domingo, 12 de febrero de 2012

Adiós por una semana :D

Esta entrada es rapidísma, porque ya me tengo que ir :P tengoo mi práctica social. Sólo quiero avisarles que se me pusoo todo encima y no me dio tiempo de publicar la última parte de esclavos de las sombras y me ausentoo por una semana, ya, entonces, me van a tener que esperar, si no es mucho pedir hehe :3 Aún así, primeroo que nada, muchísimas gracias por sus comentarios hahaha Ya tenemoos un anónim@... :) Me entra la curiosidad hahaha, pero bueno, les deseoo tood lo mejor para esta semana y hasta el lunes de la próxima semana ;)

martes, 7 de febrero de 2012

Miedos y espíritus

Creoo que está un poco largo :3 hahaha pero ¡Discúlpenme! Me inspiré un pocoo... ^.^ además de que he tenido los últimos días libres... :D :D Les aviso que ¡¡YA CASI LLEGA MI PARTE FAVORITA!! ;) En el siguiente capítuloo :D hahahaha Ya no les adelantoo más. Sólo les diré que después de este capítulo viene el último de "Esclavos de las sombras" hehehe y después mi capítulo favorito de la novela. Y el avisoo de la muerte temporal :P hahaha ¡Sí, moriré por una semana! O mejor dicho, no publicaré en una o dos semanas, todavía no estoy segura, pero es que tengo que hacer una práctica social y bueno... quién sabe si me dé tiempo de publicar. A parte de eso, quiero comentar dos cosas más; la primera es una pregunta ¿Están de acuerdo con que ponga "¿Cuándo publico, en tres días, en una semana, etc...?"? Explico rápidamente, si le dan click por ejemplo a "en tres días" entonces, publicaré tres días después de haber publicadoo el capítulo, porque en realidad no sé cuándo le dieron click y no puedo depender de ello :/. Y como segundo punto, pues, pronto me voy a llevar la historia de Danny y Any, para que no haya tantas cosas en el archivero. Veré de qué manera puedo dejarla a su alcance, por si algún día tienen antojo de volverla a leer ;)

No saben cuánto me encantaría saber su opinión de lo que ha estado ocurriendo en estos capítulos. Es que nunca pensé llegar a decir estoo... pero siento que le escriboo al aire y es por eso, que, por un poco de caridad para la escritora ¡Les pido un comentario! El que sea y de quien sea. Y como último, les doy la bienvenida a las nuevas dos seguidoras y como a todas, esperoo que se diviertan conociendo a Es'ka y la princesa Kanto.


Después de aquel pequeño encuentro, hicimos un pequeño recorrido por las grutas con Μεπεσ y alguno de sus guerreros como guías. Σs’κα ni siquiera se molestó en prestar atención, sino que nos siguió con la mirada ausente, recalcando que estaba allí por obligación y no por gusto. Pasamos por varias habitaciones, por un pequeño almacén de provisiones y conocimos el baño de la comunidad, además de una pequeña cocina y la salida de emergencias.

-La salida no se ha usado desde hace varias generaciones- comentó uno de los guerreros, al tiempo que la mirada de Σs’κα por un momento se posaba sobre la dura piedra frente a nosotros.

Coloqué una mano sobre las rocas y la pasé por los resquicios y las ranuras, esperando encontrar un hoyo o alguna posible puerta, pero la pared parecía sellada.

-¿Seguro que no estamos en la cámara equivocada?- pregunté en medio del silencio.

La humedad era palpable en todos lados. Podía sentir el sudor perlado en mi frente y las olas del calor húmedo chocar contra mi rostro como si estuviéramos en un verdadero horno.

Μεπεσ sonrió al tiempo que colocaba su mano sobre la mía. Mis mejillas se sonrojaron… Seguramente era el calor…

-Un poco más abajo- me susurró suavemente al oído mientras llevaba mi mano bajo una pequeña fisura en la piedra.

Contuve la respiración, al tiempo que un extraño cosquilleo proveniente de mi mano llevaba una oleada de calor por todo mi cuerpo.

Cerré los ojos, sintiendo finalmente el símbolo de airgua tallado en la roca.

-Necesita de energía…

-Para ser abierta- terminé por él, escuchando el eco de mi voz en el silencio.

Abrí los ojos de golpe ¡Sabía lo que tenía que hacer!

Canalicé las fuerzas dentro de mí y esperé a que las corrientes que parecían eléctricas cruzaran por mi brazo hasta mi mano. Justo en el instante que la energía rozó el símbolo de airgua, la marca en mi brazo brilló con intensidad, despidiendo aces de luz que atravesaban la delgada tela de mi capa negra sin problema alguno. Mi luz recorrió la piedra, develando escrituras antiguas a una velocidad vertiginosa. Pronto toda la cámara estaba iluminada; el techo, las paredes, el propio suelo… El silencio se convirtió en voces y las voces en música. Una melodía que parecía guardar un secreto profundo, escondido en lo más recóndito de aquella habitación. Escuché maravillada.

-Las voces de nuestros ancestros- murmuré en un susurro a penas perceptible.

Pero justo en aquel instante, la música desapareció de improvisto y la luz de las escrituras antiguas se fundió en una en el centro de la habitación, formando un la silueta uniforme de un guerrero de mirada severa, a pesar de que en su rostro hubiera dos cuencas en lugar de ojos.

Mis latidos se aceleraron a mil por hora. Sentí el peligro en el aire. Porque, a pesar de que el espíritu no tuviera ojos, yo sabía que su mirada severa se dirigía a mí.

De repente sentí que el aire me faltaba y el frío me invadía hasta tal punto, que percibí cómo mis huesos empezaron a congelarse. Era como estar sin vida, mis brazos no me obedecían y mis manos parecían muertas. El miedo me invadió con rapidez ¡¿Qué era lo que sucedía?! No podía quitar la vista del espíritu, que observaba mi metamorfosis sin ademán de ayudarme. Más bien parecía disfrutarlo. La noción del tiempo y del espacio de repente desapareció para mí. La falta de aire empezaba a hacerse evidente. Mis pulmones parecían pedirlo a gritos, pero no podía pedir ayuda, porque no lograba ver ni a Σs’κα, ni a Μεπεσ, ni a los guerreros. Era como si hubieran desaparecido, aumentando mi desesperación. El vacío parecía comerme por dentro, la soledad era mi enemiga y mi cuerpo y mente echaban la compañía en falta. Era agobiante y por un momento, deseé la muerte.

