímos a carcajadas y nos sentamos en el escalón de la entrada uno junto al otro.

-¿Y por qué no se lo dices?- lo reproché.

-Quiero que sea algo muy especial para ella...- confesó.

Sonreí.

-¿Te refieres a una cena sorpresa o una serenata?- quise saber.

Roger asintió.

-Nunca me di cuenta de la maravilla de chica que tenía a mi lado... pero las puertas del amor siempre están abiertas para quien las necesite.- dijo Roger.

Me tomé de su brazo y recargué mi cabeza en su hombro.

-Eso explica por qué Miri estuvo tan extraña...- comenté maravillada- ¡Estaba enamorada!

-Y creo que ella me ha enamorado también.- coincidió Roger sonriendo de oreja a oreja.

Le revolví el cabello.

-Te extrañábamos, Roger- lo reproché.

Roger sacudió la cabeza.

-Los amigos son para siempre ¿O no?- comentó.- También esas puertas siempre están abiertas.

-Por supuesto- coincidí.- siempre... entonces ¿Necesitas ayuda?

Asintió con entusiasmo.

-¿Para cuándo?- pregunté.

Roger sonrió con malicia.

-Para mañana...

-¡¿Qué?!- grité desconcertada.- ¡¿Estás loco?! ¡Algo tan especial tarda más tiempo en planearse! ¡Qué poco romántico, Roger!

Roger soltó una carcajada.

-Tranquila, pícara máquina del amor.

Reí con él.

-Ésa soy yo...- coincidí entre risas.

No volvimos a hablar hasta que nuestras risas se calmaron.

-No pienses en serenata, porque si es para mañana, no les daría tiempo de ensayar- lo previne.

Roger sonrió.

-No estaba pensando precisamente en eso...

Lo miré curiosa.

-¿Y si pasamos a la casa?- propuse.

-No estaría mal- accedió Roger.

Ambos nos incorporamos. Saqué mis llaves con el llavero de la mariposa azul que tanto me gustaba y abrí la puerta de la casa.

-¡Mamá! ¡Ya llegué!- avisé al entrar al recibidor.

Roger soltó mi brazo.

Entonces se escucharon pasos provenientes de la cocina hasta que mamá quedó frente a nosotros.

Me preparé para lo peor.

-¿Por qué no me dijiste que estabas en el hospital acompañando al papá de Danny, cariño?- me reprochó mamá- ¡Ya nos tenías preocupados!

-¿Estoy castigada?- dije con cautela.

-No, pero nos vas a tener que llevar a tu papá y a mí para saludar al señor Fontana.- repuso mamá.

Sonreí disimuladamente.

-¡Hola, mamá!- dije abrazándola con fuerza.

Mamá me devolvió lentamente el abrazo.

-¡Parece como si fueras a morir mañana! ¿Por qué tanto cariño?- preguntó divertida.

¡Lástima que tuviera cierta razón!

-No lo sé...- dije encogiéndome de hombros- hoy estoy feliz.

Lentamente nos soltamos.

-Hola, señora Sabas- saludó Roger dándole un beso en la mejilla.

-¡Qué sorpresa, Roger!- dijo contenta mamá- ¿Quieres algo de beber? ¿Algo de comer?

-No, gracias.- se negó Roger.

Lo tomé del brazo.

-Lo voy a ayudar con algunos asuntitos.- le dije a mamá guiñándole el ojo.

-¡Oh! ¡Vaya!- exclamó- ya entiendo, si necesitan algo, estaré en la cocina.

-Gracias- dijimos Roger y yo al unísono.

Subimos las escaleras y cruzamos el pasillo del segundo piso hasta llegar a mi cuarto.

-Muy bien, entonces ¿Cuál es tu idea?