Y cuando aquellos pensamientos cruzaron por mi apenas consciente cabeza, el espíritu sonrió horriblemente. Esperé su movimiento, ya que no tenía nada más qué hacer. Monstruoso, inminente, con un cuerpo traslúcido cuya procedencia parecía imposible de explicar. Así era como veía a aquel espíritu. El miedo era palpable en cada célula de mi cuerpo. Nunca había sentido aquel vacío.

-Eres culpable- dijo el espíritu acercándose- eres culpable por tus acciones.

Quería llorar, gritar, moverme siquiera, pero mis huesos seguían congelados y no parecían querer ceder. Mis pulmones parecieron dar el último respiro al tiempo que la culpa me carcomía por dentro.

-No puedes salir por esta puerta- sentenció finalmente el espíritu, acercando sus manos traslúcidas a mí.

Me resigné a lo que pudiera pasar. Pero cuando pensé que me atacaría, éste desapareció de improvisto y el aire llegó de nuevo a mis pulmones, al tiempo que recuperaba la movilidad.

El miedo permaneció allí.

Miré la piedra, al tiempo que me dejaba caer al suelo de rodillas. Usé mis manos para apoyarme. Mis pulmones agradecían el aire devuelto. Pero la imagen del espíritu seguía allí presente, sin lograr quitarme aquel vacío del todo. Parpadeé varias veces.

-¡Princesa!- escuché detrás de mí.

Pero mis ojos se quedaron clavados en el suelo. Las lágrimas amenazaban con desbordarse por mis mejillas. Opté por tranquilizar mi respiración. Ni siquiera el calor del aire parecía poder calentar mi cuerpo.

-No quiero ver al espíritu de nuevo…- dije con la voz quebrada- me matará… porque…

Μεπεσ se hincó frente a mí.

-¿Estás bien?- preguntó preocupado.

-Me va a matar, Μεπ, me va a matar…- sollocé soltando finalmente las lágrimas.- Me va a matar porque le fallé a mi pueblo, me va a matar…

Me tomó ligeramente de los hombros. Pero mantuve la vista clavada en el suelo. Recordaba detalladamente cómo el frío me había invadido.

-Princesa ¿Te hizo daño?

-Debí matar al leopardo, debí cumplir con mi deber. Lo tuve tan cerca, pero no podía- dije aún metida en el trance- me salvó. No debía…

-¡Princesa!- insistió Μεπεσ tomándome por la barbilla.

Pero su tacto me era indiferente. Las imágenes pasaban por mi mente como si aún estuviera congelada.

-¿Qué sucede? ¿Por qué no reacciona?- preguntó uno de los guerreros.

Las voces me parecían tan lejanas.

-Fue mi culpa…- se lamentó Μεπεσ- nunca pensé que aquello pudiera ponerla en peligro.

Entonces por primera vez me percaté de que mis ojos ausentes se reflejaban en los suyos. Y la vista de mi rostro asustado me sacó bruscamente de mis recuerdos.

Nos miramos por un momento. Él parecía querer comprobar que todo había vuelto a la normalidad y yo esperaba que el reflejo en sus ojos se viera más tranquilo.

-¿Princesa?- susurró Μεπεσ escrutándome con la mirada.

Su tacto finalmente pareció hacer efecto. Me sentía segura a su lado y sin pensarlo ni un momento más, me eché en su regazo y sollocé en silencio. Él pareció sorprendido, pero al poco tiempo, su brazo rodeó mi cintura y su mano acarició mi cabello con suavidad.

-Ya pasó- intentó consolarme- Ya pasó, princesa. Te prometo que nunca más te pondré en un peligro así. Soy un estúpido.

Mis sollozos no lograron calmarse, pero el calor empezó a invadirme lentamente. Me aferré a él con fuerza.

-¡Preparen un baño caliente para la princesa!- ordenó Μεπεσ a sus hombres.

Escuché pasos que se alejaban.

-Μεπεσ…- susurré intentando atar cabos.

-¿Qué sucede?- me preguntó.

-Nadie ha abierto la puerta desde hace generaciones porque debes estar libre de culpas- expliqué riendo con la voz entrecortada- creo que ya descubrimos ese misterio.

-Pues fuiste valiente, princesa- me elogió Μεπεσ con cariño.

-¿Valiente?- inquirió una voz conocida cerca de nosotros- Más bien diría que fue innecesario y estúpido…

-¿Dirías eso si te hubiera ocurrido lo mismo que a la princesa?- repuso Μεπεσ con molestia en la voz.

-Ponerse en tal peligro nunca se me hubiera pasado por la cabeza- contestó Σs’κα con sequedad.

-¿Y sabías tú la magnitud de la situación? ¡Porque yo no te vi reaccionar!- dijo Μεπεσ levantando la voz.

-Yo no fui el que la incitó a abrir la puerta- contradijo Σs’κα con su voz gutural.

De repente las palabras del espíritu empezaron a cobrar sentido “Eres culpable por la destrucción de tu pueblo”. No por haberles fallado, era porque podía fallarles…

-¿Qué hubieras hecho tú? ¿Sacarla tan rápido como entraron?- preguntó Μεπεσ sarcástico.

Yo no debía volver a casa…

-Ni siquiera le hubiera mostrado la cámara- contestó Σs’κα.

Tenía que acompañar a Σs’κα…

-Pero no hiciste nada de eso ni nos detuviste, a pesar de que sabías que había un “aparente” peligro. Yo no creo que estés aquí para proteger a la princesa- remató Μεπεσ rabioso.

La pelea empezaba a llegar a sus límites. Debía pararla.

-Μεπ…- susurré descubriendo mi rostro.

Cuando mis ojos se encontraron con los suyos, su respiración se tranquilizó. Los dos guardaron silencio.

Pude descubrir de reojo, cómo una sonrisa de suficiencia se dibujaba en el rostro de Σs’κα, adelantándose a mis palabras.

Entonces Μεπ me cargó con una mano bajo la antepierna y con otra bajo el cuello, como un padre cargando a su hijo recién nacido.

Escuchar sus latidos me tranquilizaba notablemente, por lo que puse mis manos alrededor de su cuello y me aferré a él.

-Volver a casa es lo que más deseo…- comencé lentamente, buscando las palabras adecuadas- pero… con todo esto, me di cuenta de que sería un error. Mi deber está en…

-Ir con los dioses- terminó él por mí, desviando la mirada, al tiempo que su flequillo se agitaba.