¡Qué bien me la iba a pasar antes de morir!

lunes, 15 de agosto de 2011

Sombras de la Noche

Bueno, ésta, como muchas otras, será una entrada rápida ;) :D :D :D :D Para recomendar un blog de una persona muy especial para mí y que como cualquier blog está empezando desde cero, sin seguidores. Estaría padre que se pasaran y echaran un vistazo. El bloggero se llama Héctor Téllez. Son reflexiones, poemas, frases, historias y novelas, aquí les pongo parte del primer capítulo:

Me encuentro en mi recámara, la visualizo por última vez con mucha nostalgia, pues tengo varios recuerdos. Como aquella vez que invité a una chica, Dany si no mal recuerdo. Tenía cabello castaño, piel morena, ojos café claro y una sonrisa casi de comercial de pasta de dientes. Recuerdo muy bien a esa chica, pues fue mi primer amor, y el primer al igual que el último amor siempre quedan en la memoria.
Invité a Dany a mi cuarto, ella se sorprendió mucho al ver todos mis bocetos de dibujos que hago a lápiz y con pluma fuente. Hubo un boceto en especial que ella se fijó con mucha curiosidad. Era el dibujo a lápiz de un ángel.

La verdad es que este chico es un poeta excelente y con su experiencia con las palabras me parece que esta novela puede ser un éxito.



viernes, 12 de agosto de 2011

Felicidad silenciosa

Me encantaron los comentarios :D :D :D :D :D Muchas gracias, en serioooo. Aquí les pongo el siguiente capítulo ;) Ahora con exactitud no les puedo decir cuántos capítulos quedan, porque todo esto está saliendo como está saliendo ;) :D :D :D Espero que les agrade tanto como a mí me a gustado escribir el capítulo, esta vez cuenta Any:




No supe qué hacer... estaba desconcertada, conmocionada por aquel extraño presentimiento que había acertado justo en el momento ¡Danny estaba tan cerca, que hasta podía tocarlo! No lo creía... llegué a preguntarme si era un sueño ¿Verdaderamente el hombre al que había amado con tanto fervor estaba frente a mí, mirándome fijamente con aquellos hermosos ojos verde esmeralda? ¿Debía abrazarlo? ¿Debía mirarlo hostilmente? ¿Decirle un sencillo "hola"?

-Bienvenido, hermano- dijo Fabián sacándome de aquel terrible aprieto.

-Hola, hermano- contestó Danny sin soltar mi mirada.

Me pregunté entonces qué pasaría por su mente.

-¿Pero qué pasa con ustedes?- nos reprochó Fabián colocándose entre ambos- ¿Que ya ni se saludan?

-Hola, Danny- fue todo lo que pude decir.

Mi conmoción era tal, que era incapaz de moverme. Finalmente había optado por un sencillo "hola".

-¡Qué sorpresa, Any!- exclamó Danny inexpresivo.

Asentí lentamente.

-¿Cómo vas con tus estudios?- pregunté con aparente desinterés.

-Bien- se limitó a contestar, pero algo en sus ojos me dijo que no era la verdad, entonces se volvió hacia Fabián, soltando finalmente mi mirada- ¿Cómo está papá?

La mirada de Fabián se posó automáticamente en la cama donde reposaba el señor Fontana. Danny de dos zancadas ya estaba junto a él... y por más que quisiera negarlo... ¡Me dolía no sentir su tacto! ¡Me había dolido no ver sus brazos rodearme suavemente y sus labios besar suavemente los míos! Me volví saliendo lentamente de mi rigidez. Danny se hincó junto a la cama de su padre, tomando su mano. Cerró los ojos. Sus labios se movían lentamente, como si estuviera susurrando. Pero al estar al otro lado de la habitación, no podía entender lo que decía.

Entonces Fabián se inclinó hacia mí.

-Tienes que decirle la verdad, Any.- me susurró.

Asentí lentamente con un nudo en la garganta.

-Lo haré- mentí.

Muy en el fondo sabía que no lo haría... muy en el fondo no quería romperle el corazón a Jack ni alarmar a Danny.

-No sé cuándo vengan por mí, Fabián- sollocé- pero disfrutaré lo que me queda- aseguré.

Fabián se volvió hacia mí.

-¡Ni lo pienses, Any! Si no hablas tú con él, seré yo quien hable ¡Es más! Hablaré con la policía para que busquen a ese loco.- me reprochó en susurros.