Mis mejillas se ruborizaron… ¡Estaba entre sus brazos! Aquello era lo que más me abrumaba, era tan perfecto, que por un momento había olvidado lo sucedido hacía un rato.

Me encaró.

-Contra usted no puedo argumentar nada, princesa- dijo dulcemente, acelerando mis latidos, pero algo en su mirada me partió el corazón por la mitad.

-Jefe…- dijo alguien entrando en la gruta- el baño está listo.

-Gracias, Πεκτσα- contestó Μεπεσ sin perderme de vista- en seguida vamos.

¡Cuánto deseaba consolarlo! ¡Cuánto deseaba decirle que al diablo con todo lo demás! Pero era imposible. Debía cumplir con mi deber o le fallaría a mi pueblo.

-¿Puedes caminar?- preguntó inesperadamente Σs’κα.

Μεπεσ me interrogó con la mirada antes de dejar mis piernas en el suelo. Mis pies se tambalearon, pero los fuertes brazos de Μεπεσ me salvaron de una caída.

Me sonrojé.

-Claro, es sólo cuestión de…-di unos pasos hacia delante, pero las fuerzas me fallaron y mi rostro estuvo a punto de dar contra el suelo, cuando otras manos me sostuvieron por la cintura.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

-Σs’κα… por favor… yo puedo sola- insistí, evidenciando sus manos alrededor de mi cintura.

Sonrió divertido.

-Perdona, princesa, fue tregua momentánea, te ibas a caer- se excusó soltándome de golpe.

Perdí el equilibrio y el juego de manos continuó con Μεπεσ.

-Obviamente no puedes caminar, princesa- comentó al tiempo que me aferraba a su cuello con ambas manos.

Nuevamente me cargó como a un bebé y salimos de la gruta con Σs’κα pisándonos los talones.

La oscuridad era inminente. Me era imposible ver siquiera el rostro de Μεπεσ. Pero, acurrucada en su regazo no me preocupe por que pudiéramos caer o que pudiera ocurrir algo por el estilo, sino que me mantuve concentrada en su acompasada respiración y en el calor que emanaba su cuerpo.

-Mañana saldremos todos por la mañana.- dijo Μεπ, al parecer, expresando sus cavilaciones en voz alta.

-Nada más que cada uno por diferentes caminos- musité con pesar, aferrándome inconscientemente un poco más a él.

Sus cálidos brazos me apretaron con cariño.

-Pero nos volveremos a ver- aseguró.

Aunque algo dentro de mí me dijera lo contrario, me limité a guardar silencio.

Entonces las primeras antorchas iluminaron el recinto lo suficiente como para distinguir los colores y las siluetas. Al mirar hacia delante, el camino parecía interminable, pero, al mirar hacia atrás, me encontré con los ojos de Σs’κα y con su gallarda silueta flanqueándonos. No pude evitar recordar el día que me salvó y el sigilo con el que apareció. Quizás no era un felino como su hermana, pero a mi parecer, se comportaba como uno. No sólo por su aire arrogante y su mirada desafiante, sino, por sus movimientos, sus pisadas silenciosas. Había algo en él que me causaba escalofríos y en cierto sentido me tenía intimidada y a la vez curiosa, porque podía verlo en sus ojos. Él tenía algo distinto a los demás, su historia parecía más oscura de lo que aparentaba.

Pero desvié la mirada al tiempo que me sonrojaba. Lo único que se escuchaba eran nuestras pisadas y en mi caso, la respiración de Μεπ, que me mantenía tranquila. Pasó un largo lapso de tiempo hasta que finalmente empezaron a escucharse voces en la lejanía.

-Lo había olvidado, pronto será tiempo de cenar.- nos informó Μεπεσ cuando salimos del pasillo y nos encontramos de nuevo en el recinto.

Por un instante me sentí aliviada.

jueves, 2 de febrero de 2012

Esclavos de las sombras (Parte 2/3)

Bueno, Bloggeras, soy breve porque voy un poco apurada ;) ¡Pero ya vamoos con la siguiente parte del pequeño relatoo! hihihihi Alan y Sofía son un desastre juntos, pero bueno hahaha al menos me divierto escribiendo con ellos hahaha :P ;) Esperoo que les guste ¡Comenten, chicas!


Miré el reloj por cuarta vez ¡Ya iba seis minutos tarde! ¡¿Qué la hacía demorar tanto?! ¿No le había dicho que a las ocho y cuarto? ¡Era por eso que los humanos me sacaban de mis casillas! Amidala nunca hubiera hecho aquello.

Entonces noté movimiento dentro del local.

Suspiré al tiempo que me recargaba en la pared y me cruzaba de brazos ¡A penas se estaban despidiendo! Esto iba a tardar un poco más. Miré el suelo, mientras me recordaba que todo esto era por mi chica. Tenía que soportar la demora y la torpeza humana por mi chica.

-¿Planeaste algo en especial, chico desconocido?- preguntó una dulce voz, sacándome de mis ensoñaciones.

Rápidamente levante la cabeza y me encontré con sus ojos verdes, cargados de inocencia.

Entonces la escruté con la mirada de pies a cabeza y supe que haber esperado tanto había valido la pena. Se veía…

Sacudí la cabeza y desvié la mirada. Riéndome para mis adentros de mí mismo ¡Yo! ¡Elogiando a una humana! ¡Por favor!

-Por supuesto- contesté finalmente, extendiendo mi mano.

Pero para mi desconcierto, ella negó con la cabeza y regresó suavemente mi mano a mi costado.

-No te aceleres Romeo, que, para serte sincera, no confío nada en ti- dijo repentinamente seria.

Sonreí divertido. No era tan inocente como creía… Pero eso sólo le daba más diversión al juego.

-Eso ya lo veremos al final de la noche- bromeé indicándole que me siguiera, aunque aquellas palabras iban en serio.

Empezamos a caminar por la oscura banqueta a duras penas iluminada por un farol en la esquina.

Guardamos silencio, escuchando tranquilamente nuestros pasos. Pronto ya doblábamos hacia la derecha.

-Increíble que la cuidad esté tan silenciosa- comentó Sofía abrazándose ambos brazos.

Mis ojos captaron al instante que era por la brisa helada que alborotó sus cabellos.

Lo pensé por un momento antes de quitarme la chaqueta y entregársela. Ella me interrogó con la mirada.

-Puede que no confíes en mí, pero es mejor aceptar el cobijo de un extraño que morirse de frío- la persuadí.