Lo miré con súplica.

-¡Si lo haces así, las cosas empeorarán! Déjamelo a mí ¿Sí?- le pedí con ojos suplicantes.

Y justo en ese instante sonó mi celular. Lo saqué de mi bolsillo y observé la pantalla. Era un mensaje nuevo de un número desconocido. Mis manos empezaron a temblar, lo abrí con extremada lentitud:

Es bueno que persuadas a tu amigo, amorcito, de otra forma, si nos delata con la policía, morirá ¿Entendido? Con este mensaje descubrirás que te tengo vigilada, pero, no soy un hombre tan cruel, créeme, querida. Soy bondadoso y por lo tanto, te diré cuánto tiempo te queda para que puedas despedirte de todos. Disfruta tu última semana de vida. Aquí te va una nueva regla, si le dices a alguien más, te quedará un día menos... a menos, amor, que se lo digas a Danny.

Hazme un favor y borra el mensaje,
Mateus.

Tragué saliva mientras borraba el mensaje y metía el celular de vuelta en mi bolsillo. Normalmente hubiera tomado unos minutos que me tranquilizara, pero al ver a Danny, tan perfecto como siempre, portando ese saco que tanto me encantaba, la seguridad de su presencia reaccionó como un fuerte calmante. Veía en sus ojos el dolor por su padre, veía su mano entrelazada con la de él y supe que, estando Danny allí las cosas se mejorarían... a pesar de que la decisión que había tomado después del encuentro con Mateus era no decirle nada a Danny. Había pensado que separarme de él, era la mejor... pero no importaba cuánto me alejara, Mateus aún así tomaría venganza de él. Lo único que me quedaba, era... ¡Qué locura! Disfrutar la última semana de vida que me quedaba. Nuevamente convine que no le diría nada. Así él disfrutaría la última semana ¡Es más! Le daría la mejor semana de su vida.

En ese instante el señor Fontana abrió lentamente sus ojos, sonriendo al ver a su hijo menor.

-Padre...- susurró Danny con una sonrisa de alivio y felicidad.

El señor Fontana le devolvió una sonrisa radiante.

-Hijo, me alegra verte de nuevo.- dijo su padre riendo con tanta felicidad que se contagiaba.

Su voz se volvió temblorosa.

-Era lo menos que podía hacer- contestó Danny, abrazándolo con fuerza.

Aquel abrazo duró largos minutos. Las lágrimas se desbordaron por mis mejillas. Mi corazón estaba conmovido. Padre e hijo juntos. Lentamente se fueron separando.

-¡Vengan!- pidió un hombre diferente al que habíamos visto ayer.

Reí, caminando junto a Fabián hasta ellos. Nos fundimos en un abrazo que pareció renovar las esperanzas de todos. Si podía tener algo de consuelo, era que Danny estaba rodeado de personas maravillosas, yo estaba rodeada de personas maravillosas. Todo lo que había vivido, no podía pedir más.

Y por una vez más, la mirada de Danny atrapó la mía. Me perdí en aquella mirada penetrante. Pude ver aquella vieja conexión entre los dos, aquella conexión irrompible.

Y al separarnos el señor Fontana sonrió cálidamente, mientras ambos mirábamos simultáneamente hacia otro lado.

-¿Por qué no recuperamos los viejos tiempos, muchachos?- sugirió Tobías.

Reímos a carcajadas.

-Necesitaríamos estar en la cocina del departamento- comentó Fabián recuperando un vestigio de felicidad en el rostro.

Su padre lo miró con inquisición.

-¿Qué has hecho toda tu vida, Fabián? ¿No te enseñé bien? No importa dónde sea, sino con quién estés.- lo reprochó su padre.

Nuestras risas se intensificaron.

-¡Ya pareces viejo, hombre!- se quejó Fabián, dándole un cariñoso golpe en la espalda.

Su padre lo miró con fingida seriedad.