Ella sonrió dulcemente antes de tomar la chaqueta y ponérsela. Sus mejillas se coloraron.

Necesité un esfuerzo sobrehumano para no hacer una mueca de molestia.

-No eres como creía- susurró, desviando la mirada.

Aquello despertó repentinamente mi curiosidad.

-¿En qué sentido?- pregunté.

Ella me miró por un momento. Señal suficiente para darme cuenta de que estaba siendo muy frío. Rápidamente suavicé mi expresión, pero a ella no pareció haberle pasado desapercibida.

-Pensé que serías más dulce. Pero… de alguna manera… tienes un carácter petulante… y…- pareció pensar en lo que decía.- me es imposible confiar en ti.

Fruncí el ceño.

-Qué directa- musité con desprecio.

Y tan humana como era, se paró de golpe y me escrutó intensamente con la mirada.

-Creo que es un error que salgamos- dijo repentinamente a la defensiva.

¡¿Pero cómo era que notaba esos pequeños detalles en mí?! ¡Hacía cuatrocientos años que no me encontraba con una personalidad como la de ella! Supe al instante que debía ser más cuidadoso. Rápidamente suavicé mi expresión y negué con la cabeza. “Recuerda que ella debe tomar la decisión” recordé repentinamente. No le rogaría.

Mis labios se curvaron en una sonrisa, al tiempo que miraba un auto pasar junto a nosotros.

-¿Qué debo hacer para que estés conforme?- pregunté.

-Muéstrate- contestó.

La sonrisa desapareció inconscientemente de mi rostro. Me volví para encontrarme con sus ojos. Los escruté intensamente, buscando las intenciones escondidas en aquella sencilla palabra.

-¿A qué te refieres?- inquirí.

Ella suspiró, desviando la mirada con rapidez.

-Cuando te veía en la cafetería, veía a un chico completamente distinto… Te observaba y veía algo más profundo- murmuró- Pero desde que hablamos por primera vez, hay algo que no encaja.

Aquellas palabras me tomaron desprevenido. No supe qué hacer. Por primera vez en toda mi existencia, no supe qué hacer.

Solté un suspiro antes de continuar.

-Me odiarías si me conocieras en realidad- confesé.

-Eso no lo sabes- repuso levantando la vista.

Sus ojos destellaron con lucidez. Los busqué inconscientemente y al encontrarme con ellos, seguí escrutándolos, esperando encontrar la razón de que aquellas palabras hubieran salido de mi boca. Ahora tenía dos cosas en claro: Una, no me había dado cuenta de lo intrigantes que eran sus ojos, y dos, ella será, para mi pesar, una presa difícil de persuadir. Pero, me divertía. Era una pelea justa. Debía poner mis cartas secretas en juego.

...

Alan dio un paso hacia delante sin perderme de vista.

-Necesitaré ayuda- musitó.

Intenté desviar la mirada, pero por alguna extraña razón, sus ojos no me lo permitían… ¡Estaba haciendo lo mismo que cuando me invitó a salir!

-Alan…- comenté al tiempo que me sonrojaba- ¿Lo estás haciendo a propósito?

Su rostro mostró sincera sorpresa y sus pies vacilaron.

-¿A qué te refieres?- preguntó con toda inocencia.

Fruncí el ceño.

-Eso… atrapas a las chicas con la mirada y las dejas sin aliento…- respondí sin poder terminar la frase.

¡Había metido la pata! Mi rostro se puso tan rojo como un tomate.

Él sonrió con picardía.

-¿Hago eso contigo?- inquirió frunciendo dulcemente el ceño.

Sacudí la cabeza y finalmente me deshice del hechizo que era su mirada. Mis pensamientos dejaron de estar abrumados… o eso pensaba.

-Sí- ¡Rayos!- digo no… en realidad, lo digo… porque…- tartamudeé- le provocaste ese efecto a mi amiga Sandra y a tu exnovia.

Alan soltó una carcajada al tiempo que me invitaba a seguir caminando. Y para mi gran sorpresa, mi cuerpo obedeció automáticamente ¿Le daba una segunda oportunidad contra mi voluntad? ¿Sería un poder mágico de atracción?

No pude evitar sacudir la cabeza por segunda vez.

Absurdo.

-¿Y es bueno que cauce ese efecto?- preguntó curioso.

Negué rotundamente.

-Eso es manipular a la gente- protesté mirando hacia el suelo.

Alan guardó silencio por largos segundos.

-No lo haré más- dijo finalmente, rompiendo el silencio.

No pude evitar dedicarle una sonrisa. Se estaba suavizando por mí.

Miré a mí alrededor. Su chaqueta era en realidad caliente y su aroma me tenía abrumada. Era mejor de lo que pensaba.

La brisa sacudió mi cabello.

-¿Y a dónde vamos?- pregunté curiosa.

Una media sonrisa se dibujó en su rostro al tiempo que me miraba con el ceño fruncido.

-No te enterarás hasta que contestes a mi pregunta- me desafió, caminando frente a mí.

-¿Cuáles es tu pregunta?- dije a la defensiva.

Su sonrisa se ensanchó.

-¿Me darás una segunda oportunidad?-dijo con voz aterciopelada.

Las ideas se me dispersaron por completo. Parpadeé varias veces y me escondí en el cuello de su chaqueta, disfrutando secretamente del aroma.

-Lo estás haciendo de nuevo, Alan- susurré con un hilo de voz.

Él carraspeó y dudó antes de volver a mi lado.

Guardamos silencio, mientras yo esperaba a que mis ideas volvieran a tener cabeza y pies.

-Sigo caminando a tu lado- contesté lentamente- ¿No es prueba suficiente?

-Más bien yo camino a tu lado, porque bien pudiste haberte ido y hubiera seguido a tu lado- repuso con sorna.

Resguardé mi rostro un poco más, rogando porque no hubiera visto cómo mis mejillas se encendían un poco más.

-¿En serio lo hubieras hecho?- murmuré.

No contestó, por lo que di el tema por terminado.

Suspiré al tiempo que divisaba a lo lejos el restaurante, que tanto soñábamos Sandra y yo con visitar algún día. Frente a un rascacielos. Nuestro problema siempre había sido el mismo. Era de etiqueta y los precios de la comida eran altos. No era un lujo que dos estudiantes con un futuro incierto y un salario tan bajo como el nuestro, se pudieran dar.

-¿Alguna vez has comido allí?- preguntó Alan rompiendo finalmente el silencio.