-No es lo mismo tener muchos años de experiencia a ser viejo- lo corrigió, entonces se dirigió a Danny- ¿Cómo vas con tus estudios?

Y recibió la misma respuesta que yo: "Bien". Su padre no pareció muy convencido de aquella respuesta, pero no insistió más.

-¿Y Janet?- preguntó Fabián con cierto sarcasmo en la voz.

Danny no se inmutó. Pero inconscientemente mi concentración se posó únicamente en Danny, esperando una respuesta.

-No sé cómo vaya la cosa- contestó con cierto pesar.

-¡Pero si tú eres el que la ve todos los días, deberías saber!

-Ciertamente... es sólo que estoy un poco confundido- confesó Danny.

Mi corazón se aceleró al escuchar aquellas palabras, despertando una pequeña llamarada de esperanza. Debía hacer mi itinerario... quizás debía despedirme de mis padres al último... Rápidamente deseché aquellos pensamientos de mi cabeza, no quería que aquella idea me atormentara el resto de la semana ¡Debía disfrutarla como la última porque sí lo era!

El señor Fontana rió con cierta satisfacción.

-¿Por qué me miran así?- preguntó Danny confundido.

Las miradas de Fabián y el señor Fontana pasaban de Danny a mí simultáneamente.

-Any... ¿No tenías algo que hablar con Danny?- insinuó Fabián, mirándome con insistencia.

Le lancé una mirada suplicante.

-No ahora...- murmuré.

Fabián me reprochó con la mirada.

Suspiré.

-Me alegra mucho que ya estén juntos- me despedí- será mejor que me vaya...

Las miradas de los tres hombres se posaron fijamente en mí.

-¡Pero si acaba de llegar Danny!- exclamó el señor Fontana con la voz temblorosa.

Respiré hondo, pensando en una excusa convincente.

-Mis amigos acaban de tener una pelea y debo ir...- dije lentamente.

-¡Eso es problema de tus amigos, Any!- contradijo Fabián.

Negué con la cabeza.

-No, también es problema mío y tengo que arreglarlo, además de que llevo ya un día sin volver a casa y mis padres deben querer tener noticias de mí- dije.

El señor Fontana asintió.

-Tienes razón...- hizo una pausa-... pero... volverás ¿Verdad?

Mi error fue mirarlo a los ojos. En ellos descubría la súplica y la tristeza por mi ida. No tuve más remedio que decir que sí.

-Por supuesto- contesté finalmente incorporándome con pasmosa lentitud.

Le di un beso de despedida al señor Fontana, que me abrazó con fuerza.

-Gracias, en serio te agradezco tu compañía- dijo soltándome.

-No hay de qué...- dije sonriendo.

Entonces le di un beso de despedida a Fabián, que igualmente me abrazó.

-No sé qué hubiéramos hecho sin ti.- me agradeció.

Reí suavemente, con las lágrimas derramándose lentamente.

-Y yo sin ustedes, mucha suerte. Cuídense- dije al soltarlo.

Y ahora... a despedirse de la persona más complicada pero perfecta del mundo. Dudé por un momento antes de abrazarlo con ímpetu. Me adherí a él como un monito en apuros. Él me devolvió el abrazo con un cariño inesperado. Nuevamente tenía su olor tan cerca de mí, el calor que emanaba se pasaba a mi cuerpo. Nunca olvidaría aquel momento. "Desde aquí empieza la cuenta regresiva" pensé, antes de soltarlo y salir de la habitación.


jueves, 11 de agosto de 2011

A tiempo para el reencuentro

Bueno, aquí está el siguiente capítulooo :D :D :D :D ;) Les explico rápidamente porque va a estar un poco confuso, ya que cuentan Any y Danny al mismo tiempo.
  • DANNY --> Letra: Lucida Grande --> color: negro

  • ANY --> Letra: Arial --> color: morado clarito
Ambos cuentan al mismo tiempo, entonces para distinguirlos, cambian de letra y de color. Cuando haya combinación de colores, es porque ambos lo hacen o lo piensan jajajaja es que esta semana me he puesto un poco curiosa jajajaja Y me gusta investigar de todooo, entonces quiero ver cómo funciona esto de la combinación de puntos de vista ;) :D :D :D :D Ya ustedes me dirán. Espero les guste y se diviertan:




-Bienvenido al Distrito Federal- dijo el policía sellando mi pasaporte.