Negué con la cabeza al ver que se refería al mismo restaurante.

Me mordí el labio inferior.

-¿Quieres comer allí?- propuso.

En el blanco.

-Me encantaría- contesté rápidamente.

Caminamos directo al local. Yo con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro y Alan con una extraña combinación de triunfo y felicidad.

Antes de entrar, Alan se volvió hacia mí.

-¿Confías en mí?- preguntó repentinamente serio.

Negué con la cabeza.

-¿Quieres entrar?- asentí con la cabeza. -Entonces necesito que me sigas la corriente- explicó sin más.

Lo miré con cara de pocos amigos, pero no tuve tiempo de protestar, pues, en ese mismo instante, entramos al local y el cambio de temperatura me llegó a la cara de golpe. El olor a lavanda y aceite de almendras fue lo primero que mi nariz pudo percibir. El lugar me pareció tan agradable. Era como un sueño. Nunca hubiera pensado que algún día entraría.

-Toma mi mano- me susurró al oído justo en el instante que un hombre vestido de traje se acercaba hacia nosotros con menús entre sus manos.

Vacilé antes de entrelazar sus dedos con los míos. Fue sólo un instante. Un momento en el que una corriente eléctrica recorrió mi brazo. Su tacto era caliente.

-Señor Charles, un placer tenerlo de vuelta con nosotros- dijo el hombre.

Me dedicó una sonrisa desinteresada.

-¿Y quién es nuestra nueva acompañante?- preguntó con aparente amabilidad.

Supe a qué se refería Alan con seguirle la corriente, cuando el hombre me miró de pies a cabeza con un cierto desprecio.

-No es nueva. Es Amidala.- contestó Alan sin un ápice de cordialidad.

-¡Ah!- exclamó frunciendo el ceño, al punto que parecía que sus cejas se tocaban- bienvenida, señorita Belcampo. Se ve tan hermosa que es irreconocible.

Miré a Alan de reojo al tiempo que inclinaba levemente la cabeza.

-¿La mesa de siempre?- preguntó el hombre dándonos paso al salón gigantesco, con mesas circulares y flores por todos lados.

El lugar era moderno, en realidad, pero estilizado. Y lo más divertido, era que en el centro había una pista de baile. Las voces eran estridentes, casi todas las mesas estaban llenas, excepto una, que estaba al fondo, junto a un ventanal, que daba a una vista perfecta al parque de la ciudad.

Al llegar frente a la mesa, algo en mí deseaba que Alan no soltara mi mano. Pero sus dedos soltaron los míos y no pude más que intentar asimilar lo que había sucedido.

El hombre me ayudó a quitarme el abrigo y lo colgó en un perchero junto a la mesa, al tiempo que me sentaba y arrimaba mi silla. Alan se sentó frente a mí, mirando hacia la ventana.

-¿Traigo lo de siempre?- preguntó el hombre, sacando una libreta de su bolsillo.

¡Vaya que era extraño que trabajando como mesera alguien te prestara el mismo servicio!

Alan negó con la cabeza.

-Tráenos un plato de spaghetti al pestto… y dos copas- contestó sin dejar de mirar hacia la ventana.

El hombre pareció sorprendido al igual que yo.

-¿Nada más tú vas a comer?- pregunté indignada.

Pero callé de golpe, cuando el hombre me lanzó una mirada cargada de sospecha.

-Pensé que la señorita Belcampo y usted, señor, estaban a dieta.- repuso el hombre.

Alan sonrió, primero dedicándome una mirada a mí y luego al hombre.

-Corrección, nada más tú vas ha comer. – me dijo antes de dirigirse hacia el hombre- Hoy es un día especial. Amidala y yo celebramos nuestro aniversario, si usted bien recuerda, así que, queremos algo distinto. Todavía me sigo preguntando dónde están sus modales, William- repuso Alan fríamente.

Sacudí la cabeza con desaprobación. No sabía si estar molesta por el hecho de que Alan fuera tan grosero, o por el hecho de que él no fuera a comer nada ¿Qué clase de cita era ésta?

El tal William nos dedicó una mirada rabiosa antes de darnos la espalda y seguramente dirigirse hacia la cocina.

-¿Se puede saber qué fue eso?- pregunté molesta.

-¿Qué?- repuso Alan volviendo su mirada hacia el parque.

-¿No podrías ser un poco más amable?- inquirí.

Alan soltó una carcajada y finalmente me encaró. Atravesándome con la mirada. Sus ojos parecían más transparentes y profundos.

-Lo sería si él lo fuera conmigo. Pero nos tiene aversión a Amidala y a mí desde la primera vez que vinimos.- se excusó.

-¡Oh! ¡Claro!- exclamé sarcástica- ¿No será por cómo tratan a la gente?

Soltó una segunda carcajada.

-Me parece que sigues indignada por cómo te trató mi…- se interrumpió- Amidala hoy en la tarde.

-No me hagas retractarme, Alan.- lo amenacé.

-No lo harías- repuso Alan perdiendo toda la diversión en su rostro.

Fue una larga batalla de miradas. O más bien perdí la noción del tiempo. Mi rostro palideció de horror cuando sus pupilas se dilataron como las de un felino. Entonces me percaté de la cercanía entre ambos. Me alejé bruscamente y me recargué en mi asiento, al tiempo que intentaba que mi respiración se tranquilizara. Todavía había algo que no encajaba.

-Las copas- nos interrumpió William, colocándolas sobre la misma.

-Gracias- musité.

-Gracias- me imitó Alan.

Pude notar la sorpresa en el rostro de William, que unos instantes después, ya daba media vuelta y nos volvía a dejar a solas.

-¿Cuál es tu comida favorita?- preguntó Alan con repentina suavidad.

Aquella pregunta me tomó por sorpresa.

-Spaghetti ¿Y la tuya?

Alan sonrió.

-¿Y tu color favorito?- contestó con otra pregunta.

-El azul…- continué a la defensiva- ¿Y el tuyo?

-No tengo- se limitó a contestar- ¿Tu deporte favorito?

-¿Por qué no tienes?- pregunté confundida.

-El gris- me interrumpió.

Asentí con la cabeza.

-¿Qué es lo que te atrae de ese color?

Pareció pensar en sus palabras antes de contestar. Le dio un trago a su copa.

-Es el color de mis recuerdos. El de mi hogar. Opaco, pero cálido- explicó, asentí por segunda vez con la cabeza.- ¿Por qué tu color favorito es el azul?