Sonreí al asentir.

-Gracias- musité dando mi lugar al siguiente en la fila.

Con la maleta, crucé la gigantesca sala. Mi respiración era entrecortada, empezaba a preguntarme cómo estaría la situación.



-¿Bueno?- contesté con la voz temblorosa.

-Amor, sólo hablaba para saber cómo iba todo- dijo Jack del otro lado de la línea.

Sonreí involuntariamente.

-Gracias, qué lindo detalle- contesté conmovida.

-¿Y? ¿Cómo van las cosas?- preguntó con curiosidad.

Mi sonrisa se desvaneció lentamente.

-Nada bien...- musité.



Mi saco negro ondeaba al caminar, como si fuera una capa.

Sonreí.

Era lo que más me gustaba de aquel saco.

Sentía algunas miradas posadas sobre mí. A cada paso que daba, la puerta de salida parecía más cerca.



-¡Cuánto lo siento!- exclamó Jack con verdadera preocupación.- ¿Necesitan algo? ¿Quieres que te acompañe?

Lo pensé por un momento.

-No, muchas gracias.- entonces recordé algo- ¿Sabes algo de Roger?

-¡Oh!- dijo con nerviosismo.- hablando de eso...



Al salir, busqué un taxi con la mirada. La ciudad era en realidad transitada, pero aquellos taxis de color vino con un poco de dorado y con el ángel de la independencia eran inconfundibles.

Entonces se paró frente a mí uno de los taxis, abrí la cajuela y metí mi maleta. Ya después de cerrrarla, abrí la puerta y entré al taxi.

-¿A dónde?- preguntó cansinamente el conductor.

Sonreí con sarcasmo, este viaje me costaría una fortuna. Automáticamente metí mi mano a mi bolsillo donde estaba mi cartera.

-Al hospital Ángeles de Interlomas, por favor.- contesté lentamente.

El hombre frunció el ceño antes de arrancar. Ciertamente, era hasta el Estado de México.



-¿Qué pasó?- lo interrumpí con preocupación.

-Llegó después de que te fuiste...- se limitó a contestar.

Me pareció que aquella frase había quedado inconclusa.

-¡Ay, no! ¿Y qué ocurrió?- pregunté intrigada.

Escuché un suspiro del otro lado de la línea.



El ceño del hombre seguía fruncido a pesar de llevar ya varios minutos conduciendo. Intenté ignorar su mirada inquisitiva mientras miraba por la ventana.

Aquel nudo en mi garganta seguía allí. Cada vez que nos acercábamos más, sentía con más fuerza que algo sucedería...

Entonces, por primera vez, después de las diez horas de vuelo, recordé a Any. Su sonrisa traviesa, sus ojos de mirada atenta, su delicadeza...



-Nos peleamos, Any...- contestó finalmente Jack.

Guardé silencio al escuchar aquello, sencillamente porque no tenía palabras. La conmoción me embargaba por dentro.

Suspiró nuevamente.

-Roger dijo que sólo venía para dejar en claro que ni Miranda ni tú eran amigas de él. Era para decirles que todo se había acabado.- explicó lentamente, su voz se cortaba a intervalos por la línea- Miranda se soltó a llorar...- las primeras lágrimas resbalaron por mi rostro-... nunca hubiera esperado que entre ustedes hubiera un lazo tan fuerte... pero el rostro de Miranda era tan... ¡Parecía sufrir como si se estuviera quemando!- dijo Jack en realidad algo extrañado- no sé... pero era verdadero dolor. Así que le dije a Roger que no tenía derecho a lastimarla así, que se guardara su rabia para él mismo en lugar de andar lastimando a cualquiera que se encontrara.- rió con cierta histeria- se acercó a mí amenazante y me dijo que no me metiera, porque eso era algo entre Miranda, tú y él.- suspiró con pesar- te juro que no me pude controlar, Any... lo siento tanto.