Jugueteé con mis manos al tiempo que pensaba en una respuesta.

-Creo que tu explicación es más razonable que la mía.- confesé sintiendo cómo el calor invadía mis mejillas.

Alan frunció el ceño con suavidad. Una media sonrisa se dibujó en sus labios.

-Es imposible…- aseguró.

Le di un sorbo a mi copa, intentando ganar tiempo.

-Va con el color de mi cabello y de mi piel. A veces siento que cuando uso algo de color azul la suerte está de mi lado.- contesté finalmente.

Rió a carcajadas, dándole un segundo trago a su copa y observándome de pies a cabeza, como si tuviera visión de rayos X. ¡¿Me habría manchado el vestido?! Lo examiné con cuidado y descubrí por qué Alan me miraba de esa manera… El vestido era azul.

...

-¿Hoy está la suerte de tu lado?- pregunté con burla.

Ja, ja ¡Suerte! Si supiera lo que le deparaba.

-Podría ser…- contestó encogiéndose de hombros.

Su estómago rugió ¡Suerte para mí que habíamos pasado junto al restaurante! Había olvidado por completo que los humanos se tenían que alimentar a determinadas horas del día.

Soltó un suspiro con cierta decepción y se recargó en su asiento al tiempo que se cruzaba de brazos y miraba hacia el suelo.

Lentamente mi risa se fue apagando.

Carraspeé.

-¿Qué estudias?- continué con el cuestionario.

-Soy maestra de física y química.- contestó con desgana.

-¿Científica?

Ella sonrió.

-En cierto sentido, sí- dijo levantando la mirada.

No pude evitar corresponderle la sonrisa.

-¿Puedo hacerle una pregunta un poco más personal, profesora?

¡A ver qué salía de esto!

-Depende de la pregunta- repuso a la defensiva.

Intenté adelantarme a su reacción antes de continuar.

-Como científica ¿Cree en el bien y en el mal?

-Es muy subjetiva esa pregunta…- comenzó lentamente- porque cada quién tiene su percepción de lo que es bueno y de lo que es malo. Y a lo largo del tiempo, la religión le ha metido a la gente la idea de que existe un infierno y un cielo. Dicen que es malo tomar los dulces de tu hermano, o descubrir nuevas cosas, en casos extremos. Pero dime ¿Es malo hacer descubrimientos para la humanidad?

Me encogí de hombros. En realidad me traía sin cuidado.

-Allí está lo subjetivo- continuó- la iglesia pensaba que era malo, tú no estás ni de un lado ni del otro y yo, pienso que es bueno.

Asentí con la cabeza.

-Bien… entonces… digamos, hipotéticamente hablando, que hubiera un ser del infierno frente a ti ¿Lo tomarías como algo malo?

Ella lo pensó por un momento.

-No. Lo tomaría por algo malo si me atacara y me matara.- miró hacia otro lado- ¿Qué sucedería si en realidad el infierno es un lugar tremendamente caliente, pero la gente no paga por sus pecados? La iglesia lo ha satanizado, pero nadie tiene pruebas de lo que pueda haber allí.

Sonreí. Pues ella muy pronto las tendría.

-Entonces dices que crees que haya bien y mal, pero a lo que se le llama “bien” y “mal” generalmente, no es lo mismo que tú crees- concluí.

Ella correspondió mi sonrisa y asintió con la cabeza.

-Interesante punto de vista- murmuré pensando en sus palabras.

-Sólo hipotéticamente, si el ser del infierno se acercara a mí y me dijera que sólo quiere una amistad, entonces, no lo tomaría por malo.- dijo con repentina seriedad.

Intercambiamos largas miradas. Intentaba asegurarme de que no hubiera descubierto mi identidad. Porque para mí, era todo lo contrario, los buenos eran los buenos y los malos eran los malos. Estaba seguro de que ella no me tomaría como algo bueno si viera en realidad lo que era.

-¿Y si yo fuera un ser del infierno?- no pude evitar preguntar, rompiendo el silencio.

Guardó silencio.

-¡El spaghetti!- nos interrumpió William, colocando el plato sobre la mesa.

Maldije para mis adentros, mientras soltaba su mirada y me volvía hacia la ventana. Tomé mi copa y le di otro trago.

-Gracias, William- dijo Sofía tímidamente.

-Buen apetito, señores- dijo William antes de irse.

“Ella no lo aceptará” Pensé con rabia “Lo sabía”.

lunes, 30 de enero de 2012

Laberintos gigantes

Bueno, pues creoo que esto de lo de ver cuándo quieren que publique funciona bien, porque así más o menos sé cuándo tiene tiempo ustedes, entonces puedo publicar en esos días hahahaha Pues bueno, como dije, vamos alternando. Aquí les traigo el siguiente capítuloo de ⌘Cαżαdοrα εrrαητε⌘, que esperoo que les guste y que las entretenga por un rato, porque como verán... a mí no me ha ido nada bien últimamente y me alegro muchísimoo de tener una forma de liberarme con la escritura ;)


“Una princesa no rehuye a sus problemas” recordé fugazmente.

Mi corazón se encogió. No pude soportarlo más y miré hacia atrás. Pero no me encontré con la decepción ni la tristeza en sus ojos, sino con su característica petulancia y suficiencia.

Sacudí la cabeza y volví la mirada hacia delante. Ya casi me olvidaba del pequeño detalle… ¡No viajaría con él!

-¿Y qué es lo que los trae por el mercado?- pregunté rompiendo el silencio.

Μεπ se volvió algo desorientado hacia mí. Parecía que lo había sacado de su ensoñación.

Me sonrojé.

-Lo siento, no quería interrumpirte…

-No, no, princesa- dijo rápidamente- lo siento yo por no estar prestando atención.

Su voz de repente aceleró los latidos de mi corazón ¿Pero qué me sucedía? Desvié la mirada, intentando que no viera cómo mis mejillas pasaban del rosado al rojo carmesí.

Μεπεσ miró a ambos lados con los nervios a flor de punta.

-Vinimos a revisar el comercio de tu padre. Los mëκαηες del pueblo no habían venido a tiempo como lo prometido y vinimos a supervisar y ver que no hubiera pasado nada.- contestó finalmente a mi pregunta.

Asentí con la cabeza.

-¿Y sucedió algo?- pregunté preocupada.

Μεπεσ me escrutó un momento con la mirada… ¿Desde cuándo tenía los ojos de aquel tono café, más acercándose al naranja? En realidad nunca me había fijado en ello hasta aquel instante.

Entonces sonrió cuando nuestras miradas finalmente se separaron.

-No, es sólo que los buscadores no mostraron la mercancía hasta hace poco y los intercambios no se pudieron hacer a tiempo.- me tranquilizó.

Correspondí a su sonrisa. El alivio cruzó mi cuerpo. Al menos ya me enteraba de que las cosas funcionaban bien en casa.

-¿Hace cuánto llegaste? ¿Cuándo te vas?- pregunté curiosa.

-Querrás decir cuándo nos vamos ¿Verdad?- contestó frunciendo dulcemente el ceño.

Le saqué la lengua divertida ¡No podía creer que volvía a casa! Aunque no me sentía precisamente feliz. El remordimiento me daba punzadas de dolor ¿Volver a ver a mi familia después de haber fallado? ¡No era lo correcto!

-Pensamos partir mañana por la mañana. Llegamos hace siete lunas y desde entonces nos hemos quedado en el ςστεrrα de los comerciantes de airgua.

Entonces las voces del mercado empezaron a escucharse en la lejanía. Rápidamente cubrí mi rostro con la capucha.

Μεπεσ observó mi acción con cierto desconcierto.

-¿Nadie debe ver tu rostro?- quiso saber.

Asentí con la cabeza.

Μεπεσ guardó silencio por un momento.

-Creo que ya entiendo…- susurró antes de levantar la voz- muchachos, tomemos el atajo por el bosque.

-Por supuesto, jefe- contestó uno de ellos al tiempo que cambiábamos de dirección.

Suspiré aliviada.

-Por cierto, tu amigo es como tu sombra ¿Verdad?- comentó Μεπεσ.

Lo miré incrédula ¿Hablaba de Σs’κα?

Μεπεσ me tomó por el mentón y me obligó a mirar hacia atrás. Σs’κα caminaba a unos metros detrás de nosotros, jugueteando aún con la piedra.

Mi confusión se acentuó… ¿No se supone que cada quién tomaba su camino?

-Dame un momento, Μεπ, tengo...

-El que necesites- dijo soltando suavemente mi mentón.

Sus manos al rozar mi mejilla me quemaron agradablemente. Lo miré por un momento antes de caminar hacia Σs’κα.

Él pareció no notar mi presencia. Pasó la piedra por su brazo y después por detrás de sus hombros, hasta que ésta salió disparada hacia el cielo y de un soplido, salió fuego de su boca, quemando la piedra, que instantes después cayó en sus manos.

-¿Se te ofrece algo?- preguntó sin dejar de juguetear con la piedra.

-¿Nos vienes siguiendo o es sólo que vas por el mismo camino?- repuse molesta.

Σs’κα sonrió de oreja a oreja.

-Ni la una ni la otra- contestó.- No porque hayas decidido irte con tu guerrero quiere decir que yo tenga que dejar de protegerte.

Fruncí el ceño.

-Puedo cuidarme sola, gracias- musité.

Σs’κα rió como si hubiera contado un chiste.

-Hablo en serio- insistí.

Σs’κα guardó silencio sin que la sonrisa se borrara de su rostro.

-Lo sé… pero lo siento en ti, princesa. Tú sabes que es un error volver a tu aldea, sólo estoy esperando a que le digas a tu querido Μεπεσ que tienes que ir con la diosa Diana- explicó al tiempo que la piedra rodaba por sus dedos.

¡¿Qué se creía?! ¡Era tan confiado! ¡Tan petulante que me sacaba de mis casillas!

Tomé la piedra de entre sus manos con la mano marcada y cerré los ojos. La piedra se rompió en miles de pedacitos que cayeron al suelo del bosque.

-¿Me escucharás un momento?- siseé molesta al abrir los ojos.

Todo atisbo de diversión en su rostro había desaparecido por completo.

-¿Cómo tocaste la piedra?- preguntó fríamente.

-¿Me escucharás?- insistí.

Σs’κα desvió la mirada hacia un árbol a nuestro lado antes de contestar.

-Adelante.

-Quiero volver a casa y quiero que tú vuelvas a casa.- sentencié.

Σs’κα sonrió secamente.

-¿Y crees que no lo sé?- musitó acercándose más de lo permitido.- Pero no todo en la vida está a sus órdenes, princesa.

Puse cara de pocos amigos.

-¿Y alguna vez dejarás de ser orgulloso, vuelo libre?- repuse intentando contener la rabia que me embargaba por dentro.

Su aliento rozaba mi rostro y su nariz parecía a punto de tocar la mía.

-No es algo que se pueda cambiar tan fácilmente…- contradijo- ¿Cómo tocaste la piedra? Estaba demasiado caliente como para poder tocarla.

Contuve la respiración.

-Si tú pudiste ¿Por qué yo no?

Hasta a mí me sonó absurdo ¡Él era el hijo del dios del fuego!

La sonrisa en su rostro se volvió burlona, al tiempo que se alejaba bruscamente de mí, dándome la espalda.

Solté el aire de golpe, acordándome de que tenía respirar y sacudí la cabeza.

-Mi marca me protege del calor.- contesté finalmente con cautela- Tú ves las ánimas ¿Verdad?

Σs’κα soltó una carcajada.

-¿Qué le hace pensar eso, princesa?- preguntó con una suavidad que se me antojaba amenazante.

Volvió la cabeza un poco, mirándome de reojo.

Intenté contestarle lo más tranquila posible.

-Supiste que no venían con intención de hacernos daño y también supiste que el hombre que me raptó en el mercado quería matarme ¿No es suficiente evidencia?- dije atando cabos.

-No soy el único que tiene sus secretos. Mi hermana Mina nuca me dijo que tú tenías visión áurica- comentó volviéndose finalmente hacia mí.

Una pequeña sonrisa se dibujó en mi rostro.

-No soy tan inocente…

Sus ojos azules me atraparon por un momento, como si quisieran ver más allá de los míos.

-Pues esperaré a que cambies de opinión, princesa- sentenció tomando una segunda roca del suelo y jugueteando nuevamente con ella como si yo no estuviera allí.

Quedé desconcertada ¡Pero qué actitud tenía! No entendía sus cambios de humor y no esperaba entenderlos.

Volví junto a Μεπεσ y continuamos con la caminata por el bosque, hasta que llegamos a un extenso claro, donde más que suelo, había rocas de diferentes tamaños, algunas tan grandes, que a penas lograba tocar sus puntas. Juntas, formaban un laberinto natural.