-Van a ser como cien pesos, señor- comentó el conductor.

Aquello provocó que saliera de mi ensoñación, asintiendo lentamente. Mi mano seguía dentro de mi bolsillo. Apreté inconscientemente la cartera entre mis dedos. Y a pesar del nudo, el deseo de ver a mi padre y a mi hermano empezaba a hacerse gigantesco, incontrolable. Antes de lo que fuera, quería verlos, a los dos juntos.



Sacudí la cabeza.

-¿Cómo estás tú?- pregunté con un hilo de voz.

-Sólo me sangró el labio...- contestó lentamente.

-Qué bueno...- musité.- ¿Y Roger?

No escuché respuesta del otro lado.


La calle se volvió de un solo sentido, hasta que pronto fue un camino no pavimentado, más bien empedrado, provocando que saltáramos continuamente ¿Pero por qué por aquí?

Miré al conductor con la explícita interrogación dibujada en el rostro.

El conductor sonrió por primera vez con calidez.

-Un atajo. Me parece que usted va preocupado y apurado- se excusó.

¿Debía confiar? Bueno, sus palabras me habían parecido sinceras... y entre aquel tumulto de presentimientos, hubo uno que me dijo que iba por el camino correcto.




-Jack... ¿Cómo está Roger?- insistí.

Mi voz se agudizó por los nervios ¿Qué habría pasado con Roger?

-No lo sé, Any. Se fue antes de que pudiera verlo de nuevo.- contestó Jack.

-¿Y Miranda?- pregunté.

-Salió tras de él, pero ya no sé nada más. Acompañé a Sora de vuelta a su hotel.- contestó rápidamente.



Después de unos dos minutos por aquel extraño camino, salimos a la carretera. El hospital ya estaba cerca.

Respiré hondo, volviendo mi mirada hacia la ventana.

-Muchas gracias- musité.

¡Qué locura! ¿Sería que el destino me habría mandado a este hombre?




-Jack, te agradezco que me hayas hablado.- sollocé en realidad agradecida.

-Tenías que saber, Any.- se limitó a contestar.

Reí suavemente, pero algo en mi interior cortó mi risa de imprevisto. "Está cerca" dijo una vocesita.

-¿Any?- dijo Jack.- ¿Any?

Sacudí la cabeza.

-Lo siento, Jack. Voy a tener que dejarte- dije lentamente.

Mi voz sonó ronca.




Estaba terminando la carretera. Alcancé a divisar el edificio. Pasamos bajo un puente, y después de largas maniobras, el auto se detuvo frente a la entrada del hospital.




Jack no hizo ninguna pregunta, sino que se despidió con un: "Te amo y suerte." antes de colgar.

-Igual yo...- murmuré ya demasiado tarde.

Suspiré y guardé lentamente el celular en mi bolsillo.

-Danny... ya va a llegar.- fue todo lo que pude decir.

Mi mirada se perdió el reloj, que marcaba las "9:34" de la mañana.




-Muchas gracias, en serio...- le dije al conductor, pagándole más de lo que me pedía.

El hombre sonrió antes de arrancar.

Lentamente me volví hacia la entrada del edificio. El ambiente melancólico ya era palpable desde aquí, incluso. El aire alborotó mi cabello mientras caminaba a la entrada. El nudo en mi garganta había crecido.




Me incorporé de mi asiento, caminando directamente a la puerta con pasos lentos y cansinos. No tenía ojos para nada más.



La señora me indicó el número de la habitación.



Quedé frente a la puerta y la abrí con pasmosa lentitud.



412, 413... 414. Era tan cerca que la sentía ¿Any estaba allí? Inconscientemente mis pasos se aceleraron. 415... La puerta estaba abierta, y al verla... mi respiración se cortó.



Rígida en mi lugar, escruté a Danny con la mirada. Mi corazón se aceleró al instante...





"De nuevo junto a mi alma gemela..." pensé.