Caminamos por allí sin vacilar hasta que llegamos al otro lado de aquel extraño camino y nos encontramos con un hoyo gigantesco en el suelo. Seguramente entraban dos personas al mismo tiempo con facilidad.

Los guerreros entraron de uno en uno al ςστεrrα, hasta que sólo quedamos Μεπεσ, Σs’κα y yo fuera.

No supe cómo reaccionar. La tensión era palpable en el aire. Ni Μεπεσ confiaba en Σs’κα ni Σs’κα en Μεπεσ. Los dos se lanzaron miradas amenazantes al tiempo que me daban el paso al ςστεrrα.

Solté un hondo suspiro antes de saltar.

Mis pies tocaron suelo al instante, pero la luz que llegaba de la entrada no era suficiente para alumbrar toda la estancia, que, al escuchar el eco de mis pasos, supe que era grande.

Entonces escuché cómo alguien caía al suelo, seguido de un segundo.

Me volví lentamente. Μεπεσ y Σs’κα caminaron hacia mí sin siquiera mirarse.

-Maldita sea…- musitó Μεπεσ.

Parecía tener algo en sus manos.

Σs’κα sonrió con sorna, al tiempo que cerraba el puño y lo abría, pero en llamas.

-¿Necesitas esto?- preguntó con suficiencia.

Rodé los ojos al tiempo que Μεπεσ negaba con la cabeza.

-No necesito de tu fuego, gracias, tengo el mío.- musitó tomando dos finas piedras del suelo.

Las restregó la una sobre la otra y a los pocos segundas, las chispas prendieron una antorcha que al tocarla, su punta se enredaba alrededor de tu brazo, para que no hubiera necesidad de tomarla y gastar tus energías en ello. Μεπεσ sonrió ahora con suficiencia mientras tomaba la delantera y nos conducía por aquel recinto gigantesco que gracias a las flamas del fuego, podía ver con mayor claridad.

-¡Vaya! Ilumina muy bien- comentó Μεπεσ.

Pero cuando el fuego de Σs’κα se apagó, la mayor parte de la iluminación desapareció, al punto que a duras penas podía ver mis pies.

Μεπεσ bufó.

-¿Lo ves?- dijo entre dientes- no necesitamos tu fuego.

Reí quedamente ¡Aquello de repente me parecía tan cómico!

Entramos por una cueva que se abría en forma de pasillo y parecía interminable.

Lo único que se escuchaba en la oscuridad eran nuestros pasos y nuestra respiración.

Era parte de los ςστεrrαι, en realidad. Era una forma de distraer a los enemigos. Así como el laberinto al aire libre, el interior de los ςστεrrαι era un laberinto, seguramente tres veces más grande y más peligroso. Pero los dueños siempre conocían el camino de memoria y al parecer, Μεπεσ también, porque no vaciló en ningún momento, llevándonos entonces hasta una cámara tan grande como el recinto de la entrada, sólo que el fuego ya no era necesario, porque la cámara parecía iluminada por pequeñas ranuras en el techo.

Mis miembros empezaron a temblar cuando el frío del aire me caló hasta los huesos. Pero mis ojos seguían maravillados por lo que veían. Justo en el centro había un pequeño estanque conectado con un riachuelo que entraba por una pequeña ranura en la pared del recinto, en cuyos extremos había puertas con un estilo algo desconocido para mí, pues eran altas y terminaban con un semicírculo. Y lo más sorprendente, era que la vida continuaba en aquel mundo subterráneo con flores de un tamaño desbordante. Sus hojas eran incluso más grandes que yo, a pesar de venir de una familia cuyos antepasados eran conocidos por su altura. Y de grosor que ni se dijera. Las flores en sí ya eran hermosas, de pétalos coloridos y pistilo brillante. Sus tallos parecían tan resistentes, que de un hilo conectado a la pared, la gente parecía haber colgado su ropa. Y justo cuando nos acercábamos a una de las puertas, se escucharon voces.

Me volví y miré a mí alrededor, buscando la procedencia de éstas, encontrándome entonces con hombres y mujeres, jóvenes o viejos que nos sonreían cálidamente al tiempo que se acercaban.

-Jefe Μεπεσ. Nos han informado que encontró a la hija del ϖσηηαβι- dijo el hombre a la cabeza del grupo.

Quise acercarme a presentarme, cuando Σs’ka se interpuso.

Lo miré confundida.

-¿Qué sucede?- pregunté en un susurro.

Σs’κα guardó silencio por un momento.

-Sí, un grupo de cazadores o guerreros, no estoy muy seguro, la atacaron. Llegamos un poco tarde para la acción ¿Verdad?- bromeó Μεπεσ al volverse hacia mí por un instante.

Sonreí disimuladamente.

-Me figuro que no es él…- comentó el hombre refiriéndose a Σs’κα.

Σs’κα cerró los ojos y se masajeó el puente de la nariz.

-Vámonos- propuso finalmente en un susurro.

Fruncí el ceño.

-Pero si acabamos de llegar…- repliqué.

Me penetró con la mirada por un momento sin soltar mis ojos, como si quisiera decirme algo.

Y por segunda vez olvidé respirar, hasta que sentí que el aire me faltaba.

Desvié la mirada hacia el suelo.

-¿Qué sucede?

-Hay alguien aquí… que no se emociona precisamente de tu llegada.- contestó finalmente.

Respiré con alivio.

-¿Es nada más eso?

Él asintió con la cabeza.

Sonreí.

-Son mi familia, Σs’κα. Vienen de mi pueblo. Algunos no le tienen cariño a la familia de mi padre, pero otros sí. Es obvio que no todos se alegren. Pero no puedo desconfiar de ellos, estoy segura que ninguno me haría daño.- lo persuadí.

Σs’κα suspiró al tiempo que se quitaba de mi camino.

-Un placer conocerlos, comerciantes de airgua.- me acerqué con pasos lentos, quitándome la capucha- Quisiera saber si me darían asilo mientras parto con mi amigo de la infancia Μεπεσ de vuelta a casa.

El hombre sonrió con una leve reverencia. Las marcas en su pecho desnudo y su rostro pintado de verde mostraban su experiencia por las tierras que seguramente había tenido que recorrer.

-Una grata sorpresa, princesa. Tenerla de invitada es un gran honor y por ende, que sea nuestra huésped nos ilusiona mucho- aseguró el hombre con el debido respeto.

¿Sería él del que tanto desconfiaba Σs’κα?